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La miniatura de Alfonso X el Sabio es un complemento fundamental de la cultura alfonsí, tanto por sus valores artísticos -se trata de un arte de corte al que concurrieron algunos de los mejores pintores del siglo XIII europeo- como por su iconografía. Tenemos numerosos testimonios escritos -en diversos libros alfonsíes- de la gran preocupación del monarca por hacer ilustraciones y figuras que dieran definitivamente un carácter pedagógico a sus textos (1). La duplicidad de copias con que nos han llegado algunos de sus textos, como las Cantigas, con una edición de 41 miniaturas, que se debieron realizar en un plazo muy corto (Escorial, ms. b.I.2.) y la magna versión del llamado Códice rico (Escorial, ms. T.I.1., y Biblioteca Nacional de Florencia, ms. B.R.20), que se proyectaba con más de 2.000 miniaturas (2), nos indica que en el plan de Alfonso X la pintura de los libros en las mejores versiones era algo buscado directamente. Textos e ilustraciones alfonsíes coinciden en manifestar un auténtico renacimiento de los saberes de la antigüedad clásica, transmitidos unas veces por textos latinos en un viaje directo, pero otras a través de intermediarios árabes (3).
Hércules es uno de los grandes protagonistas
de la General Estoria de Alfonso X el Sabio. Esta obra fue concebida
como una historia de la Humanidad y el rey mandó poner en ella
"todos los fechos sennalados tan bien de las estorias de la Biblia,
como de las otras grandes cosas que acahesçieron por el mundo,
desde que comengado fasta nuestro tiempo" (4). Su afán de
historiador llevó al rey Alfonso (5) a acudir directamente a
las fuentes, utilizando para los diversos episodios de la Biblia no
sólo al texto latino de la Vulgata -versión ortodoxa respaldada
directamente por el papado en el siglo XIII-, sino que con amplia tolerancia
acoge narraciones hebreas y árabes, además de incorporar
diversas glosas y exégesis. Frente a la Biblia Moralizada,
patrocinada por San Luis en Francia, cuyo texto (en latín o francés
indistintamente) consiste en extractos seleccionados por un dominico
y acompañados por moralización o explicación alegórica
del mismo, Alfonso X parece apoyar la lectura directa del libro sagrado,
en lengua romance y en texto completo (6). Algunos de esos pasajes eran
susceptibles de herejías -sobre todo al ir acompañados
de leyendas islámicas y de otros apócrifos- y por esta
razón, seguramente, se han perdido los últimos libros
de la General Estoria que conocemos de un modo incompleto (7).
Lo que el rey buscaba en la General Estoria era proseguir la
tarea de otros sabios anteriores que habían puesto por escrito
los acontecimientos del pasado en libros de diversos tipos, en los que
recogieron "los hechos de Dios, de los profetas y de los santos,
otrosí de los reyes, de los altos hombres, de las caballería
y de los pueblos..." (8). Don Alfonso quiso hacer como aquellos
sabios que "dixieron la verdat de todas las cosas e non quisieron
nada encobrir, tan bien de los que fueron buenos como de los que fueron
malos" (9). Es posible que esta actitud de libertad ante la ciencia
de que hizo gala el rey Sabio -que es evidente también en sus
obras astrológicas y que formaba parte de una concepción
del mundo gibelina, que impregnó sus aspiraciones al imperio,
su concepción absolutista de la monarquía e incluso la
acusación de hereje en los últimos años de su reinado-
fuera un factor decisivo en la sublevación promovida por su hijo
y heredero Sancho, que prácticamente le desposeyó del
trono en los últimos años de su vida, con ayuda de casi
todos los obispos, un gran número de ciudades y numerosos nobles
y súbditos (10). La General Estoria no quiere omitir por razones
de censura ningún hecho del pasado, pero posee sin embargo una
intención moralizadora, habitual en la cultura medieval cristiana,
al indicar la razón para ello: "por que de los fechos de
los buenos tomasen los omnes exemplo para fazer bien, et de los fechos
de los malos que regibiesen castigo por se saber guardar de lo non fazer"
(11). Tras la creación del mundo y la historia de Adán,
se suceden las historias de Noé y sus hijos, los primeros acontecimientos
de Roma y Babilonia. En tiempos de Abraham se cuentan historias de la
reina Semiramis, el rey Nino y de los dioses griegos. Isaac y Jacob,
historias de Atenas, José y sus hermanos, historias de Egipto
y sus reyes. Otro de los héroes de la General Estoria
es Moisés, a quien se dedican numerosos capítulos, en
cuyos tiempos leemos por primera vez de Hércules y su lucha con
Anteo, el hijo de la diosa Tierra. Se nos explica, sin embargo, que
existieron varios héroes de este nombre: Hércules el Menor,
vencedor de Anteo, Hércules Desanao y Hércules el Mayor.
De este último, hijo de Júpiter, que además de
muy valiente era una gran sabio y astrólogo, hablará más
adelante. La Estoria de Ércules ocupa 42 capítulos
en los que se nos cuenta "... el linage donde vino Ércules,
e el su nasçimiento, e los grandes e estrannos fechos que el
fizo por el mundo" (12). Pero aunque Hércules realizará
toco aquello en tierras separadas y en tiempos distintos, la General
Estoria lo cuenta todo junto para que "... vaya toda la su
estoria una, commo de tan grand príncipe e sennor commo el, e
que lo entiendan mejor los que la quisieren oyr" (13). Para la historia del arte la General Estoria
es -y como tal debería ser citada- una fuente literaria. Fue
concebida con poquísimas ilustraciones: una sola miniatura para
cada una de las seis partes, a juzgar por el único volumen conservado
procedente del scriptorium alfonsí (14). Obra de dimensiones
considerables, se ocupa extensamente de numerosos temas religiosos y
profanos y debería ser una de las fuentes fundamentales para
el estudio de la iconografía del siglo XIII y posterior. Aunque
se conservan diversas copias manuscritas de las diferentes partes de
la General Estoria -pero no en su totalidad- no fue llevada a
la imprenta, pasando al olvido hasta el siglo XX en que se iniciaron
las tareas de rescate del texto, aún inacabadas. Rubio Álvarez resume los episodios de la vida de Hércules que recoge la General Estoria, añadiendo que, aunque sería necesario investigar más a fondo sobre su significado, "a primera vista todo parece indicar que los considera como sucesos históricos en el riguroso sentido de la palabra" (15). Se trata de una actitud más narrativa que alegórica o moralizante ante la mitología, diferente a la que vemos en textos españoles de los siglos XV y XVI, como los del marqués de Villena y Pérez de Moya (16). Las hazañas del héroe se cuentan en una prosa muy viva y jugosa, en la que hay un derroche de episodios y anécdotas, y en donde hay lugar para lo sentimental, pues se recoge la extensa carta de amor que le envía al héroe su celosa y enamorada esposa. Al final se nos dice: "E aqui se acaba la estoria de los fechos de Ercules el grande e de Daynira, su muger; e contar vos emos de Jepte, juez de Yrrael" (17).
La presencia de Hércules en la General Estoria
ha sido mencionada por los estudiosos de la mitología y el arte
español, pero no ha sucedido así con las miniaturas que
aparecen en la Estoria de España (ms. Y.I.2., El Escorial),
códice procedente del scriptorium alfonsí y que
contiene la primera parte de dicha crónica (18). Las ilustraciones de la Estoria de España
iban a ser muy numerosas a juzgar por unos cien huecos dejados en blanco,
tras las primeras siete miniaturas, a lo largo del texto. La imagen
de presentación (fig. 1) con el rey Alfonso rodeado de cortesanos
y escribas, habitual en sus manuscritos, tiene una novedad iconográfica,
que aparece también en la General Estoria, (fig. 2) y
que nos indica la concepción de la historia como maestra de la
vida: el rey levanta una mano con el dedo índice enhiesto, que
es el gesto del filósofo 19, y en la otra lleva un libro cerrado
que entrega a un personaje noblemente vestido (fig. 3), el príncipe
heredero probablemente, como ya indicara Menéndez Pidal (20).
La entrega del libro cerrado a un personaje noble, el príncipe
heredero, se da exclusivamente en los libros de historia y viene a subrayar
la función que éstos cumplen en el proyecto político
del Rey Sabio (21) (fig. 4). El porqué quiso don Alfonso realizar, junto a
la General Estoria, una Estoria de España, ha sido
discutido en diferentes ocasiones (22), pero a las argumentaciones basadas
en el estudio del texto ?claramente distinto en una y otra obra? habría
que añadir las diferencias entre un códice fundamentalmente
literario, con una sola miniatura como frontispicio en cada uno de sus
libros (la General Estoria) y la Estoria de España,
como libro provisto de numerosas miniaturas. Esta última iba a ser un códice de lujo,
con una gran miniatura de presentación con el rey Sabio y su
heredero, y una cien ilustraciones al texto. Con esplendidez similar
se concibió la Segunda Parte de la Estoria de España
(Escorial, ms. X.I.4.) que, por razones de contenido, se cree de tiempos
de Sancho IV y cuyas miniaturas, igualmente inacabadas, parecen del
siglo XIV (23). Seguramente un gran número de los espacios destinados
a las miniaturas de la Estoria de España se destinaban
a alojar los retratos de los reyes de España. Hércules
no era sino el más prestigioso de sus antepasados y las páginas
de la Estoria de España, iban a constituir una exhibición
de la genealogía de sus Reyes (24). Hércules estrangulando a dos leones (fig.
5) ilustra un capítulo que evoca las hazañas del héroe
anteriores a su llegada a España y, en concreto, el haber dado
muerte a dos leones "... en la selva Nemea". Hércules
aparece en disposición totalmente frontal y simétrica.
Con cada mano estrangula a un león, de muy pequeño tamaño
y con aspecto heráldico (garras en rampante, boca rugiente, ambos
en disposición antitética) que difieren notablemente de
los leones naturalistas de otros códices alfonsíes (28).
Es un joven barbudo que viste túnica corta, una cota de escamas
metálicas, o " lorica scamata" y la simbólica
piel del león sobre los hombros. Aparece con una gran monumentalidad
y corporeidad física, aunque destacando sobre un fondo de ajedrezado
de carácter ornamental, y por tanto irreal, y negador de la tridimensionalidad.
únicamente el suelo, convencionalmente ondulado y terroso, carente
totalmente de vida vegetal o animal, nos proporciona una clave para
su ubicación en un espacio determinado. Sólo los pies
de Hércules, dispuestos en escorzo, perpendiculares al plano
de la superficie pictórica, se extienden en esa franja mínima
del suelo ocupando un espacio concreto. El carácter solemne y
emblemático de Hércules se subrayó por los caracteres
estilísticos del lenguaje formal: sobre el fondo cuadriculado
y ornamental, "la figura de Hércules se ha agigantado convencionalmente
de manera que los leones parezcan simples gatitos" (29). El elevado
tamaño del héroe hace que llegue con la cabeza y los pies
a los mismos bordes de la miniatura. En el Hércules estrangulando a dos leones de
la Estoria de España de Alfonso X no veo la famosa disyunción
que Panofsky señalara en el arte gótico entre contenido
clásico y formas clásicas, frente a la unión que
existiera entre ambos aspectos en la época carolingia (30). Creo,
por el contrario, que nuestra miniatura, resultante de un renacimiento
de la antigüedad en múltiples planos de la cultura, nos
presenta no a un héroe gótico, sino una reconstrucción
basada más en los textos que en imágenes de un modelo
antiguo (31). La Torre de Hércules en Cádiz (fig.
6) (f. 4v) ilustra el capítulo que narra la llegada del héroe
a España desde África, trayendo consigo a un gran astrónomo.
La miniatura reproduce la construcción realizada por Hércules
en el lugar en donde el mar Mediterráneo se introduce en el Atlántico.
Se trata de "... una torre muy grande, e puso ensomo una ymagen
de cobre bien fecha que catava contra oriente; e tenía en la
mano diestra una gran llave en semeiante cuerno que queríe abrir
puerta; e la mano sinistra tenie alada e tenduda contra Oriente e avie
escripto en la palma: estos son los moiones de Hércules. E porque
en latin dice por moiones Gades, pusieron por nombre a la ysla Gades
Hércules, aquella que hoy en día llaman Cádiz"
(32). Veo en esta torre una clara manifestación de
la mentalidad arqueológica y erudita del rey Alfonso y de su
círculo. sin ningún elemento gótico ni mudéjar
-tan frecuentes en otros de sus manuscritos y, sobre todo, en el códice
rico de las Cantigas en donde incluso se establece diferenciación
entre el románico y el gótico (33), se ha querido evocar
un edificio antiguo. Se trata de una arqueología literaria, que
no copia las ruinas ni se ocupa de los restos materiales del pasado,
y la construcción resulta bastante convincente, con un cuerpo
cuadrangular liso y un cuerpo superior con ventanas. Rematada con terraza
y cupulilla, es una torre blanca, de mármol o caliza. En lo alto
aparece una estatua de color bronce con los brazos separados, como indica
el texto, que recuerda ligeramente las estatuas romanas, por su postura
y vestimenta, aunque sea de una estilización gótica. Un monumento indicando "Aquí será
poblada la gran ciudad" (f. 5) (fig. 7) se corresponde con otra
de las andanzas de Hércules por España. Remontando el
río Guadalquivir se encontró con un lugar que le pareció
muy bueno para establecer allí una ciudad. Su astrónomo,
"Allas el estrellero", le indicó que allí sería
fundada una gran ciudad pero más adelante y por otro hombre más
famoso que él en hazañas y hechos gloriosos. Entonces
Hércules decidió señalar aquel lugar para indicárselo
al futuro repoblador (Julio César, según la Estoria
de España). "E puso alli seys pilares de piedra muy
grandes, e en somo una muy grand tabla de mármol escripta de
grandes letras que dizien assi: aquí será poblada la gran
cibdat" (34). Aunque pequeña, es una espléndida miniatura
en la que se representa un monumento conmemorativo en blancos mármoles
que destacan con fuerza del fondo azul intenso. Seis columnas, igualmente
blancas, sirven de apoyo a un enorme dintel que exhibe una cuidada inscripción
en oro y grandes letras mayúsculas con el mensaje para el fundador
de la ciudad. Aunque se trata de un monumento inventado por el ilustrador,
que siguió sin duda lo mejor posible las indicaciones escritas,
se consiguió un cierto aire de "antiguo", aunque los
capiteles de las columnas evocan el "crochet" gótico
y los fustes son muy estilizados. En lo alto hay una estatua que -en
mi opinión- nos transmite definitivamente un eco clásico.
Se trata de un figura en blanco, como de mármol, envuelta en
toga, con uno de sus brazos en alto y el otro hacia abajo, que recuerda
la famosa estatua del " Arringatore". Es una versión
estilizada -y en este sentido goticista- de un personaje vestido a la
antigua. La última miniatura realizada (f. 7v) no corresponde
a este ciclo (fig. 8), aunque un escriba desconocedor del argumento
escribió en una fecha posterior "este es el caballo de Hércules"
sobre el lomo del animal que pertenece a Tharcus. Estando éste
a la caza de un oso, al llegar a la cueva donde se refugia el rey Rocas,
con su dragón, en tierras de Toledo (35). Las miniaturas de Hércules de la Estoria de
España se refieren a episodios concretos de su vida en España
y hacen alusión a los orígenes heroicos de algunas de
las ciudades de la Corona de Castilla (Sevilla, Cádiz, Toledo).
También se menciona la fundación de Sevilla por Julio
César, pasaje erróneo que Alfonso X suprimió en
la General Estoria (36). La General Estoria nos dice además
que en lo alto de la torre de Hércules, en Cádiz, colocó
cuna ymagen fecha por el saber de las estrellas e tenie la mano tendida
contra la mar". Se trataba de un auténtico talismán
que impedía que las naves se acercaran a la torre y navegaran
más lejos (37). Cuenta también la General Estoria
de la fundación de Segovia por Espán, criado por Hércules
como hijo adoptivo, y dejado por él en España a quien
dio su nombre. Espán sería el constructor del acueducto
que el propio Alfonso el Sabio mandó reconstruir, emulando a
sus antepasados (38). Creo conveniente insistir de nuevo en el aspecto adecuadamente antiguo de que aparecen revestidas las miniaturas de Hércules. Hay una coherencia con lo que deducimos de otros estudios sobre la obra de Alfonso. "La crónica universal alfonsí da pruebas de un firme sentido de la historia...", " ... no se aprecia en ella la menor voluntad de abolir el tiempo y el cambio, voluntad demasiadas veces atribuida gratuitamente a todo el pensamiento medieval" (39). "Si hay algo evidente en la General Estoria es el sostenido esfuerzo por reconstruir a todo propósito la vida de antaño y subrayar su heterogeneidad respecto a la contemporánea" (40). Pero, como ha recordado Juan Antonio Maravall, " el saber histórico es un saber del presente" y por ello la General Estoria no puede -nadie puede- dar cuenta del sentido de una realidad más que con los criterios de realidad válidos en su época (41).
(1) Son numerosos los párrafos de diversos libros realizados por Alfonso X el Sabio en que insiste en la importancia de las ilustraciones. Evelyn S. Procter recoge uno del compendio astronómico de Ibn Al-Haitam, de un manuscrito latino de comienzos del siglo XV, traducción de un original en romance (Oxford, Bibl. Bodleian, Ms. Canon. Misc. 45 f. lv). Vid E. S. Procter, Alfonso X of Castile. Patron of Literature and Learning, Oxford, 1951. Es de interés también lo que nos cuenta el Libro de las figuras de las estrellas fijas del octavo cielo, recogido por mí en Arte en el lapidario, p. 212 del vol. complementario de la ed. facsímil de Edilán, Madrid, 1982, El primer lapidario de Alfonso X el Sabio. (2) A. Domínguez Rodríguez, "La miniatura del scriptorium alfonsí", en Estudios Alfonsies, Granada, 1985, p. 133. (3) La mejor obra de conjunto sobre la obra cultural de Alfonso X es la de E. S. Procter arriba citada. Para la bibliografía más reciente véase Noticiero Alfonsí, publicación anual desde 1982, ed. por A. J. Cárdenas, The Wichita State University. (4) Alfonso el Sabio, General Estoria, Primera Parte, ed. de A. G. Solalinde, Madrid, 1930, p. 3. (5) Sigo aquí a autores eminentes: "Por brevedad, y en la óptima compañía de doña María Rosa Lida, a menudo designo con el nombre de Alfonso a los autores de la General Estoria..." (F. Rico, Alfonso el Sabio y la "General Estoria"; Barcelona, 1972, p. 11). (6) Trato el tema de la Biblia y la miniatura de Alfonso X con bibliografía detallada en mi trabajo "El Officium Salomonis de Carlos V en el Monasterio de El Escorial. Alfonso X y el planeta Sol. Absolutismo monárquico y hermético", Reales Sitios, 83 (1985), pp. 11 y ss. (7) Sobre las copias manuscritas de la General Estoria, véase la Introducción de A. G. Solalinde a la edición de la misma arriba citada. (8) Op. cit., p. 3. (9) Ibid, p. 3. (10) Vid. este punto en mi trabajo "Poder, ciencia y religiosidad en la Miniatura de Alfonso el Sabio", Fragmentos, 2 (1984). (11) Op. cit., p. 3. (12) Alfonso el Sabio, General Estoria. Segunda Parte, ed. de A. G. Solalinde, Ll. A. Kasten y V. R. B. Oelschldger, Madrid, 1961, p. 1. (13) Ibid. (14) Existe la duda sobre el ms. I.I.2. de El Escorial que algunos presentan como la General Estoria, pero que no parece haber sido estudiada lo suficiente como para asegurarlo. Vid. J. Domínguez Bordona, Manuscritos con Pinturas, Madrid, 1933, núm. 1622, fig. 500 (lo considera General Estoria). Anteriormente se creía una Biblia romanceada (J. Zarco Cuevas, Catálogo de los manuscritos castellanos de la Real Biblioteca de El Escorial, Madrid, 1924-1929). El estilo de sus miniaturas me ha parecido diferente a lo alfonsí y comparable a las pinturas murales de la capilla de San Martín o del Aceite en la catedral vieja de Salamanca (A. Domínguez Rodríguez, Filiación Estilística de la Miniatura alfonsí. Actas del XXIII Congreso Internacional de Historia del Arte, Granada, 1973, vol. I, p. 346, figs. 1 y 4). (15) F. Rubio Álvarez, "Andanzas de Hércules por España según la General Estoria de Alfonso el Sabios, Archivo Hispalense (1956), PP. 41-45.
(17) General Estoria. Segunda Parte, p. 1. (18) Las miniaturas fueron publicadas por tres veces en 1979: R. Cómez Ramos, "La visión de la antigüedad en las miniaturas de la Primera Crónica General", en Homenaje al Dr. Muro Orejón, vol. I, Sevilla, 1979; R. Cómez Ramos, Las empresas artísticas de Alfonso X el Sabio, Sevilla, 1979, pp. 189-195; A. Domínguez Rodríguez, "Miniaturas alfonsíes poco conocidas de un códice escurialense: la Estoria de España o Primera Crónica General de España> (ms. Y.I.2.), en Actas de las Primeras Jornadas de Estudios sobre la provincia de Madrid, 17-19 de diciembre de 1979, Madrid, 1979, pp. 159-164. El manuscrito titula la obra simplemente Estoria de España, título que se impone modernamente a pesar del prestigio del editor del texto R. Menéndez Pidal (Alfonso X, Primera Crónica General de España que mandó componer Alfonso el Sabio y se continuaba bajo Sancho IV en 1289, Madrid, 1955, 2 vols.). El título del manuscrito es utilizado preferentemente en la actualidad. Véase como ejemplo A. Deyermond, " La Historiografía Trastámara: ¿Una cuarentena de obras perdidas?", en Estudios en Homenaje a don Claudio Sánchez Albornoz, Buenos Aires, 1986, p. 166. (19) Cómez Ramos publicó que el rey Alfonso llevaba una espada en la mano en el manuscrito Y.I.2., y ello arrastró errores en cadena. Lo sigue P. Klein, " Kunst und Feudalismus zur Zeit Alfons' des Weisen von Kastilien und Leon (1254-1284): die Illustration der Cantigas", en Bauwerk und Bildwerk im Hochmittelalter, 1982; este parece ser el gesto del filósofo, véase en mi libro Astrología y Arte en el Primer Lapidario de Alfonso X el Sabio, Madrid, 1984. (20) R. Menéndez Pidal, op. cit. supra. (21) Se han sugerido relaciones sobre todo entre la General Estoria y las ambiciones de Alfonso al Imperio, aunque F. Rico (op. cit., p. 111) sólo dice que "con toda suerte de cautelas, quizá sí pudiera sospecharse un cierto eco, limitado, de las pretensiones alfonsíes a la corona imperial". (22) Solalinde, R. Menéndez Pidal, F. Rico, entre otros. (23) Vid. mi trabajo "Miniaturas alfonsíes poco conocidas...". (24) En abril de 1977 entregué a la Fundación Juan March de Madrid un Catálogo de la Miniatura afonsí, en donde enumero los temas y los huecos dejados en los textos para miniaturas. (25) Vid. E. Tormo, Las viejas series ¡cónicas de los Reyes de España, Madrid, 1916, pp. 17-19; F. Collar de Cáceres, "En torno al Libro de Retratos de los Reyes de Hernando de Avila", Boletín del Museo del Prado, IV, 10 (1983), pp. 7-35, y ed. facsímil de dicho códice, Edilán, Madrid, 1986. (26) P. Linehan, "The Spanish Church revisited: the episcopal gravamina", en Authority and power, Cambridge, 1980, pp. 127 y ss. (27) Vid. J. Gállego, Vision et Symboles dans la peinture espagnole du Siécle d'Or, París, 1968, pp. 158 y ss.; J. Brown y J. H. Elliot, Un palacio para el Rey. El Buen Retiro y la corte de Felipe IV, Madrid 1981, pp. 149 y ss.; J. M. Serrera, en Zurbarán, Catálogo de la Exposición, Madrid, 1988, pp. 227 y ss. (28) El naturalismo de los animales en la miniatura alfonsí parece una constante que coexiste en códices diversos como el Códice rico de las Cantigas (Escorial, T.1.1.) y el Lapidario (Escorial, h.I.15). Véase sobre ello mi estudio Astrología y Arte en el Lapidario de Alfonso X el Sabio, Madrid, 1984. (29) Sigo muy de cerca las descripciones de mi estudio sobre las miniaturas de la Estoria de España, aunque esta última cita es de Rafael Cómez Ramos, La Visión..., p. 6. (30) Tanto Cómez Ramos como yo citábamos en nuestro estudio a Panofsky pero con interpretaciones contrarias: donde él veía la misma disyunción enunciada por Panofsky yo veía lo contrario. E. Panofsky, Renacimiento y Renacimientos en el Arte Occidental, Madrid, 1975, p. 170. (31) También en el Renacimiento se inspiraron los artistas en gran número de ocasiones en descripciones literarias mejor que en imágenes visuales. Vid. sobre ello J. Seznec, The Survival of the Pagan Gods, Princeton University Press, 1961. (32) A. Domínguez Rodríguez, Miniaturas alfonsies... (34) Sigo mi trabajo "Miniaturas alfonsíes poco conocidas...". (35) Ibid. (36) Vid. Rubio Álvarez. (37) Alfonso el Sabio, General Estoria. Segunda Parte, p. 32. (38) Ibid., p. 35. (39) F. Rico, p. 85. (40) Ibid., pp. 86-87. (41) Ibid., pp. 93-94. |
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