CUADERNOS DE ARTE E ICONOGRAFIA / Tomo II - 3. 1989
 

 

HÉRCULES EN LA MINIATURA DE ALFONSO X EL SABIO

Ana Domínguez Rodríguez

La miniatura de Alfonso X el Sabio es un complemento fundamental de la cultura alfonsí, tanto por sus valores artísticos -se trata de un arte de corte al que concurrieron algunos de los mejores pintores del siglo XIII europeo- como por su iconografía. Tenemos numerosos testimonios escritos -en diversos libros alfonsíes- de la gran preocupación del monarca por hacer ilustraciones y figuras que dieran definitivamente un carácter pedagógico a sus textos (1). La duplicidad de copias con que nos han llegado algunos de sus textos, como las Cantigas, con una edición de 41 miniaturas, que se debieron realizar en un plazo muy corto (Escorial, ms. b.I.2.) y la magna versión del llamado Códice rico (Escorial, ms. T.I.1., y Biblioteca Nacional de Florencia, ms. B.R.20), que se proyectaba con más de 2.000 miniaturas (2), nos indica que en el plan de Alfonso X la pintura de los libros en las mejores versiones era algo buscado directamente. Textos e ilustraciones alfonsíes coinciden en manifestar un auténtico renacimiento de los saberes de la antigüedad clásica, transmitidos unas veces por textos latinos en un viaje directo, pero otras a través de intermediarios árabes (3).


A) HÉRCULES EN LA GENERAL ESTORIA

Hércules es uno de los grandes protagonistas de la General Estoria de Alfonso X el Sabio. Esta obra fue concebida como una historia de la Humanidad y el rey mandó poner en ella "todos los fechos sennalados tan bien de las estorias de la Biblia, como de las otras grandes cosas que acahesçieron por el mundo, desde que comengado fasta nuestro tiempo" (4). Su afán de historiador llevó al rey Alfonso (5) a acudir directamente a las fuentes, utilizando para los diversos episodios de la Biblia no sólo al texto latino de la Vulgata -versión ortodoxa respaldada directamente por el papado en el siglo XIII-, sino que con amplia tolerancia acoge narraciones hebreas y árabes, además de incorporar diversas glosas y exégesis. Frente a la Biblia Moralizada, patrocinada por San Luis en Francia, cuyo texto (en latín o francés indistintamente) consiste en extractos seleccionados por un dominico y acompañados por moralización o explicación alegórica del mismo, Alfonso X parece apoyar la lectura directa del libro sagrado, en lengua romance y en texto completo (6). Algunos de esos pasajes eran susceptibles de herejías -sobre todo al ir acompañados de leyendas islámicas y de otros apócrifos- y por esta razón, seguramente, se han perdido los últimos libros de la General Estoria que conocemos de un modo incompleto (7). Lo que el rey buscaba en la General Estoria era proseguir la tarea de otros sabios anteriores que habían puesto por escrito los acontecimientos del pasado en libros de diversos tipos, en los que recogieron "los hechos de Dios, de los profetas y de los santos, otrosí de los reyes, de los altos hombres, de las caballería y de los pueblos..." (8). Don Alfonso quiso hacer como aquellos sabios que "dixieron la verdat de todas las cosas e non quisieron nada encobrir, tan bien de los que fueron buenos como de los que fueron malos" (9).

Es posible que esta actitud de libertad ante la ciencia de que hizo gala el rey Sabio -que es evidente también en sus obras astrológicas y que formaba parte de una concepción del mundo gibelina, que impregnó sus aspiraciones al imperio, su concepción absolutista de la monarquía e incluso la acusación de hereje en los últimos años de su reinado- fuera un factor decisivo en la sublevación promovida por su hijo y heredero Sancho, que prácticamente le desposeyó del trono en los últimos años de su vida, con ayuda de casi todos los obispos, un gran número de ciudades y numerosos nobles y súbditos (10).

La General Estoria no quiere omitir por razones de censura ningún hecho del pasado, pero posee sin embargo una intención moralizadora, habitual en la cultura medieval cristiana, al indicar la razón para ello: "por que de los fechos de los buenos tomasen los omnes exemplo para fazer bien, et de los fechos de los malos que regibiesen castigo por se saber guardar de lo non fazer" (11).

Tras la creación del mundo y la historia de Adán, se suceden las historias de Noé y sus hijos, los primeros acontecimientos de Roma y Babilonia. En tiempos de Abraham se cuentan historias de la reina Semiramis, el rey Nino y de los dioses griegos. Isaac y Jacob, historias de Atenas, José y sus hermanos, historias de Egipto y sus reyes. Otro de los héroes de la General Estoria es Moisés, a quien se dedican numerosos capítulos, en cuyos tiempos leemos por primera vez de Hércules y su lucha con Anteo, el hijo de la diosa Tierra. Se nos explica, sin embargo, que existieron varios héroes de este nombre: Hércules el Menor, vencedor de Anteo, Hércules Desanao y Hércules el Mayor. De este último, hijo de Júpiter, que además de muy valiente era una gran sabio y astrólogo, hablará más adelante. La Estoria de Ércules ocupa 42 capítulos en los que se nos cuenta "... el linage donde vino Ércules, e el su nasçimiento, e los grandes e estrannos fechos que el fizo por el mundo" (12). Pero aunque Hércules realizará toco aquello en tierras separadas y en tiempos distintos, la General Estoria lo cuenta todo junto para que "... vaya toda la su estoria una, commo de tan grand príncipe e sennor commo el, e que lo entiendan mejor los que la quisieren oyr" (13).

Para la historia del arte la General Estoria es -y como tal debería ser citada- una fuente literaria. Fue concebida con poquísimas ilustraciones: una sola miniatura para cada una de las seis partes, a juzgar por el único volumen conservado procedente del scriptorium alfonsí (14). Obra de dimensiones considerables, se ocupa extensamente de numerosos temas religiosos y profanos y debería ser una de las fuentes fundamentales para el estudio de la iconografía del siglo XIII y posterior. Aunque se conservan diversas copias manuscritas de las diferentes partes de la General Estoria -pero no en su totalidad- no fue llevada a la imprenta, pasando al olvido hasta el siglo XX en que se iniciaron las tareas de rescate del texto, aún inacabadas.

Rubio Álvarez resume los episodios de la vida de Hércules que recoge la General Estoria, añadiendo que, aunque sería necesario investigar más a fondo sobre su significado, "a primera vista todo parece indicar que los considera como sucesos históricos en el riguroso sentido de la palabra" (15). Se trata de una actitud más narrativa que alegórica o moralizante ante la mitología, diferente a la que vemos en textos españoles de los siglos XV y XVI, como los del marqués de Villena y Pérez de Moya (16). Las hazañas del héroe se cuentan en una prosa muy viva y jugosa, en la que hay un derroche de episodios y anécdotas, y en donde hay lugar para lo sentimental, pues se recoge la extensa carta de amor que le envía al héroe su celosa y enamorada esposa. Al final se nos dice: "E aqui se acaba la estoria de los fechos de Ercules el grande e de Daynira, su muger; e contar vos emos de Jepte, juez de Yrrael" (17).


B) HÉRCULES EN LA ESTORIA DE ESPAÑA

La presencia de Hércules en la General Estoria ha sido mencionada por los estudiosos de la mitología y el arte español, pero no ha sucedido así con las miniaturas que aparecen en la Estoria de España (ms. Y.I.2., El Escorial), códice procedente del scriptorium alfonsí y que contiene la primera parte de dicha crónica (18).

Las ilustraciones de la Estoria de España iban a ser muy numerosas a juzgar por unos cien huecos dejados en blanco, tras las primeras siete miniaturas, a lo largo del texto. La imagen de presentación (fig. 1) con el rey Alfonso rodeado de cortesanos y escribas, habitual en sus manuscritos, tiene una novedad iconográfica, que aparece también en la General Estoria, (fig. 2) y que nos indica la concepción de la historia como maestra de la vida: el rey levanta una mano con el dedo índice enhiesto, que es el gesto del filósofo 19, y en la otra lleva un libro cerrado que entrega a un personaje noblemente vestido (fig. 3), el príncipe heredero probablemente, como ya indicara Menéndez Pidal (20). La entrega del libro cerrado a un personaje noble, el príncipe heredero, se da exclusivamente en los libros de historia y viene a subrayar la función que éstos cumplen en el proyecto político del Rey Sabio (21) (fig. 4).

El porqué quiso don Alfonso realizar, junto a la General Estoria, una Estoria de España, ha sido discutido en diferentes ocasiones (22), pero a las argumentaciones basadas en el estudio del texto ?claramente distinto en una y otra obra? habría que añadir las diferencias entre un códice fundamentalmente literario, con una sola miniatura como frontispicio en cada uno de sus libros (la General Estoria) y la Estoria de España, como libro provisto de numerosas miniaturas.

Esta última iba a ser un códice de lujo, con una gran miniatura de presentación con el rey Sabio y su heredero, y una cien ilustraciones al texto. Con esplendidez similar se concibió la Segunda Parte de la Estoria de España (Escorial, ms. X.I.4.) que, por razones de contenido, se cree de tiempos de Sancho IV y cuyas miniaturas, igualmente inacabadas, parecen del siglo XIV (23).

Seguramente un gran número de los espacios destinados a las miniaturas de la Estoria de España se destinaban a alojar los retratos de los reyes de España. Hércules no era sino el más prestigioso de sus antepasados y las páginas de la Estoria de España, iban a constituir una exhibición de la genealogía de sus Reyes (24).
Esta exaltación dinástica iba unida, sin duda, a los proyectos imperiales de Alfonso X el Sabio y se manifestaba igualmente en la creación y decoración de la Sala de los Reyes del Alcázar de Segovia (25). Parece que los motivos que impulsaron a Alfonso X -monarca absoluto en grado máximo, como sabemos por los estudios de P. Linehan (26)- a entroncar su linaje con Hércules y mostrar los retratos de sus antepasados, eran semejantes a los de Felipe IV al patrocinar la decoración del Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro (27).

Hércules estrangulando a dos leones (fig. 5) ilustra un capítulo que evoca las hazañas del héroe anteriores a su llegada a España y, en concreto, el haber dado muerte a dos leones "... en la selva Nemea". Hércules aparece en disposición totalmente frontal y simétrica. Con cada mano estrangula a un león, de muy pequeño tamaño y con aspecto heráldico (garras en rampante, boca rugiente, ambos en disposición antitética) que difieren notablemente de los leones naturalistas de otros códices alfonsíes (28). Es un joven barbudo que viste túnica corta, una cota de escamas metálicas, o " lorica scamata" y la simbólica piel del león sobre los hombros. Aparece con una gran monumentalidad y corporeidad física, aunque destacando sobre un fondo de ajedrezado de carácter ornamental, y por tanto irreal, y negador de la tridimensionalidad. únicamente el suelo, convencionalmente ondulado y terroso, carente totalmente de vida vegetal o animal, nos proporciona una clave para su ubicación en un espacio determinado. Sólo los pies de Hércules, dispuestos en escorzo, perpendiculares al plano de la superficie pictórica, se extienden en esa franja mínima del suelo ocupando un espacio concreto. El carácter solemne y emblemático de Hércules se subrayó por los caracteres estilísticos del lenguaje formal: sobre el fondo cuadriculado y ornamental, "la figura de Hércules se ha agigantado convencionalmente de manera que los leones parezcan simples gatitos" (29). El elevado tamaño del héroe hace que llegue con la cabeza y los pies a los mismos bordes de la miniatura.

En el Hércules estrangulando a dos leones de la Estoria de España de Alfonso X no veo la famosa disyunción que Panofsky señalara en el arte gótico entre contenido clásico y formas clásicas, frente a la unión que existiera entre ambos aspectos en la época carolingia (30). Creo, por el contrario, que nuestra miniatura, resultante de un renacimiento de la antigüedad en múltiples planos de la cultura, nos presenta no a un héroe gótico, sino una reconstrucción basada más en los textos que en imágenes de un modelo antiguo (31).

La Torre de Hércules en Cádiz (fig. 6) (f. 4v) ilustra el capítulo que narra la llegada del héroe a España desde África, trayendo consigo a un gran astrónomo. La miniatura reproduce la construcción realizada por Hércules en el lugar en donde el mar Mediterráneo se introduce en el Atlántico. Se trata de "... una torre muy grande, e puso ensomo una ymagen de cobre bien fecha que catava contra oriente; e tenía en la mano diestra una gran llave en semeiante cuerno que queríe abrir puerta; e la mano sinistra tenie alada e tenduda contra Oriente e avie escripto en la palma: estos son los moiones de Hércules. E porque en latin dice por moiones Gades, pusieron por nombre a la ysla Gades Hércules, aquella que hoy en día llaman Cádiz" (32).

Veo en esta torre una clara manifestación de la mentalidad arqueológica y erudita del rey Alfonso y de su círculo. sin ningún elemento gótico ni mudéjar -tan frecuentes en otros de sus manuscritos y, sobre todo, en el códice rico de las Cantigas en donde incluso se establece diferenciación entre el románico y el gótico (33), se ha querido evocar un edificio antiguo. Se trata de una arqueología literaria, que no copia las ruinas ni se ocupa de los restos materiales del pasado, y la construcción resulta bastante convincente, con un cuerpo cuadrangular liso y un cuerpo superior con ventanas. Rematada con terraza y cupulilla, es una torre blanca, de mármol o caliza. En lo alto aparece una estatua de color bronce con los brazos separados, como indica el texto, que recuerda ligeramente las estatuas romanas, por su postura y vestimenta, aunque sea de una estilización gótica.

Un monumento indicando "Aquí será poblada la gran ciudad" (f. 5) (fig. 7) se corresponde con otra de las andanzas de Hércules por España. Remontando el río Guadalquivir se encontró con un lugar que le pareció muy bueno para establecer allí una ciudad. Su astrónomo, "Allas el estrellero", le indicó que allí sería fundada una gran ciudad pero más adelante y por otro hombre más famoso que él en hazañas y hechos gloriosos. Entonces Hércules decidió señalar aquel lugar para indicárselo al futuro repoblador (Julio César, según la Estoria de España). "E puso alli seys pilares de piedra muy grandes, e en somo una muy grand tabla de mármol escripta de grandes letras que dizien assi: aquí será poblada la gran cibdat" (34). Aunque pequeña, es una espléndida miniatura en la que se representa un monumento conmemorativo en blancos mármoles que destacan con fuerza del fondo azul intenso. Seis columnas, igualmente blancas, sirven de apoyo a un enorme dintel que exhibe una cuidada inscripción en oro y grandes letras mayúsculas con el mensaje para el fundador de la ciudad. Aunque se trata de un monumento inventado por el ilustrador, que siguió sin duda lo mejor posible las indicaciones escritas, se consiguió un cierto aire de "antiguo", aunque los capiteles de las columnas evocan el "crochet" gótico y los fustes son muy estilizados. En lo alto hay una estatua que -en mi opinión- nos transmite definitivamente un eco clásico. Se trata de un figura en blanco, como de mármol, envuelta en toga, con uno de sus brazos en alto y el otro hacia abajo, que recuerda la famosa estatua del " Arringatore". Es una versión estilizada -y en este sentido goticista- de un personaje vestido a la antigua.

La última miniatura realizada (f. 7v) no corresponde a este ciclo (fig. 8), aunque un escriba desconocedor del argumento escribió en una fecha posterior "este es el caballo de Hércules" sobre el lomo del animal que pertenece a Tharcus. Estando éste a la caza de un oso, al llegar a la cueva donde se refugia el rey Rocas, con su dragón, en tierras de Toledo (35).

Las miniaturas de Hércules de la Estoria de España se refieren a episodios concretos de su vida en España y hacen alusión a los orígenes heroicos de algunas de las ciudades de la Corona de Castilla (Sevilla, Cádiz, Toledo). También se menciona la fundación de Sevilla por Julio César, pasaje erróneo que Alfonso X suprimió en la General Estoria (36). La General Estoria nos dice además que en lo alto de la torre de Hércules, en Cádiz, colocó cuna ymagen fecha por el saber de las estrellas e tenie la mano tendida contra la mar". Se trataba de un auténtico talismán que impedía que las naves se acercaran a la torre y navegaran más lejos (37). Cuenta también la General Estoria de la fundación de Segovia por Espán, criado por Hércules como hijo adoptivo, y dejado por él en España a quien dio su nombre. Espán sería el constructor del acueducto que el propio Alfonso el Sabio mandó reconstruir, emulando a sus antepasados (38).

Creo conveniente insistir de nuevo en el aspecto adecuadamente antiguo de que aparecen revestidas las miniaturas de Hércules. Hay una coherencia con lo que deducimos de otros estudios sobre la obra de Alfonso. "La crónica universal alfonsí da pruebas de un firme sentido de la historia...", " ... no se aprecia en ella la menor voluntad de abolir el tiempo y el cambio, voluntad demasiadas veces atribuida gratuitamente a todo el pensamiento medieval" (39). "Si hay algo evidente en la General Estoria es el sostenido esfuerzo por reconstruir a todo propósito la vida de antaño y subrayar su heterogeneidad respecto a la contemporánea" (40). Pero, como ha recordado Juan Antonio Maravall, " el saber histórico es un saber del presente" y por ello la General Estoria no puede -nadie puede- dar cuenta del sentido de una realidad más que con los criterios de realidad válidos en su época (41).


NOTAS

(1) Son numerosos los párrafos de diversos libros realizados por Alfonso X el Sabio en que insiste en la importancia de las ilustraciones. Evelyn S. Procter recoge uno del compendio astronómico de Ibn Al-Haitam, de un manuscrito latino de comienzos del siglo XV, traducción de un original en romance (Oxford, Bibl. Bodleian, Ms. Canon. Misc. 45 f. lv). Vid E. S. Procter, Alfonso X of Castile. Patron of Literature and Learning, Oxford, 1951. Es de interés también lo que nos cuenta el Libro de las figuras de las estrellas fijas del octavo cielo, recogido por mí en Arte en el lapidario, p. 212 del vol. complementario de la ed. facsímil de Edilán, Madrid, 1982, El primer lapidario de Alfonso X el Sabio.

(2) A. Domínguez Rodríguez, "La miniatura del scriptorium alfonsí", en Estudios Alfonsies, Granada, 1985, p. 133.

(3) La mejor obra de conjunto sobre la obra cultural de Alfonso X es la de E. S. Procter arriba citada. Para la bibliografía más reciente véase Noticiero Alfonsí, publicación anual desde 1982, ed. por A. J. Cárdenas, The Wichita State University.

(4) Alfonso el Sabio, General Estoria, Primera Parte, ed. de A. G. Solalinde, Madrid, 1930, p. 3.

(5) Sigo aquí a autores eminentes: "Por brevedad, y en la óptima compañía de doña María Rosa Lida, a menudo designo con el nombre de Alfonso a los autores de la General Estoria..." (F. Rico, Alfonso el Sabio y la "General Estoria"; Barcelona, 1972, p. 11).

(6) Trato el tema de la Biblia y la miniatura de Alfonso X con bibliografía detallada en mi trabajo "El Officium Salomonis de Carlos V en el Monasterio de El Escorial. Alfonso X y el planeta Sol. Absolutismo monárquico y hermético", Reales Sitios, 83 (1985), pp. 11 y ss.

(7) Sobre las copias manuscritas de la General Estoria, véase la Introducción de A. G. Solalinde a la edición de la misma arriba citada.

(8) Op. cit., p. 3.

(9) Ibid, p. 3.

(10) Vid. este punto en mi trabajo "Poder, ciencia y religiosidad en la Miniatura de Alfonso el Sabio", Fragmentos, 2 (1984).

(11) Op. cit., p. 3.

(12) Alfonso el Sabio, General Estoria. Segunda Parte, ed. de A. G. Solalinde, Ll. A. Kasten y V. R. B. Oelschldger, Madrid, 1961, p. 1.

(13) Ibid.

(14) Existe la duda sobre el ms. I.I.2. de El Escorial que algunos presentan como la General Estoria, pero que no parece haber sido estudiada lo suficiente como para asegurarlo. Vid. J. Domínguez Bordona, Manuscritos con Pinturas, Madrid, 1933, núm. 1622, fig. 500 (lo considera General Estoria). Anteriormente se creía una Biblia romanceada (J. Zarco Cuevas, Catálogo de los manuscritos castellanos de la Real Biblioteca de El Escorial, Madrid, 1924-1929). El estilo de sus miniaturas me ha parecido diferente a lo alfonsí y comparable a las pinturas murales de la capilla de San Martín o del Aceite en la catedral vieja de Salamanca (A. Domínguez Rodríguez, Filiación Estilística de la Miniatura alfonsí. Actas del XXIII Congreso Internacional de Historia del Arte, Granada, 1973, vol. I, p. 346, figs. 1 y 4).

(15) F. Rubio Álvarez, "Andanzas de Hércules por España según la General Estoria de Alfonso el Sabios, Archivo Hispalense (1956), PP. 41-45.


(16) Véanse sobre estos períodos los estudios de I. Mateo Gómez (Temas profanos en la escultura gótica española, Madrid, 1979, pp. 115-125) y R. López Torrijos (La mitología en la pintura española del Siglo de Oro, Madrid, 1985, pp. 116-128), con amplia bibliografía a la que remito para otras consultas. D. Angulo Íñiguez (en La Mitología y el arte español del Renacimiento, Madrid, 1952) planteó la problemática de los estudios de la mitología y el arte español siguiendo las huellas del Instituto Warburg de Londres. Sobre esto véase mi estudio "Los Planetas del Tercer Lapidario. ¿Versión de Alonso Berruguete? (ms. 1197 de la Biblioteca Nacional),", Bol. M. e Inst. Camón Aznar, XV (5-16), 1986, p. 5.

(17) General Estoria. Segunda Parte, p. 1.

(18) Las miniaturas fueron publicadas por tres veces en 1979: R. Cómez Ramos, "La visión de la antigüedad en las miniaturas de la Primera Crónica General", en Homenaje al Dr. Muro Orejón, vol. I, Sevilla, 1979; R. Cómez Ramos, Las empresas artísticas de Alfonso X el Sabio, Sevilla, 1979, pp. 189-195; A. Domínguez Rodríguez, "Miniaturas alfonsíes poco conocidas de un códice escurialense: la Estoria de España o Primera Crónica General de España> (ms. Y.I.2.), en Actas de las Primeras Jornadas de Estudios sobre la provincia de Madrid, 17-19 de diciembre de 1979, Madrid, 1979, pp. 159-164. El manuscrito titula la obra simplemente Estoria de España, título que se impone modernamente a pesar del prestigio del editor del texto R. Menéndez Pidal (Alfonso X, Primera Crónica General de España que mandó componer Alfonso el Sabio y se continuaba bajo Sancho IV en 1289, Madrid, 1955, 2 vols.). El título del manuscrito es utilizado preferentemente en la actualidad. Véase como ejemplo A. Deyermond, " La Historiografía Trastámara: ¿Una cuarentena de obras perdidas?", en Estudios en Homenaje a don Claudio Sánchez Albornoz, Buenos Aires, 1986, p. 166.

(19) Cómez Ramos publicó que el rey Alfonso llevaba una espada en la mano en el manuscrito Y.I.2., y ello arrastró errores en cadena. Lo sigue P. Klein, " Kunst und Feudalismus zur Zeit Alfons' des Weisen von Kastilien und Leon (1254-1284): die Illustration der Cantigas", en Bauwerk und Bildwerk im Hochmittelalter, 1982; este parece ser el gesto del filósofo, véase en mi libro Astrología y Arte en el Primer Lapidario de Alfonso X el Sabio, Madrid, 1984.

(20) R. Menéndez Pidal, op. cit. supra.

(21) Se han sugerido relaciones sobre todo entre la General Estoria y las ambiciones de Alfonso al Imperio, aunque F. Rico (op. cit., p. 111) sólo dice que "con toda suerte de cautelas, quizá sí pudiera sospecharse un cierto eco, limitado, de las pretensiones alfonsíes a la corona imperial".

(22) Solalinde, R. Menéndez Pidal, F. Rico, entre otros.

(23) Vid. mi trabajo "Miniaturas alfonsíes poco conocidas...".

(24) En abril de 1977 entregué a la Fundación Juan March de Madrid un Catálogo de la Miniatura afonsí, en donde enumero los temas y los huecos dejados en los textos para miniaturas.

(25) Vid. E. Tormo, Las viejas series ¡cónicas de los Reyes de España, Madrid, 1916, pp. 17-19; F. Collar de Cáceres, "En torno al Libro de Retratos de los Reyes de Hernando de Avila", Boletín del Museo del Prado, IV, 10 (1983), pp. 7-35, y ed. facsímil de dicho códice, Edilán, Madrid, 1986.

(26) P. Linehan, "The Spanish Church revisited: the episcopal gravamina", en Authority and power, Cambridge, 1980, pp. 127 y ss.

(27) Vid. J. Gállego, Vision et Symboles dans la peinture espagnole du Siécle d'Or, París, 1968, pp. 158 y ss.; J. Brown y J. H. Elliot, Un palacio para el Rey. El Buen Retiro y la corte de Felipe IV, Madrid 1981, pp. 149 y ss.; J. M. Serrera, en Zurbarán, Catálogo de la Exposición, Madrid, 1988, pp. 227 y ss.

(28) El naturalismo de los animales en la miniatura alfonsí parece una constante que coexiste en códices diversos como el Códice rico de las Cantigas (Escorial, T.1.1.) y el Lapidario (Escorial, h.I.15). Véase sobre ello mi estudio Astrología y Arte en el Lapidario de Alfonso X el Sabio, Madrid, 1984.

(29) Sigo muy de cerca las descripciones de mi estudio sobre las miniaturas de la Estoria de España, aunque esta última cita es de Rafael Cómez Ramos, La Visión..., p. 6.

(30) Tanto Cómez Ramos como yo citábamos en nuestro estudio a Panofsky pero con interpretaciones contrarias: donde él veía la misma disyunción enunciada por Panofsky yo veía lo contrario. E. Panofsky, Renacimiento y Renacimientos en el Arte Occidental, Madrid, 1975, p. 170.

(31) También en el Renacimiento se inspiraron los artistas en gran número de ocasiones en descripciones literarias mejor que en imágenes visuales. Vid. sobre ello J. Seznec, The Survival of the Pagan Gods, Princeton University Press, 1961.

(32) A. Domínguez Rodríguez, Miniaturas alfonsies...

(33) Así, en la cantiga 103, con el milagro del monje enamorado del canto de un pájaro que duerme durante cientos de años y al despertarse de la portada gótica que habían construido en sustitución de una anterior (la miniatura reproduce claramente dos sistemas constructivos distintos, aunque el texto sólo dice que el monje se maravilló del portal allí construido mientras dormía). Vid. J. Filgueira Valverde, La Cantiga CIII: Noción del tiempo y gozo eterno en la narrativa medieval, Santiago de Compostela, 1936.

(34) Sigo mi trabajo "Miniaturas alfonsíes poco conocidas...".

(35) Ibid.

(36) Vid. Rubio Álvarez.

(37) Alfonso el Sabio, General Estoria. Segunda Parte, p. 32.

(38) Ibid., p. 35.

(39) F. Rico, p. 85.

(40) Ibid., pp. 86-87.

(41) Ibid., pp. 93-94.