|
||||||||||||||||||||||
Las
catedrales de la Edad Media son como libros de imágenes; imágenes
de piedra e imágenes de cristal destinadas a la edificación
de los hombres. Estas
imágenes reproducen escenas de la vida de Cristo, de la Virgen,
de los Santos, de los ángeles, otras simbologías y acciones
realizadas por los hombres. Así, en la catedral de Chartres,
podemos contemplar desde la Historia de Carlomagno, la vida de San Esteban,
escenas evangélicas y de otros santos, el Árbol de Jesé,
junto con la plasmación de los distintos oficios que el hombre
de estos siglos XII y XIII realiza. De
esta iconografía del trabajo es de la que nos vamos a ocupar.
Es necesario darnos cuenta de la importancia de Chartres en esta época
como lugar de peregrinación, como uno de los centros intelectuales
más importantes de la cristiandad, así como de una de
las más célebres escuelas de medicina, de juristas y sobre
todo de filósofos y teólogos. Esto explica que los obispos
de Chartres fueran hombres tan importantes, capaces de atraer hacia
la obra de su catedral la afluencia de innumerables trabajadores voluntarios
y aún más de donantes que financiaron la construcción. Si
el interior es transfigurado siempre por las vidrieras, podemos imaginar
hasta qué grado lo sería el de esta catedral cuyo conjunto
de vidrieras constituyó uno de los más bellos de todas
las épocas. Sabemos que correspondieron a los siglos XII y XIII. Al primero pertenecen las de las tres ventanas de la fachada principal y las de la "Belle Verriére" (la primera del deambulatorio a la derecha), caracterizadas por el azul límpido, el famoso azul de Chartres. Los dos rosetones y el conjunto de las otras vidrieras (salvo las de la capilla de Vendóme, del siglo XV) son del siglo XIII y recuerdan las de Bourges y la rosa W de Notre-Dame de París. Es difícil seguir la evolución del estilo en estas vidrieras realizadas en un tiempo tan corto (entre 1210 y 1236), así como los diferentes talleres a los que pueden pertenecer.
Zapateros, tejedores, panaderos, cambistas, taberneros,
vinateros, herreros, abaceros, farmacéuticos, peleteros, curtidores
y remendones, todos prosperaban con el tráfico que la reconstrucción
de la catedral llevó a Chartres. Todos querían estar representados
e inmortalizarse en ella. Esto les condujo a ofrecer una vidriera en
la que apareciese su profesión. El precedente se esta acción fue la realizada
por los nobles quienes donaron vidrieras a las catedrales e instauraron
la costumbre de representar sus propias imágenes en otras menores
situadas debajo de las grandes. Mas observemos que, si los anteriores artesanos citados,
necesitaban de esta representación vitral para aparecer directamente
en la catedral -dado que su trabajo no incidía en ellas sino
de rechazo- curiosamente hasta los albañiles, escultores, carpinteros,
herreros y otros que trabajaban directamente en la construcción
también hicieron colectas y pagaron una o varias vidrieras. Incluso
el humilde gremio de los aguadores, que parecen haberse formado exclusivamente
con el propósito de costear una vidriera, donó una a una
capilla. Resultan conmovedores estos aguadores portadores de cántaros
que se ven representados debajo de la gran vidriera donada por ellos
y dedicada a santa María Magdalena (1). Muchas otras vidrieras parecen igualmente apropiadas.
El primer misionero, San Pablo, vuelve a vivir en el vidrio para verlo
todo, mientras debajo, los cesteros confeccionan abiertamente sus cestos.
Ezequiel, David y un ángel miran hacia abajo desde el piso iluminado;
debajo de ellos los carniceros cortan la carne (2). Mientras la Virgen
recibe a los Magos, los panaderos extienden sus panes (3). Los mismos
panaderos preparan algunas barras bajo la figura de Moisés, el
cual estuvo durante cuarenta años sin probar, y ni siquiera ver,
una barra de pan. Esto es, sin duda, una broma medieval. Los zapateros trabajaban bajo la representación de la historia de San Esteban (vidrieras altas del coro -13-).
El resultado de aquella generosidad profesional fue
una catedral con ciento setenta y cinco vidrieras de color, que suscitaron
la emulación de todas las catedrales en construcción,
pero nunca fue igualada. Podríamos preguntarnos por qué el hombre
medieval admite en su catedral la glorificación del trabajo manual
y la ciencia junto a la representación en forma visible de todo
el pensamiento de la Edad Media. Quizás esté influido
por Vicente Beauvais, quien en el prefacio de su "Espejo doctrinal"
expresa que el trabajo y la ciencia tiene su papel en la obra de la
Redención y que el hombre puede levantarse de su caída
por la ciencia. Y por ciencia entiende el trabajo bajo todas sus formas
hasta las más humildes. Con ello la Edad Media se nos revela no sólo
como edad de contemplación sino como la edad de trabajo heroicamente
aceptado y concebido, no como servidumbre, sino como liberación.
Por ello en la iglesia casi todos los oficios están representados
en relieves y en las vidrieras. En Chartres y en Bourges, así como en Semur,
en la parte baja de las vidrieras ofrecidas por las corporaciones obreras,
los donantes se hicieron pintar manejando la llana de albañil,
el peine de cardar, la pala del panadero, el cuchillo del carnicero... Es difícil, muchas veces, determinar quien fue el donante en cada vidriera debido a una serie de razones. En el siglo XIII y en el XIV, las corporaciones no colocan en sus vidrieras a un santo patrón -cosa usual en los dos siglos siguientes-. Las vidrieras suelen ser anónimas, aunque algunas lleven una " signatura" -decoración que alude al oferente o a su oficio-. Mas no siempre, a partir de esta "signatura" se pueden identificar la corporación o el donante. Otras veces la vidriera responde a las reliquias que se custodian en esa capilla y cuya temática tiene que aceptar el demandante. Otras veces la clave de la "lectura" se encuentra en un altar próximo.
Un testimonio de que no siempre el donante elegía
como temática la vida y milagros de su santo patrón o
un tema afín a su dedicación lo tenemos en la vidriera
del "Buen Samaritano" que, en Bourges fue donada por los tejedores
y en Chartres por los zapateros. En Chartres conocemos varias cofradías
que encargan diferentes vitrales bajo la advocación de santos
distintos -tales como los tejedores que donan y se hacen representar
en la vidriera de la Historia de Santiago el Mayor, en la que Carlomagno
y en la de San Eustaquio; los zapateros se inmortalizan en la vidriera
de la "Muerte y Asunción de la Virgen" y en la del
"Buen Samaritano" (ambas en la nave, a la derecha)-. Y en la misma catedral de la Virgen vemos cómo
los carpinteros toneleros, además de aparecer en la vidriera
de San Julián Hospitalario (primera capilla de la izquierda del
ábside) ofrecieron otra junto a la Historia de Noé, constructor
del arca (primera capilla izquierda de la entrada de la nave). Igualmente,
los talladores de piedra y los escultores costearon las vidrieras de
San Silvestre, Santos Ponciano y Savino, y la de San Chéron,
dentro de las capillas bajas del coro. Finalmente, queremos llamar la atención sobre
la unidad y homogeneidad en el conjunto iconográfico de las vidrieras
del sigo XII frente a la complejidad y hasta falta de coherencia de
las del siglo XIII. Hecho que puede deberse a su distinto carácter
-las primeras son narrativas mientras las del siglo XIII se decoran
con escenas de la Leyenda Dorada, bellas páginas fácilmente
descifrables siguiendo las descripciones de Voragine-. La causa de esto
parece ser el número crecido de donaciones y la impaciencia de
los donantes, lo cual impidió la unidad del programa. Vamos ya a ocuparnos de aquellos que de forma más
clara están representados en las vidrieras de la catedral de
Chartres. Los peleteros y pañeros se ven
plasmados en la vidriera que narra la Historia de Santiago el Mayor,
en su registro inferior. En él, a la izquierda se presentan escenas
de los peleteros y a la derecha de los pañeros. Esta última nos invita a visitar una tienda de paño (fig. 2). A la izquierda, un joven vendedor (vestido de verde) toma la medida de una pieza de tela, mientras que a la derecha del vendedor "hace el artículo" a un cliente. Se medía probablemente en este tiempo en varas, unidad cuya longitud era variable según las regiones. La de París tenía 1,188 m. La cabeza del joven vendedor, que es más clara que el resto del vitral, indica que el trozo de cristal se rompió y fue reemplazado. En efecto, los cristales se oxidan con el tiempo, por esto las cabezas de los personajes del siglo XIII son más oscuras. El vitral ofrecido por los carniceros está
debajo del coro, ligeramente a la izquierda. La escena representa a
un carnicero que va a matar a un buey con un hacha. Está atado
con una cuerda que une sus cuernos a una pata. Viendo el cristal rojo de su cabeza, creemos que tiene
la cara cubierta con una máscara. Se trata solamente de una reparación
desafortunada. Un jabalí está colgado de un clavo, ya
desangrado. A la derecha, un perro blanco espera que se le eche algún
desperdicio. Los cambistas hicieron alarde de su suficiencia
económica en las cuatro vidrieras que ofrecieron. En el que está
debajo del coro se representa a cuatro personajes: dos clientes a la
izquierda y a la derecha, y dos cambistas, uno de los cuales tiene una
balanza en las manos. Delante de ellos se distinguen piezas de oro y
de plata apiladas. En tiempos de San Luis, un escudo de oro valía
tres libras de Tours, equivalía a 8,271 grs. de oro. Tampoco
el valor de la moneda era idéntico en todas las regiones de Francia.
Las piezas acuñadas en París tenían mayor valor. Se destaca el color de las caras de los personajes.
El cristal está oxidado. La luna provoca igualmente la formación
de manchas, sobre todo en los cristales donde da el sol. Los tejedores (fig.
1) dedicaron tres vidrieras a enaltecer su oficio. El vitral que
se encuentra en la parte alta de la nave del lado norte presenta por
ello dificultad en su lectura, mas su reproducción de un grabado
nos permite comprender mejor el trabajo de los tejedores en el siglo
XII (Grabado de L. Saint, tomado del libro La industria y el comercio
en Chartres, del siglo XII a la Revolución, por Mlle. Aclocque). Los tejedores trabajan. Uno tiene en su mano derecha
una lanzadera con el hilo de la trama, que envía al otro extremo
entre los hilos de la cadena que se separa cuando el obrero empuja con
su pie el pedal. Encima de él se ven dos devanaderas de donde
vienen los hilos de la cadena. A la izquierda, un aprendiz trabaja con el torno haciendo
las madejas. Debajo de él se ven las lanzaderas. Aún,
a la derecha, en la parte inferior, se distingue un obrero que lleva
un peine grande que sirve para tensar los hilos del bastidor. Inexplicablemente los tejedores eligieron a San Esteban
como protector y es en su vidriera donde se nos dan a conocer las herramientas
y los artesanos ocupados en tejer la lana. Los tres personajes que aparecen en ella nos recuerdan
los grados o estamentos de la profesión: a la izquierda, un joven
devanando representa al aprendiz, mientras que, a la derecha,
el hombre que lleva el peine puede ser el oficial. El personaje
central puede ser el maestro-tejedor. El oficio de tejer del siglo XIII sigue sin variar durante
varios siglos más (hasta las grandes transformaciones técnicas
del siglo XVII). En el siglo XIII, con herramientas más o menos
perfeccionadas, se depende siempre del esfuerzo del hombre. Sólo
para batanar se utiliza el agua que mueve los molinos. Aunque la perspectiva está algo forzada, se pueden
reconocer sus líneas (verticales 1, 2 y 3; horizontales 4, 5
y 6; y oblicuas 7 y 8). Los elementos principales son: A partir del primer cilindro algo escorzado, se extiende
la tela con los hilos de la urdimbre (ch) hasta el cilindro opuesto
donde se enrolla a medida de su fabricación. Un juego de pedales bajo el cuadro y sujetos a una polea
situada debajo permite a los listones de madera desplazarse verticalmente;
su desplazamiento alternativo permite la combinación de los hilos
pares e impares. El tejedor no tiene más que lanzar la lanzadera
con el hilo de la trama, y un golpe de pedal entrecruza los hilos. La preparación de la materia prima (lanas y plantas
textiles) era parte exclusiva de las mujeres, sobre todo campesinas. Bajo el porche norte de la catedral, en la penúltima
banda del hueco de la izquierda, seis pequeñas figuritas simbolizan
la Vida activa: Una gran figura sentada, desgraciadamente desaparecida,
completaba y resumía toda la serie. Estaba cosiendo y simbolizaba
la Vida activa. En ciertas miniaturas de finales de la Edad Media, vemos
princesas y mujeres ilustres que parecen jugar gozosamente a la hilandera.
En realidad, el trabajo de las mujeres ha sido un ejemplo de la explotación
de la mano de obra femenina. Se conoce la canción de las obreras de la seda que Chrétien de Troyes ha situado hacia 1175-1180, en Yvain o el Chevalier au lion. Sin duda se trata de una obra de ficción, en la que tres doncellas están retenidas mágicamente prisioneras por dos diablos, que las obligan a trabajar sin descanso, pero entre líneas se pueden encontrar alusiones a ciertas realidades.
Otro gremio o corporación que quedó muy
significado en Chartres fue el de los albañiles, talladores
de piedra y los escultores. Estudiamos solamente la representación
que decora parte de las vidrieras bajas del ábside (8, 15 y 17)
bajo la advocación o el patronazgo de San Chéron y los
santos Savino y Potencio. Esta vidriera tiene cuatro pequeñas arcadas,
y en cada una de ellas se representa una escena diferente. En las dos
de la izquierda se ve un albañil vestido de rojo, que
verifica con la plomada la verticalidad de la torre. A la derecha, otro
comprueba la horizontalidad con el nivel de burbujas. Junto a éstos,
a su derecha, dos talladores trabajan con mazos y cinceles. Sobre
ellos algo da la sensación de ver caer las hojas muertas, en
amarillo. En realidad son modelos que servían a los tallistas
para verificar la exactitud de los nervios de la bóveda. Aún,
en la cima de la arcada de la derecha, puede verse (en rojo) el compás
de tallista como símbolo parlante. En las mismas arcadas de la derecha del mismo vitral,
se contemplan unos escultores en su trabajo. A la izquierda,
uno de los obreros trabaja la piedra (figura en la sombra), mientras
que su camarada (figura clara) apoya la cabeza sobre la mano. se puede
pensar que se trata de un alumno que contempla cómo trabaja su
maestro. A la derecha uno de los dos obreros bebe, mientras que
el otro termina la estatua de un rey. Se destaca la cara de la estatua, cortada por un plomo.
Se trata ciertamente de un plomo roto y colocado así para sostener
los cristales partidos tras una tormenta o granizo. Los carpinteros de carros y toneleros
aparecen unidos por un maestro vidriero. El maestro constructor de carros, a la izquierda, termina
la llanta de una rueda, colocada en un soporte de madera. Hemos de fijarnos
que está subido sobre un pequeño taburete. A la derecha, un tonelero acaba de poner los
círculos a su tonel. Es una escena semejante a otra de la catedral
de Bourges, y seguramente realizada por los mismos artistas, ya que
Chartres fue el taller de casi todas las vidrieras francesas y hasta
inglesas. Esta vidriera, ofrecida por los obreros de la madera,
cuenta la vida de San Julián el Hospitalario. Está colocada
en el ábside del lado izquierdo, lado norte (19, 21 y 23). En la misma vidriera, se encentra un panel consagrado al trabajo de los carpinteros en general, en el que aparece una escena en la que un obrero aprieta con un cepillo mientras otro trabaja sobre el banco de carpintero. En el fondo azul, que simula el muro, se ven las herramientas colgadas. A la derecha de la cabeza del personaje de la izquierda se ve una azuela, es decir, una pequeña hacha curvada, y al lado una sierra de madera (en amarillo) en la que se distingue la hoja, los largueros y la cuerda tensada, además de la cuña. Llama la atención cómo estas herramientas apenas han cambiado desde la Edad Media hasta nuestros días.
Esta vidriera, cuyo conjunto nos vuelve a relatar la
vida de San Esteban, ha sido ofrecida por el gremio de los zapateros.
Vemos a un obrero poniendo el cordón a un zapato que acaba de
terminar. Otros zapatos están colocados en una mesa baja, delante
de él, y en un cofre entreabierto que se encuentra detrás
de la figura. Destacamos la forma de atar los zapatos, sobre los tobillos
y no en la pala, testimonio de una moda de la época, que descubrimos
750 años después gracias al trabajo del maestro vidriero. En una vidriera baja de la nave los boticarios
quisieron ser representados junto a la Historia de la vida y milagros
de San Nicolás (39). La palabra En este vitral del siglo XIII el boticario aparece machacando
algo en un mortero con la maza que tiene en su mano derecha. A la izquierda
se ven unos frasquitos tras una cesta llena de granos rojos (o frutos?...).
A la derecha, en un estante, hay un tarro (de pomada seguramente). Contigua a esta vidriera se halla la dedicada a la representación
simbólica de la Pasión, donada por los herradores.
En el registro dedicado a la " signatura" podemos contemplar
a un herrador clavando un clavo en la herradura de un caballo. A la derecha, un ayudante sostiene la pata del animal con una correa, mientras que otro, a la derecha lo sujeta por la brida. El caballo ha sido colocado en un armazón de madera, llamado "el trabajo" como se hacía entonces y hasta hace algunos años en el campo. Fijémonos en la silla de montar, que aún está en el lomo del animal, mientras se hace esta operación.
Como resumen de esta somera visión, llamamos
la atención sobre dos detalles. En Chartres, el recuerdo de las corporaciones obreras
no sólo se ha conservado en las vidrieras. La toponimia urbana
nos permite aún localizar las actividades de tiempos pasados.
La calle de los cambistas, la de los carniceros, la de los pescadores,
toneleros, zapateros... nos habla de su actividad y nos los sitúa
localmente. En la revisión de los trabajos representados
en Chartres vemos claramente cómo en ellos se manifiesta el cambio
de mentalidad que ha tenido lugar en la época. La mayor parte
de estos trabajos son propios de una sociedad urbana, de una sociedad
que ha iniciado el comercio, el intercambio, las fieras. En una palabra,
que ha superado la economía rural y feudal. Que produce no sólo
para sobrevivir sino para comerciar y ganar dinero. Intencionalidad
inconcebible e inaceptable en un momento anterior. Constatemos la repetitiva aparición de los cambistas,
oficio antes depreciado y no aceptado ni por la iglesia ni por la sociedad.
Recordemos el rechazo de los judíos a quienes se consideraba
unidos a esta profesión, y a los que el Cid tuvo que acudir en
su necesidad. Reparemos, finalmente, que esta representación
se da en la iglesia, en programas previamente aprobados por ella y por
tanto indicativos de un cambio de mentalidad o mejor de una apertura
de su moral para aceptar las nuevas modalidades económicas y
sociales nacidas junto al surgimiento de las ciudades y otra nueva estructuración
social. Este cambio de moral y aceptación de la riqueza
llevará a un amor a ella, que, muy pronto, con San Francisco
de Asís, sufrirá graves condenas y repulsas, intentando
hacer volver a la cristiandad al prístino valor y amor de la
pobreza. OFICIOS REPRESENTADOS EN LA CATEDRAL DE CHARTRES Aguadores: 46. Los números corresponden al de su situación en el plano. Omitimos aquellos oficios cuya vidriera no existe en el presente, aunque nos sea conocido.
NOTAS
(2)Vidriera alta del coro (103). (3) Vidrieras altas del coro (100 y 102). ILUSTRACIONES LÁMINA 1 - LÁMINAS 2 y 3 - LÁMINAS 4 y 5 - LÁMINA 6 - LÁMINAS 7 y 8 -
|
|||||||||