CUADERNOS DE ARTE E ICONOGRAFIA / Tomo II - 3. 1989
 

 

ALGUNAS NOTAS SOBRE LA UTILIZACIÓN DE LA ICONOGRAFÍA COMO RECURSO DIDÁCTICO EN LA DOCENCIA DE LA HISTORIA DEL ARTE MEDIEVAL

Elena Sainz Magaña

Es fácil apreciar las dificultades que, a la hora de motivar a los alumnos, presenta la enseñanza de la Historia del Arte Medieval. La experiencia docente nos hace observar que, por lo general, el alumno tiene serias dificultades para apasionarse por el arte del medievo, tanto en su bachillerato como en sus estudios universitarios.

Las causas de este hecho constatado son múltiples, pero nos limitaremos a analizar brevemente dos de ellas:

En primer lugar, sea por una causa o por otra, y de una manera tradicional, al iniciar los estudios de Historia del Arte se hace hincapié en las Artes del Próximo Oriente y las Clásicas, por tradición docente (y (le manuales) en ambos casos y por identificación con nuestra cultura e idiosincrasia en las segundas. Y es bastante fácil que, año tras año, se vayan repitiendo los conocimientos.

Todos los docentes somos conscientes de la brevedad de los cursos académicos y esto, unido a lo anteriormente expuesto, determina que a las Artes Medievales se llegue ya con el programa muy apretado y con falta de tiempo. Esto hace que, por lo general, los alumnos se enfrenten a los orígenes del medievo con prisa y con un latente deseo de terminar pronto ese tema para conseguir (¡vana ilusión!) dar, al menos, un vistazo a todo el programa.

En segundo lugar, se detecta un cierto desprecio secular hacia determinado arte, el Primitivo Cristiano, por considerarlo desprovisto de "belleza".

De lo anteriormente expuesto se deduce que una gran parte de los alumnos españoles se enfrentan al Arte Medieval sin apasionamiento y, por ello, nuestra propuesta en esta breve comunicación va encaminada a buscar un sistema que motive a los alumnos hacia los estudios de la Historia del Arte de dicho período, empleando para ello los recursos que pone a nuestro alcance la Iconografía.

¿Cómo podríamos dirigir a los alumnos hacia las artes figurativas del comienzo del arte cristiano? Sin duda podemos hacer un estudio formalista o analizar estéticamente las representaciones. Pero después de haber estudiado la Villa de los Misterios o el Ara Pacis, por poner sólo dos ejemplos, es dificil resistir las comparaciones. Si seguimos esa metodología corremos el riesgo de tender a pasar por alto la pintura de las catacumbas y a hablar de ella de refilón, como manifestación de un arte pobre, para llegar enseguida a la basílica y a las grandes obras del Románico y el Gótico.

Ciertamente la Orante o los Tres Hebreos en el horno de la catacumba de Priscilla son difícilmente comparables, bajo la óptica de las :ideas estéticas de la mayoría, con las pinturas del segundo estilo pompeyano o las cerámicas griegas.

Nuestra propuesta didáctica es comenzar desde el tiempo actual, desde el siglo XX, contemplando diversas imágenes cada vez más lejanas en el tiempo, hasta llegar al primitivo Arte Cristiano al que veríamos como el creador de todo un sistema cultural en el que aún estamos inmersos.

Es entonces, en el límite entre la Edad Antigua y la Media cuando se inicia un nuevo período de la historia que, con apenas variaciones, llegará a nuestros días. Es entonces cuando se sientan las bases de la iconografía cristiana y es entonces cuando comienzan, vacilantes al principio, a surgir los modelos, los tipos que, a lo largo de la Historia del Arte Cristiano que equivale a decir Arte Occidental, se han repetido hasta la saciedad.

Nuestro proyecto es dar al Arte Paleocristiano esa dimensión y comenzar viendo este arte, no en su aspecto formalista o plástico, sino en su desarrollo posterior, en la repercusión que tuvo y tiene.

Si conseguimos que los alumnos vean en el mundo actual algo que se creó en el pasado, desearán estudiar ese pasado y la motivación, en este caso, será obvia.

El sistema que proponemos se basa, lógicamente, en la utilización de las imágenes (diapositivas) eligiendo una serie de escenas muy conocidas e ir proyectándolas comenzando por las representaciones más cercanas a nosotros en el tiempo hasta llegar a los primeros siglos del cristianismo. Así, conseguiremos que el alumno se vaya dando cuenta de que, pese a ser completamente distintos los estilos a lo largo de los siglos, los fondos permanecen casi inalterables y los contenidos iconográficos que se definieron en el Primer Arte Cristiano, con ligeras variaciones a las que se puede ir haciendo referencia a lo largo de las clases, son prácticamente los mismos entonces que ahora.

Entre un amplio abanico de posibilidades hemos escogido algunos ejemplos:
Las Adoraciones de los Magos de Velázquez, Leonardo da Vinci o el Bosco, para terminar con la escena de la Epifanía de la catacumba de Priscilla o la de San Apollinar Nuevo.
Murillo, el Greco, Leonardo o Fra Angélico pintaron Anunciaciones cuyos orígenes podemos rastrear en la que se encuentra en Santa María la Antigua de Roma.
Y el Buen Pastor de Murillo con el del mausoleo de Gala Placidia o los de las catacumbas de Priscilla y San Calixto.
La escena del Noli me Tangere es tratada por Tiziano, Fra Angélico o el iluminador del salterio de Blanca de Navarra y localizamos su precedente iconográfico en las catacumbas de San Pedro y San Marcelino.
Cómo no hablar de las Vírgenes de Van Gogh, Morales y el Greco frente a la representación de María en las catacumbas del Coementerius Maior o de Priscilla.
Y, por fin, los Cristos de Dalí, Odilón Redón, Gauguin, Zurbarán o Velázquez con todos los antecedentes que contemplamos en el primitivo arte cristiano, aunque ya de fecha un poco tardía y en los Evangelios iluminados como el de Rábula.

Sería esta la primera fase de nuestro programa, la segunda consistiría en hacer ver al primitivo Arte Cristiano no sólo como creador de símbolos y tipos cristianos, sino también como un arte "aprovechador" de lo anterior y aquí integraríamos, pues, las formas y los contenidos.

La religión cristiana es una religión "de libro" y, por su propia idiosincrasia anicónica. Sin entrar en discusiones sobre el origen de la iconografía cristiana, de todos es sabido que surge con retraso respecto de la religión como tal y que una de las causas de su nacimiento es la necesidad de proselitismo y nunca el arte se plantea como un deseo de crear algo bello, sino más bien lo contrario y, por tanto, le es muy conveniente tomar las formas del momento histórico en el que se desarrolla, que no es otro que el Bajo Imperio Romano, y rellenar esas formas con un nuevo contenido.

En este período encontramos un arte que había perdido muchas de las características que definieron al Clasicismo y que, sin embargo, se había cargado de matices provincianos y orientales (como oriental es la misma religión). En cuanto a las formas, el Cristianismo no inventa nada, lo único que hace es aprovecharse de las formas que tiene más a mano y, dado que se encuadra en un arte en el que se había perdido la devoción clásica por la belleza formal, cosa que repugnaba a un doctrina que se asentaba en el desprecio al cuerpo y en la superioridad del alma, no tiene ningún reparo en rellenar esas viejas formas con los contenidos que más precisa para su doctrina.

La auténtica originalidad del Arte Cristiano es ofrecer nuevos contenidos a las formas estilísticas que le ofrece el arte del Bajo Imperio. El Cristianismo cambia los fondos, los significados, introduce nuevos símbolos en el arte y es eso lo que confiere al primitivo Arte Cristiano su peculiar frescura., su novedad. Se puede afirmar que hasta el Gótico implica una permanente integración de formas artísticas que, vacías de su previo contenido, son sometidas a su finalidad espiritual.

Nuestra propuesta en esta segunda fase es hacer ver a los alumnos el primitivo Arte Cristiano no sólo como el creador de una serie de temas y motivos con los cuales aun en el siglo XX convivimos, sino también que aprecien cómo, en su seno, formas ya configuradas en el mundo antiguo y clásico cambian de signo y, sin cambiar de aspecto exterior o con pocas modificaciones, se rellenan de nuevo contenido.

De nuevo en este caso emplearemos las imágenes y el primitivo Arte Cristiano no será, como en el caso anterior, el fin de cada uno de los ejemplos, sino el comienzo.

Así, podremos ver de una manera muy clara cómo uno de los antecedentes de las basílicas cristianas (San Apollinar o San Francisco de Rávena) hay que buscarlo tipológicamente en las basílicas romanas como la de Majencio y no hay ni que decir que, pese a que en ambos casos servían para congregar gente, la utilidad última es completamente dispar.

Por otro lado, las representaciones del Cristo Majestad que encontramos en Santa Sofía de Constantinopla o, posteriormente, en San Clemente de Tahull o Moissac, pueden tener un antecedente en la Gema Augustea, las estatuas de Marco Aurelio o el Augusto de la Prima Porta, y así, el Arte Cristiano recoge toda la iconografía triunfal romana asimilando a Dios con el emperador; Cristo sujetará su cruz como el emperador su lanza.

También podemos ver el Arte Cristiano como un receptor de elementos que se habían usado hasta la saciedad en las Artes de la Antigüedad y, por ejemplo, tomando como punto de partida el friso de las Vírgenes o el de los Mártires de San Apollinar Nuevo, podemos hacer referencia a toda la vieja tradición de las procesiones y remontarnos a los desfiles de las Panateneas del Partenón o al friso de los Arqueros del Palacio de Darío.

Por último, podemos ver también cómo esta capacidad receptiva e integradora de elementos ajenos continúa a lo largo de la Edad Media y apreciar cómo van pasando a formar parte del elenco cristiano, sobre todo en la época del Románico, elementos de origen oriental o musulmanes.

En resumen, la idea es extraer de las imágenes todo su contenido iconográfico y utilizarlas como un elemento que sea capaz de motivar en los alumnos el deseo de profundizar en los estudios de Historia del Arte Medieval.

Por supuesto, a lo largo de las clases habría que hablar de las fuentes que han configurado la iconografía a lo largo de la Edad Media, es decir, los Bestiarios, la Leyenda Dorada, los Evangelios Canónicos y los Apócrifos, etc. Y la lectura de textos será otro extraordinario e ineludible recurso didáctico. Aquí nos adherimos a Panofsky y con uno de sus textos extraídos de la Introducción a El significado de las Artes Visuales (Madrid, Alianza, 1978, p. 33) concluimos la presente comunicación:

"Quien enseña a los profanos a comprender el Arte sin que hayan de preocuparse por las lenguas clásicas, por los aburridos métodos históricos y por los polvorientos documentos antiguos, le quita a la "ingenuidad" toda su gracia, sin corregir por ello sus errores."