CUADERNOS DE ARTE E ICONOGRAFIA / Tomo II - 3. 1989
 

 

ESCULTURA FUNERARIA EN GALICIA (1350-1450): LA IMAGEN DE LA NUEVA NOBLEZA ENRIQUEÑA (1)

Rocío Sánchez Ameijeiras

La contienda dinástica castellana trastocó el equilibrio de fuerzas de la Galicia señorial (2), caracterizado por un orden estamental que tenía por cabeza moral a una casa de la alta nobleza: la de los Castro (3). Las diócesis gallegas y los cargos políticos importantes pasan a linajes foráneos, extraños a Galicia por su origen y estilo de vida (4). A su lado crecen en riqueza y poderío una serie de caballeros gallegos gratificados con "mercedes" por sus servicios en la contienda, que constituirán la nueva nobleza enriqueña (5). Estos caballeros, emulando a la antigua nobleza gallega, elegirán preferentemente las iglesias mendicantes y los monasterios cistercienses para construir en ellos sus monumentos funerarios (6). El estudio iconográfico de sus sepulcros -la indumentaria con que pretenden permanecer en la memoria de los vivos, las hazañas que perpetúan sus epitafios o el despliegue de relieves de sus urnas- nos permitirán reconocer ciertos aspectos de la mentalidad de esta nobleza arribista.

Del período comprendido entre 1375 y 1400 sólo se conservan tres sepulcros nobiliarios: el de Lorenzo Ares Loureyro (1391), en Santo Domingo de Ribadavia; el de Fernán Caao de Cordido, labrado entre 1377 y 1399, en Santo Domingo de Bonaval en Santiago; y el de Fernán Pérez de Andrade (1387), en San Francisco de Betanzos. En ellos se asiste a la aparición del yacente completamente armado, con arnés de guerra y de a caballo (7). El simbolismo religioso atribuido en esta época a la armadura no sería razón suficiente para la elección de la misma como mortaja figurada (8). En un mundo que conoció también, a su escala, una vertiginosa carrera armamentista, la nueva nobleza enriqueña no pudo sustraerse al deseo de inmortalizar su status con las nuevas armaduras de acero a las que debía su promoción.

Ahora bien, si los dos primeros sepulcros, pertenecientes a escuderos de señoríos eclesiásticos, permanecen fieles a tradiciones estilísticas e iconográficas que dominaron la escultura gótica gallega desde el 1300 (9); el de Fernán Pérez de Andrade -convertido ya en el señor más poderoso de Galicia gracias a las mercedes enriqueñas- resulta, en cambio, revolucionario en lo que a iconografía se refiere (10). Este personaje concibió su monumento con un programa iconográfico complejo, inspirándose en ejemplares portugueses e introdujo, de este modo, importantes innovaciones en la escultura funeraria gallega. Unas, como la concepción litúrgica del yacente y el esquema del testero de la yacija -blasón sostenido por tenantes- gozaron de gran éxito posterior; sin embargo, los temas venatorios del costado de la urna y los relieves de la que vino a ser su capilla funeraria -la capilla mayor- se singularizan como excepciones en el panorama gallego (11).

Las innovaciones iconográficas de este sepulcro parecen, sin embargo, transparentar un intento de formulación en imágenes de ciertos valores característicos de la alta nobleza anterior. Ya don Pedro de Castro "el de la guerra" (1345) ordenaba en su testamento de 1337 que cuando lo enterrasen -en el monasterio cisterciense de Sobrado- le pusiesen una de sus espadas guarnecidas y unas espuelas, en señal de que había sido caballero (12). Siguiendo su ejemplo, Fernán Pérez de Andrade insiste en su epitafio en ser recordado como "cavaleiro" y protector de la Iglesia - "fezo este moesteiro"-, lo que tendría un innovador correlato escultórico en la cubierta -yacente armado, con espada y espuelas, de "tradición litúrgica"-; y los relieves cinegéticos de la yacija y de la capilla mayor nos remiten a los mismos valores que el escudero Feijóo (1324) quiso expresar en su epitafio: " Bon fidalgo e verdadeiro, gran cazador e monteiro" (13). Resulta, pues, significativa la determinación o asunción por parte del comitente de la imagen caballeresca que la iconografía refleja (14). Se puede decir, entonces, que tras su novedosa apariencia formal, el sepulcro deja traslucir la intención del destinatario de ser representado como encarnación de las virtudes de la antigua nobleza, que le conferirían cierto carácter ejemplar (el impacto de lo novedoso redundaría en lo ejemplar): la casa de Andrade pretende erigirse, en efecto, como nueva pauta moral. Incluso el sobrenombre del personaje "O Boo" -el Bueno- es significativo en este aspecto.

Durante el primer cuarto del siglo XV otros caballeros como Aras Pardo; Ares Vázquez de Vaamonde y Gonzalo Ozores de Ulloa se apresurarían a encargar también sus monumentos en vida (15). El sepulcro se ha convertido en el cuño de autenticidad de una nobleza recién estrenada. Y no sólo estrenan nobleza los caballeros, también las damas: restos de una yacente femenina que formaría pareja con Aras Pardo se pueden reconocer todavía en el nicho fronto al del sepulcro en San Francisco de Betanzos; y la de la dama de Aras Vázquez de Vaamonde se conserva en la capilla de San Juan de la iglesia del monasterio de Sobrado. En Galicia, hasta la fecha, sólo reinas e infantas gozaban del privilegio de tener una figura labrada sobre sus tumbas (16). Es ahora cuando dicho privilegio se extiende a la nobleza. No parece probable que las anónimas damas de Pardos y Vaamondes hubiesen sido las pioneras. El modelo habrá que buscarlo, de nuevo, en las empresas funerarias de Fernán Pérez en Betanzos.

El monumento de O Boo no se encuentra hoy en su emplazamiento original, que conocemos gracias a los testimonios literarios. Los más antiguos señalan la existencia del sepulcro de su pareja, hoy desaparecido. A comienzos del siglo XVII escribía un cronista franciscano anónimo, refiriéndose al convento de Betanzos: "... el ilustrísimo caballero don Fernán Pérez de Andrade (...) lo hizo fundar (...) y después de su muerte se enterró con su muger en la capilla mayor del convento, en los sepulcros que en ella están" (17). En 1607 el cardenal Jerónimo del Hoyo insistía: " En esta ciudad hay un monasterio de San Francisco que fundó Fernán Pérez de Andrade en el año 1387; está sepultado en el lado del Evangelio y su muger al lado de la Epístola..." (18). Y en 1651 Gil y González Dávila: "Convento de San Francisco de Betanzos (...) Reparólo de nuevo el mui noble cavallero don Fernán Pérez de Andrade que yace con su consorte en la capilla mayor..." (19). Del siglo XVIII no se conservan noticias escritas, y en el xlx los autores mencionan únicamente el sepulcro del caballero y su traslado a los pies de la iglesia en 1782 (20). El sepulcro de dama habría sido trasladado o destruido con bastante anterioridad; pero no resulta difícil suponer cuándo y por qué.

A finales del siglo XVI las iglesias gallegas se habían llenado de tal modo de sepulcros que las autoridades eclesiásticas hubieron de reaccionar ante tal exceso prohibiendo "poner en las iglesias tumbas de madera o piedra sobre las sepulturas" (21). El efecto de estas prohibiciones alcanza a algunos de nuestros ejemplares: el de Nuño Freire de Andrade fue trasladado del crucero al interior de la capilla mayor de la iglesia monasterial de Monfero en 1606 (22), y los de Ares Vázquez de Vaamonde y su dama pasaron de la nave de la antigua iglesia de Sobrado a la capilla de San Juan (23). Peor suerte debió correr el sepulcro femenino que nos ocupa, pues la última referencia que de él tenemos data, sintomáticamente, de mediados del siglo XVII, y su memoria se había ya perdido a comienzos del siglo pasado.

Confirmada la primitiva existencia de dicha tumba, resta deducir su posible morfología -o, al menos, los ejemplares que hubieran podido inspirarla-, y conocer la identidad de su destinataria. Fernán Pérez de Andrade casó dos veces. Su segunda mujer, Constanza de Moscoso, que le sobrevivió bastantes años, tiene su sepulcro labrado en la cabecera de Santo Domingo de Bonaval en Santiago (24). De la primera, a la que correspondería el desaparecido sepulcro brigantino sólo se sabe que aún vivía en 1373 (25), y que era hija de un Aras Pardo, que al morir había dejado una considerable herencia a su yerno (26). Teniendo en cuenta que no sólo la iconografía del sepulcro de O Boo está inspirada en los ejemplares reales de Coimbra (27), sino también que todo el programa escultórico de la cabecera de la iglesia franciscana de Betanzos, de marcado carácter escatológico, evoca los relieves de las tumbas reales de Alcobaga -recuérdese que la reina era Inés de Castro- (28), es más que probable que el monumento de su consorte hubiera sido concebido a la luz de los mismos modelos.

Curiosamente los ejemplares conservados de yacentes nobiliarios femeninos gallegos de la primera mitad del XV remiten, en lo que a iconografía se refiere, al de la reina Juana de Castro (1374) en la catedral de Santiago (29). Todo parece indicar, pues, que si las mujeres del antiguo linaje de los Castro llegaron a ser reinas, las de los Andrades, Pardos, Ulloas y Sotomayores quisieron, al menos, tener sus sepulcros semejantes a los de aquéllas.

A partir de 1425 se percibe un cambio significativo: todos los yacentes armados posteriores a esta fecha son póstumos, encargados por algún familiar después de la muerte del destinatario. Pedro Fernández de Andrade y Gonzalo Ozores de Ulloa ya habían construido sendos sepulcros para sus respectivos padres (30), pero ahora la costumbre se multiplica y diversifica: doña Constanza de Moscoso, casada en segundas nupcias con Fernán Pérez de Andrade, y después de enviudar de él, manda levantar cuatro monumentos funerarios en la capilla mayor de la iglesia de Santo Domingo de Bonaval en Santiago: el de su primer marido Juan Docampo, el de su hermana, el de su hija y el suyo (31). Por las mismas fechas Fernán Yáñez de Sotomayor encarga otros cuatro en la "capela grande principal" de Santo Domingo de Pontevedra: los de sus abuelos, el de su madre y el suyo propio (32). Pertenecientes ya a una segunda o tercera generación de las casas nobles que se auparon tras la contienda honran así a sus mayores y verifican de ese modo la antigüedad y grandeza de sus linajes. Un texto gallego contemporáneo viene a ilustrar esta valoración de la antigüedad del linaje. Juan Rodríguez del Padrón escribía en 1435: " La verdadera nobleza requiere cuatro dignidades, es a saber, abtoridad del príncipe o del principado, claridad del linaje, buenas costumbres e antigua riqueza; las cuales no pueden concurrir todas en aquel que nuevamente fase noble el príncipe o principado" (33).

En las fechas en que fue escrito este texto la casa de Andrade intentaba mantener todavía su carácter ejemplar: Nuño Freire de Andrade O Mao -el Malo- muere de muerte violenta en 1431, víctima de los levantamientos populares contra la nobleza. Quienes hayan ordenado labrar su monumento poco tiempo después insistían en el epitafio en los valores caballerescos que el fundador de la casa había querido encarnar "cavaleiro de verdade", pero añadían " un dos do consello del rey" (34), mostrando con ostentación la primera de las dignidades requeridas al noble según Rodríguez del Padrón. Y, en efecto, el yacente de su sepulcro parece, en cierto modo, más cortesano que los que le precedieron: introduce una nueva moda (ya no se lleva la barba) y el modelo de armadura -posiblemente de origen italiano- difiere considerablemente en forma de los anteriores. Así, a pesar de lo peyorativo del sobrenombre de su destinatario y del odio que éste habría despertado en vida, su sepulcro causa impacto en la comarca y fue emulado no sólo por los personajes de la pequeña nobleza a su servicio -Rodrigo y Diego Esquío, administradores de su casa-, sino e incluso por sus enemigos (35).

Si algo caracterizó a los sepulcros nobiliarios gallegos labrados entre 1350 y 1450 fue su valor legitimador de unas riquezas y un poder reciente y dudosamente adquiridos. De entre las pequeñas casas que se engrandecieron tras la contienda, la de Andrade se singularizó no sólo como la más poderosa, sino también por su carácter ejemplar. Sus sepulcros innovadores se convirtieron en modelos prestigiosos para la nobleza local restante; pero en su afán por emular a la antigua casa de los Castro no repararon en la torpeza de la mano de obra con la que contaban. Aunque la leyenda atribuye a O Boo el magnicidio de Montiel, y consta que O Mao perteneció al consejo del Rey, la tosquedad de sus tumbas evidencia el carácter provinciano de la nueva nobleza enriqueña gallega.


NOTAS

(1) Las atribuciones de los sepulcros que se citarán en este artículo, su iconografía y sus cronologías son objeto de otro estudio titulado El yacente armado en Galicia (1350-1450), realizado por la misma autora, para la obtención del Grado de Licenciatura, bajo la dirección del profesor Moralejo Álvarez, catedrático de Historia del Arte Antiguo y Medieval de la Universidad de Santiago de Compostela. Sobre este tema véase M. Chamoso Lamas, Escultura funeraria en Galicia, Orense, 1979; M. Núñez Rodríguez, La idea de la inmortalidad en la escultura gallega, Orense, 1985; F. Vales Villamarín, Los enterramientos de la iglesia de San Francisco de Betanzos, La Coruña, 1971; X. A. García G.-Ledo, As imaxes xacentes da eirexa de San Francisco de Betanzos, Betanzos, 1983. Gran cantidad de referencias en J. M. Caamaño Martínez, Contribución al estudio del Gótico en Galicia, Diócesis de Santiago, Valladolid, 1962.

(2) J. García Oro, La nobleza gallega en la Baja Edad Media, Santiago, 1981, p. 356.

(3) Ibid., p. 17.

(4) Pedro Ruiz Sarmiento, adelantado mayor de Galicia, y Pedro Enríquez de Castro, conde de Trastámara y pertiguero mayor de Santiago.

(5) J. García Oro, Galicia en la Baja Edad Media. Iglesia, señorío y nobleza, Santiago, 1977, p. 50.

(6) Ya Payo Gómez Chariño tenía su sepulcro en San Francisco de Pontevedra un hijo suyo ( 1335), en Armenteira; y el ilustre don Pedro de Castro "el de la guerra" (1345), en Sobrado. La existencia de este último, hoy desaparecido, la verifica el Tumbo del Monasterio de Sobrado, del siglo XVII, manuscrito inédito conservado en el Instituto de Estudios Gallegos Padre Sarmiento, fol. 179.

(7) Las primeras armaduras completas de acero se registran en Galicia en torno a 1400, pero ya en el último cuarto del siglo anterior se combinaban antiguas defensas de cuero con las nuevas y más resistentes piezas de acero.

(8) Acerca del simbolismo de la armadura, véase M. de Riquer, L'Arnés del Cavaller. Armes i Armadures Catalanes Medievals, Barcelona, 1968, cap. IX; J. W. Hurtig, The armored gisant in Europe before 1400, Nueva York y Londres, 1979, cap. V. Es ya clásica la alusión al texto de Ramón Llull y, en última instancia, todo este simbolismo religioso estaría basado en San Pablo.

(9) Es decir, el llamado "estilo orensano". Véase S. Moralejo Álvarez, Escultura gótica en Galicia (1200-1350), Santiago, 1975. Sobre los citados sepulcros véase M. Chamoso, op. cit., pp. 134-135, 604-605. J. M. Caamaño Martínez, op. cit., pp. 193-203.

(10) Sobre este sepulcro véase Balsa de la Vega, "Notas arqueológicas", Boletín de la Real Academia Gallega, V (1912), pp. 242-247; F. Tettamancy, "El sepulcro de Fernán Pérez de Andrade O Boo", Arte Español, I (1912), pp, 141-142; E. Camps Cazorla, "Rarezas iconográficas de San Francisco de Betanzos", Boletín de la Comisión Provincial de Monumentos de Orense, XIV (143-144), pp. 86-95; F. Vales Villamarín, "Contribución a la Historia de Betanzos. El sepulcro de Andrade O Boo", Anuario Brigantino, II (1949); Ainaud de Lasarte y Durán Sampere, Escultura Gótica, col. Ars Hispaniae, VII, Madrid, 1956, p. 83, fig. 67; J. M. Caamaño, op. cit., pp. 134-141; M. Chamoso, op. cit., pp. 383-387; M. Núñez Rodríguez, "El sepulcro de Fernán Pérez de Andrade en San Francisco de Betanzos, como expresión de una individualidad y de una época", Bracara Augusta, XXXV, fasc. 79 (1981), pp. 1?19; M. Núñez, La idea, pp. 27-32, figs. 1, 2, 3, 8 y 17.

(11) Un análisis detallado del origen de las innovaciones iconográficas del sepulcro y de su éxito posterior, en el artículo de la misma autora titulado "Circulación de modelos y talleres itinerantes: el papel de artistas y comitentes en la evolución tipológica de la escultura funeraria medieval gallega", Actas del VI Congreso del C.EH.A. (en prensa).

(12) La copia de uno de los testamentos de este personaje, con fecha de 1337, en el Tumbo de Sobrado, fols. 178 y ss.

(13) Las noticias sobre el desaparecido sepulcro del escudero Feijóo en Celanova las proporciona Ambrosio de Morales en su Viage de... por orden del rey Phelipe II a los Reynos de León y Galicia y Principado de Asturias para reconocer las reliquias de Santos, Sepulcros reales y Libros manuscritos en las Catedrales y Monasterios, Oviedo, 1977, p. 156.

(14) Desde comienzos del siglo XIII los nobles gallegos son distinguidos por la palabra "miles", a la que sustituye en los documentos redactados en gallego el término "cavaleyro"; véase H. Portela Silva, La región del obispado de Tuy en los siglos XII al XV, Santiago, 1976, p. 263.

(15) Sobre el sepulcro de Aras Pardo en San Francisco de Betanzos, véase Martínez Salazar, Portfolio de Galicia (1ª serie), La Coruña, 1904, p. 48; Vaamonde Lores, "Quién es el Aras Pardo que está sepultado en la iglesia de San Francisco de Betanzos", Boletín de la Real Academia Gallega, XIII (1923), pp. 333-342; F. Vales, Contribución, s.p., n. 5; J. M. Caamaño, op. cit., pp. 403-405; M. Núñez, La idea, figs. 16, 19, 32 y 33. Los sepulcros de Ares Vázquez de Vaamonde y Vasco López de Ulloa se conservan en la iglesia del monasterio de Sobrado. El de Gonzalo Ozores de Ulloa (1402) ha desaparecido, pero los testimonios literarios permiten suponerlo similar a los conservados. Véase Tumbo de Sobrado, fols. 179-180; M. Carbajo, Historia del Monasterio de Sobrado, manuscrito hacia 1771, conservado en la biblioteca de la Universidad de Santiago, fol. 505v; A. de la Iglesia, "El Monasterio de Sobrado", Galicia, I (1860), p. 51; García M. Colombas, El Monasterio de Santa María de Sobrado, León, 1980, p. 24. Se deduce que fueron hechos en vida del destinatario porque en los epitafios queda un espacio sin labrar para ser completado con la fecha del óbito.

(16) Me refiero a los de la reina doña Berenguela (1149) y Juana de Castro (1374) en la catedral compostelana; y el de una infanta de la primera mitad del siglo XIV en la catedral de Orense. Sobre estos sepulcros véase S. Moralejo Álvarez, Escultura Gótica.

(17) M. Castro, Crónica de la Provincia Franciscana de Santiago 1214-1614. Por un franciscano anónimo del siglo XVII, Madrid, 1971, p. 152.

(18) J. del Hoyo, Memorias del Arzobispado de Santiago, Ed. Varela Jácome, Santiago, sal. (1ª ed., 1607), fol. 283v.

(19) Gil y González Dávila, Teatro Eclesiástico de las Iglesias Metropolitanas y Catedrales de los Reynos de las dos Castillas. Vida de sus Arzobispos, y Obispos y cosas memorables de sus sedes, Madrid, 1651, p. 12.

(20) M. A. de Verín y González de Hevia, Historia de la Ciudad de Betanzos, manuscrita con fecha de 1812, conservada en el Archivo de la ciudad de Betanzos, f. 10v, n. 1; J. Montero y Aróstegui, Historia y descripción de la ciudad y departamento naval del Ferrol, Madrid, 1859, p. 43, n. 1; Rada y Delgado, " Viaje de sus M.M. y A.A. por Castilla, León, Asturias y Galicia verificado en el verano de 1858", Galicia, I (1860), p. 793.

(21) Las prohibiciones promulgadas en las Constituciones Sinodales de Santiago de Compostela, de 1576; de Mondoñedo, de 1586, y de Orense, de 1619.

(22) Vaamonde Lores, en aNuño Freire de Andrade", Almanaque Gallego (1916), p. 51, reproduce un fragmento de la Crónica de Monfero de Villalpando. Sobre este personaje y su sepulcro, véase infra.

(23) El Tumbo de Sobrado describe los sepulcros citados en la capilla de San Juan, y prosigue: "dicen los viejos que estos sepulcros no pertenecen a esta capilla, que los metieron allí para desocupar la iglesia" (fols. 189-190).

(24) Véase nota 30.

(25) Vaamonde, "Quién es...", p. 334.

(26) Ibid., pp. 333-342.

(27) Véase nota 10.

(28) Esta idea sobre la inspiración en Alcobaqa se la he escuchado al profesor Joaquín Yarza Luaces en la conferencia "La capilla funeraria hispana en torno al 1400", leída con ocasión del ciclo sobre "La idea y el sentimiento de la muerte en la Historia y en el Arte en la Edad Media", organizado por la Universidad de Santiago en diciembre de 1986.

(29) Los ejemplares femeninos conservados son el ya citado de la dama de Ares Vázquez de Vaamonde en Sobrado; el que hoy forma pareja en la capilla de Santo Tomás, con el erróneamente atribuido a Payo Gómez de Sotomayor en Santo Domingo de Pontevedra; los de Constanza de Moscoso, su hermana y su hija en la cabecera de la iglesia de Santo Domingo de Bonaval en Santiago; el de la madre del obispo Juan Fernández de Sotomayor II en Santo Domingo de Tuy, y el de una dama anónima en la iglesia del Sancti Spiritus de Melide.

(30) Pedro Fernández de Andrade había mandado construir el de su padre Juan Freire de Andrade en San Francisco de Betanzos; y Gonzalo Ozores de Ulloa había hecho lo propio para el suyo, Vasco López de Ulloa, en Sobrado.

(31) Para estos sepulcros véase A. López Ferreiro, Historia de la Santa A.M. Iglesia de Santiago de Compostela, VII, Santiago, 1904, p. 317; A. Pardo Villar, "El convento de Santo Domingo de Santiago y el patronato de los Condes de Altamira", Boletín de la Real Academia Gallega, XVIII (1927-1928), pp. 217-222; A. Pardo Villar, "Santo Domingo de Santiago. La construcción de la Caplla Mayor", Cuadernos de Estudios Gallegos, I (1944-1945), pp. 203-226; J. M. Caamaño, op. cit., pp. 195, 199-208, 217; M. Chamoso, op. cit., pp. 606-607; M. Núñez, La idea, figs. 14, 34, 49 y 50.

(32) Estos sepulcros no se conservan, salvo un yacente de dama que se encuentra hoy día en la capilla de Santo Tomás. Noticias sobre ellos en un documento de pago de Fernán Yáñez de Sotomayor, de 1433, publicado por Villa-Amil y Castro, Iglesias gallegas en la Edad Media, Madrid, 1904, p. 177.

(33) J. Rodríguez del Padrón, Obras Completas, Madrid, 1982, p. 296.

(34) Sobre este sepulcro véase Vaamonde, " Nuño Freire", pp. 46-53; Carré Aldao, Geografía del Reino de Galicia. Provincia de La Coruña, I, Barcelona, sal., p. 88: M. Chamoso, op. cit., pp. 456-459; F. Vales Villamarín, " O xacigo de Nuno Freire de Andrade", Anuario Brigantino, IV, Betanzos, 1981, pp. 17-19.

(35) Don Juan López de Vilousás, canónigo de Santiago y enemigo acérrimo de Nuño Freire de Andrade (véase Couceiro Freijomil, op. cit., p. 453), no pudo menos que querer emular el sepulcro de éste al mandar construir el de su hermano García Pérez de Vilousás en el crucero de la iglesia franciscana de Betanzos; sobre los sepulcros de ambos hermanos véase Martínez Salazar, Portfolio de Galicia (2ª serie), La Coruña, 1910, p. 18; Carre Aldao, op. cit., I, pp. 804-805; M. Chamoso, op. cit., pp. 408-409; M. Núñez, La idea, figs. 22 y 23.


ILUSTRACIONES

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