CUADERNOS DE ARTE E ICONOGRAFIA / Tomo II - 3. 1989
 

 

EL TEMA DE LA CRUCIFIXIÓN EN LOS MANUSCRITOS JURÍDICOS MEDIEVALES

Soledad de Silva y Verástegui

El tema de la Crucifixión en la miniatura hispánica medieval ha sido abordado hace años por el profesor Yarza quien, entre otras conclusiones, ponía de relieve lo tardío de su aparición en nuestros manuscritos, en comparación con lo europeo (1). Hay que esperar al último tercio del siglo X para encontrar el primer ejemplo, proporcionado por la célebre página de la Crucifixión del Beato de Gerona (2). Le siguen, según este autor, otras cinco ilustraciones del tema realizadas a lo largo del siglo XI: las crucifixiones de la Biblia de Ripoll, de un Sacramentario de la Academia de la Historia de Madrid, los dos fechados en la primera mitad de siglo, del Pontifical de Roda, de un Evangelario de Vich y del Beato copiado en Gerona (Beato de Turín), estos últimos más avanzados y próximos al 1100.

Los ejemplos se multiplican conforme nos adentramos en el siglo XII y principios del XIII, siendo así que las principales miniaturas de la Crucifixión se encuentran ilustrando manuscritos, ya sean de carácter bíblico (Biblia de Ávila, Biblias de Pamplona, Beato de San Millán de la Cogolla) o bien de carácter litúrgico (Misal de la Biblioteca Nacional, Misal de San Facundo, el Missale Vetus Oxomense de Burgos de Osma y los Misales de las Catedrales de Huesca y Tortosa) (3). Respecto a estos últimos, es interesante recordar que los caracteriza precisamente la presencia casi habitual en el introito al Canon de la Misa de una imagen de la Maiestas Domini y otra de la Crucifixión (o una sola de las dos) conforme a una costumbre que debió de iniciarse ya en los sacramentarios de la época prerrománica -carolingia- y que se fijó como norma iconográfica en esta clase de manuscritos pasando después a los
misales, y perdurando en los misales impresos incluso hasta nuestros días (4). Por extensión, este tipo de imágenes alcanzó a otros libros litúrgicos.

Pero no fueron éstos y los códices bíblicos los únicos en beneficiarse de estas representaciones. Desde el siglo xiii encontramos también imágenes de la Crucifixión ilustrando los manuscritos de los Fueros. Generalmente la fórmula iconográfica seguida en ellos es sencilla: acompañan a Cristo crucificado la Virgen y San Juan, y se colocan encima del travesaño de la cruz el sol y la luna. Uno de los primeros ejemplos nos lo proporciona el Fuero de Uclés, fechable en este Siglo (5) (lám. I). La representación es tosca y se encuentra muy deteriorada, pero aún puede observarse la imagen de Cristo clavado en la cruz que adopta la forma de árbol con las ramas cortadas, conforme a simbolismo evidente. El artista ha destacado especialmente la herida del costado y ha señalado con ingenuidad los detalles de la anatomía del torso. Junto a la Cruz, la Virgen y San Juan, éste indicando con la mano hacia el costado abierto de Cristo. El dibujo es sencillo y el único color utilizado, el bermellón.

De fines de la primera mitad del siglo XIII, de h. 1240 es el Fuero de Teruel que hoy conserva el Ayuntamiento de la ciudad aragonesa (6) (lám. 2). Encabeza el Fuero una miniatura con la figura sedente del rey Alfonso II. El texto comprende los folios I al CLXXXIr, encontrándose en el verso de este último extractos de los cuatro evangelios y en el recto del siguiente, es decir, en el folio CLXXXII, la imagen del Calvario. La iconografía de Cristo responde a un modelo de Crucificado que debió difundirse, según indican los autores, a partir del siglo XI y que en España inaugura posiblemente el Cristo del Misal de San Facundo fechado en el último cuarto del siglo (7). Al mismo tipo pertenece, por ejemplo, el Crucificado de la Biblia de Ávila, de la primera mitad del siglo XII, con el que el Cristo de nuestro manuscrito guarda notable paralelismo (8). Todos ellos nos ofrecen una imagen del Crucificado muerto en la Cruz, con los ojos cerrados, la cabeza algo inclinada hacia el lado derecho, cayéndole sobre los hombros tres característicos mechones a cada lado. El tipo de cruz es muy parecido también en los tres ejemplares y un parentesco más estrecho aún detectan la mencionada Biblia y el Fuero. No obstante, el Cristo del Códice Turolense presenta una iconografía más avanzada hacia el gótico, conforme también a la fecha de su realización, a mediados del siglo XIII, al mostrarnos las piernas cruzadas y los pies atados por un solo clavo al madero, mientras que los ejemplares mencionados siguen la fórmula del Cristo románico con los cuatro clavos. Se completa el Calvario del Códice de Teruel con las figuras de la Virgen y San Juan portando la primera un libro en la mano derecha y mostrando a Cristo con la izquierda. El discípulo amado ostenta también un libro en una mano mientras que apoya el rostro en la otra, en señal de sufrimiento. Encima del palo vertical de la Cruz, la inscripción, y sobre el travesaño horizontal las imágenes personificadas por rostros del sol y de la luna, ésta doblemente representada como luna llena y cuarto creciente. Algo posterior debió ser otra copia del Fuero de Teruel, actualmente en la Biblioteca Nacional, que ha llegado a nosotros mutilado en parte y que contenía también según Ureña los textos de los Evangelios y el Calvario (9).

La mayor parte de las copias de los fueros que conservamos con ilustraciones pertenecen al siglo XIV. Del Fuero de Soria existen hoy dos Códices, uno en la Biblioteca Nacional de Madrid, (ms. 17662) y otro muy mutilado en el Ayuntamiento de Soria (10). Nos ofrece el primero una imagen muy bella también, aunque algo tosca, del Calvario (lám. 3). La iconografía de Cristo sigue en líneas generales el modelo del Crucificado de Sahagún, con los cuatro clavos incluso, resultando una tipología excesivamente arcaizante para su época. Como es habitual, flanquean el Crucificado, la Virgen y San Juan manifestando el sufrimiento cada uno por medio del consabido gesto de las manos apoyadas en el rostro. Encima de la Cruz las representaciones astrales del sol y la luna, no personificadas esta vez conforme a uso más avanzado. Quizá haya que ver también en la aplicación de los colores del fondo de la composición, rojo y morado alternados, un claro simbolismo. En las páginas precedentes al folio ocupado por el Calvario pueden leerse fragmentos de los Evangelios de Mateo, Juan y Lucas (11). La misma distribución de extractos del Evangelio de San Juan y una miniatura parecida de la Crucifixión, de la que aún se conservan restos muy borrosos, se encuentra en el manuscrito del Ayuntamiento de Soria mencionado.

Al primer cuarto del siglo XIV ha sido atribuido un ejemplar del Fuero y Constituciones de Aragón, conservado en la Biblioteca Nacional de París (N.a.l. 494) (12) (lám. 4). El folio 16 ostenta un dibujo del Calvario, con Cristo muerto en la Cruz acompañado por la Virgen y San Juan. El tipo de cruz y de Crucificado responde ahora a los caracteres del gótico al mostrarnos el cuerpo arqueado como consecuencia del peso provocado por los clavos de las manos y la posición de las piernas y los pies cruzados atados por un solo clavo a la Cruz. Encima del travesaño horizontal, las imágenes astrales del sol y la luna entre nubes que representan el firmamento. Como es habitual, acompaña a esta imagen del Cristo crucificado varios fragmentos de los cuatro Evangelios (13). Otro Códice del Fuero de Aragón, fechado en el siglo XIV, que contiene miniaturas con la imagen del Crucificado, se conserva en la Biblioteca de El Escorial. Junto al Calvario figura además la Maiestas Domini y ambas imágenes van seguidas de otra hoja con extractos de los Evangelios (14).

A la misma época pertenecen también los ejemplares del Fuero de Navarra de la Biblioteca de la Catedral de Pamplona y de la Universidad de Salamanca (15). Contiene el primero un dibujo muy tosco de la Crucifixión con María y Juan al pie de la Cruz, y otro del ángel de la Anunciación (16) (lám. 5). Coincide con la representación del Fuero de Uclés en la ausencia de un espacio pictórico propio y en el tipo de cruz a modo de árbol con las ramas cortadas. Ambos Calvarios tampoco han incoporado las imágenes del sol y de la luna que vemos encima del travesaño de la cruz en los demás manuscritos. El tipo de Crucificado de tres clavos se aproxima en cambio, pese a su evidente tosquedad, al modelo más refinado del Códice salmantino, dentro de la tipología característica del gótico, y próximo a otros crucificados navarros del siglo XIV. La disposición de los brazos de Cristo en la cruz, el rostro inclinado sobre el hombro derecho, cayéndole los mechones del pelo a cada lado, el vientre algo abultado, las rodillas arqueadas y la disposición de los pies recuerda en lineas generales a la de los Cristos que figuran en las pinturas murales del claustro y refectorio de la catedral de Pamplona, esta última realizada h. 1330 por el maestro Juan Oliver (17). Gran afinidad existe también en el tipo de clavos utilizados en todos los crucificados navarros mencionados.

Sobre el palo vertical de la cruz una cartela contiene la inscripción "I.N.R.", y debajo, "F. Dei", afirmándose de este modo la divinidad de Cristo. Sorprende encontrar esta misma idea reafirmada en otras crucifixiones navarras del siglo XIV, si bien valiéndose de la introducción en la escena de otro personaje muy característico, el centurión, que lleva en la mano una filacteria con el texto, " vere Filius Dei erat iste", mientras con el índice señala al Crucificado. Lo vemos en la escena del Calvario en las pinturas murales del refectorio de la catedral de Pamplona mencionadas y en el Fuero de Navarra conservado en la Biblioteca salmantina (lám. 6). La escena de la Crucifixión se desarrolla en este último dentro de una triple arquería y ha sido completada con la presencia junto a la Virgen de las dos Marías y con una imagen muy expresiva del Centurión junto a Juan, con la filacteria descrita en la mano izquierda e indicando con el índice de la derecha a Cristo. Sin duda, entre todas las representaciones del Calvario que ilustran los manuscritos de los Fueros de la Edad Media, esta última es la que nos proporciona una de las imágenes más completa y bella. El fondo de la composición ha sido coloreado en dos campos, uno iluminado (amarillo) y otro oscuro (azul), correspondiéndose uno y otro con la situación que suelen ocupar habitualmente el sol y la luna. Posiblemente haya que ver también al respecto una alusión simbólica, quizá a la Iglesia (zona iluminada) y la Sinagoga (zona oscura).

A la luz de los ejemplos descritos, vemos cómo durante la Edad Media fue relativamente frecuente ilustrar algunos de los manuscritos de los Fueros con representaciones de la Crucifixión. Generalmente, la fórmula iconográfica seguida es sencilla reduciéndose la escena al Crucificado acompañado de la Virgen y San Juan, el sol y la luna. Próximo a esta imagen del Calvario se situaban algunos textos tomados de los cuatro Evangelios. La función de una y otros es clara al respecto. Como es sabido, sobre estas hojas ponían la mano los que prestaban juramento, conforme al uso establecido en los mismos Fueros que imponía precisamente el que este tipo de actos se hiciera sobre la Cruz y los Evangelios (18).

Esta asociación del tema iconográfico de la Crucifixión y los juramentos en los manuscritos de los Fueros puede explicarnos el porqué de la ilustración de otros textos medievales con una imagen del Calvario, como ocurre, por ejemplo, en el Estatuto de la Cofradía de San Benito de Tulebras, del siglo XIII (19). El documento en pergamino ha sido escrito en latín por Sebastianus Capellanus y en él se recogen los estatutos por los que se regía dicha cofradía fundada, en el monasterio navarro, en abril de 1216 (ó 1226), entre doña Toda Mómez, abadesa de Tulebras y los vecinos de aquel lugar. Como consta en el texto mismo del original, lo establecido en estas Constituciones debía ser obedecido por todos los cofrades bajo juramento: "Domna Tota Momez abbatisa Sancte Marie ka/ ritatis et omnium vicinorum de Tulobras statuimus in honore Sancti Benedicti hanc fraternitatem in qua has consuetudines habere volumus et iurando super Sanctam Crucem et IIII Evangelia tan n[os quam]/isti qui in ea intraturi sunt, unanimiter firmamus nos his preceptis esse obediendos" (20). Es decir, que una sola condición se requería para ser cofrade de San Benito: jurar ante un Crucifijo y sobre los Cuatro Evangelios el cumplimiento de los estatutos (21).

La Crucifixión figura en el centro del documento (lám. 7). El Crucificado aparece muerto, con los ojos cerrados y la cabeza algo inclinada sobre el hombro derecho. Lleva un " perizonium" corto, desde la cintura hasta la rodilla, con el nudo atado a un costado y ha sido fijado con cuatro clavos a la Cruz. El tipo iconográfico, a nuestro juicio, sigue el modelo sahaguntino mencionado y ha sido relacionado por los autores con los crucifijos que ilustran las Biblias de Pamplona, algo anteriores (22). A los pies de Cristo figuran las imágenes dolientes de la Virgen y San Juan. Arriba, el sol y la luna personificados con rostros humanos, con los distintivos característicos, el haz de rayos para el primero y el creciente de luna para ésta. Como vemos, el tipo de imagen utilizado en este documento es el mismo adoptado en general para los manuscritos de los Fueros.
La asociación entre estas imágenes de la Crucifixión y el juramento alcanzó también a otros manuscritos que no siendo propiamente jurídicos, como los hasta ahora considerados, fueron, sin embargo, utilizados para aquel tipo de actos. Un ejemplo ilustrativo al respecto nos lo proporciona un Evangeliario conservado actualmente en el Archivo General de Navarra fechado en el siglo XIII (23). Como es sabido, este códice es sobre el que juraban los alcaldes de Pamplona y así se le ha venido designando (Libro de Jura de los Alcaldes de Pamplona) (24). Posee, aunque muy toscas, dos miniaturas que representan el Calvario (f. 16v) y el Pantocrator (fol. 17), recordándonos esta selección iconográfica los mismos temas representados por la orfebrería de la época-siguiendo posiblemente un uso más antiguo- en las cubiertas de este tipo de manuscritos, como el Evangeliario de Roncesvalles, del segundo cuarto del siglo XIII o el Evangeliario de la Catedral de Pamplona de las mismas fechas (h. 1227), cuyas guardas fueron sustituidas por las actuales del siglo XVI, pero inspirándose en aquéllas (25). Así, la guarda anterior procede del Pantocrator medieval acompañado del tetramorfos, si bien la Maiestas Domini ha sido sustituida por un Cristo de las Llagas Juez. En la guarda posterior se representa la Crucifixión con las figuras de la Virgen y San Juan encuadrados por el sol y la luna (26). Sabemos que el Evangeliario de Roncesvalles era el libro sobre el que juraban los priores del monasterio al tomar posesión de su cargo y además de ello "el prior de Roncesvalles poseía el derecho de recibir sobre estos mismos Evangelios el juramento de los reyes de Navarra al ocupar el trono, cuando por alguna razón especial el obispo de Pamplona se hallaba incapacitado para realizar la ceremonia" (27). Una tradición señala igualmente el Evangeliario de la Catedral de Pamplona como el Libro Sagrado sobre el cual juraban los antiguos reyes de Navarra en su coronación (28). Como vemos, todas estas imágenes de la Crucifixión que nos ofrecen los Evangeliarios navarros del siglo XIII pudieron estar en relación con los juramentos que se tomaban sobre ellos, ya fueran por parte del rey (Evangeliario de la Catedral de Pamplona) o del prior (Evangeliario de Roncesvalles), o bien de los alcaldes de los respectivos municipios (Evangeliario del Archivo General de Navarra).

 

NOTAS

(1) J. Yarza, "Iconografía de la Crucifixión en la miniatura española, siglos X al XII", en Archivo Español de Arte, XLVII, 1974, p. 13.

(2) Posiblemente haya que atribuir a las mismas fechas la primera imagen esculpida, en los relieves de la Crucifixión de San Miguel de Villatuerta (Navarra). Cfr. S. Silva y Verástegui, Iconografía del siglo X en el reino de Pamplona-Nájera, Pamplona, 1984, pp. 92-100; interpretación corroborada recientemente por B. Cabañero Subiza y F. Galtier Martí, "Tuis exercitibus crux Christi semper adsistat. El relieve real prerrománico de Luesia,", en Artigrama.

(3) Cfr. J. Yarza, op. cit., pp. 30-36. Respecto al manuscrito de Roda, mencionado, se trata de un Sacramentario donde puede observase una imagen de Cristo crucificado junto al Te Igitur. El Códice está unido a un pontifical. Véase J. Janini, Manuscritos litúrgicos de las Bibliotecas de España, Burgos, 1980.

(4) El ejemplo más antiguo que conozco es el del Sacramentario de Gellone, realizado en el siglo VIII, en período merovingio (cfr. B. Teyssedre, Le Sacramentaire de Gellone et la figure humaine dans les manuscrits francs du VIII siécle, Toulouse, 1959, pp. 108-121). Después se hace regla en los sacramentarios carolingios. Posiblemente uno de los primeros ejemplos nos lo proporciona el Sacramentario de la Coronación de la escuela de la Corte de Carlos el Calvo, realizado en la segunda mitad del siglo IX (París, B.N., lat. 1141, f. 6v). Cfr. G. Schiller, Iconography of Christian Art, London, 1972, p. 105, fig. 362. Sobre el tema, V. Leroquais, Les Sacramentaires et les Missels manuscrits des Bibliothéques publiques de France, París, 1924, pp. XXXIII y XXXIV.

(5) J. Domínguez Bordona, Manuscritos con pinturas, Madrid, 1933, p. 307, núm. 791; F. Delclaux, Imágenes de la Virgen en los códices medievales de España, Madrid, 1973, pp. 112-113.

(6) Sobre el Códice de Teruel, véase El Fuero de Teruel, ed. M. Gorosch, :Estocolmo, 1950, pp. 15-16; El Fuero latino de Teruel, ed. y estudio de J. Caruana Gómez de Barreda, Teruel, 1974.

(7) El tipo del Cristo del manuscrito turolense sigue en líneas generales el modelo proporcionado por el Misal de San Facundo. Sobre este Códice, véase J. Janini y J. Serrano, Manuscritos litúrgicos de la Biblioteca Nacional, Madrid, 1969, pp. 248-251.

(8) Vid. J. Domínguez Bordona, Miniatura..., op. cit., pp. 52-59.

(9) Ms. 690; cfr. R. Ureña, El Fuero de Cuenca, Madrid, 1935, pp. XL y XLI.

(10)Véase Fueros castellanos de Soria y Alcalá de Henares, ed. y estudio de G. Sánchez, Madrid, 1919, pp. VII-XI.

(11) Ff. 99v y 100.

(12) Sobre este códice, véase Fr. Avril, J. P. Aniel, M. Mentre, A. Saulnier e Y. Zaluska, Manuscrits enluminés de la Peninsule Ibérique, París, 1982, p. 80, núm. 91, p. XLVI.

(13) Io I, 1-15; Mc XVI, 1-3; Lc XI, 27-28; Mt I, 18-20.

(14) G. Tilander, Los Fueros de Aragón según el Manuscrito 458 de la Biblioteca Nacional de Madrid, Leipzig, 1937, pp. XXIII-XIV.

(15) Sobre el códice pamplonés, véase J. Domínguez Bordona, Manuscritos, II, p. 126, núm. 1679; J. Goñi Gaztambide, "Catálogo de los manuscritos jurídicos de la Catedral de Pamplona", en Revista Española de Derecho Canónico, 16, 1961, p. 663, núm, 606; F. Delclaux, op. cit., p. 168, lám. 169; M. Galán, Las Fuentes del Fuero reducido de Navarra, Pamplona, 1987 (tesis doctoral inédita), pp. 109 ss. Para el Códice de Salamanca, véase J. Domínguez Bordona, Manuscritos, I, p. 452, núm. 1086; F. Delclaux, op. cit., pp. 202-203.

(16) Ff. XIIr y XIIv.

(17) Sobre estas pinturas murales, véase Mª C. Lacarra, La pintura mural gótica en Navarra, Pamplona, 1974, pp. 162-164; ídem, Pinturas murales navarras: nueva aproximación a su estudio, en homenaje a J. Mª Lacarra, Príncipe de Viana, 2, 1986, pp. 351-386.

(18) Véase, por ejemplo, lo que se prescribe en el Fuero de Navarra respecto al juramento del rey; J. M.ª Lacarra, El juramento de los reyes de Navarra, Madrid, 1972, p. 24 especialmente.

(19) El documento se encuentra actualmente en el Archivo General de Navarra. Sobre él puede verse J. Domínguez Bordona, Manuscritos con pinturas, II, Madrid, 1933, núm. 1669, p. 120; ídem, Miniatura..., en Ars Hispaniae, XVIII, Madrid, 1962, p. 77; J. Mª Lacarra, Guía del Archivo General de Navarra, Madrid, 1953, p. 145; Fr. Bucher, The Pampelune Bibles, New Haven, 1970, p. 48, ill. 78; J. Yarza, Iconografía de la Crucifixión, op. cit., p. 37, fig. 15; A. Andrés, "Estatutos de la Cofradía de San Benito en Tulebras (siglo XIII)", en Zurita, 11, 1934, pp. 12-22; J. Pérez de Urbel, Los monjes españoles en la Edad Media, II, Madrid, pp. 552-553. García M. Colombas, Monasterio de Tulebras, Pamplona, 1987, pp. 129-138.

(20) Transcripción de S. García Larragueta, a quien expreso mi agradecimiento por la valiosa ayuda prestada en la realización de este trabajo.

(21) Cfr. García M. Colombas, op. cit., p. 132.

(22) Véase J. Yarza, op. cit., p. 37, nota 131. Sobre las Biblias de Pamplona, F. Bucher, The Pampelune Bibles, London?New Haven, 1970.

(23) Sobre el manuscrito, véase J. Altadill, "Un artista navarro del siglo XIII", en Boletín de la Comisión de Manuscritos Históricos y Artísticos de Navarra, 1910, p. 47; J. Domínguez Bordona, Manuscritos, II, núm. 1673; ídem, La Miniatura, p. 77; J. M, Lacarra, Archivo, p. 138, núm. 7; F. Delclaux, op. cit., lám. p. 149.

(24) Cada uno de los municipios de Pamplona medieval -Navarrería, San Saturnino, San Nicolás y San Miguel- estaba presidido por un alcalde. Cfr. A. Irurita, El Municipio de Pamplona en la Edad Media, Pamplona, 1959, p. 65.

(25) Sobre estos evangeliarios, M. López-Serrano, Evangeliarios de Navarra, en Príncipe de Viana, 1947, pp. 21-32; Mª C. García Gaínza y C. Heredia, Orfebrería de la Catedral y del Museo Diocesano de Pamplona, Pamplona, 1978; Mª C. Heredia y M. Orbe, Orfebrería de Navarra I. Edad Media, Pamplona, 1986.

(26) Cfr. M.' C. García Gaínza y C. Heredia, Orfebrería..., op. cit., pp. 40-41.

(27) M. López Serrano, op. cit., p. 27.

(28) Ibid., p. 32.