CUADERNOS DE ARTE E ICONOGRAFIA / Tomo II - 3. 1989
 

 

LA IGLESIA DE S. LUIS DE LOS FRANCESES EN SEVILLA, IMAGEN POLIVANENTE

Rosario Camacho Martínez

La iglesia de San Luis de los Franceses fue la tercera que los jesuitas construyeron en Sevilla, después de la de la Casa Profesa y la del Colegio de San Hermenegildo (1). Instalados los novicios en unas casas de la calle de San Luis desde 1609, la fecha de iniciación de esta iglesia ha sido muy discutida, hasta que Sancho Corbacho dató la cimentación en 1699 (2); sobre su terminación no hay duda pues fue bendecida por el arzobispo Salcedo y Azcona en 1731, realizándose la consagración en 1733. La veneración que los jesuitas franceses tenían a San Luis rey de Francia justifica la advocación (3), aunque también hacía honor al nuevo monarca Felipe V, quien residió en Sevilla desde 1729 durante el llamado Lustro Real (4), período en el que se inauguró la iglesia.

El profesor de la Banda (5) ha recogido el debate en torno a la autoría de esta obra, desde la atribución a Romero, pasando por el hipotético Miguel de Figueroa que cita Ceán Bermúdez, aceptado por Schubert (6), Calzada, Camacho Baños y otros, hasta la atribución a Leonardo de Figueroa que hace Sancho Corbacho quien se basa en la interpretación de fuentes coetáneas y en el análisis del monumento en relación con otras obras del maestro; además había proyectado otro edificio centralizado para la Compañía, el Colegio de San Teodomiro en Carmona que no llegó a realizarse (7).

Hoy se admite plenamente la autoría de Leonardo aunque el profesor de la Banda piensa en la dirección de algún arquitecto de la Compañía (8). Los arquitectos y proyectistas de las iglesias de la Compañía solían ser los mismos jesuitas, más por razones económicas que por autonomía estilística, pero a veces actuaban arquitectos de fuera, pudiendo establecerse una norma según las cláusulas de fundación, y si en éstas se incluía la erección del edificio, los fundadores tenían libertad para escoger el arquitecto (9).

En el caso de esta iglesia, era Leonardo de Figueroa el arquitecto de más prestigio en Sevilla y los jesuitas no contaban en esta época en España con grandes figuras en el campo de la arquitectura, pues la iglesia de Loyola, cuya primera piedra se puso en 1688 (10) , fue diseñada en Roma por Carlo Fontana. Las dos son iglesias de planta centralizada y se ha apuntado que el prestigio que la de Loyola pudo influir en la tipología de la iglesia sevillana, pero esta coincidencia puede arrancar de la predilección de la Compañía por este tipo de planta, ya que en San Luis el programa icnográfico parece ser determinante de su estructura y aquí sí intervendría algún jesuita. El programa pictórico del cuerpo inferior de la iglesia, realizado por Domingo Martínez, fue idea del padre Gerónimo Hariza, exprovincial de Andalucía y rector de la casa, como consta en una inscripción (11); en 1699 era rector el padre Francisco de Acevedo y en 1705 Sebastián González (12), aunque no tengo datos para adjudicarles el programa.

Pudo haber consultas o aprobación de Roma pero no hay constancia de ello (13). El padre Ceballos señala que las Constituciones de la Compañía en el siglo XVI no contienen normas sobre métodos o cuestiones artísticas y ha resumido lo que, respecto a Andalucía, los padres generales habían indicado sobre la construcción, indicando que en las fábricas importantes se consultase con los arquitectos de la Compañía y otros peritos de fuera y si hubiesen de enviarse las trazas a Roma se incluyeran todos los informes. No obstante, a finales del siglo XVI, la provincia de Castilla pidió al General de la Orden, modelos a seguir en la construcción de casas e iglesias y aunque la muerte de éste frustró su canalización, los modelos ya habían sido encargados al padre Giovanni di Rosis (arquitecto de la Compañía), quien diseñó seis tipos diferentes (14). En los siglos XVII y XVIII los planos que sometían a aprobación las provincias provenían de sus maestros; esto justifica la variedad que demuestra la ineficacia del concepto estilo jesuita (15).

La iglesia de San Luis responde a un esquema centralizado de planta circular, con profundas exedras en sus ejes y pequeñas capillas abiertas en los pilares angulares, inscrita en un rectángulo que engloba al atrio y las dependencias auxiliares. El alzado se configura con un muro cilíndrico articulado con un apilastrado al que se anteponen columnas salomónicas sin función estructural, entre las que se abren las hornacinas, disponiéndose sobre los ángulos dos pisos de tribunas; las superiores se flanquean por pilastrones amensulados, apoyo de las columnas corintias de la esbelta linterna que introduce una luz intermedia y sobre la que parece flotar una bóveda semiesférica, con pinturas de arquitecturas fingidas en perspectiva, realizadas por Lucas Valdés, calada por un cupulín con varios anillos ondulados. El templo se monta sobre una cripta de recios muros de ladrillo que dibujan una cruz griega al proyectarse su espacio central en cuatro brazos cuadrangulares que coinciden con las exedras (Figs. 1, 2 y 5a).

En el exterior destaca el aspecto civil de su fachada al que únicamente las torres y la cúpula, de la que aquélla parece ser un pedestal, le imprimen carácter religioso. Con cinco huecos de acceso al pórtico, los tres centrales configuran el tramo rítmico palladiano, entre columnas y pilastras corintias con extraordinaria riqueza decorativa; en el piso superior, dos columnas salomónicas flanquean el vano central sobre el que se alza un penacho trilobulado en el que campea el escudo real y lo corona la trilogía de los arcángeles. Las torres son octogonales, con decoración foliada, alternando sus vanos con hornacinas para los Evangelistas y el cuerpo superior, en el que se ha visto la intervención de Diego Antonio Díaz (16), es más lineal y lo decoran mensulones con cerámica vidriada. En la cúpula destaca el ritmo clásico del tambor y el juego bícromo del ladrillo avitolado sobre la piedra, el colorismo de la cubierta y el cupulín cuyos vanos se abren entre pares de columnas salomónicas rematadas, sobre una movida cornisa, con flores de lis y se corona por una torrecilla piramidal que sirve de base a una cruz (Figs. 3 y 4).

Schubert y Kubler (17) señalaron las vinculaciones de esta iglesia con el barroco romano, especialmente con Santa Inés de Roma en el proyecto de Rainaldi y en la fachada de Borromini, cuyo diseño también conecta mediante la fusión del óculo con la puerta que éste empleó profusamente (18). También borrominesco es el remate del cupulino que recuerda al de San Ivo. Propone Kubler posibles relaciones con la capilla del Crucifijo en la catedral de Monreale, de planta central con columnas salomónicas, obra de Giovanni de Monreale construida en 1692 bajo el patrocinio de un obispo español y con indudables relaciones con lo hispánico (19). Pero se pueden señalar, además, semejanzas con otras iglesias de finales del siglo XVII de Nápoles y Sicilia, que la situación política de aquella época justifica fácilmente, como la iglesia de Santa María Egiziaca de Nápoles de Cosimo Fanzago (20), o las sicilianas de columnas salientes como San Alberto en Trapani y Santa Veneranda en Mazara, incluso ésta con superposición de tribunas en el alzado y coro cóncavo en el tramo de acceso (Fig. 5) (21).

También Sancho recuerda los precedentes italianos conectando con la estética bramantesca y palladiana, así como diseños de Serlio, y remite a modelos españoles (Comendadoras de Santiago de Madrid y otras) (22). No podemos olvidar tampoco los precedentes de la Compañía con su gusto por la planta central tanto en Roma, donde cabe citar la iglesia del noviciado jesuita de San Andrés del Quirinal de Bernini, como en España donde en la misma Sevilla el Colegio de San Hermenegildo es también centralizado y remite a este esquema, aunque más sencillo, el de la iglesia del Colegio de Málaga inaugurada en 1630.

 

Lectura iconográfica. Por su estructura esta iglesia tiene un carácter emblemático que evoca al templo de Jerusalén; su planta centralizada así como el empleo de columnas salomónicas, que se consideraban despojos del templo, podrían confirmarlo; pero además se hace uso del orden salomónico entero que codificó fray Juan Ricci en 1692, al completar aquéllas con las cornisas onduladas del cupulino (23).

El orden salomónico entero lo emplearon los Figueroa en otras obras, pero como referencia simbólica al templo de Salomón es más evidente en esta iglesia. Las columnas de San Luis, de sólo cuatro vueltas de rosca, tienen capiteles pseudocompuestos dorados sobre fondo rojo, con base de hojas de acanto y cuerpo superior formado por cuernos de la abundancia enlazados por guirnaldas de frutos, que tal vez podrían ser una interpretación licenciosa de los capiteles del templo. Prado y Villalpando imaginaron el orden salomónico con un capitel especial de dátiles y hojas de palma (24); también Caramuel interpretó estos capiteles, basándose en los textos sagrados, con cientos de granadas y en dos cuerpos, y en la imagen que nos ofrece de los pilares del templo, Jaquin y Boaz, así los representa enlazándolos con guirnaldas (25). Un grabado del siglo XVI de G. Agucchi también parece ajustarse al texto bíblico al comprimir el cuerpo bajo del capitel en una red por encima de la que asoman las frutas. Hay gran variedad en la representación de estas columnas y sus remates que en el barroco adquieren una gran monumentalidad conservando siempre su valor alegórico (26).

En San Luis esta significación se enfatiza en el programa de la bóveda donde están los símbolos del templo: Arca de la Alianza (A), Candelabro de los siete brazos (B), Altar de los Holocaustos (C), Aguamaniles (D), Mar de bronce (F), Mesa de los panes de la Proposición (G), Altar de los Perfumes (H). Entre ellos, frente al Arca, se representó la Exaltación de la Eucaristía (E), rodeada de los ornamentos y objetos de la liturgia de la Misa, como continuidad entre la iglesia antigua y la nueva (27) (Esquema 1. Fig. 6).

Aunque esta cuidada conexión (planta?alzado?iconografía simbólica) expresa una clara significación, se confirma con una Breve noticia de las suntuosas fiestas dedicadas al templo de San Luis..., de autor anónimo publicado en 1731, que con exaltados términos incide en las referencias al templo: Ya de Zorobabel celebre el templo / no ufano ostente su esplendor radiante / No su hermosura sirva ya de exemplo / Que émulo es de su luz rasgo gigante / Este edificio hermoso, que contemplo / Jerusalem terrestre y militante / Acreditando ser en quanto brilla / del Orbe todo Octava maravilla (28) .

Como imagen de la iglesia militante y anticipo de la Jerusalén Celeste, interpretó el profesor Santiago Sebastián estas octavas y, evidentemente, templo y ciudad se funden en ellas, apareciendo superpuestas las dos significaciones, retórica habitual en el barroco. Insiste en su interpretación a través del simbolismo de las formas: como iglesia regular y centralizada y coronada con una gran cúpula es símbolo del cosmos celeste y de la Jerusalén Celestial, expresando también el juego de figuras geométricas y espacios la dialéctica ascensional del paraíso espiritual cristiano (29).

Pero otra idea también pudo determinar su estructura. Las prescripciones del Concilio de Trento (Sesión 25) pidiendo no situar en las iglesias imágenes que pudieran equivocar a los simples provocó una mayor adecuación de las representaciones a la verdad histórica y a la ortodoxia. Resulta, pues, extraño que los jesuitas que propugnaron la sustitución de la iconografía legendaria por otra basada en conocimientos teológicos más recientes, construyesen un templo centralizado como imagen del de Jerusalén, cuando ya se había afirmado su disposición regular. En el libro del padre S. J. Nadal, Evangelicae Historiae Imagines (Amberes, 1593), el templo se visualiza como un edificio rectangular con columnas salomónicas, que está en deuda con las reconstrucciones de Vatablus en las biblias ilustradas que derivan de la edición de Estienne (París, 1540) (30) y que surtió de iconografía para todos los elementos; y la recontrucción que del templo hicieron los jesuitas Prado y Villalpando también remite al edificio rectangular.

Al admitir deliberadamente en esta iglesia la contaminación que de la imagen del templo se había venido produciendo desde la Edad Media, en su identificación con el Santo Sepulcro y con la cúpula de la Roca, que había sido convertida por los cruzados en Templum Domini y se consideraba ingenuamente el templo de Jerusalén (3l), los jesuitas podrían intentar mantener la evocación simbólica del martirium, cuyo ejemplo más prestigioso era la rotonda del Santo Sepulcro.

Aunque los esquemas centralizados se prodigaron en el renacimiento, también abundó esta tipología en la Edad Media y en ella los aspectos simbólicos juegan un papel importante (32). En aquel período prevalecieron no como simple reproducción de formas paganas, sino basándose en la idea neoplatónica que considera el círculo y las formas derivadas de él como la figura más perfecta identificado con la omnipotencia, perfección, verdad y bondad de Dios (33).

No obstante, la Contrarreforma había iniciado el rechazo a los planes centrales por su identificación con lo pagano, aceptándose el tipo de iglesia que organiza su espacio a lo largo de un eje longitudinal y se establece un modelo de templo para la cristiandad con el Gesu de Roma de Vignola. Pero los jesuitas, que fueron campeones del funcionalismo cultual y litúrgico en sus templos mantendrán otras tipologías alternativas, y la de planta central se prodiga en iglesias no necesitadas de vastos espacios congregacionales, como las de los noviciados y colegios, que generalmente se dedicaban a un mártir determinando esta idea su forma centrada, ya que el antecedente de los "martiria" fueron los " heroa" paganos, que, en su forma más elaborada, podían ser rotondas con cúpula (34). El primer noviciado que tuvieron los jesuitas en Roma fue San Stefano Rotondo, de iglesia centralizada, lo que nos permitiría incidir en este significado (35).

La iglesia de Sevilla no está dedicada a un mártir, como tampoco lo está la de Loyola pero en ésta parece presidir esa idea, ya que formalmente Fontana parte de un diseño para una iglesia martirial en el Colisseo (36) aunque también puede interpretarse como reflejo de la teoría humanista (37).

La preferencia de los jesuitas por la planta central, sin desechar el simbolismo de raíz neoplatónica, puede basarse en su propio emblema. San Ignacio escogió el anagrama cristológico, IHS, iconográficamente asociado al tema de la Circuncisión, y la asociación del nombre de Jesús con su sangre en la Circuncisión fue el hecho central de la predicación jesuita según el libro Imago Primi Saeculi Societatis Jesu donde se insiste en que los jesuitas debían ir al martirio por ese nombre (38). Muchas iglesias de la Orden estuvieron presididas por cuadros de la Circuncisión como el Gesu de Roma (39) o la Profesa de Sevilla, entre otras.

Por otro lado, la circuncisión, en el judaismo, puede considerarse el paralelo con el bautismo cristiano; la concepción mística del bautismo parece haber asimilado la forma del baptisterio con los martiria, ya que Cristo murió para redimir al hombre, uniéndose la idea de regeneración a la de martirio, de ahí la tipología centralizada (40).

Por tanto, podría prevalecer en esas iglesias jesuitas la idea del martirium en relación con el nombre de Jesús y el afán por mantenerla justificaría en la iglesia de San Luis, presidida por el anagrama de Jesús, la planta centralizada conviviendo con la imagen del templo.

En el exterior encontramos también elementos que insisten en lo salomónico como hilo conductor de la significación. El vano central, aunque adintelado, se corona por una moldura que describe de forma esquemática el perfil de un pabellón o colgadura que puede introducir un significado connotado remitiendo a la idea bíblica de la Tienda, pues según los antiguos el templo se hizo según el modelo del tabernáculo (41), y está flanqueado por dos columnas salomónicas, como posible alusión a los pilares del templo, Jaquin y Boaz. Con la presencia de los arcángeles sobre la cornisa y los evangelistas en las torres podría insistir en la relación entre las dos iglesias. Bajo el pórtico, flanqueando el acceso al templo, los santos reyes españoles, Hermenegildo y Fernando introducen la iconografía local. La presencia de las flores de lis, no sólo en el interior sino en la base del cupulino formando una corona y las de hierro que rematan las torres, pueden ser alusión a San Luis aunque esos emblemas remiten también al monarca Felipe V de Borbón, en una ambivalencia de significaciones.

Además existen otros programas enlazados con éstos. En el interior, en la base de la cúpula de la linterna se disponen unas esculturas que introducen un programa de virtudes que, presididas por la Religión, pueden aludir a las que deben distinguir al profeso (42). Identificables por las cartelas y los atributos que las acompañan, que parecen seguir la Iconología de Ripa, otras inscripciones del escudo conectan estas virtudes con las obras de caridad (San Mateo, 5), excepto la Religión, que con su inscripción (Proverb. 9.4) se identifica con la Sabiduría hospitalaria invitando a los más desvalidos a su Casa; es significativo, además, su emplazamiento justamente bajo el Arca.

1. MORTIFICATIO (disciplinas) BEATI QUI LUGENT.
2. OBEDENTIAM (yugo) BEATI MITES.
3. PAUPERTAS (copa vacía) BEATI PAUPERES SPIRITU.
4. CHARITAS DEI (corazón inflamado) BEATI PACIFICI.
5. RELIGIO (cruz, corona y palma) SI QUIS EST PARVULUS VENIAT AD ME (Prov. 9.4).
6. CHARITAS PROXIMI (corazón y niños) BEATI MISERICORDES.
7. CASTITAS (azucena) BEATI MUNDO CORDE.
8. ORATIO (incensario) B.Q. ESURIUNT ET SITIUNT IUSTITIAM.
9. HUMILITAS (cordero) BEATI QUI PERSEC PATIUNT (UR) &.

Estas virtudes son las propias de los religiosos y más abajo, en el tambor, hay un programa dedicado a las órdenes religiosas, presentando a los santos fundadores como modelo a seguir por los novicios: a) San Pedro Nolasco, b) San Elías, c) Santo Domingo, d) San Agustín, e) San Benito, f) San Francisco de Asís, g) San Juan de Mata o San Félix de Valois, h) San Francisco de Paula. Estas esculturas como las del anillo superior están realizadas en barro cocido y policromado y serían del círculo de los colaboradoes de Duque Cornejo, atribuyéndose a Hinestrosa (ver esquema 1) (43).

Aunque en este nivel no está la Compañía de Jesús, preside toda la iglesia mediante el anagrama IHS, cobijado por el Espíritu Santo que se alza sobre el anillo y la efigie de San Ignacio que corona el retablo central. Pero hay un programa dedicado a la Compañía a través de los santos más representativos de ella quienes se veneran en los retablos de las capillas, completando la imagen de la Ecclesia militans la de la Iglesia Triunfante y tiene como objeto presentar a los novicios, mediante escenas de la vida de sus santos y maestros, un ejemplo a imitar y tener siempre presente.

El conjunto de los retablos fue realizado por Duque Cornejo, así como las imágenes y aunque no hay documentación sobre ellos se sitúan por las fechas de la inauguración de la iglesia (44); sin embargo, las pinturas que se integraron en ellos son obra de Domingo Martínez quien empezó a trabajar allí en 1743, terminándose la decoración total en 1750 (45).

El retablo mayor (I) es espléndido. Refuerza la tendencia a la desintegración tectónica con el empleo de los espejos y cristales azulados que dan mayor movimiento a las pilastras y columnas torsas que lo articulan, disponiéndose entre una embocadura de emblemas eucarísticos y bajo un gran dosel con la corona real. Aunque su iconografía es abrumadora responde a una ordenación armónica tanto formal como iconográfica situándose en el eje San Ignacio, San Luis, una hornacina-manifestador que hoy ocupa la Inmaculada, la Virgen con el Niño y el Sagrario.

Los retablos de San Estanislao (III) y San Francisco de Borja (VII), que ocupan las exedras, se articulan con vigorosos estípites y armoniosa talla y en ellos resalta el sentido de unidad. Preside el de San Francisco, el escudo del arzobispo Salcedo y Azcona que lo costeó (46) y el de San Estanislao la vara de azucenas que le sirve de atributo. Los cuadros, además de símbolos y empresas, representan escenas de la vida y vocación de ambos santos. Los retablillos de los cuatro machones son menos interesantes en cuanto a diseño y en ellos predomina el empleo de cristales entre los que se introducen relicarios, reforzando el carácter martirial junto con la cripta, completando el espacio de la hornacina con las escenas hagiográficas. Están dedicados a San Francisco Javier (II), San Juan Francisco de Regis(IV), San Luis Gonzaga (VI) y San Ignacio en la cueva de Manresa (VIII) (47). Coronan los arcángeles las tribunas del primer piso, y los evangelistas las más altas (esquema 2. Fig. 7).

La exedra que se encuentra frente al altar mayor, bajo la que se realiza el acceso, la ocupa en su parte superior una tribuna mayor que se abre mediante siete arcos sobre finas columnillas y todo el frente está decorado con pinturas ilusionistas realizadas por Domingo Martínez, terminadas en. 1743.

El tema central de la bóveda de la exedra es la apoteosis de San Ignacio y del Libro de Ejercicios, de carácter triunfal al proponer como motivo arquitectónico un arco de triunfo visto en perspectiva que abre un cielo de gloria, con la Virgen y el Crucificado, y sirve de trono al fundador al que: acompañan dos ángeles con filacterias: ESTOTE SAPIENTES (Prov. 8.33). Y encima de él: DOMUS SAPIENTIAE SAPIDAE SCIENTIAE. Bajo el arco unos ángeles sostienen el libro de los Ejercicios con las inscripciones: HABENS FRUCTI DUODECIM (Apoc. 22.2) /, GUSTATE ET VIDETE (ps. 34.9) / y LIBER EXERCITIORUM SPIRITUAL S. IGNAT D LOYOLA. A la izquierda y derecha representan a la Iglesia las figuras orantes de un cardenal y un obispo con las inscripciones: MEDITABOR IN OMNIBUS TUIS IN ADINVENTIONIBUS TUIS EXERCEBOR (Ps. 76.13). Y en el centro: LIGNUM VITAE IN MEDIO PARADISI ECCLESIA (Gén. 2.9).

Bajo la balaustrada y sobre el escudo real la inscripción EGO SUM OSTIUM alude a Cristo en la parábola del Buen Pastor (San Juan 10.9) Yo soy la puerta el que _por mí entrare se salvará y entrará sin tropiezos y hallará pastos. Junto al escudo dos ángeles llevan otras filacterias: HAEC PORTA DOMINI JUSTI INTRABUNT IN EA (ps. 117), que inciden en esta significación, señalando el límite del lugar sacro (48). Esa entrada puede estar representada por las siete luces de los arcos, remitiendo al simbolismo de este número que caracteriza a la perfección y la divinidad y es la clave del Apocalipsis (49).

A uno y otro lado de la entrada hay escenas alegóricas; la de la derecha es una apoteosis del Libro de los Ejercicios que aparece junto a la fecha de 1548 y a la bula de Paulo III que alude a la aprobación del Libro y también al carácter militar de la Compañía al representarse sobre panoplias militares. Le acompañan otras inscripciones: PAULUS III P. M. APROBANS ET PROTEGENS LIBELLUM EXERC. SPIRIT. S. IGNAT D LOYOLA., / QUIA PLACITUM OCULIS MEIS (Jueces 14.3) / HOC MUNIOR ET PROTEGOR, / VERUM NON POTUERUNT, INFERRE MALUM MIHI.

La escena de la izquierda puede tener una interpretación más compleja. También está el Libro de los Ejercicios pero centra la composición un cofre abierto al que rodean las tres gracias, con cuernos de la abundancia y sus respectivas inscripciones THALIA, EUFROSINE Y AGLAIA. Las Gracias presiden las acciones buenas, dispensan a los hombres la amabilidad y otras cualidades, la elocuencia y la sabiduría y son tres acciones diferentes en la liberalidad (50). No es extraña su presencia en una iglesia pues desde el Renacimiento y aún en la Edad Media ya que se había producido la cristianización del mito pagano (51), y en los círculos humanísticos su filiación con Júpiter se interpretó como que sólo de Dios provienen todas las gracias (52). Así pues en la iglesia de un colegio pueden justificarse como otorgadoras de los bienes espírituales; el cofre y las cornucopias representarían a la profusión gratuita de los dones divinos (53). Esta composición reproduce una bula de Alejandro VII del 12-Octubre-1657 (quizá del propio noviciado) y las inscripciones enlazan también con el Libro de los Ejercicios y la idea de sabiduría. ALEXANDER VII P. M., DE PLENITUDINE POTESTATIS, / ¿DE ISTA PLEN? PECATORIS INDIGNI FACIENTIS EXERC SPIRIT S. IGNAC. DE LOYOLA /, sobre el arca THESAURUS SINE DEFECTIONE (Eccli. 30.23) /, DIVITIAE SALUTIS SAPIENTIA ET SCIENTTIA (Isaías 33.6) / DE PLENITUDINE EIUS OMNES ACCEPIMUS (San Juan 1.16).

En estas escenas la palabra clave es sapientia. Se nos presenta así esta iglesia como un templo de Sabiduría y un nuevo templo de Salomón.

En el noviciado se encuentra también la Capilla doméstica, que ha sido atribuida a Diego Antonio Díaz (54). Responde a un esquema de iglesia de cajón cubierta con bóveda de cañón con lunetos y fajones apoyados en un entablamento del que cuelgan pilastras cortadas a modo de placas que se continúan con vástagos de talla dorada realizados para disponer relicarios y cuadros entre ellos.

Esta iglesia resume la devoción a la Virgen de los jesuitas con un programa mariano, y junto a él otro jesuítico plasmado en las imágenes del retablo, obra de Duque Cornejo, y la escena de la aparición de la Virgen a San Ignacio en la cueva de Manresa, que se encuentra en la tribuna (esquema 3. Fig. 8).

El programa mariano, quizá inspirado también por el padre Hariza, se nos ofrece en las bóvedas pintadas al fresco por Domingo Martínez. En la bóveda oval del presbiterio se representó la Asunción de la Virgen y a los arcángeles y el ángel de la Guarda en las pechinas. En el medio cañón de la nave están las alegorías de la Letanía Lauretana y en los lunetos ángeles mancebos portando otros símbolos marianos, disponiéndose en el centro de los tramos el anagrama de María y todo ello rodeado por inscripciones (55).

Bóveda presbiterio: 1. Asunción de la Virgen. 2. Arcángel San Miguel. 3. Arcángel San Gabriel. 4. Arcángel San Rafael. 5. Ángel de la Guarda.

Bóveda de la nave. Programa mariano: 6. Pax Fidelium. 7. Fons fontis vivi. 8. Rosa salutifera. 9. Oliva speciosa in campis. 10. Turris sapientiae nostrae. 11. Platanus iuxta aquam. 12. Anagrama de María con la inscripción: Circa eam omnis frecuentia coelestium agminum invigilabat / Ut pote quam supra se exaltadam minime ambigebant. 13. Lampas inextinguibilis. 14. Arca Testamenti. 15. Arcus foederis. 16. Lilium candens. 17. Puteus aquarum viventium. 18. Clavis coelorum. 19. Anagrama de María: Videbis in Sunamite castra pro veritate pugnatium / Et non marcescit palma obia martyrii victoria non marcescit. 20. Stella vitae. 21. Porta vitae. 22. Palma florens. 23. Turibulum aureum. 24. Scala Jacob in qua Deus requievit. 25. Speculum sine macula Dei majestatis. 26. Anagrama de María: Dux virginitatis meae tu es / Virgo de cujus plenitudine omnes accepimus. 27. Liber obsignatus. 28. Templum pudoris. 29. Vas Dei electum. 30. Candelabrum aureum. 31. Rubus ardens incombustus. 32. Columba electa. 33. Anagrama de María: Sexaginta sunt reginae et adolescentularum non est numerus, una est perfecta mea / Quae in coelis regina sanctorum in terris regina redemptorum.

Este programa se completa en los muros laterales con una serie de cobres flamencos del siglo xvii con escenas de la vida de María que no deben responder a su ordenación primitiva y bajo ellos un Apostolado y Evangelistas, del siglo XVIII (56).

Escenas de la vida de María. A. Presentación del Niño en el templo. B. Adoración de los Pastores. C. La Virgen y San José buscando posada. D. Nacimiento de la Virgen. E. Visita a Santa Isabel. F. Anunciación. G. Desposorios de la virgen. H. Presentación de la Virgen en el templo. I. Nacimiento de San Juan. J. Adoración de los Magos. K. Huida a Egipto. L. Sagrada Familia. M. Cristo entre los doctores. N. Descanso en la huida a Egipto. Ñ. Tránsito de la Virgen. O. Asunción. P. Aparición de la Virgen a San Ignacio en la Cueva de Manresa.

Apóstoles y Evangelistas. a. San Bartolomé. b. San Felipe. c. Santiago el Menor. d. Santo Tomás. e. San Juan. f. Santiago. g. San Matías. h. San
Pedro
. i. San Pablo. j. San Mateo. k. San Simón. l. San Judas Tadeo. m. San Andrés. n. San Bernabé. ñ. San Lucas. o. San Marcos.

La Sacristía, que se encuentra tras la cabecera, está presidida por un transparente-relicario que comunica con la parte central del retablo y cuya cúpula esquifada también pintó Domingo Martínez, articulando el espacio con grisallas de elementos arquitectónicos muy barrocos donde se disponen los Evangelistas en los bordes y reserva el espejo central para una alegoría del nombre de Jesús que, adorado por ángeles, se integra con un corazón inflamado entre la cruz y los clavos.

La presencia del corazón no es habitual en la iconografía del nombre de Jesús; la portada de las Evangelicae Historiae Imagines de Jerónimo Nadal, ya citado, así la lleva (57). Quizá esta iconografía sea una prueba más de la influencia del padre Nadal en la pintura sevillana no sólo a través de los mismos jesuitas, como puede ser en este caso, sino anteriormente a través de Pacheco que encontró en la obra de Nadal un canon artístico religioso que vertió en su Arte de la Pintura, de tanta influencia posterior (58) - (59).


NOTAS

(1) A. Rodríguez G. de Ceballos, Bartolomé Bustamante y los orígenes de la arquitectura jesuítica en España, Roma, Institutum Historicum, S.I., 1967, pp. 129-133; "Entre el Manierismo y el Barroco. Iglesias españolas de planta ovalada", Goya, 177, Madrid, 1983, p. 104.

(2) A. Sancho Corbacho, Arquitectura barroca sevillana del siglo XVIII, Madrid, C.S.I.C., 1952, p. 93.

(3) Esta dedicación la mantenían los jesuitas franceses para defenderse de la acusación de haber predicado el regicidio y arraigaría en España con los Borbones. E. Mále, El Barroco. El arte religioso del siglo XVII, Madrid, Ed. Encuentros, 1985, p. 371. S. Sebastián, Contrarreforma y Barroco, Madrid, Ed. Alianza Forma, 1981, p. 143.

(4) Antonio Bonet Correa, "Utopía y realidad en la arquitectura", en Domenico Scarlatti en España, Catálogo de la Exposición, Madrid, 1985, p. 21.

(5) A. Banda y Vargas, La iglesia sevillana de San Luis de los Franceses, Diputación de Sevilla, 1977, pp. 22 y 23.

(6) Otto Schubert, Historia del Barroco en España, Madrid, Ed. Calleja, 1943, p. 232.

(7) Antonio Bonet Correa, Andalucía barroca, Barcelona, Ed. Polígrafa, 1978, p. 91. A. Sancho Corbacho, op. cit., pp. 85-88.

(8) A. Banda y Vargas, op. cit., p. 23. Dado el italianismo de la iglesia se podría admitir la posibilidad de que se hubiese enviado una planta desde Roma, que Figueroa interpretaría y dirigiría la obra.

(9) A. Rodríguez G. de Ceballos, Bartolomé Bustamante..., pp. 327-328.

(10) Jesús M.ª González de Zárate,. La literatura en las Artes. Iconografía e iconología de las Artes en el País Vasco, San Sebastián, Ed. Etor, 1987, p. 67.

(11) A. Camacho Baños, El templo de San Luis de Sevilla, Sevilla, 1935, p. 34.

(12) Agradezco estos datos al padre Moore, director de la biblioteca de la facultad de Teología de Granada.

(13) No he revisado los archivos de la Compañía en Roma, pero el arquitecto don Fernando Mendoza que dirige las obras de restauración del noviciado, para su adaptación en Instituto de las Artes Escénicas y del Teatro de la Junta de Andalucía, sí lo ha hecho aunque sin resultados positivos. Quiero agradecer al señor Mendoza y a su aparejador señor Vicente las facilidades para visitar la iglesia, actualmente en obras, y a mis compañeros Alfredo Morales y Lorenzo Pérez del Campo que me acompañaron en las visitas realizadas.

(14) A. Rodríguez G. de Ceballos, op. cit., pp. 320-322; y El arquitecto hermano Pedro Sánchez, A.E.A., 1970, pp. 54, 62 y 65; y Entre el Manierismo y el Barroco..., p. 102. Pietro Pirri y Pietro di Rosa, "Il P. Giovanni di Rosis (1538-1610) e lo sviluppo dell'edilizia gesuitica", Archivum Historicum societatis Iesu, vol. XLIV, Roma, 1975, p. 8.

(15) V. L. Tapie, Barroco y clasicismo, Madrid, Ed. Cátedra, 1978, pp. 66-67.

(16) A. Sancho Corbacho, op. cit., p. 93. A. de la Banda y Vargas, op. cit., p. 33.

(17) O. Schubert, op. cit., p. 232. G. Kluber, "Arquitectura española en los siglos XVII y XVIII", Ars Hispaniae, Madrid, Ed. Plus Ultra, 1857, p. 129.

(18) P. Portoghesi, Roma Barocca, Roma, Ed. Laterza, 1984, pp. 176-213.

(19) Helen Hills, "I marmi mischi della Capella del Crocefisso nelle catedrale de Monreale", Comunicación al Congreso, Centri e Periferia del Barocco, Siracusa, 1987.

(20) A. Blunt, Neapolitan Barocca and Rococo Architecttura, London, 1975.

(21) Boscarino, S.,Sicilia Barocca. Architettura e citta, 1610-1760, Roma, Offizina Editori, 1986, pp. 106 y 143. D. Germano, Barocco in Sicilia. Chiese e monasteri di Rosario Gagliardi, Firenze, 1986, pp. 13 y 75.

(22) A. Sancho Corbacho, op. cit., p. 90.

(23) Juan Antonio Ramírez, Arquitectura y utopia, Colegio de Arquitectos y Universidad de Málaga, 1981, pp. 238-240. "Guarino Guarini, fray Juan Ricci and the "complet salomonic order"", Art. History, vol. IV, núm. 2, London, 1981, pp. 175-185.

(24) Juan A. Ramírez, Arquitectura..., p. 236.

(25) Fray Juan de Caramuel, Arquitectura civil recta y oblicua, Ed. facsímil, Ed. Turner, 1984, vol. II, pp. 45-46, vol. III, lám. XVIII.

(26) J. A. Ramírez, Edificios y sueños, Colegio de Arquitectos y Universidad de Málaga. Universidad de Salamanca, 1983, p. 247. S. Sebastián, "La significación salomónica del templo de Huejotzingo", Traza y Baza, núm. 2, Palma de Mallorca, 1973, pp. 85-87.

(27) Esta signíficación fue demostrada ampliamente por el profesor Juan Antonio Ramírez, quien me introdujo en el estudio de esta iglesia.

(28) A. Camacho Baños, op. cit., p. 18.

(29) S. Sebastián, Contrarreforma..., pp. 142-143.

(30) Juan A. Ramírez, Construcciones ilusorias, Madrid, Ed. Alianza, 1983, p. 119.

(31) Juan A. Ramírez, Arquitectura..., Ver capítulo III. "La iglesia cristiana imita un prototipo: el templo de Salomón como edificio de planta central", pp. 91-169.

(32) Louis Hautecoeur, Mistique et architecture. Simbolisme du cercle el de la coupole, París, Ed. Picard, 1954, vol. I, p. 97.

(33) R. Wittkower, La arquitectura en la edad del humanismo, Buenos Aires, Ed. Nueva Visión, 1952, p. 9.

(34) R. Krautheimer, Arquitectura paleocristiana y bizantina, Madrid, Ed. Cátedra, 1981, pp. 36 y ss.

(35) Indicación del padre Ceballos.

(36) P. Porthoghesi, op. cit., p. 340.

(37) J. González de Zárate, op. cit., pp. 69 y ss.

(38) Santiago Sebastián López, Contrarreforma y Barroco, Madrid, Alianza Forma, 1981, p. 276. A. Clavijo García, "Andrés Cortés y su programa iconográfico en la antigua iglesia de los jesuitas de Málaga", Boletín de Arte, núms. 4-5, Universidad de Málaga, 1984, p. 100.

(39) E. Mále, op. cit., p. 370.

(40) L. Hautecour, op. cit., II, pp. 122-123.

(41) J. A. Ramírez, Edificios..., p. 218.

(42) A. Banda y Vargas, op. cit., p. 35. S. Sebastián, Contrarreforma..., p. 143.

(43) A. Banda y Vargas, op. cit., p. 45.

(44) René Taylor, El entallador o imaginero sevillano Pedro Duque Cornejo (1678?1757), Madrid, Instituto de España, 1982, p. 42 (hay también intervenciones de Hinestrosa).

(45) Salud Soro Cañas, Domingo Martinez, Col. Arte Hispalense, Diputación de Sevilla, 1982, pp. 85 y ss.

(46) Alfredo I. Morales, "Las empresas artísticas del arzobispo don Luis de Salcedo y Azcona", Homenaje al profesor Hernández Díaz, Universidad de Sevilla, 1982, p. 478.

(47) En estos retablos parece haber colaborado Hinestrosa a quien se atribuye la imagen titular de S. Francisco Javier, cueva del de S. Ignacio y retablo de S. Luis Gonzaga (Banda: 124, 128, 132).

(48) Véase también la comunicación a estos Coloquios. Dulce Ocón Alonso, "Ego sum ostium" o la puerta del templo como puerta del cielo en el románico navarro-aragonés, que resalta la significación de algunas portadas románicas como resumen y emblema del templo que es la Jerusalén Celestial.

(49) J. Chevalier y A. Gheerbrant, Diccionario de los símbolos, Barcelona, 1986, pp. 941-942. También puede haber una correlación simbólica entroncando con el simbolismo cósmico del templo de Salomón, manifiesto en el candelabro de los siete bracos (siete planetas, etc.). S. Sebastián, Mensaje del arte medieval, Córdoba, Ed. Escudero, 1978, p. 52; Espacio y símbolo, Univ. de Córdoba, 1977, pp. 34-37.

(50) J. Humbert, Mitología griega y romana, Barcelona, Ed. Gustavo Gili, 1969, p. 78. E. Wind, Los misterios paganos del renacimiento, Barral Ed., 1971, pp. 35-44.

(51) Agradezco al profesor Lara Garrido sus indicaciones sobre este tema.

(52) E. Gombrich, Imágenes simbólicas, Madrid, alianza Ed., 1983, p. 95.

(53) J. Chevalier y A. Gheerbrant, op. cit., p. 347. También Ripa representa con cuernos de la abundancia a la Liberalidad (p. 291).

(54) A. Banda y Vargas, op. cit., p. 68.

(55) El tema de la Asunción no fue realizado por Domingo Martínez, y en cambio uno de los cobres, el del Nacimiento de San Juan, es obra suya (S. Soro Cañas, op. cit., pp. 90 y 107). Agradezco a los profesores de latín José Palacios y Gonzalo del Cerro su ayuda. en la comprobación y traducción de las inscripciones.

(56) Morales, Sanz, Serrera y Valdivieso, Guía artística de Sevilla y su provincia, Sevilla, Diputación Provincial, 1981, p. 195.

(57) Alfonso Rodríguez G. de Ceballos, "Las "Imágenes de la Historia Evangélica" del P. Jerónimo Nadal en el marco del jesuitismo y la Contrarreforma", en Traza y Baza, núm. 5, Barcelona, 1974, p. 86. A1 aparecer la iconografía del Sagrado Corazón en el libro del padre Nadal, ésta se adelanta en unos años a la más antigua propuesta. Ya Julián Gállego señaló que en la edición romana del libro de Horapolo (Roma 1597 por Luigi Zanetti), el IHS de la Congregación de San Buenaventura, adoptado por los jesuitas, figura en el frontispicio (corazón coronado por una cruz y atravesado por tres clavos). Esta curiosidad iconográfica demuestra la aparición del Sagrado Corazón ya a fines del s. XVI, un cuarto de siglo antes de la fecha propuesta por Pratz, y el libro de Nadal (1593) es cuatro años anterior. (J. Gállego, Visión y simbolos en la pintura españolda del Siglo de Oro, Madrid, Ed. Aguilar, 1972, pág. 39.

(58) Feliciano Delgado, "El padre Jerónimo Nadal y la pintura sevillana del siglo XVII", en Archivurn Historicum Societatis Iesu., Roma, 1959, p. 355.

(59) Los dibujos de este artículo han sido realizados por Rosario Prados.