CUADERNOS DE ARTE E ICONOGRAFIA / Tomo II - 3. 1989
 

 

ASPECTOS ICONOGRÁFICOS EN LA SILLERÍA DEL CORO DE LA IGLESIA DE SAN PEDRO EL VIEJO DE HUESCA

M.ª Teresa Cardesa García

1. LOCALIZACIÓN

La iglesia de San Pedro el Viejo de Huesca, edificio singular del románico retardatario del siglo XII, se encuentra ubicada en el centro de la ciudad en la plaza del mismo nombre. A los pies de la iglesia, ocupando tan sólo el espacio de la nave central, se encuentra el coro; antiguamente en este lugar se abrió la portada principal de la iglesia. En dicho coro actualmente podemos apreciar la sillería objeto de nuestro estudio.

2. ESTADO DE LA CUESTIÓN

La sillería no ha sido nunca objeto de estudio monográfico.
Abizanda y Broto, en el tomo II de su obra Documentos para la historia artística y literaria de Aragón, publicó su capitulación (1917), dando a conocer los datos más relevantes. Ricardo del Arco, en el Catálogo monumental le dedica unas líneas, mencionando en ellas al autor de la obra y fecha de ejecución de la misma. Espacio similar le dedican otros autores al realizar guías o cartillas turísticas más tarde. Mención especial merece García Ciprés que en su obra San Pedro el Viejo: monumento nacional (l.ª parte) se ocupa de ella con algo más de extensión llegando a mencionar su estilo y decoración.

3. ESTADO DE CONSERVACIÓN

De lo que ha llegado hasta nuestros días no es por completo deficiente, aunque ha sufrido algunos daños con el paso del tiempo.
Muestra cierto deterioro, principalmente en los tondos que constituyen los apoyamanos, y en general presenta los estragos hechos por la carcoma.
Los dos primeros tramos intermedios del lado derecho han sido sustituidos, en este caso sin decoración.
Lo más lamentable es la pérdida del primer sitial de la derecha (vista de frente), esta pérdida irreparable data del segundo cuarto de este siglo, que por motivos de arreglo de la calefacción y para colocar unos tubos se quitó ese sitial, y actualmente no se conserva. En la vista general de la sillería puede apreciarse el lugar que ocupaba, manteniéndose los cuerpos intermedio, superior y el guardapolvo.
Si observamos la capitulación, en una de las cláusulas se dice:

"Más. Es concordado que el dicho Johan Bierto aya de fazer dos facistolicos pequeños con sus tornos que se puedan bolber en el coro en donde él quisiere, como los del coro del Pilar" (1).

Actualmente estos facistroles no existen.

4. ANÁLISIS DE LA SILLERÍA

Por la capitulación sabemos que es obra del maestro Juan Bierto, fustero y vecino de Zaragoza. Para la realización de la misma se inspira en la obra del coro de Santa María de Jesús de Zaragoza y para los asientos y la anchura de los mismos en la de la Seo de Zaragoza.
La obra debe de hacerse en Zaragoza, en madera de nogal negra, acabada y asentada para mayo de 1507. La capitulación se firma ante: notario el 19 de febrero de 1506; así pues, vemos que la obra se lleva a cabo en tan sólo un año aproximadamente.
La sillería, de estilo gótico, se ajusta perfectamente a las dimensiones del coro actual, si bien no fue su lugar de origen. Consta de un solo cuerpo (fot. l), formado por diecinueve sitiales de iguales proporciones, a excepción del central, más ancho, y al estar colocado sobre un pequeño pedestal, parece de mayor altura. Todos ellos de gran sobriedad, se ajustan al modelo de sillería gótica sin decoración figurativa: los respaldos sin decoración; las misericordias se reducen a simples ménsulas rematadas en su parte inferior por pequeños pináculos; los apoyamanos, a modo de tondos, son los elementos más relevantes desde el punto de vista decorativo, aparecen decorados en sus dos frentes y que posteriormente detallaremos.
Sobre los sitiales aparece un cuerpo intermedio con decoración muy fina de taracea, ésta se extiende a modo de cenefa por las partes superior e inferior (fot. 2) y a su vez se entrecruza a modo de lacería musulmana describiendo esquemas romboidales de distinto tamaño, correspondiendo a los espacios del sitial y del brazo. La cenefa guarda en su interior esquema de almenas escalonadas.
La parte superior (fot. 1), formada por amplios paños verticales, de una sola pieza, separados entre sí por pequeños haces de columnillas góticas, presentan escasa decoración (fot. 1), se reduce a unas tracerías góticas conopiales y serpenteantes, propias de finales de este estilo, a las que se les ha incorporado una decoración vegetal muy nerviosa. Estas tracerías son más notorias en el sitial central. Todo el conjunto se remata por un guardapolvo volado, sujeto éste por medio de canes decorativos que enlazan con los haces de columnillas, su decoración es gótica, en ella apreciamos arquerías lobuladas, trasdosadas por arcos de medio punto. En la intersección de estos arcos aparecen cogollos vegetales de gran perfección técnica. Hemos de resaltar la nota mudéjar en cuanto a la aparición de arcos lobulados en estos canes (fot. 1).
El guardapolvo presenta decoración de simples molduras a excepción del central, que nos muestra a dos ángeles sujetando el escudo de armas de don Juan Cortés, encargante de la obra (2). Este escudo consiste en cuatro cuarteles: el primero y el cuarto, las tres ciscas, y el segundo y el tercero, el pájaro; en la realización de este relieve se aprecia una cierta influencia flamenca en los plegados de las túnicas de los ángeles.

5. ESTUDIO ICONOGRÁFICO

Debido a que la sillería se ajusta al modelo gótico de las que presentan escasa decoración, ésta queda reflejada en la ya mencionada y en la representación figurativa que aparece en una o las dos caras de los tondos que constituyen los apoyamanos, algunos presentan simples motivos vegetales, no carentes de simbología, otros figurativos, bien santos, bien animales o bien monstruos.
En cuanto a los motivos vegetales, hemos de decir que la mayoría de ellos presentan rosetas de siete pétalos, motivos estrellados de siete puntas o bien otros motivos vegetales en los que tallos y hojas, a veces entremezclados con vides, se dispersan ocupando todo el espacio circular del tondo. Estos mismos esquemas son reiterativos en los tres lados que constituyen la sillería.
El que aparezcan motivos estrellados, florales, etc., todos ellos relacionados con el número siete, nos hace pensar en una simbología funeraria, y no es raro, pues en el coro o próximo a él solían enterrar a los sacerdotes de la iglesia, a los artistas que en ella estaban trabajando e incluso a personas de cierta relevancia social ligadas a la iglesia.
En cuanto a los motivos figurativos, veremos en primer lugar los del lado izquierdo, para analizar después los del derecho y en último lugar los del frente.

LADO IZQUIERDO

El cuarto tondo presenta dos figuras barbadas masculinas de análogas características: ampulosas, con túnica de amplios plegados, trazos muy toscos en el rostro, en el tratamiento del cabello, y de las manos; el exterior porta un libro cerrado en su mano izquierda, mientras que con la derecha sujeta una gran llave, lo que nos induce a pensar en San Pedro, titular de la iglesia, con representación iconográfica muy tradicional (fot. 3). El personaje que se representa en la otra cara del tondo muestra como atributos un libro abierto en su mano izquierda y un tronco de árbol en la derecha, lo hemos identificado como el apóstol Santiago el Menor.
En el siguiente apoyamanos, en su parte externa, figura un animal fantástico alado de perfil (fot. 4), muestra cabeza pequeña y cuello alargado semejante al de una serpiente, cuerpo de mamífero para terminar en una gran cola enroscada y en una garra. Realmente nos hace pensar en una simbología fantástica medieval ligada al mal o al vicio, los rasgos de serpiente nos conducen al mal. Una iconografía muy relacionada con capiteles y ménsulas románicas o bien con arbotantes góticos. El reverso de este apoyamanos representa a un mamífero con un gran movimiento, por su aspecto físico pensamos en un perro, si bien sus grandes orejas y garras nos conducen a la animalística monstruosa medieval, simbolizando algún vicio o pecado.
En el sexto apoyamanos vemos claramente, en la parte más externa, a un centauro (fot. 5), que enlaza perfectamente con la simbología animal de la Edad Media, siendo ambigua, como nos indica Santiago Sebastián (3).

LADO DERECHO

Ya hemos hecho referencia a la falta del primer sitial de este lado; sin embargo, para que ninguno de los existentes quede desplazado al hacer alusión a ellos, lo contabilizaremos.
En el segundo apoyamanos, en su parte externa, se representa a una santa con caracteres semejantes a los de los dos santos descritos en el lado izquierdo. Por sus atributos, una espada en alto en su mano derecha, un libro abierto en la izquierda y una corona, la hemos identificado con una santa aragonesa: Santa Orosia (4), pues, aunque otras santas portan la espada, en la mayoría de los casos no llevan el libro y sí otro atributo significativo que en este caso no aparece. En el reverso de este mismo apoyamanos y siguiendo las mismas características que Santa Orosia, podemos ver a Santa Lucía con la palma del martirio en la mano derecha y con la izquierda sujeta un plato con dos ojos, siguiendo fielmente la iconografía tradicional.
Hasta alcanzar el sexto apoyamanos apreciamos otros con decoraciones vegetales iguales a las ya descritas en el lado izquierdo; sin embargo, en el sexto, en el lado exterior, aparece un dragón (fot. 6) alado con la boca abierta y una gran lengua, volvemos a ver el simbolismo animal propio de la Edad Media y que todavía se sigue representando, incluso con las características anteriores: gran desarrollo de la cola.
El resto de los apoyamanos, tanto a un lado como a otro y hasta alcanzar el sitial central, presentan decoraciones vegetales semejantes a las ya descritas.

FRENTE DE LA SILLERÍA

Lo más destacado es el sitial central, cuyos dos apoyamanos presentan motivos figurativos muy peculiares. En el lateral izquierdo exterior se representa un monje tañendo una gaita (fot. 7) y en torno a él tres mamíferos algo toscos. Creemos que puede representar la música por la importancia y claridad que se le ha dado al instrumento musical, o bien la representación simbológica de un vicio o placer. Este mismo tondo en su otro frente nos muestra un centauro (fot. 8) de forma curiosa, delante del rostro de este antropomorfo aparece una gran careta, hemos pensado que pudiera relacionarse con el teatro, estamos ante representaciones medievales poco frecuentes. En cuanto al apoyamanos derecho, en su parte interna de nuevo contemplamos un centauro alado, resaltando los rasgos humanoides y dando gran importancia al cabello, uno y otro presentan diferencias notorias, en forma y técnica a las que hemos visto en el centauro del lateral izquierdo; sin embargo, mantienen la misma simbología. En la otra cara de este apoyamanos encontramos un toro alado de perfil, con gran movimiento de caracteres semejantes a los anteriores. Desde luego se mantiene dentro de la simbología fantástica medieval; nos lleva a pensar en el evangelista San Lucas, pero debido al contexto no nos parece adecuado.

6. CARACTERES GENERALES

La sillería, a pesar de lo avanzado de su fecha (1506), es una obra de estilo gótico avanzado, como lo demuestran sus tracerías y la decoración vegetal abultada ya descritas; según Dorothy y Henry Krans, pertenece al grupo de sillerías provistas solamente con elementos decorativos, al describir estos conjuntos nos dicen:

"Aunque no abundan en tallas figurativas, tienen mucho en común con el estilo gótico general y el espíritu de las sillerías que las poseen... Ciertamente la mayoría de estos conjuntos sin figuras se han atribuido a artistas españoles, que sin duda seguían expresando la tendencia tradicional, no figurativo, tomada de sus predecesores los musulmanes" (5).

Nuestra sillería presenta notas musulmanas, como ya ha quedado reflejado al describirla, en el cuerpo intermedio, en los canes y en la disposición de ciertos elementos vegetales, por lo que podríamos enlazarla con el florecimiento del arte mudéjar en Aragón.
En cuanto a los tondos decorativos de los apoyamanos, técnicamente podríamos hablar de varios artistas, o de varias manos, aunque toda la obra fue dirigida por Juan Bierto. Cierto refinamiento técnico presentan los tondos decorados con motivos vegetales y animales fantásticos, por su talla podemos pensar que este mismo artista realizase otros: el que aparece un centauro en el lateral izquierdo de la sillería (fot. 5) y el del monje con la gaita en el sitial central (fot. 7). Más tosco se presenta el artista que realiza los santos, santas y otros centauros y el toro alado ya descritos (fots. 3, 6 y 8). Este último nos muestra figuras rudas, de gran corpulencia, en sus plegados parece haber cierta influencia flamenca. Tanto uno como otro no hacen estudio anatómico.

7. CONCLUSIONES

Comparada con otras obras coetáneas del mismo estilo, hemos de decir que no pertenece al grupo de sillerías importantes de momento, como el de la Cartuja de Miraflores, por citar un ejemplo; sin embargo, se ajusta a los caracteres generales de este grupo y a la moda de la época, es decir, estilo gótico con influencia musulmana bien manifiesta. Realizada por un artista local: Juan Bierto, que trabaja en otras sillerías de Zaragoza y de la provincia de Huesca -Monasterio de Casbas-.
Desde el punto de vista escultórico valoraremos dos aspectos: iconográfico y técnico.
En cuanto al primero, presenta distintos aspectos:
a) Iconografía simbólica bivalente, como son los centauros y animales fantásticos que se corresponderían con un universo psicológico o moral enlazando con la Edad Media.
b) Iconografía de carácter funerario representado por motivos vegetales en los que predomina el número siete, relacionada también con la Edad Media.
c) Iconografía moderna en la que se representan santos con atributos perfectamente reconocibles.
Desde el punto de vista técnico, la escultura es muy tosca en general, se trata de la labor de un artista local, que poco tiene que ver con el gran número de artistas extranjeros que trabajan en España en este momento, si bien hemos de decir que conocían la moda flamenca de los plegados, pero en nada se aproximaba al virtuosismo y minuciosidad de ellos.

NOTAS

(1) M. Abizanda y Broto, Documentos para la historia artística y literaria de Aragón, t. II, Zaragoza, 1917, p. 294.

(2) G. García Ciprés, San Pedro el Viejo: Monumento Nacional (1.ª parte). Linajes de Aragón, t. VII, núm. 18, Zaragoza, 1916, p. 352.

(3) S. Sebastián López, Mensaje de arte medieval, Córdoba, 1978, p. 34.

(4) W. Rincón y A. Romero, Iconografía de los Santos Aragoneses, II, Zaragoza, 1982, p. 14.

(5) D. y H. Kraus, Las sillerías góticas españolas, Madrid, 1984, p. 109.