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1. TEORÍA DE LA IMAGEN A partir del siglo XVI el culto a los santos, basado
en las reliquias, queda en un segundo plano, dado el resurgimiento de
las figuras de Cristo y la Virgen. Al no tener el sustento material
de las reliquias corporales, en el caso de Cristo se sustenta en los
objetos que tuvieron contacto con Él, sobre todo en su pasión,
en la eucaristía, reliquia de reliquias, y también, como
no, en las imágenes. En el tema de María el culto se centrará
básicamente en este último soporte dada la escasez de
reliquias de todo género de Ella. Murcia ha de esperar a 1715,
en que se trae una ampolla con la Santa Leche para poseer alguna. Según Fernando Checa y J. Miguel Morán (El Barroco. El arte y los sistemas visuales) las imágenes sagradas tienen como fin "excitar la devoción, despertar nuestra atención o estremecer nuestra sensibilidad"; asimismo, señalan que éstas no preconizan el realismo, sino más bien la claridad expositiva y la verosimilitud, hacer cotidiana la imagen de una persona santificada, "produciendo una consideración sensual, retórica y persuasiva de la imagen, que lleva la hipervaloración de la misma. 2. IMAGINERÍA DEVOTA DE LA VIRGEN EN MURCIA Dada la clara preferencia del pueblo español
por las imágenes de culto representadas en tres dimensiones,
en el presente estudio sólo se hablará de esculturas,
ya que es el soporte que generalmente se usa con más frecuencia
y mayor éxito. Eliminamos así relieves y pinturas que,
además de poco numerosas, son de menor importancia, no tanto
artística como devocional. Será especialmente la escultura en madera policromada
la que más prodigue la figura de María. Así, encontramos
que en los últimos años del siglo pasado hay en la ciudad
de Murcia, expuestas al culto público, ya sea en iglesias, oratorios
u hornacinas y capillitas callejeras, más de doscientas imágenes
marianas (en bulto), con más de setenta títulos y advocaciones
diferentes. De todas ellas, y especialmente de las más antiguas,
se cuentan historias de prodigios obrados por mediación de dichas
imágenes. En 1730, el padre Villalba y Córcoles, presbítero
de la catedral, escribe el llamado Pensil del 3. MILAGROSAS Y MILAGRERAS Llamaremos milagrosas a aquellas imágenes que
lo sean en su origen, es decir, de las denominadas aparecidas o que
en un momento dado saltan a la palestra de la contienda que en el siglo
XVIII, especialmente, se libra entre los distintos estamentos religiosos
de la ciudad, para que sus Vírgenes titulares, patronas o simplemente
a su cargo, sean las más aclamadas por el pueblo (con las ventajas
de tipo religioso, social y económico que ello conlleva). Éstas
serían: N.ª S.ª de la Arrixaca, N.ª S.ª de
los Remedios, Santa Imagen de la Mariposa, N.ª S.ª de la Fuensanta,
N.ª S.ª de los Dolores y N.ª S.ª de las Lágrimas. Aparte de éstas en los siglos XVII y XVIII siguen
destacando otras imágenes de gran renombre por los prodigios
que se les atribuían, pero que, junto a las anteriormente citadas,
serían de menor importancia, en lo que a repercusión de
su devoción se refiere. Un caso intermedio entre las dos tipologías señaladas
sería la Virgen del Rosario de Santo Domingo. Según la
tradición, apareció en un hueco de una pared (como en
el caso de la Almudena de Madrid ocultada para salvarla de los sarracenos).
En alguna ocasión de necesidades públicas se llevó
incluso en rogativa a la catedral y era muy venerada por los murcianos,
y de modo singular por los miembros de su cofradía, que fue de
las más importantes de la ciudad. Otra Virgen de interés dentro del panorama devocional
sería N.ª S.ª de los Peligros de Sopetrán, del
convento de Verónicas, de monjas franciscanas con una curiosa
historia de cómo llegó hasta allí esta antigua
imagen, procedente de tierras castellanas. Luego también hay algunas que son réplicas de imágenes milagrosas de otras tierras y que aquí son también muy requeridas por los fieles, como N.ª S.ª de la Cabeza, o la Virgen de los Desamparados de Valencia, o la de las Angustias (que seguramente sería la del Camino). 4. HISTORIA Y LEYENDAS A excepción hecha de la Mariposa y la de las
Lágrimas, que a pesar del título que ostenta, su relación
simbólica con el agua es marginal, el resto de las imágenes
a las que hemos dado la consideración de milagrosas, tienen como
vínculo entre su soporte material y su procedencia supuestamente
divina, el agua, símbolo de vida y prosperidad. En el caso de la Fuensanta, su propio nombre lo indica,
fuente santa, la devoción gira en torno a una ermita que se erige
sobre una fuente a la cual se le da el apelativo de santa por las propiedades
curativas desde tiempo inmemorial que se les atribuyen a sus aguas.
No existe leyenda en torno a su aparición, pero historias como
la de la cómica (actriz arrepentida que se refugió en
la sierra de la Fuensanta para llevar vida eremítica y se hizo
cargo del cuidado de la ermita, muriendo con fama de santidad) la hacen
popular y con el aura legendaria que se les pide a este tipo de "simulacros",
siguiendo, la denominación de la época, para considerarla
milagrosa. La Virgen de la Arrixaca, la inmemorial patrona de Murcia,
que según creencia generalizada ya era venerada en tiempo de
los godos y se ocultó en un pozo para salvarla de la profanación
iconoclasta. Años más tarde fue descubierta milagrosamente:
según unos, las aguas subieron hasta el borde elevando sobre
ellas la efigie de la Virgen; otra teoría, más del gusto
del pueblo, pero desde luego sacada y basada en un presupuesto erróneo,
es que, sacando un hombre agua del pozo con una noria tirada por una
acémila, la noria se atrancó y dijo aquello de "arre
jaca" sacando la imagen a la superficie y por eso aducen que recibió
ese nombre de Rejaca, que es como se la denominaba entonces. Hoy se
cree que el nombre viene del arrabal o barrio, donde estaría
la ermita. La Virgen de los Remedios es la que posee una leyenda
más poética. El relato de su hallazgo nos recuerda al
de la "Venida de S.ª M.ª de la Asunción"
de la vecina ciudad de Elche, sólo que en este caso el medio
de transporte será el río en lugar del mar. Dice la tradición que la imagen apareció
metida dentro de un arca, flotando en el río, con una campana
sobre la tapa que, según Villalba y C., "en distintos ecos
llamaban los golpes de dicha campana a los hombres para testigos de
tan rara maravilla". Ésta se paró en la orilla y
nadie podía sacarla por ser su peso tan grande, hasta que llegados
al lugar los padres mercedarios la sacaron sin apenas esfuerzo, llevándola
a su iglesia en procesión. Esta tradición queda muy arraigada,
de modo que en todo momento se recuerda su procedencia, así en
los gozos que se le cantan en los cultos, y están publicados
en las ediciones de su novena se le invoca de esta manera: " A
Murcia propicio envía / El Cielo una gran ventura / (estribillo)
Pues por Segura asegura / sus Remedios en María." N.ª S.ª de los Dolores o de los Santos Pasos,
tiene una historia similar a la anterior. También aparece flotando
sobre las aguas del río, viniendo a parar al fin, a manos de
un tal Andrés Martínez, de la orden tercera de San Francisco,
que andaba en el afán de fundar una cofradía de N.ª
S.ª de los Dolores y Santos Pasos de Cristo. Con esta imagen, convenientemente
revestida con arreglo a la iconografía de los Dolores, la fundó
y fue colocada en la parroquia de San Miguel. Hoy día no se conserva
esta imagen, ya que a mediados del siglo XVIII se sustituyó por
otra más en consonancia con los gustos de la época; asimismo,
se perdió también la cofradía. Esta relación con el agua es perfectamente lógica
en una tierra en que este bien tan necesario resulta tan escaso y el
medio que se usa para combatir las sequías es el pedir la mediación
del Altísimo. Las dos excepciones que apuntábamos al principio
del epígrafe tienen también su pequeña historia
prodigiosa, aunque con otro sentido. La santa imagen de la Mariposa
forma parte de la vida no menos prodigiosa de; una hermana de la orden
tercera de San Francisco, llamada Feliciana Rodríguez, la cual
parece ser era protagonista de visiones celestiales y apariciones, espeluznantes
del infierno. Revelaba profecías que, según el cronista,
siempre se cumplían. Lo que más ansiaba esta buena mujer
era poseer una imagen de Nuestra Señora, y sucedió que
una mujer desconocida dejó en casa de ésta un envoltorio
para que lo guardara hasta su vuelta; como no volvía, se determinó
a abrirlo y resultó ser una imagen de la Virgen, pero según
decía la misma Feliciana, estaba "desnudita", la vistió
lo mejor que pudo y la llamó de la Mariposa. Fue a la muerte
de ésta, que sucedió el 30 de mayo de 1700, como ella
misma predijo, cuando esta Santa Imagen, que se depositó en la
iglesia de San Antolín con arreglo a su testamento, empezó
a ser públicamente venerada, adjudicándosele multitud
de milagros mediante su intercesión; el más popular es
el de la cera: en las procesiones, el peso de la cera que se utilizaba
era el mismo al empezar ésta que una vez concluida, a pesar de
ser la procesión muy dilatada y con muchas luces. Por último, la Virgen de las Lágrimas,
que es un busto de yeso de N.ª S.ª de los Dolores, que en
agosto de 1706, en una casa de la huerta de Murcia, "sudó
y lloró copiosamente". De este hecho la curia eclesiástica
formalizó el oportuno expediente justificativo testimoniando
la veracidad sobrenatural del prodigio. Inspirados por el entonces obispo
Belluga, adujeron que la susodicha imagen lloraba porque ese mismo día
las tropas leales a Felipe V luchaban contra el enemigo en Orihuela,
así como que Alicante estaba siendo asaltada por los ingleses,
y profanando en esos momentos los templos e imágenes de la ciudad.
El obispo aprovechó el prodigio para sus propósitos, ya
que él había formado un ejército para combatir
al lado del citado monarca. Por otra parte, tenía especial interés
en impulsar la devoción a la Virgen de los Dolores. Así
lo deja patente en un sermón que publica un año después
del milagro al que titula Sermón de acción de gracias
por el nacimiento de Luis Fernando, príncipe de Asturias
y dedicado a Felipe V. En éste expone la obligación que
tiene el rey para con dicha Virgen, ya que "puef por eftas lágrimas
de MARIA antifima, interpueftas con fu Santifsimo Hijo, ha merecido
vuestra Majestad, y fus vasallos toda la felicidad de efte nacimiento",
y por otra parte dice: " el que promueva fu mayor gloria como ha
promovido a V. Majestad la fuya interponiendo con la Santa Sece su real
autoridad, para que la fiefta de los Dolores fe eftienda a toda Chriftiandad". Sin embargo, los imperialistas de Murcia enfocaban el
hecho milagroso de otra manera, arrastrando la coletilla de que "lloró
y sudó de ver a todo un obispo metido en cosas tan profanas y
de suyo tan pecaminosas". La Imagen se trajo a la catedral, desde el lugar del prodigio, en procesión general y se la colocó por largo tiempo en el altar mayor, llegando incluso a aclamarla como copatrona de Murcia y su obispado (Cabildo ordinario de 22 de mayo de 1707). 5. ICONOGRAFÍA Si en otros aspectos se aprecian claras relaciones,
en el aspecto iconográfico éstas son aún más
claras. Es interesante señalar que, a pesar de ser el momento
histórico en que se desarrolla la mejor imaginería religiosa
en madera de la historia del arte, se prefiere, a la hora de rendir
culto, a las imágenes antiguas que, aunque de menor perfección
formal, poseen el carácter que les da el tiempo y la historia.
Eso sí, no se duda en retocar y repintar sus rostros, incluso
desbastar sus cuerpos para darles un aspectos más atractivo y
más moderno. En la primera mitad del siglo XVIII, sobre todo, se
desarrolla una verdadera carrera para conseguir la supremacía
local de entre todas las imágenes milagrosas de la época.
Así, ya que ninguna puede ser menos con respecto a las otras,
por lo menos entre las principales, se da una verdadera unanimidad iconográfica,
éstas serían: la Arrixaca, Remedios y Fuensanta. Las tres siguen la costumbre barroca de revestirlas
con ropas y alhajas de señora. Aunque en su forma original tendría
cada una posturas distintas, serán modificadas para adoptar una
disposición frontal. Son Vírgenes Madres y llevan el niño
en el lado izquierdo, revestidos éstos igual que sus Madres.
Asimismo, ambos irán tocados con corona imperial o cerrada, que
confundida con la real, desde la época de Carlos I se coloca
sobre las cabezas de los considerados "verdaderos retratos".
La mano derecha portará el cetro, símbolo de poder y realeza.
A sus pies estará la media luna, que a partir de la batalla de
Lepanto se empezó a colocar a las imágenes de la Virgen
del Rosario como símbolo de victoria sobre el infiel, esta costumbre
se generaliza más aún al darle a este símbolo un
carácter concepcionista. Al ser de procedencia milagrosa se las
suele representar con una nube con ángeles, o araceli, por peana. Un aditamento importante y muy peculiar es el rostrillo.
Esta alhaja, según Fuentes y Ponte, procede del progresivo enriquecimiento
de las tocas monjiles, sus pliegues eran recubiertos con festones y
pedrerías, circunscribiendo la cara. Esta moda se llevó
a las imágenes de la Virgen, dando lugar a lo que hoy conocemos
por rostrillos. Pero, aunque éste fuera su origen verdadero,
pensamos que también pudiera ser que de ahí surgiera la
idea de cómo representar materialmente el aura de luz que según
la tradición desprendía el rostro de María. Tomaremos
como ejemplo la descripción que hace del aspecto físico
que tendría la Virgen, la que da el padre Juan Villafraire en
su Compendio histórico (1725), que es un resumen de las
muchas que circulaban en aquella época, y haciendo un minucioso
retrato del rostro de María, concluye diciendo: "... de
él (el rostro) arrojabais refulgentes rayos de luz y resplandor,
destello de la fulgentísima claridad espiritual de vuestra noblísima
alma". Además, es sintomático que esta prenda sólo
se coloque en imágenes milagrosas. Su gran popularidad también
se ve ayudada por la belleza que aporta a las efigies, sobre todo de
las más antiguas que también suelen ser menos agraciadas,
al delimitarles el rostro por un óvalo cuasi perfecto, amén
de darles más espectacularidad. Pero frente a la gran uniformidad existente, hay también
un claro afán por individualizarse cada una. Esto se consigue
más que por el conocimiento pormenorizado de cada rostro, por
el impacto visual de cada una de Ellas, que son reconocibles al primer
golpe de vista. La primera fórmula a tener en cuenta sería
el tamaño. La Virgen de la Arrixaca tiene un tamaño considerablemente
inferior a las otras dos (el padre Villalba dice que medía tres
palmos cumplidos, es decir, 65 cms. aproximadamente). A pesar de que
una vez revestida aparezca de pie, es una escultura sedente, románica
sin duda, a la que se le separraron sus elementos para colocarle así
mejor las ropas, y fue devuelta a su aspectos románico en el
siglo pasado. Las dos restantes de un tamaño muy similar (más
del doble que la anterior) están muy claramente diferenciadas,
pues frente a la gran frontalidad y postura totalmente erguida de la
Fuensanta, la de los Remedios tuerce: bruscamente el cuello hacia el
lado izquierdo, donde lleva al Niño, hasta el punto que se le
llamaba incluso la "Virgen del cuello tuerto". La explicación
de tan extraña postura es bastante simple. Se trata de una escultura
en piedra, con todos los rasgos de una buena obra de finales del gótico,
con una composición que recuerda a las figuras de la Virgen tan
repetidas en marfil, ciñéndose a la forma de este material.
Yendo así en consonancia con el contraposto del cuerpo, esa inclinación
de la cabeza. Sería al colocarle los vestidos y dar una visión
completamente rígida cuando se aprecia lo forzado de esa postura. La imaginación popular, que parece recrearse
en esta imagen, creó una leyenda para explicar la rara postura
de la Virgen; y es la leyenda en tantas partes oída de "a
buen juez, mejor testigo", una doncella recibió juramente
de casamiento de su galán ante esta Santa Imagen; pasado el tiempo,
e caballero quiso retractarse de su palabra negándoselo a la
moza, pero ocurrió que poniendo por testigo a la Virgen de los
Remedios de la promesa tomada ante Ella, Ésta inclinó
la cabeza como señal de asentimiento y así quedó
para prueba constante del prodigio. A la escultura original se le sustituyó la mano
derecha. En la talla de sus ropajes conserva restos de policromía
y los rostros de ambos se ve cómo han sido varias veces reencarnados,
la última parece ser que fue la que se le hizo en 1852. Hasta
el siglo XVIII compartía en exclusiva el favor de los murcianos
con la Virgen de la Arrixaca. La Fuensanta sería la más prototípica
de las tres, así como la de mayor tamaño. De lo que fue
originalmente poco sabemos. Se cree que primeramente sería una
Encarnación y el Niño se lo colocarían a fines
del XVII, cuando se remozó la ermita y se empezó a bajar
a Murcia en rogativa desde el monte. La misma iconografía la repiten también
las otras imágenes milagreras de Murcia, es decir, la del Rosario
o la de los Peligros y Sopetrán. La pequeña imagen de la Mariposa (aproximadamente
50 cms.) sería de las llamadas de devanadera, de las usadas en
la época (1700) para el culto doméstico. No lleva Niño,
va coronada y al ser milagrosa consecuentemente lleva rostrillo, la
mano derecha sostiene un cetro rematado con la figura de una mariposa
nocturna y en la izquierda como posada tiene una mariposa de tela. La
media luna que tiene a los pies tiene sus puntas rematadas igualmente
por sendas mariposas (Mariposa eternamente atraída por la luz
suprema). La iconografía de la Virgen de los Dolores lleva
un camino paralelo a las otras. No sabemos ciertamente cómo sería
esta escultura, sería de madera, ya que pudo ir flotando por
las aguas del río, y es posible que no respondiera a la iconografía
de los dolores, ya que el padre Villalba señala que " se
la vistió como a imagen de los Dolores". En el archivo del
Ayuntamiento encontramos una xilografía que representa a N.ª
S.ª de los Dolores, que no responde a la iconografía convencional
de dolorosa que será tan popular en Murcia, sobre todo después
de los logros en esta advocación de Francisco Salzillo, aunque
aparece esta reproducción en varios novenarios dedicados a distintas
imágenes, algunas de ellas del mismo Salzillo, posiblemente se
recurriera a la utilización de este grabado por su simplicidad
pero éste no responde a las iconografías de las imágenes
a las que aluden los novenarios. Como ejemplo, baste decir que nunca
se ha usado en estas imágenes la corona real, sólo usarían
aros con estrellas o, a lo sumo, diademas, y esta estampa la lleva;
también se aprecia la figura del corazón en el que se
clava la espada, cosa que tampoco se hará con las Salzillescas.
Con lo cual, concluimos que muy bien pudiera esta xilografía
representar a la Virgen de los Dolores y Santos Pasos, que al ser anterior
a estas imágenes antes citadas no participa de esa iconografía. 6. CONCLUSIONES Puesto que el fin de todas estas imágenes es
el conseguir para sí el mayor número de fieles, cada una
de ellas se tratará que sea lo más atractiva posible,
no tanto en cuanto a belleza formal se refiere, sino a lo que en el
argot de los imagineros se le llama "tirón". Éste
lo conseguirán las imágenes antiguas, prefiriéndose
la iconografía de la Virgen Madre, con galas reales y con el
imprescindible rostrillo como señal de "verdadero retrato".
Todas estarán adornadas de bellas leyendas y con multitud de
milagros achacados a su invocación. En las principales se colocan, en las portadas de los
templos que las cobijan, reproducciones de éstas para llamar
de los fieles su atención. Así, podemos ver en la actualidad
cómo eran veneradas entonces, ya que se las representa con sus
mejores galas, ya que hoy, a excepción hecha de la Fuensanta,
que al ser la patrona de la ciudad, conserva aún los caracteres
que hemos apuntado a lo largo de este pequeño estudio. Las otras
han perdido su popularidad e incluso, como en el caso de la de los Remedios,
el recuerdo de Ellas. En esto también influye el que las órdenes
monásticas que las veneraban hayan desaparecido tras la desamortización. Y podríamos terminar concluyendo, hasta qué punto una imagen si lleva la carga y los aditamentos adecuados y llevados por personas conocedoras de los vaivenes de la sociedad, pueden marcar la influencia en un determinado grupo humano, y a través de ésta conducirlo en una dirección u otra. BIBLIOGRAFÍA Ballester, José: La Virgen de la Fuensanta
y su santuario del monte, Excmo. Ayuntamiento de Murcia, 1972. Baquero Almansa, Andrés: La Virgen de la Fuensanta, patrona de Murcia, Tip. Sánchez, 1927. -Nª S.ª de la Arrixaca, antigua patrona de Murcia, Impr. Sucesores de Nogués, 1915. Belluga y Moncada, Luis: Sermón predicado
a M.ª S.ª de los Dolores en su S.° imagen de las Lágrimas.
En acción de gracias por el nacimiento de Nuestro Serenísimo
Príncipe D. Luis Fernando, príncipe de Asturias, Impr.
Murcia, por Vicente Llofrin, 1707. Cascales, lcdo.: Discursos históricos de la
muy noble y muy leal ciudad de Murcia y su reino, 1614. Ed. de Tornel
y Olmos, 1874. Díaz Cassou: Obispos de Cartagena. Sus hechos
y su tiempo, Ipr. Real Academia de la Historia, 1895. Fuentes y Ponte: Memoria sobre la indumentaria de
las imágenes de la S.ª Virgen en las diferentes épocas
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de la provincia de Murcia, 1905. Graeff, Hilda: María. La mariología
y el culto mariano a través de la historia, 1968. Male, Emile: El arte religioso, 1966. Martínez Tornel, José: "Noticias
históricas y curiosas de Murcia (1892)", Guía
de Murcia, 1887. Ortega Pagán, Nicolás: La Virgen de
la Arrixaca y la Virgen de la Fuensanta, 1957. Riva, J. Antonio de la: H.ª de N.ª S.ª
de la Fuensanta, 1892. Subías Galter, Juan: Imágenes españolas
de la Virgen. Trens, Manuel: Iconografía de la Virgen en
el arte español, 1946. Villalba y Corcoles: Pensil del Ave María. (Historia sagrada de las imágenes de M.ª S.ª, 1730. ILUSTRACIONES
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