CUADERNOS DE ARTE E ICONOGRAFIA / Tomo II - 3. 1989
 

 

ICONOGRAFÍA DE LAS IMÁGENES MILAGROSAS DE LA, VIRGEN EN LA CIUDAD DE MURCIA (SIGLO XVIII)

José Cuesta Mañas

1. TEORÍA DE LA IMAGEN

A partir del siglo XVI el culto a los santos, basado en las reliquias, queda en un segundo plano, dado el resurgimiento de las figuras de Cristo y la Virgen. Al no tener el sustento material de las reliquias corporales, en el caso de Cristo se sustenta en los objetos que tuvieron contacto con Él, sobre todo en su pasión, en la eucaristía, reliquia de reliquias, y también, como no, en las imágenes. En el tema de María el culto se centrará básicamente en este último soporte dada la escasez de reliquias de todo género de Ella. Murcia ha de esperar a 1715, en que se trae una ampolla con la Santa Leche para poseer alguna.

Según Fernando Checa y J. Miguel Morán (El Barroco. El arte y los sistemas visuales) las imágenes sagradas tienen como fin "excitar la devoción, despertar nuestra atención o estremecer nuestra sensibilidad"; asimismo, señalan que éstas no preconizan el realismo, sino más bien la claridad expositiva y la verosimilitud, hacer cotidiana la imagen de una persona santificada, "produciendo una consideración sensual, retórica y persuasiva de la imagen, que lleva la hipervaloración de la misma.

2. IMAGINERÍA DEVOTA DE LA VIRGEN EN MURCIA

Dada la clara preferencia del pueblo español por las imágenes de culto representadas en tres dimensiones, en el presente estudio sólo se hablará de esculturas, ya que es el soporte que generalmente se usa con más frecuencia y mayor éxito. Eliminamos así relieves y pinturas que, además de poco numerosas, son de menor importancia, no tanto artística como devocional.

Será especialmente la escultura en madera policromada la que más prodigue la figura de María. Así, encontramos que en los últimos años del siglo pasado hay en la ciudad de Murcia, expuestas al culto público, ya sea en iglesias, oratorios u hornacinas y capillitas callejeras, más de doscientas imágenes marianas (en bulto), con más de setenta títulos y advocaciones diferentes.

De todas ellas, y especialmente de las más antiguas, se cuentan historias de prodigios obrados por mediación de dichas imágenes. En 1730, el padre Villalba y Córcoles, presbítero de la catedral, escribe el llamado Pensil del
Ave María, o historia de las sagradas imágenes de M.ª S.ª con algunas apariciones y milagros que se veneran en todo el reino de Murcia
. En él se recogen las historias y leyendas de las Vírgenes renombradas de su tiempo.

3. MILAGROSAS Y MILAGRERAS

Llamaremos milagrosas a aquellas imágenes que lo sean en su origen, es decir, de las denominadas aparecidas o que en un momento dado saltan a la palestra de la contienda que en el siglo XVIII, especialmente, se libra entre los distintos estamentos religiosos de la ciudad, para que sus Vírgenes titulares, patronas o simplemente a su cargo, sean las más aclamadas por el pueblo (con las ventajas de tipo religioso, social y económico que ello conlleva). Éstas serían: N.ª S.ª de la Arrixaca, N.ª S.ª de los Remedios, Santa Imagen de la Mariposa, N.ª S.ª de la Fuensanta, N.ª S.ª de los Dolores y N.ª S.ª de las Lágrimas.

Aparte de éstas en los siglos XVII y XVIII siguen destacando otras imágenes de gran renombre por los prodigios que se les atribuían, pero que, junto a las anteriormente citadas, serían de menor importancia, en lo que a repercusión de su devoción se refiere.

Un caso intermedio entre las dos tipologías señaladas sería la Virgen del Rosario de Santo Domingo. Según la tradición, apareció en un hueco de una pared (como en el caso de la Almudena de Madrid ocultada para salvarla de los sarracenos). En alguna ocasión de necesidades públicas se llevó incluso en rogativa a la catedral y era muy venerada por los murcianos, y de modo singular por los miembros de su cofradía, que fue de las más importantes de la ciudad.

Otra Virgen de interés dentro del panorama devocional sería N.ª S.ª de los Peligros de Sopetrán, del convento de Verónicas, de monjas franciscanas con una curiosa historia de cómo llegó hasta allí esta antigua imagen, procedente de tierras castellanas.

Luego también hay algunas que son réplicas de imágenes milagrosas de otras tierras y que aquí son también muy requeridas por los fieles, como N.ª S.ª de la Cabeza, o la Virgen de los Desamparados de Valencia, o la de las Angustias (que seguramente sería la del Camino).

4. HISTORIA Y LEYENDAS

A excepción hecha de la Mariposa y la de las Lágrimas, que a pesar del título que ostenta, su relación simbólica con el agua es marginal, el resto de las imágenes a las que hemos dado la consideración de milagrosas, tienen como vínculo entre su soporte material y su procedencia supuestamente divina, el agua, símbolo de vida y prosperidad.

En el caso de la Fuensanta, su propio nombre lo indica, fuente santa, la devoción gira en torno a una ermita que se erige sobre una fuente a la cual se le da el apelativo de santa por las propiedades curativas desde tiempo inmemorial que se les atribuyen a sus aguas. No existe leyenda en torno a su aparición, pero historias como la de la cómica (actriz arrepentida que se refugió en la sierra de la Fuensanta para llevar vida eremítica y se hizo cargo del cuidado de la ermita, muriendo con fama de santidad) la hacen popular y con el aura legendaria que se les pide a este tipo de "simulacros", siguiendo, la denominación de la época, para considerarla milagrosa.

La Virgen de la Arrixaca, la inmemorial patrona de Murcia, que según creencia generalizada ya era venerada en tiempo de los godos y se ocultó en un pozo para salvarla de la profanación iconoclasta. Años más tarde fue descubierta milagrosamente: según unos, las aguas subieron hasta el borde elevando sobre ellas la efigie de la Virgen; otra teoría, más del gusto del pueblo, pero desde luego sacada y basada en un presupuesto erróneo, es que, sacando un hombre agua del pozo con una noria tirada por una acémila, la noria se atrancó y dijo aquello de "arre jaca" sacando la imagen a la superficie y por eso aducen que recibió ese nombre de Rejaca, que es como se la denominaba entonces. Hoy se cree que el nombre viene del arrabal o barrio, donde estaría la ermita.

La Virgen de los Remedios es la que posee una leyenda más poética. El relato de su hallazgo nos recuerda al de la "Venida de S.ª M.ª de la Asunción" de la vecina ciudad de Elche, sólo que en este caso el medio de transporte será el río en lugar del mar.

Dice la tradición que la imagen apareció metida dentro de un arca, flotando en el río, con una campana sobre la tapa que, según Villalba y C., "en distintos ecos llamaban los golpes de dicha campana a los hombres para testigos de tan rara maravilla". Ésta se paró en la orilla y nadie podía sacarla por ser su peso tan grande, hasta que llegados al lugar los padres mercedarios la sacaron sin apenas esfuerzo, llevándola a su iglesia en procesión. Esta tradición queda muy arraigada, de modo que en todo momento se recuerda su procedencia, así en los gozos que se le cantan en los cultos, y están publicados en las ediciones de su novena se le invoca de esta manera: " A Murcia propicio envía / El Cielo una gran ventura / (estribillo) Pues por Segura asegura / sus Remedios en María."

N.ª S.ª de los Dolores o de los Santos Pasos, tiene una historia similar a la anterior. También aparece flotando sobre las aguas del río, viniendo a parar al fin, a manos de un tal Andrés Martínez, de la orden tercera de San Francisco, que andaba en el afán de fundar una cofradía de N.ª S.ª de los Dolores y Santos Pasos de Cristo. Con esta imagen, convenientemente revestida con arreglo a la iconografía de los Dolores, la fundó y fue colocada en la parroquia de San Miguel. Hoy día no se conserva esta imagen, ya que a mediados del siglo XVIII se sustituyó por otra más en consonancia con los gustos de la época; asimismo, se perdió también la cofradía.

Esta relación con el agua es perfectamente lógica en una tierra en que este bien tan necesario resulta tan escaso y el medio que se usa para combatir las sequías es el pedir la mediación del Altísimo.

Las dos excepciones que apuntábamos al principio del epígrafe tienen también su pequeña historia prodigiosa, aunque con otro sentido. La santa imagen de la Mariposa forma parte de la vida no menos prodigiosa de; una hermana de la orden tercera de San Francisco, llamada Feliciana Rodríguez, la cual parece ser era protagonista de visiones celestiales y apariciones, espeluznantes del infierno. Revelaba profecías que, según el cronista, siempre se cumplían. Lo que más ansiaba esta buena mujer era poseer una imagen de Nuestra Señora, y sucedió que una mujer desconocida dejó en casa de ésta un envoltorio para que lo guardara hasta su vuelta; como no volvía, se determinó a abrirlo y resultó ser una imagen de la Virgen, pero según decía la misma Feliciana, estaba "desnudita", la vistió lo mejor que pudo y la llamó de la Mariposa. Fue a la muerte de ésta, que sucedió el 30 de mayo de 1700, como ella misma predijo, cuando esta Santa Imagen, que se depositó en la iglesia de San Antolín con arreglo a su testamento, empezó a ser públicamente venerada, adjudicándosele multitud de milagros mediante su intercesión; el más popular es el de la cera: en las procesiones, el peso de la cera que se utilizaba era el mismo al empezar ésta que una vez concluida, a pesar de ser la procesión muy dilatada y con muchas luces.

Por último, la Virgen de las Lágrimas, que es un busto de yeso de N.ª S.ª de los Dolores, que en agosto de 1706, en una casa de la huerta de Murcia, "sudó y lloró copiosamente". De este hecho la curia eclesiástica formalizó el oportuno expediente justificativo testimoniando la veracidad sobrenatural del prodigio. Inspirados por el entonces obispo Belluga, adujeron que la susodicha imagen lloraba porque ese mismo día las tropas leales a Felipe V luchaban contra el enemigo en Orihuela, así como que Alicante estaba siendo asaltada por los ingleses, y profanando en esos momentos los templos e imágenes de la ciudad. El obispo aprovechó el prodigio para sus propósitos, ya que él había formado un ejército para combatir al lado del citado monarca.

Por otra parte, tenía especial interés en impulsar la devoción a la Virgen de los Dolores. Así lo deja patente en un sermón que publica un año después del milagro al que titula Sermón de acción de gracias por el nacimiento de Luis Fernando, príncipe de Asturias y dedicado a Felipe V. En éste expone la obligación que tiene el rey para con dicha Virgen, ya que "puef por eftas lágrimas de MARIA antifima, interpueftas con fu Santifsimo Hijo, ha merecido vuestra Majestad, y fus vasallos toda la felicidad de efte nacimiento", y por otra parte dice: " el que promueva fu mayor gloria como ha promovido a V. Majestad la fuya interponiendo con la Santa Sece su real autoridad, para que la fiefta de los Dolores fe eftienda a toda Chriftiandad".

Sin embargo, los imperialistas de Murcia enfocaban el hecho milagroso de otra manera, arrastrando la coletilla de que "lloró y sudó de ver a todo un obispo metido en cosas tan profanas y de suyo tan pecaminosas".

La Imagen se trajo a la catedral, desde el lugar del prodigio, en procesión general y se la colocó por largo tiempo en el altar mayor, llegando incluso a aclamarla como copatrona de Murcia y su obispado (Cabildo ordinario de 22 de mayo de 1707).

5. ICONOGRAFÍA

Si en otros aspectos se aprecian claras relaciones, en el aspecto iconográfico éstas son aún más claras. Es interesante señalar que, a pesar de ser el momento histórico en que se desarrolla la mejor imaginería religiosa en madera de la historia del arte, se prefiere, a la hora de rendir culto, a las imágenes antiguas que, aunque de menor perfección formal, poseen el carácter que les da el tiempo y la historia. Eso sí, no se duda en retocar y repintar sus rostros, incluso desbastar sus cuerpos para darles un aspectos más atractivo y más moderno.

En la primera mitad del siglo XVIII, sobre todo, se desarrolla una verdadera carrera para conseguir la supremacía local de entre todas las imágenes milagrosas de la época. Así, ya que ninguna puede ser menos con respecto a las otras, por lo menos entre las principales, se da una verdadera unanimidad iconográfica, éstas serían: la Arrixaca, Remedios y Fuensanta.

Las tres siguen la costumbre barroca de revestirlas con ropas y alhajas de señora. Aunque en su forma original tendría cada una posturas distintas, serán modificadas para adoptar una disposición frontal. Son Vírgenes Madres y llevan el niño en el lado izquierdo, revestidos éstos igual que sus Madres. Asimismo, ambos irán tocados con corona imperial o cerrada, que confundida con la real, desde la época de Carlos I se coloca sobre las cabezas de los considerados "verdaderos retratos". La mano derecha portará el cetro, símbolo de poder y realeza. A sus pies estará la media luna, que a partir de la batalla de Lepanto se empezó a colocar a las imágenes de la Virgen del Rosario como símbolo de victoria sobre el infiel, esta costumbre se generaliza más aún al darle a este símbolo un carácter concepcionista. Al ser de procedencia milagrosa se las suele representar con una nube con ángeles, o araceli, por peana.

Un aditamento importante y muy peculiar es el rostrillo. Esta alhaja, según Fuentes y Ponte, procede del progresivo enriquecimiento de las tocas monjiles, sus pliegues eran recubiertos con festones y pedrerías, circunscribiendo la cara. Esta moda se llevó a las imágenes de la Virgen, dando lugar a lo que hoy conocemos por rostrillos. Pero, aunque éste fuera su origen verdadero, pensamos que también pudiera ser que de ahí surgiera la idea de cómo representar materialmente el aura de luz que según la tradición desprendía el rostro de María. Tomaremos como ejemplo la descripción que hace del aspecto físico que tendría la Virgen, la que da el padre Juan Villafraire en su Compendio histórico (1725), que es un resumen de las muchas que circulaban en aquella época, y haciendo un minucioso retrato del rostro de María, concluye diciendo: "... de él (el rostro) arrojabais refulgentes rayos de luz y resplandor, destello de la fulgentísima claridad espiritual de vuestra noblísima alma". Además, es sintomático que esta prenda sólo se coloque en imágenes milagrosas. Su gran popularidad también se ve ayudada por la belleza que aporta a las efigies, sobre todo de las más antiguas que también suelen ser menos agraciadas, al delimitarles el rostro por un óvalo cuasi perfecto, amén de darles más espectacularidad.

Pero frente a la gran uniformidad existente, hay también un claro afán por individualizarse cada una. Esto se consigue más que por el conocimiento pormenorizado de cada rostro, por el impacto visual de cada una de Ellas, que son reconocibles al primer golpe de vista. La primera fórmula a tener en cuenta sería el tamaño. La Virgen de la Arrixaca tiene un tamaño considerablemente inferior a las otras dos (el padre Villalba dice que medía tres palmos cumplidos, es decir, 65 cms. aproximadamente). A pesar de que una vez revestida aparezca de pie, es una escultura sedente, románica sin duda, a la que se le separraron sus elementos para colocarle así mejor las ropas, y fue devuelta a su aspectos románico en el siglo pasado.

Las dos restantes de un tamaño muy similar (más del doble que la anterior) están muy claramente diferenciadas, pues frente a la gran frontalidad y postura totalmente erguida de la Fuensanta, la de los Remedios tuerce: bruscamente el cuello hacia el lado izquierdo, donde lleva al Niño, hasta el punto que se le llamaba incluso la "Virgen del cuello tuerto". La explicación de tan extraña postura es bastante simple. Se trata de una escultura en piedra, con todos los rasgos de una buena obra de finales del gótico, con una composición que recuerda a las figuras de la Virgen tan repetidas en marfil, ciñéndose a la forma de este material. Yendo así en consonancia con el contraposto del cuerpo, esa inclinación de la cabeza. Sería al colocarle los vestidos y dar una visión completamente rígida cuando se aprecia lo forzado de esa postura.

La imaginación popular, que parece recrearse en esta imagen, creó una leyenda para explicar la rara postura de la Virgen; y es la leyenda en tantas partes oída de "a buen juez, mejor testigo", una doncella recibió juramente de casamiento de su galán ante esta Santa Imagen; pasado el tiempo, e caballero quiso retractarse de su palabra negándoselo a la moza, pero ocurrió que poniendo por testigo a la Virgen de los Remedios de la promesa tomada ante Ella, Ésta inclinó la cabeza como señal de asentimiento y así quedó para prueba constante del prodigio.

A la escultura original se le sustituyó la mano derecha. En la talla de sus ropajes conserva restos de policromía y los rostros de ambos se ve cómo han sido varias veces reencarnados, la última parece ser que fue la que se le hizo en 1852. Hasta el siglo XVIII compartía en exclusiva el favor de los murcianos con la Virgen de la Arrixaca.

La Fuensanta sería la más prototípica de las tres, así como la de mayor tamaño. De lo que fue originalmente poco sabemos. Se cree que primeramente sería una Encarnación y el Niño se lo colocarían a fines del XVII, cuando se remozó la ermita y se empezó a bajar a Murcia en rogativa desde el monte.

La misma iconografía la repiten también las otras imágenes milagreras de Murcia, es decir, la del Rosario o la de los Peligros y Sopetrán.

La pequeña imagen de la Mariposa (aproximadamente 50 cms.) sería de las llamadas de devanadera, de las usadas en la época (1700) para el culto doméstico. No lleva Niño, va coronada y al ser milagrosa consecuentemente lleva rostrillo, la mano derecha sostiene un cetro rematado con la figura de una mariposa nocturna y en la izquierda como posada tiene una mariposa de tela. La media luna que tiene a los pies tiene sus puntas rematadas igualmente por sendas mariposas (Mariposa eternamente atraída por la luz suprema).

La iconografía de la Virgen de los Dolores lleva un camino paralelo a las otras. No sabemos ciertamente cómo sería esta escultura, sería de madera, ya que pudo ir flotando por las aguas del río, y es posible que no respondiera a la iconografía de los dolores, ya que el padre Villalba señala que " se la vistió como a imagen de los Dolores". En el archivo del Ayuntamiento encontramos una xilografía que representa a N.ª S.ª de los Dolores, que no responde a la iconografía convencional de dolorosa que será tan popular en Murcia, sobre todo después de los logros en esta advocación de Francisco Salzillo, aunque aparece esta reproducción en varios novenarios dedicados a distintas imágenes, algunas de ellas del mismo Salzillo, posiblemente se recurriera a la utilización de este grabado por su simplicidad pero éste no responde a las iconografías de las imágenes a las que aluden los novenarios. Como ejemplo, baste decir que nunca se ha usado en estas imágenes la corona real, sólo usarían aros con estrellas o, a lo sumo, diademas, y esta estampa la lleva; también se aprecia la figura del corazón en el que se clava la espada, cosa que tampoco se hará con las Salzillescas. Con lo cual, concluimos que muy bien pudiera esta xilografía representar a la Virgen de los Dolores y Santos Pasos, que al ser anterior a estas imágenes antes citadas no participa de esa iconografía.

La de las Lágrimas responde al tipo iconográfico de las dolorosas que se colocaban como pareja de otros Cristos en busto, ambos representando a la Dolorosa y al Ecce Homo.

6. CONCLUSIONES

Puesto que el fin de todas estas imágenes es el conseguir para sí el mayor número de fieles, cada una de ellas se tratará que sea lo más atractiva posible, no tanto en cuanto a belleza formal se refiere, sino a lo que en el argot de los imagineros se le llama "tirón". Éste lo conseguirán las imágenes antiguas, prefiriéndose la iconografía de la Virgen Madre, con galas reales y con el imprescindible rostrillo como señal de "verdadero retrato". Todas estarán adornadas de bellas leyendas y con multitud de milagros achacados a su invocación.

En las principales se colocan, en las portadas de los templos que las cobijan, reproducciones de éstas para llamar de los fieles su atención. Así, podemos ver en la actualidad cómo eran veneradas entonces, ya que se las representa con sus mejores galas, ya que hoy, a excepción hecha de la Fuensanta, que al ser la patrona de la ciudad, conserva aún los caracteres que hemos apuntado a lo largo de este pequeño estudio. Las otras han perdido su popularidad e incluso, como en el caso de la de los Remedios, el recuerdo de Ellas. En esto también influye el que las órdenes monásticas que las veneraban hayan desaparecido tras la desamortización.

Y podríamos terminar concluyendo, hasta qué punto una imagen si lleva la carga y los aditamentos adecuados y llevados por personas conocedoras de los vaivenes de la sociedad, pueden marcar la influencia en un determinado grupo humano, y a través de ésta conducirlo en una dirección u otra.

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ILUSTRACIONES

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