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1. SÍNTESIS En este artículo, que sintetiza una investigación más amplia, presentaremos una aproximación a las obras propuestas, después de una descripción caracterizadora, mediante la relación de los datos visuales con los contextuales de carácter iconográfico. 2. DESCRIPCIÓN FORMAL Y ADSCRIPCIÓN CONTEXTUAL Primeramente procederemos a la descripción de
ambas obras. En El Nacimiento de Venus (fig.
1), se nos presenta una ribera; la tierra, a la derecha, forma entrantes
y salientes; hay algunos árboles; un río, en la parte
más inferior, va hacia el mar, de olas rizadas, que ocupa la
mayor parte de la superficie. En este lugar están cuatro personajes
de aspecto humano que se describen de izquierda a derecha. Desde el ángulo superior izquierdo avanzan volando
dos personajes alados enlazados; soplan, fuertemente el que está
más a la izquierda, de aspecto tosco y moreno, se trata de Eolo,
el Viento frío del Huracán, con suavidad el otro,
rubio y delicado; este segundo personaje encarna al Céfiro,
la brisa suave; sus cabelleras, y paños (azul y marrón)
que los cubren, están agitados y flotantes; el personaje rubio
se abraza a la cintura del otro, que lo sostiene con su derecha; no
se puede decir el sexo de estos personajes aun curando el moreno parece
masculino y el rubio femenino. Ambos personajes son contradictorios por sus actitudes,
alientos, color de los paños con que se cubren..., pero avanzan
unidos soplando sobre la mujer que ocupa el lugar central. Es una mujer desnuda, de pie, sobre la bisagra de una
concha; parece que se posa ahí ingrávida; se trata de
Venus Afrodita, representando aquí el Fuego; tiene su
mano derecha sobre el pecho y con la izquierda sujeta un abundante mechón
de su gran cabellera rubia, con el que se cubre el pubis. Inclina algo
su cabeza pensativa hacia nuestra izquierda. La concha es grande, pudiendo
contener al personaje, acurrucado, en su interior; se distinguen perfectamente
su borde dentado y el relieve de sus surcos. Mientras que el aire enviado por los de la izquierda
hace ondear el manto, una nubecilla de ranúnculos que provienen
de la Tierra los salpica. En La Primavera (fig.
5) vemos nueve personajes en un huerto, en actitudes diversas, algunos
formando grupos; estudiaremos el contenido de derecha a izquierda. Junto al extremo derecho vemos a un personaje de aspecto
masculino, Eolo, similar a la representación del Nacimiento
de Venus, que se precipita, agitando los árboles en su impulso,
sobre un ser de aspecto delicado: se trata de Cloris, personificación
de la Tierra; todo en ellos es contradictorio: Eolo es de tonos
fríos, azulados, de actitud decidida, soplando continuada y fuertemente;
por el contrario, la Tierra está pintada en tonos cálidos,
su actitud es temerosa y descoordinada, su aliento es sincopado y deja
escapar brotes vegetales. La Tierra está siendo poseída, desflorada,
por el Viento. Los árboles que están en la parte superior,
verdes todos ellos, dan flor y fruto a partir de la boca de la Tierra
y hasta el extremo izquierdo. Más a la izquierda avanza decididamente una joven,
la Primavera, distribuyendo las flores que tiene en el embolsamiento
de su túnica, a la altura del vientre, cayendo allí desde
la boca de la Tierra; va vestida con una túnica adornada con
flores y se ciñe y adorna también con éstas. Las
flores van a parar a los pies del personaje central. En el centro de la composición, destacada por
la vegetación, está una mujer que representa a Venus.
Va vestida recatadamente: lleva una túnica amplia y un manto
de dos tonos, rojo y azul, que arrastra por el suelo; parece tener un
vientre muy prominente, como si pudiera estar en avanzado estado de
gestación; su cabello se cubre por un velo; se calza con sandalias.
Se desplaza hacia la izquierda, adonde señala, según se
ve por la posición de sus miembros y el extremo de su manto.
Se trata de una representación de la Venus púdica. Encima de Venus está un niño alado, desnudo,
con los ojos vendados: es Cupido, el dios del amor físico,
que está disparando una flecha de punta de fuego con su arco. Venus y Cupido figuran elementos contrapuestos: la actividad
de Cupido se contrapone a la actitud melancólica de Venus, siendo
también contrapuestos sus sexos. Cupido dispara su flecha a la joven que se encuentra
en lugar central en el grupo de tres, a nuestra izquierda; este grupo
representa a las Tres Gracias; las tres visten túnicas muy
ligeras, amplias y llevan elaborados peinados; van descalzas. A nuestra izquierda vemos a una joven que está
de puntillas, avanzando hacia nuestra derecha: se trata de Castitas;
su izquierda tira con fuerza de la mano derecha de la que está
en el otro extremo; con su brazo derecho intenta detener a la compañera
que ocupa el lugar central, la que va a ser herida por Cupido. Junto a Venus queda Pulchritudo,
la tercera integrante del grupo, quien desea ir adonde la lleva Castitas
y, por otra parte, retener a Voluptas. Cástitas y Voluptas representan fuerzas contradictorias,
mientras que Pulchritudo intenta equilibrarlas. En el extremo izquierdo del cuadro está Mercurio, el dios de los misterios, de las cosas ocultas, representado como un joven tocado por un casco con yelmo, armado por una espada, que se cubre por un manto, o clámide, rojizo con bordados; va calzado con unas botas aladas. Está de espaldas al resto de la composición, ocupado en hurgar unas nubes del ángulo superior izquierdo con su caduceo. 3. CONTRASTE Y DIALÉCTICA EN EL NACIMIENTO
DE VENUS Y En El Nacimiento de Venus, se nos presenta, sintéticamente,
la acción animadora, vivificadora, creativa, del elemento
Fuego sobre los otros tres: el Aire, la Tierra y el Agua. El Fuego, representado por la mujer desnuda, de pie,
de la concha, Venus-Afrodita, nacida del mar, es un Estado que existe
sin más, esperando la acción de los demás desde
el fondo de su esencia, diseminando su poder vitalizador, patente en
la forma de la concha: los radios del molusco se extienden circularmente,
como se expande el fuego, creciendo desde su foco, o surge el gas de
una válvula. La desnudez de Venus indica la posición esencial,
original, del fuego, dador de calor sin el que no podemos existir; la
abundante cabellera rubia parece predicar ese carácter igneo. Venus, el Fuego, está situada sobre el Agua,
su elemento contradictorio, señalando su aspecto conciliador. Las Aguas señalan el carácter opuesto,
en su horizontalidad, al fuego que es vertical. Por otra
parte, las Aguas expresan, en sí mismas, la superación
de una contradicción: vemos como se unen las aguas marinas, saladas,
tan amplias y tranquilas, con las aguas dulces que corren, serpenteantes
y terrestres, del curso fluvial que vemos en la parte inferior derecha
del cuadro. El Aire está representado por la unión
de dos factores también contradictorios del elemento: por una
parte, está el Huracán, Eolo, el viento fuerte
y frío, vestido de azul, de aspecto masculino, que sopla sobre
el. Fuego con fuerza; por otra, el Huracán se une a su contrario,
el suave Céfiro, la brisa, de aspecto delicado, cubierto
por un paño marrón, que sopla con menor vigor. La Tierra está representada en el Manto que ha
de cubrir al Fuego para aprovecharse de su calor y que lleva
el personaje femenino de la derecha; la representación de la
Tierra, como la de las Aguas o el Aire, también es dualista:
el verdor vegetal es horizontal, inmóvil y pasivo (manto) pero
las especies vegetales son activas y brotan verticalmente, expresando
la portadora del Manto, en su movilidad, ese carácter contradictorio. Los tres elementos se unen entre sí:
el Agua dulce atraviesa la Tierra antes de llegar a la salada del Mar;
el Mar y la Tierra entran el uno en el espacio de la otra mediante los
pequeños golfos que se forman; también el Aire riza, con
el viento, formando olas, las Aguas del mar; finalmente, el Aire infla
el manto de la Tierra y ésta envía flores a aquél. Así pues, vemos a tres Estados de la Materia,
contradictoriamente, en sus características originales, en torno
al Cuarto Elemento, el Fuego, aquel que permite la Vida de los otros,
presentado como mero Estado, esencia y motor, permitiendo que
los otros participen de esa esencia y la transformen en Actividad.
El Fuego es femenino por su carácter maternal, dador de Vida,
significándose su carácter primigenio en su desnudez,
ya que la Tierra no desea cubrirla por pudor sino para aprovechar su
calor. Si El Nacimiento de Venus representa los cuatro
Elementos, en La Primavera, Botticelli nos presenta tres fases vitales
y dialécticas relacionadas, siendo en ambas obras Venus el
centro de interés. La Primavera es la vida natural, el estadio anterior
al humano; el Viento, elemento masculino, entra tempestuosamente por
la derecha, captura a la Tierra y la desflora; todo en ellos es opuesto:
el sexo, los colores, las actitudes, denotando firmeza el Viento y descoordinación
la Tierra...; de esa unión de dos seres contradictorios surge
la Primavera, que avanza serenamente distribuyendo flores. La segunda etapa transcurre en el estadio humano:
Castitas y Voluptas sostienen posiciones encontradas, ya que aquélla
desea mantener el anillo de la danza, mientras que Voluptas desea irse
hacia donde está Mercurio anticipando su gesto el efecto de la
saeta que Cupido está disparándole; Pulchritudo, la tercera,
intenta conciliar los dos extremos: ir adonde la reclama Castitas y
contener a Voluptas y simboliza la Armonía y el Equilibrio; las
actitudes de Castitas y Voluptas son contrarias a toda concesión,
mientras que la disposición corporal de Pulchritudo, sosteniéndose
sobre un solo pie y dando una mano a cada una, busca el compromiso. La tercera fase de la dialéctica transcurre
en el estadio divino: al furor fogoso de Cupido, patente en la punta
de fuego de su flecha, se contrapone la contemplación misteriosa
de Mercurio, hurgando con su caduceo en las nubes, que representan los
misterios ocultos, dando Venus el Equilibrio y la Armonía Final
situada centralmente entre la Primavera y Pulchritudo, personajes
llenos de Equilibrio, siendo ella la síntesis de toda Armonía. La posición de los personajes masculinos,
triangular y marginal, y su similar caracterización
(alados y armados: Cupido con flechas, Mercurio con espada y Eolo con
su soplo huracanado) refuerza el carácter dialéctico
y tripartito de la composición (fig.
5). Los esqueletos estructurales y conceptuales de las pinturas nos permiten apreciar, plásticamente, este planteamiento (figs. 2, 3, 4 y 6). 4. CONCLUSIÓN Botticelli nos presenta a los cuatro elementos en su
Nacimiento de Venus y los diversos estados de vida (natural,
humano y divino) en La Primavera; ambas obras están organizadas
según un esquema centralizado y dialéctico, comportando
la combinación de elementos opuestos (sexos, colores, pulsiones...);
los diversos autores que se han acercado a estas obras coinciden en
afirmar que esta pauta fue sugerida al pintor por el círculo
intelectual del que formaba parte su cliente, Lorenzo de Pierfrancesco
de Medici, para quien, según se cree, fue creado el conjunto
hacia el 1480, decorando, en origen, su villa Castello, cerca de Florencia.
Los estudios sobre estas obras, con diversidad de orientaciones, constituyen, por sí mismos, un corpus impresionante al que, por razones de espacio, no nos podemos referir aquí, limitándonos a relacionar algunos textos brevemente en la bibliografía; nuestra aproximación es tan sólo un intento de poner en relación los datos visuales con los de carácter iconográfico y podría completarse con el análisis detallado de esta documentación y, también, mediante un análisis formal más amplio. 5. REFERENCIAS: -Warburg (1883; l.ª reed., 1.970): "La Nascita
di Venere a "La Primavera" di Sandro Botticelli ...",
en Ricerce sullimagine ..., La Nuova Italia Editrice, pp. 1-58. PARA LAS FUENTES CLÁSICAS: Ovidio: Las Metamorfosis, lib. X, 29-32.
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