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La casa-palacio sevillana del siglo
XVI ofrece un notable equilibrio entre tradición y modernidad.
Mantiene fórmulas medievales en materiales constructivos (ladrillo
y tapial), decoración (azulejos de cuenca mudéjares, pinturas
murales goticistas), esquemas compositivos (alfices y antepechos) y
estructurales (artesonados mudéjares, bóvedas de nervadura
en las capillas). Todo ello coexistiendo con nuevas fórmulas
y elementos importados de Italia (portadas, columnas y fuentes de mármol);
esquemas compositivos y decorativos tomados de los grandes tratadistas
italianos, así como diversos aspectos de la organización
espacial y de la decoración inspirados en modelos italianos y
flamencos. Lamentablemente gran parte de estos
edificios han ido paulatinamente desapareciendo. Gestoso, a finales
de siglo, en su artículo sobre < La casa de Juan de Arguijo"
(1), hizo una rápida enumeración de los palacios sevillanos
desaparecidos o profundamente degradados: el de los duques de Arcos,
de Medina Sidonia, de la Virreina, de los condes de Gelves, de los Mejorada,
de Torrejón, de Castellar, de los marqueses de la Algaba, de
Montemayor, de Ayamonte, de los Vicentelo, Quirós, Alcázar,
Roelas, Saavedra, Levantos, Suárez de Urbina, Pinelo, Tous de
Monsalves, Tavera, etc. Con posterioridad, Lasso de la Vega, en su discurso
de recepción de la Academia sevillana de Buenas Letras (2), amplió
la nómina de los palacios desaparecidos, lo que se ha evidenciado
aún más tras la publicación del catálogo
de Arquitectura civil sevillana, publicado en 1976 por Collantes
de Terán y Gómez Estern. Si desde el punto de vista de la historia
de su construcción hay escasas noticias de los principales palacios
sevillanos del siglo XVI, no existe una sola monografía que se
dedique al estudio iconográfico, ni iconológico de su
decoración. En este trabajo nos proponemos iniciar este objetivo,
centrándonos en tres de los edificios más representativos
de la época: la Casa de Pilatos, el Palacio de las Dueñas
y la Casa de los Pinelo. Es el único palacio sevillano del siglo XVI conocido,
y aunque carece de una monografía, como los demás, cuenta
sin embargo con una importante bibliografía, donde se recogen
aspectos parciales (3). Con sus 10.000 metros cuadrados de superficie
es el segundo palacio sevillano, después de los Reales Alcázares
y, como todas estas mansiones, deriva del palacio mudéjar de
Pedro I. Su planta y alzado reflejan un conjunto falto de carácter
unitario, ya que es el resultado de un largo proceso constructivo y
aditivo, a causa de la paulatina incorporación de fincas colindantes
-e incluso calles- llegando a enlazarse mediante un arquillo con la
iglesia de San Esteban, hasta el siglo XVIII. En el archivo del palacio
se conservan escrituras de compras de las casas colindantes, fechadas
en 1481, 1483, 1484, 1487, 1490, 1493, 1501, 1510, 1512, 1517, 1530,
etc. En resumen, podemos decir que este conjunto se inició en
las dos últimas décadas del siglo XV por el matrimonio
integrado por don Pedro Enríquez, adelantado mayor de Andalucía,
y doña Catalina de Ribera. Prosiguieron las obras, quedando ella
viuda en 1492 y al núcleo inicial de viviendas mudéjares
comenzó a revestirse con mármoles genoveses por iniciativa
de su hijo don Fadrique, a partir de 1533, fecha en que se colocaron
la portada, fuente del patio principal y primeras columnas. Con posterioridad,
entre 1536-1538, los hermanos Diego y Juan Pulido colocaron los azulejos
de cuenca del patio y desde 1535 a 1539 se llevó a cabo la decoración
pictórica. A estas dos primeras etapas, realizadas en tiempos
de Pedro Enríquez y su hijo Fadrique, hay que añadir una
tercera llevada a cabo por Per Afán de Ribera. Pedro Afán
de Ribera, que adoptó el nombre de Per Afán por un antepasado
suyo, era hijo de Fernando Enríquez de Ribera y de Inés
Portocarrero. Al morir, en 6 de abril de 1539, sin descendencia legítima,
su tío don Fadrique, hermano de su padre, heredó el palacio
de los Adelantado, además de una inmensa fortuna (4). En 1554,
Felipe II le nombró virrey de Cataluña y cuatro años
después le otorgó el título de duque de Alcalá
de los Gazules y virrey de Nápoles Como ampliaremos a continuación,
hacia 1570 mandó realizar en la Casa de Pilatos una serie de
reformas que afectaron a la decoración del patio principal y
al sector del llamado Jardín Grande. Analizadas a grandes rasgos las principales etapas constructivas
del palacio, nos detendremos a describir su programa decorativo. Se
inició con un repertorio de pinturas murales que decoraron las
galerías alta y baja del patio principal, así como algunas
estancias. En la pasada década de los setenta, aparecieron fragmentos
de la decoración del corredor alto, que había sido contratada
en 1539 con el pintor Alonso Hernández Jurado y concluida por
Diego Rodríguez Benamad. Se trata de una galería de personajes
ilustres de la Antigüedad, insertos en una arquitectura fingida,
con remates que tienen paralelismos con los de las rejas platerescas
de las grandes catedrales de la época. Las pinturas representan
escritores del mundo clásico, entre los que figuran Cicerón,
Homero, Horacio, Quinto Curcio, Tito Livio y Virgilio. En un basamento
inferior figuran textos de sus principales obras. De amititia
(Cicerón), De gestis Alexandri (Curcio), La Ilíada
(Romero), Epístola ad Pisones (Horacio), De illustribus
viris (Nepote), Historiae Romae (Tito Livio), Bucólicas
(Virgilio). Como ya señaló Vicente Lleó, los términos
del contrato para este ciclo mencionan un "cuaderno de los paños
de la Fama", que debió servir de modelo al pintor y que
probablemente fue el Speculum Historiale, adquirido por don Fadrique
en Bolonia en 1521, en copia manuscrita, y seguramente iluminada. En una de las dependencias de la planta alta, la llamada
Sala de las Vidrieras, se conservan restos de otro repertorio pictórico
dedicado a los "triunfos" de Pomona, Jano, Ceres y Flora;
es decir, las cuatro estaciones del año, con una cita de las
Metamorfosis, de Ovidio. El profesor Angulo ya advirtió
que este ciclo deriva de una serie de estampas grabadas por Pieter Coecke
van Aels en 1537, publicado dos años antes de la realización
de estas pinturas (5). Hace muy pocos años, con ocasión
de unas obras realizadas en el patio, aparecieron, tras unos azulejos
colocados en 1536, restos de pinturas murales en la galería baja.
Debe tratarse de los árboles genealógicos a los que alude
Argote de Molina en su Nobleza de Andalucía (6). La última etapa decorativa del palacio fue la
llevada a cabo entre 1569-1571 por Per Afán de Ribera, cuando
este virrey mandó decorar su palacio sevillano en previsión
de su regreso, lo que no llevó a cabo al fallecer en ese último
año (7). Lleó, en un reciente trabajo (8), manifiesta
que el director de las nuevas obras de reforma fue el arquitecto Benvenuto
Tortello, quien decoró con estatuas el patio principal, así
como un nuevo patio y loggias en el flanco oeste del palacio,
en el sector del guardarropa o gabinete-biblioteca. En el patio principal
se colocaron cuatro grandes esculturas en sus vértices, que representan
a una Atenea fidíaca, que Langlotz cree original griego del siglo
IV, probablemente de Akerákritos de Paros, discípulo de
Fidias (9). En otro vértice hay otra Atenea, algo menor, copia
romana de un original griego. Según Lleó, fue muy restaurada
en el siglo XVI, probablemente por un escultor que dejó su firma,
F.D., en el casco. Lo cierto es que se trata de Frangois Duguesnoy,
documentado entre 1594 y 1643, quien trabajó para Fernando Enríquez
de Ribera, tercer duque de Alcalá y virrey de Nápoles.
Las demás esculturas del patio son las que representan a Ceres
y a una danzarina. Más interesante, desde el punto de vista iconográfico,
es la colección de 24 bustos colocados en una serie de tondos,
en los muros de la galería baja. Iniciando el recorrido desde
la derecha de la entrada al patio., figuran los siguientes personajes:
Mario, Marco Agripa, Valerio, Trajano, Tiberio, Vitelio, Lucio Vero,
Antonio Pío, Marco Tulio Cicerón, Carlos V, Turita, Aníbal,
Scipión el Africano, Calígula, Máximo, Tito, Quirino,
Rómulo, Filipo, Adriano, Marco Aurelio, Vespasiano, Máximo
y Marco Aurelio. Este programa iconográfico, que junto con el de la galería alta son reflejo de una interpretación del palacio como Templo de la Fama, tiene su precedente literario en Los Triunfos o De viris illustribus, de Petrarca. En el Humanismo español está reflejado en las obras de Juan de Mena, Fernán Pérez de Guzmán y en Fernando del Pulgar, entre otros. Pero sin duda el antecedente más inmediato se halla en Los siete libros de Diana, de Jorge de Montemayor, cuya primera edición se hizo en Valencia hacia 1558-1559 y la segunda en Milán en 1560. En el libro 4.° dice: "En medio del patio había un padrón ochavado de bronce, tan alto como diez codos, encima del cual estaba armado de todas armas, a la manera antigua, el fiero Marte, aquel a quien los gentiles llamaban el dios de las batallas. En este padrón con gran artificio estaban figurados los soberbios escuadrones romanos a una parte, y a la otra los cartagineses; delante del uno estaba el bravo Aníbal y del otro el valeroso Scipión Africano... Allí estaba César y Pompeyo con el magno Alejandro y todos aquellos que por las armas acabaron grandes hechos, con letreros en que se declaraban sus nombres y las cosas en que cada uno más se había señalado..." (10). Esta colección de bustos, integrada por piezas romanas y renacentistas, fueron muy restauradas en el taller del palacio real napolitano, que dirigía Giovanni Francese y su ayudante Gioliano Menichini, quien se desplazó a Sevilla a instalar la colección. En ella hay que destacar, junto a romanos y cartagineses, la presencia del emperador Carlos V, quien como Hércules había realizado hazañas importantes, lo que le hace figurar en esta galería en que se exalta la virtud, una de las características más destacadas del Humanismo. El dios de las batallas está personificado en este palacio por Quirino, el Marte de los sabinos. EL PALACIO DE LAS DUEÑAS Ubicado en la collación de San Juan de la Palma,
es la única mansión sevillana que se le conoce con el
nombre de palacio. Su historia, pasada y presente, ha ido estrechamente
vinculada a la Casa de Pilatos, desde su construcción por la
misma familia -los Enríquez de Ribera-; su posible realización
por artistas comunes, lo que subraya aún más el cierto
"aire de familia", hasta la declaración de Monumento
Histórico-Artístico en la misma fecha (Decreto de 3 de
junio de 1931, con números correlativos. Pilatos: 591, Dueñas:
592). Desde el siglo XVII pertenece a la Casa de Alba (11). A partir de Ortiz de Zúñiga, en el siglo
XVII, la bibliografía tradicional cita únicamente la noticia
de que esta casa perteneció al linaje de los Pineda, señores
de Casa Bermeja y que su familia tuvo que venderla en 1483 a doña
Catalina de Ribera, viuda de don Pedro Enríquez, para rescatar
a Juan de Pineda, que se hallaba prisionero en la Ajarquía de
Málaga. Lo cierto es que la escritura de compraventa, que fue
realizada ante el escribano Fernando Ruiz de Porras, está fechada
en 20 de febrero de 1496; es decir, trece años después
de lo que se afirmaba. Ello justifica que suscribiera el contrato Catalina
de Ribera siendo viuda, lo que no podía ser en 1483, ya que su
esposo falleció en 1492 (12). En la fecha que se redactó (1486), Juan de Pineda
había fallecido, por lo que evidentemente no podía ser
rescatado de los moros. El contrato lo suscribió doña
María de Monsalve, esposa del escribano mayor del Cabildo de
la ciudad, don Pedro de Pineda, que se hallaba ausente, quien era hijo
del fallecido Juan de Pineda. El inmueble fue adquirido por doña
Catalina de Ribera en función de un mayorazgo que beneficiase
a su segundo hijo varón, Fernando Enríquez de Ribera,
ya que el primero, don Fadrique, heredaba la Casa de Pilatos (13). Con
posterioridad, lo mismo que se hacía en el otro palacio, se fueron
comprando fincas colindantes (14), llegando a tener ambos una estructura
y decoración similar. En cuanto a la decoración de este palacio, la
centraremos en dos aspectos: la pintura mural y yeserías. La
única noticia documental que se había publicado hasta
ahora de este palacio era un contrato realizado en 1516 por el pintor
Alonso de León, para decorar un zaquizami con pinturas "de
un romano muy bueno de colores finos... e bien ordenado" (15).
Aunque los restos conservados en el patio principal y en el llamado
del aceite son muy fragmentarios, podrían aludir, lo mismo que
en la galería baja de la Casa de Pilatos, a árboles genealógicos. Más abundantes y completas son las yeserías
platerescas que decoran los alfices, arrocabes e impostas, tanto de
los patios como de las principales dependencias. Entre ellos destacaremos
una serie de motivos que permiten dar una interpretación del
palacio como Triunfo del Amor y como Templo de la Virtud. La explicación
del primer epígrafe puede hallarse en el personaje que aparece
repetido en los marcos de las portadas del cuerpo bajo, que debe interpretarse
como Cupido arrojando flechas contra el cielo. El tema está sacado
del Sueño de Polifilo (Venecia, 1499). Dentro de este
contexto, como palacio de los "prisioneros de amor", podemos
encontrar fuentes de inspiración en Virgilio (Égloga
X) y en El Crotalón. Me refiero a los relieves con cabezas
de parejas de amantes clásicos que figuran en el dintel de la
portada del comedor principal, en la planta alta. Son fácilmente
reconocibles Paris (con su casco) y Elena. Estos mismos protagonistas
los veremos de nuevo en la Casa de los Pinelo (16). En cuanto a la interpretación del palacio como Templo de la Virtud, hay que señalar cómo en el programa se manifiesta la idea del bien y el contraste existente entre la virtud y la violencia o fuerza bruta. Esta idea se desarrolla en los laterales de una serie de pilastras, tanto del patio como de las puertas de acceso a estancias de la planta alta. Se trata de un vaso del que sale un tallo, que sirve de eje de simetría; a izquierda y derecha se sitúan, atraídos o huyendo de él, amorcillos o figuras fantásticas de naturaleza animal, engendradores de la violencia. LA CASA DE LOS PINELO Es otro edificio desconocido que carece también
de una monografía. Sobre sus orígenes, la bibliografía
tradicional recoge datos pintorescos. Se ha dicho que fue la casa-palacio
de los visires sevillanos durante la ocupación musulmana. Otros
afirman que siglos más tarde sirvió de albergue al infante
don Fernando el de Antequera (17). En cuanto al edificio actual, hay
noticias contradictorias sobre sus primitivos propietarios, barajándose
diferentes fechas sobre la época de su construcción y
cuando pasó a ser propiedad del Cabildo catedral. A través
de un legajo inédito existente en el Archivo catedral (18), podemos
extraer los siguientes datos: En 1506, don Jerónimo Pinelo, maestrescuela
del templo metropolitano, hizo una permuta con el Cabildo ante el escribano
Fernando Ruiz de Porras, de tal forma que él daba unas casas
en la collación del Salvador, en la calle del Hospital del Yeso,
más varias casas-tiendas y cierta cantidad de maravedíes
de renta cada año, a cambio de unas casas en la calle Abades.
En la escritura se especifica que la vivienda, de pequeñas proporciones,
era de un procurador y entonces vivía en ella Alonso Hernández:
"Tienen poco fondo. Será menester una casilla que confina
con ella, que es de Vmd., la cual tiene el Sr. Oribis." Por espacio de más de diez años hasta
su fallecimiento en 1520, Jerónimo Pinelo levantó un nuevo
edificio de cimientos, adquiriendo fincas colindantes e incorporando
algunas que había heredado de su padre, Pedro Pinelo, jurado,
fiel ejecutor y primer factor de la Casa de la Contratación.
Tres años después del fallecimiento de Jerónimo,
su hermano, el canónigo Pedro Pinelo, vendió al Cabildo
esta vivienda ante el escribano Francisco de Castellanos. El programa iconográfico de esta casa, muy restaurada en la década de 1970 para albergar a las Academias, se centra fundamentalmente en la planta baja del patio. En las enjutas de sus arcos aparecen unos bustos en altorrelieve, que representan retratos masculinos y femeninos. Se trata de una galería de uomini famosi, desde la Antigüedad hasta el Renacimiento, pudiendo interpretarse también este edificio como Templo de la Fama. Como ya adelantábamos, en dinteles de portadas de acceso a diversas dependencias de esta planta baja hay relieves idénticos a los del Palacio de las Dueñas que representan cabezas de parejas de amantes clásicos, entre los que se reconocen a Paris y Elena.
(1) José Gestoso Pérez, "La casa de Juan de Arguijon, Revista Bética, núms. 20 y 21. (2) Miguel Lasso de la Vega, Discruso de recepción en la Real Academia de Buenas Letras, Sevilla, 1922. (3) José Gestoso, Sevilla Monumental y Artística, t. III, Sevilla, 1892; Antonio Sancho Corbacho, La cerámica andaluza. Azulejos sevillanos del siglo XVI, de cuenca. Casa de Pilatos, Sevilla, 1951; Joaquín González Moreno, Catálogo de documentos sevillanos del Archivo Ducal de Alcalá de los Gazules, t. I, Sevilla, 1976; Vicente Lleó Cañal, Nueva Roma: Mitología y humanismo en el Renacimiento sevillano, Sevilla, 1979. (4) Archivo Ducal de Medinacelli, Sevilla (A.D.M.S.), leg. 6, núms. 9 y 30. (5) Diego Angulo Íñiguez, La mitología y el arte español del Renacimiento. Madrid, 1952, p. 29. (6) Publicado en 1588, f. 280v. (7) Su testamento consta en el A.D.M.S., leg. 6, núm. 33. (8) Vicente Lleó Cañal, " El jardín arqueológico del primer duque de Alcalá", Fragmentos, núm. 11, 1987, pp. 21-32. (9) E. Langlotz, rcDie replikem der Athenea Medici in Sevilla", en Madrider mitteilungem, vol. I, 1960. Joaquín González Moreno publica la transcripción en castellano, en el Catálogo del Archivo General de la Casa Ducal de Medinaceli, III, pp. 15 y ss., Sevilla, 1973. (10) Edición de Enrique Moreno Báez, Madrid, 1981. Para las interpretaciones iconológicas de los palacios españoles, véase Santiago Sebastián, Arte y Humanismo, Madrid, 1978. (11) Para una idea de conjunto, véase Teodoro Falcón Márquez, "El Palacio de las Dueñas", Reales Sitios, número dedicado a Sevilla, Madrid, 1976. (12) A.D.M.S., leg. 15, núm. 31. (13) Hay constancia de ello en su testamento de 30 de abril de 1503, A.D.M.S., leg. 6, núm. 7. (14) A.D.M.S., leg. 25, núms. 40, 59 y 60. (15) Documentos para la Historia del Arte en Andalucía, VIII, 31. (16) Algunos de estos relieves aparecen dibujados en el artículo de José Guerrero Lovillo, Los maestros yeseros sevillanos del siglo XVI, A.E.A., t. 28, 1955. (17) Ortiz de Zúñiga, Anales..., año 1407; Gestoso, Sevilla Monumental, III, 201. (18) Archivo de la catedral de Sevilla, leg. 56. ILUSTRACIONES Lámina 1 - Lámina 2 - Lámina 3
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