CUADERNOS DE ARTE E ICONOGRAFIA / Tomo II - 3. 1989
 

 

LA DECORACIÓN DE LOS PALACIOS SEVILLANOS DEL SIGLO XVI: ESTUDIO ICONOGRÁFICO E ICONOLÓGICO

Teodoro Falcón Márquez

La casa-palacio sevillana del siglo XVI ofrece un notable equilibrio entre tradición y modernidad. Mantiene fórmulas medievales en materiales constructivos (ladrillo y tapial), decoración (azulejos de cuenca mudéjares, pinturas murales goticistas), esquemas compositivos (alfices y antepechos) y estructurales (artesonados mudéjares, bóvedas de nervadura en las capillas). Todo ello coexistiendo con nuevas fórmulas y elementos importados de Italia (portadas, columnas y fuentes de mármol); esquemas compositivos y decorativos tomados de los grandes tratadistas italianos, así como diversos aspectos de la organización espacial y de la decoración inspirados en modelos italianos y flamencos.

Lamentablemente gran parte de estos edificios han ido paulatinamente desapareciendo. Gestoso, a finales de siglo, en su artículo sobre < La casa de Juan de Arguijo" (1), hizo una rápida enumeración de los palacios sevillanos desaparecidos o profundamente degradados: el de los duques de Arcos, de Medina Sidonia, de la Virreina, de los condes de Gelves, de los Mejorada, de Torrejón, de Castellar, de los marqueses de la Algaba, de Montemayor, de Ayamonte, de los Vicentelo, Quirós, Alcázar, Roelas, Saavedra, Levantos, Suárez de Urbina, Pinelo, Tous de Monsalves, Tavera, etc. Con posterioridad, Lasso de la Vega, en su discurso de recepción de la Academia sevillana de Buenas Letras (2), amplió la nómina de los palacios desaparecidos, lo que se ha evidenciado aún más tras la publicación del catálogo de Arquitectura civil sevillana, publicado en 1976 por Collantes de Terán y Gómez Estern.

Si desde el punto de vista de la historia de su construcción hay escasas noticias de los principales palacios sevillanos del siglo XVI, no existe una sola monografía que se dedique al estudio iconográfico, ni iconológico de su decoración. En este trabajo nos proponemos iniciar este objetivo, centrándonos en tres de los edificios más representativos de la época: la Casa de Pilatos, el Palacio de las Dueñas y la Casa de los Pinelo.

LA CASA DE PILATOS

Es el único palacio sevillano del siglo XVI conocido, y aunque carece de una monografía, como los demás, cuenta sin embargo con una importante bibliografía, donde se recogen aspectos parciales (3). Con sus 10.000 metros cuadrados de superficie es el segundo palacio sevillano, después de los Reales Alcázares y, como todas estas mansiones, deriva del palacio mudéjar de Pedro I. Su planta y alzado reflejan un conjunto falto de carácter unitario, ya que es el resultado de un largo proceso constructivo y aditivo, a causa de la paulatina incorporación de fincas colindantes -e incluso calles- llegando a enlazarse mediante un arquillo con la iglesia de San Esteban, hasta el siglo XVIII. En el archivo del palacio se conservan escrituras de compras de las casas colindantes, fechadas en 1481, 1483, 1484, 1487, 1490, 1493, 1501, 1510, 1512, 1517, 1530, etc. En resumen, podemos decir que este conjunto se inició en las dos últimas décadas del siglo XV por el matrimonio integrado por don Pedro Enríquez, adelantado mayor de Andalucía, y doña Catalina de Ribera. Prosiguieron las obras, quedando ella viuda en 1492 y al núcleo inicial de viviendas mudéjares comenzó a revestirse con mármoles genoveses por iniciativa de su hijo don Fadrique, a partir de 1533, fecha en que se colocaron la portada, fuente del patio principal y primeras columnas. Con posterioridad, entre 1536-1538, los hermanos Diego y Juan Pulido colocaron los azulejos de cuenca del patio y desde 1535 a 1539 se llevó a cabo la decoración pictórica. A estas dos primeras etapas, realizadas en tiempos de Pedro Enríquez y su hijo Fadrique, hay que añadir una tercera llevada a cabo por Per Afán de Ribera. Pedro Afán de Ribera, que adoptó el nombre de Per Afán por un antepasado suyo, era hijo de Fernando Enríquez de Ribera y de Inés Portocarrero. Al morir, en 6 de abril de 1539, sin descendencia legítima, su tío don Fadrique, hermano de su padre, heredó el palacio de los Adelantado, además de una inmensa fortuna (4). En 1554, Felipe II le nombró virrey de Cataluña y cuatro años después le otorgó el título de duque de Alcalá de los Gazules y virrey de Nápoles Como ampliaremos a continuación, hacia 1570 mandó realizar en la Casa de Pilatos una serie de reformas que afectaron a la decoración del patio principal y al sector del llamado Jardín Grande.

Analizadas a grandes rasgos las principales etapas constructivas del palacio, nos detendremos a describir su programa decorativo. Se inició con un repertorio de pinturas murales que decoraron las galerías alta y baja del patio principal, así como algunas estancias. En la pasada década de los setenta, aparecieron fragmentos de la decoración del corredor alto, que había sido contratada en 1539 con el pintor Alonso Hernández Jurado y concluida por Diego Rodríguez Benamad. Se trata de una galería de personajes ilustres de la Antigüedad, insertos en una arquitectura fingida, con remates que tienen paralelismos con los de las rejas platerescas de las grandes catedrales de la época. Las pinturas representan escritores del mundo clásico, entre los que figuran Cicerón, Homero, Horacio, Quinto Curcio, Tito Livio y Virgilio. En un basamento inferior figuran textos de sus principales obras. De amititia (Cicerón), De gestis Alexandri (Curcio), La Ilíada (Romero), Epístola ad Pisones (Horacio), De illustribus viris (Nepote), Historiae Romae (Tito Livio), Bucólicas (Virgilio). Como ya señaló Vicente Lleó, los términos del contrato para este ciclo mencionan un "cuaderno de los paños de la Fama", que debió servir de modelo al pintor y que probablemente fue el Speculum Historiale, adquirido por don Fadrique en Bolonia en 1521, en copia manuscrita, y seguramente iluminada.

En una de las dependencias de la planta alta, la llamada Sala de las Vidrieras, se conservan restos de otro repertorio pictórico dedicado a los "triunfos" de Pomona, Jano, Ceres y Flora; es decir, las cuatro estaciones del año, con una cita de las Metamorfosis, de Ovidio. El profesor Angulo ya advirtió que este ciclo deriva de una serie de estampas grabadas por Pieter Coecke van Aels en 1537, publicado dos años antes de la realización de estas pinturas (5). Hace muy pocos años, con ocasión de unas obras realizadas en el patio, aparecieron, tras unos azulejos colocados en 1536, restos de pinturas murales en la galería baja. Debe tratarse de los árboles genealógicos a los que alude Argote de Molina en su Nobleza de Andalucía (6).

La última etapa decorativa del palacio fue la llevada a cabo entre 1569-1571 por Per Afán de Ribera, cuando este virrey mandó decorar su palacio sevillano en previsión de su regreso, lo que no llevó a cabo al fallecer en ese último año (7). Lleó, en un reciente trabajo (8), manifiesta que el director de las nuevas obras de reforma fue el arquitecto Benvenuto Tortello, quien decoró con estatuas el patio principal, así como un nuevo patio y loggias en el flanco oeste del palacio, en el sector del guardarropa o gabinete-biblioteca. En el patio principal se colocaron cuatro grandes esculturas en sus vértices, que representan a una Atenea fidíaca, que Langlotz cree original griego del siglo IV, probablemente de Akerákritos de Paros, discípulo de Fidias (9). En otro vértice hay otra Atenea, algo menor, copia romana de un original griego. Según Lleó, fue muy restaurada en el siglo XVI, probablemente por un escultor que dejó su firma, F.D., en el casco. Lo cierto es que se trata de Frangois Duguesnoy, documentado entre 1594 y 1643, quien trabajó para Fernando Enríquez de Ribera, tercer duque de Alcalá y virrey de Nápoles. Las demás esculturas del patio son las que representan a Ceres y a una danzarina.

Más interesante, desde el punto de vista iconográfico, es la colección de 24 bustos colocados en una serie de tondos, en los muros de la galería baja. Iniciando el recorrido desde la derecha de la entrada al patio., figuran los siguientes personajes: Mario, Marco Agripa, Valerio, Trajano, Tiberio, Vitelio, Lucio Vero, Antonio Pío, Marco Tulio Cicerón, Carlos V, Turita, Aníbal, Scipión el Africano, Calígula, Máximo, Tito, Quirino, Rómulo, Filipo, Adriano, Marco Aurelio, Vespasiano, Máximo y Marco Aurelio.

Este programa iconográfico, que junto con el de la galería alta son reflejo de una interpretación del palacio como Templo de la Fama, tiene su precedente literario en Los Triunfos o De viris illustribus, de Petrarca. En el Humanismo español está reflejado en las obras de Juan de Mena, Fernán Pérez de Guzmán y en Fernando del Pulgar, entre otros. Pero sin duda el antecedente más inmediato se halla en Los siete libros de Diana, de Jorge de Montemayor, cuya primera edición se hizo en Valencia hacia 1558-1559 y la segunda en Milán en 1560. En el libro 4.° dice:

"En medio del patio había un padrón ochavado de bronce, tan alto como diez codos, encima del cual estaba armado de todas armas, a la manera antigua, el fiero Marte, aquel a quien los gentiles llamaban el dios de las batallas. En este padrón con gran artificio estaban figurados los soberbios escuadrones romanos a una parte, y a la otra los cartagineses; delante del uno estaba el bravo Aníbal y del otro el valeroso Scipión Africano... Allí estaba César y Pompeyo con el magno Alejandro y todos aquellos que por las armas acabaron grandes hechos, con letreros en que se declaraban sus nombres y las cosas en que cada uno más se había señalado..." (10).

Esta colección de bustos, integrada por piezas romanas y renacentistas, fueron muy restauradas en el taller del palacio real napolitano, que dirigía Giovanni Francese y su ayudante Gioliano Menichini, quien se desplazó a Sevilla a instalar la colección. En ella hay que destacar, junto a romanos y cartagineses, la presencia del emperador Carlos V, quien como Hércules había realizado hazañas importantes, lo que le hace figurar en esta galería en que se exalta la virtud, una de las características más destacadas del Humanismo. El dios de las batallas está personificado en este palacio por Quirino, el Marte de los sabinos.

EL PALACIO DE LAS DUEÑAS

Ubicado en la collación de San Juan de la Palma, es la única mansión sevillana que se le conoce con el nombre de palacio. Su historia, pasada y presente, ha ido estrechamente vinculada a la Casa de Pilatos, desde su construcción por la misma familia -los Enríquez de Ribera-; su posible realización por artistas comunes, lo que subraya aún más el cierto "aire de familia", hasta la declaración de Monumento Histórico-Artístico en la misma fecha (Decreto de 3 de junio de 1931, con números correlativos. Pilatos: 591, Dueñas: 592). Desde el siglo XVII pertenece a la Casa de Alba (11).

A partir de Ortiz de Zúñiga, en el siglo XVII, la bibliografía tradicional cita únicamente la noticia de que esta casa perteneció al linaje de los Pineda, señores de Casa Bermeja y que su familia tuvo que venderla en 1483 a doña Catalina de Ribera, viuda de don Pedro Enríquez, para rescatar a Juan de Pineda, que se hallaba prisionero en la Ajarquía de Málaga. Lo cierto es que la escritura de compraventa, que fue realizada ante el escribano Fernando Ruiz de Porras, está fechada en 20 de febrero de 1496; es decir, trece años después de lo que se afirmaba. Ello justifica que suscribiera el contrato Catalina de Ribera siendo viuda, lo que no podía ser en 1483, ya que su esposo falleció en 1492 (12).

En la fecha que se redactó (1486), Juan de Pineda había fallecido, por lo que evidentemente no podía ser rescatado de los moros. El contrato lo suscribió doña María de Monsalve, esposa del escribano mayor del Cabildo de la ciudad, don Pedro de Pineda, que se hallaba ausente, quien era hijo del fallecido Juan de Pineda. El inmueble fue adquirido por doña Catalina de Ribera en función de un mayorazgo que beneficiase a su segundo hijo varón, Fernando Enríquez de Ribera, ya que el primero, don Fadrique, heredaba la Casa de Pilatos (13). Con posterioridad, lo mismo que se hacía en el otro palacio, se fueron comprando fincas colindantes (14), llegando a tener ambos una estructura y decoración similar.

En cuanto a la decoración de este palacio, la centraremos en dos aspectos: la pintura mural y yeserías. La única noticia documental que se había publicado hasta ahora de este palacio era un contrato realizado en 1516 por el pintor Alonso de León, para decorar un zaquizami con pinturas "de un romano muy bueno de colores finos... e bien ordenado" (15). Aunque los restos conservados en el patio principal y en el llamado del aceite son muy fragmentarios, podrían aludir, lo mismo que en la galería baja de la Casa de Pilatos, a árboles genealógicos.

Más abundantes y completas son las yeserías platerescas que decoran los alfices, arrocabes e impostas, tanto de los patios como de las principales dependencias. Entre ellos destacaremos una serie de motivos que permiten dar una interpretación del palacio como Triunfo del Amor y como Templo de la Virtud. La explicación del primer epígrafe puede hallarse en el personaje que aparece repetido en los marcos de las portadas del cuerpo bajo, que debe interpretarse como Cupido arrojando flechas contra el cielo. El tema está sacado del Sueño de Polifilo (Venecia, 1499). Dentro de este contexto, como palacio de los "prisioneros de amor", podemos encontrar fuentes de inspiración en Virgilio (Égloga X) y en El Crotalón. Me refiero a los relieves con cabezas de parejas de amantes clásicos que figuran en el dintel de la portada del comedor principal, en la planta alta. Son fácilmente reconocibles Paris (con su casco) y Elena. Estos mismos protagonistas los veremos de nuevo en la Casa de los Pinelo (16).

En cuanto a la interpretación del palacio como Templo de la Virtud, hay que señalar cómo en el programa se manifiesta la idea del bien y el contraste existente entre la virtud y la violencia o fuerza bruta. Esta idea se desarrolla en los laterales de una serie de pilastras, tanto del patio como de las puertas de acceso a estancias de la planta alta. Se trata de un vaso del que sale un tallo, que sirve de eje de simetría; a izquierda y derecha se sitúan, atraídos o huyendo de él, amorcillos o figuras fantásticas de naturaleza animal, engendradores de la violencia.

LA CASA DE LOS PINELO

Es otro edificio desconocido que carece también de una monografía. Sobre sus orígenes, la bibliografía tradicional recoge datos pintorescos. Se ha dicho que fue la casa-palacio de los visires sevillanos durante la ocupación musulmana. Otros afirman que siglos más tarde sirvió de albergue al infante don Fernando el de Antequera (17). En cuanto al edificio actual, hay noticias contradictorias sobre sus primitivos propietarios, barajándose diferentes fechas sobre la época de su construcción y cuando pasó a ser propiedad del Cabildo catedral. A través de un legajo inédito existente en el Archivo catedral (18), podemos extraer los siguientes datos: En 1506, don Jerónimo Pinelo, maestrescuela del templo metropolitano, hizo una permuta con el Cabildo ante el escribano Fernando Ruiz de Porras, de tal forma que él daba unas casas en la collación del Salvador, en la calle del Hospital del Yeso, más varias casas-tiendas y cierta cantidad de maravedíes de renta cada año, a cambio de unas casas en la calle Abades. En la escritura se especifica que la vivienda, de pequeñas proporciones, era de un procurador y entonces vivía en ella Alonso Hernández: "Tienen poco fondo. Será menester una casilla que confina con ella, que es de Vmd., la cual tiene el Sr. Oribis."

Por espacio de más de diez años hasta su fallecimiento en 1520, Jerónimo Pinelo levantó un nuevo edificio de cimientos, adquiriendo fincas colindantes e incorporando algunas que había heredado de su padre, Pedro Pinelo, jurado, fiel ejecutor y primer factor de la Casa de la Contratación. Tres años después del fallecimiento de Jerónimo, su hermano, el canónigo Pedro Pinelo, vendió al Cabildo esta vivienda ante el escribano Francisco de Castellanos.

El programa iconográfico de esta casa, muy restaurada en la década de 1970 para albergar a las Academias, se centra fundamentalmente en la planta baja del patio. En las enjutas de sus arcos aparecen unos bustos en altorrelieve, que representan retratos masculinos y femeninos. Se trata de una galería de uomini famosi, desde la Antigüedad hasta el Renacimiento, pudiendo interpretarse también este edificio como Templo de la Fama. Como ya adelantábamos, en dinteles de portadas de acceso a diversas dependencias de esta planta baja hay relieves idénticos a los del Palacio de las Dueñas que representan cabezas de parejas de amantes clásicos, entre los que se reconocen a Paris y Elena.


NOTAS

(1) José Gestoso Pérez, "La casa de Juan de Arguijon, Revista Bética, núms. 20 y 21.

(2) Miguel Lasso de la Vega, Discruso de recepción en la Real Academia de Buenas Letras, Sevilla, 1922.

(3) José Gestoso, Sevilla Monumental y Artística, t. III, Sevilla, 1892; Antonio Sancho Corbacho, La cerámica andaluza. Azulejos sevillanos del siglo XVI, de cuenca. Casa de Pilatos, Sevilla, 1951; Joaquín González Moreno, Catálogo de documentos sevillanos del Archivo Ducal de Alcalá de los Gazules, t. I, Sevilla, 1976; Vicente Lleó Cañal, Nueva Roma: Mitología y humanismo en el Renacimiento sevillano, Sevilla, 1979.

(4) Archivo Ducal de Medinacelli, Sevilla (A.D.M.S.), leg. 6, núms. 9 y 30.

(5) Diego Angulo Íñiguez, La mitología y el arte español del Renacimiento. Madrid, 1952, p. 29.

(6) Publicado en 1588, f. 280v.

(7) Su testamento consta en el A.D.M.S., leg. 6, núm. 33.

(8) Vicente Lleó Cañal, " El jardín arqueológico del primer duque de Alcalá", Fragmentos, núm. 11, 1987, pp. 21-32.

(9) E. Langlotz, rcDie replikem der Athenea Medici in Sevilla", en Madrider mitteilungem, vol. I, 1960. Joaquín González Moreno publica la transcripción en castellano, en el Catálogo del Archivo General de la Casa Ducal de Medinaceli, III, pp. 15 y ss., Sevilla, 1973.

(10) Edición de Enrique Moreno Báez, Madrid, 1981. Para las interpretaciones iconológicas de los palacios españoles, véase Santiago Sebastián, Arte y Humanismo, Madrid, 1978.

(11) Para una idea de conjunto, véase Teodoro Falcón Márquez, "El Palacio de las Dueñas", Reales Sitios, número dedicado a Sevilla, Madrid, 1976.

(12) A.D.M.S., leg. 15, núm. 31.

(13) Hay constancia de ello en su testamento de 30 de abril de 1503, A.D.M.S., leg. 6, núm. 7.

(14) A.D.M.S., leg. 25, núms. 40, 59 y 60.

(15) Documentos para la Historia del Arte en Andalucía, VIII, 31.

(16) Algunos de estos relieves aparecen dibujados en el artículo de José Guerrero Lovillo, Los maestros yeseros sevillanos del siglo XVI, A.E.A., t. 28, 1955.

(17) Ortiz de Zúñiga, Anales..., año 1407; Gestoso, Sevilla Monumental, III, 201.

(18) Archivo de la catedral de Sevilla, leg. 56.


ILUSTRACIONES

Lámina 1 - Lámina 2 - Lámina 3