CUADERNOS DE ARTE E ICONOGRAFIA / Tomo II - 3. 1989
 

 

LA EVOCACIÓN DEL HUMANISMO EN LOS REPERTORIOS ICONOGRÁFICOS DE LA ARQUITECTURA RENACENTISTA MALLORQUINA

Mercedes Gambús Saiz

LA ASIMILACIÓN ORNAMENTAL DE LA GRAMÁTICA CLASICISTA

La lectura fenomenológica de la arquitectura renacentista insular desde una opción modal, requiere como punto de partida el establecimiento de algunas premisas esenciales, recurrentes por un lado, a la idea de un prolongado predominio de los modos sintácticos locales y por el otro, al tardío contacto con la novedad italiana, así como al lento y desigual proceso de su consolidación gramatical.

La primera de las observaciones citadas nos remite al carácter conservador de la arquitectura mallorquina, incapaz de renunciar totalmente a un sistema gramatical como el gótico que desde el siglo XIII había impuesto sus formas constructivas.

En cuanto al proceso de recepción y de traducción vernácula de lo italiano, cabe situarnos en la década de 1520, cuando por primera vez Mallorca, en coincidencia con el pleno renacimiento peninsular, se convirtió en escenario de experiencias clasicistas, cuya línea de continuidad vino pautada por una actuación epidérmica, subordinada a las estructuras tradicionales, favoreciendo de este modo un indolente y complejo discurrir que no culminaría hasta finales del siglo XVII, con el triunfo pleno del clasicismo barroco y la consiguiente desaparición de las viejas fórmulas, que únicamente pervivieron asociadas a un vocabulario secular.

La acepción decorativa con la que hemos definido la actuación clasicista de la arquitectura mallorquina, no puede justificarse atendiendo exclusivamente a la fuerza sintáctica del gótico, habida cuenta la existencia de diversos registros endógenos vinculados a las condiciones de acceso al modelo italiano, los cuales pueden argumentarse a partir de sus vías de penetración, entre las que cabe destacar: la asimilación ideológica del humanismo, la presencia del escultor aragonés Juan de Salas desde el año 1526, el recibimiento al emperador Carlos V en el año 1541 y la difusión de la estampa impresa.

La incorporación temprana del humanismo al debate ideológico de la sociedad mallorquina, generó un largo proceso cuya incidencia en el discurso estético se tradujo en una progresiva sensibilización hacia la vanguardia artística italiana. Así, los contactos por razones comerciales con Italia y el levante español a lo largo del siglo XVI, y el impulso dado a las actividades literarias y educativas desde fines del siglo XV, constituyen argumentos significativos de los medios de homologación insular a la cultura humanística europea.

En cuanto a la intervención del aragonés Juan de Salas en Mallorca, queda probada su autoridad entre los artífices locales como responsable de la introducción del sistema clasicista en la decoración arquitectónica. Juan de Salas, discípulo de Damián Forment, fue contratado en 1526 por el cabildo catedralicio para renovar el coro y obrar dos púlpitos con destino a la catedral de Palma. Su actuación estuvo regida por el empleo de la gramática clásica, estableciendo una serie de propuestas de singular trascendencia para el arte mallorquín, entre las que merecen destacarse las siguientes: la idea de orden y proporción a efectos compositivos; el tratamiento de los repertorios decorativos de filiación clasicista mediante el uso de la licenzia; la adopción de una estética naturalista en las construcciones figurativas, con especial preocupación por el sentido volumétrico de los motivos y por la concepción espacial perspectiva; y la secularización de la iconografía religiosa, privilegiando los recursos ambientales y gestuales.

La estela dejada por Juan de Salas alcanzó efectos inmediatos, a tenor de las numerosas decoraciones arquitectónicas, que a partir del primer tercio del siglo XVI fueron practicándose en puertas y ventanas de fachadas, zaguanes y patios, ensayándose en ellas diferentes fórmulas compositivas pautadas por la lógica del orden clásico, el cual por medio de procedimientos acumulativos se convirtió en soporte de grutescos y formas híbridas, que paulatinamente y merced a otras vías de influencia, fueron enriqueciéndose con nuevos formatos, cuyo denominador común lo constituyó su mayor compromiso con el pensamiento humanista.

De mecanismo introductor puede reputarse también la entrada triunfal que la ciudad de Palma organizó al emperador Carlos V con motivo de su venida en el año 1541. En esta fecha Mallorca fue elegida como lugar de concentración de las escuadras destinadas a intervenir en la conquista de Argel; por esta razón el emperador visitó la isla, efectuando su entrada por el puerto de Palma, ciudad en la que permaneció por espacio de cinco días. La llegada del monarca fue festejada con un recorrido urbano, jalonado con numerosos arcos triunfales de carácter efímero, que fueron ornados con figuraciones y epígrafes alusivos al emperador (1).

La incidencia de este hecho histórico en el comportamiento de las artes plásticas mallorquinas desde una opción humanista merece ser recordado, en consideración a una serie de circunstancias que confluyeron en el suceso referido.

En primer lugar, por el tratamiento ideológico dado a este acto festivo, ya que a pesar del dirigismo atribuible a las instituciones patrocinadoras del homenaje, resulta incontestable el grado de desarrollo que el humanismo había ido adquiriendo en Mallorca.

En segundo lugar, por la repercusión artística que esta entrada tuvo en el ámbito local, proyectando sus efectos como espaldarazo institucional al modelo italiano, lo que posibilitó que a partir de esta fecha se convirtiera en el lenguaje plástico por excelencia de los grupos sociales dirigentes, generando asimismo un mayor interés por el conocimiento del pensamiento humanista.

Finalmente y en tercer lugar, por la novedad que supuso el empleo de una gramática áulica de naturaleza clasicista, modulada a partir de la metamorfosis urbana, reflejando de esta manera un comportamiento mimético e indiscriminado en el uso de los morfemas procedentes del sistema regular, cuya fijación paradigmática tipificó el quehacer del arte mallorquín durante más de un siglo. Cuando en el año 1541, Palma hubo de acometer la recepción a Carlos V, ateniéndose a las normas estéticas que en ese momento regían el trato dado a la imagen imperial, la actividad artística insular se hallaba en una fase de aproximación al modelo clásico, manteniendo la tradición en los modos estructurales; de ahí que el evento mencionado provocara el aceleramiento del proceso, obligando a la aceptación epidérmica de lo italiano a causa de su proyección emblemática, del que se extrajeron un buen número de estilemas, sin conciencia de su valor semántico, ni de su ubicación diacrónica en el código clásico.

Para concluir con el tema de los medios de introducción del clasicismo en la arquitectura mallorquina, es preciso destacar el ascendiente del grabado en la difusión de los repertorios decorativos, provocando entre los artífice isleños un mayor acercamiento a la vanguardia italiana. El canal mediador de estos registros se configuró en torno al contacto peninsular, siendo la estampa veneciana, así como la obra de los italianos Fra Antoni de Monza y Nicoletto Rosex de Módena, las principales fuentes de inspiración (2).

LAS PRETENSIONES PARLANTES DE LA DECORACIÓN ARQUITECTÓNICA RENACENTISTA

Argumentada ya la existencia de dos variables para definir el comportamiento modal del renacimiento en la arquitectura insular, a partir de la convivencia de las tipologías espaciales y sistemas constructivos medievales con una gramática ornamental de filiación clasicista, estamos en condiciones de abordar seguidamente la naturaleza, formas visuales y significación de la decoración arquitectónica renacentista en consideración a su trascendencia iconográfica.

Desde la intervención paradigmática de Juan de Salas en la catedral de Palma, el nuevo sistema plástico se convirtió en protagonista indiscutible de la renovación edilicia, de tal modo que desde la década de 1530 fueron numerosos los edificios, fundamentalmente residencias urbanas, que como consecuencia de remodelaciones y reformas, vieron transformar la ¡casticidad de sus fachadas mediante un revestimiento decorativo de sabor clasicista.

Portales y ventanas se convirtieron en el soporte más codiciado por los escultores locales, experimentando en ellos toda suerte de repertorios que eran sometidos paulatinamente a la autoridad compositiva del orden clásico.

La modulación ornamental vino pautada por principios de horror vacui y acumulación semántica acoplada a los elementos tectónicos de definición; por ello, columnas, pilastras, frisos y coronamientos, pasaron a acoger diferentes modalidades de fustes, capiteles, grutescos, arabescos, guirnaldas, formas humanas, híbridos y medallones.

A efectos de caracterizar la naturaleza del ornato en la arquitectura mallorquina, podemos recurrir a dos fórmulas conceptuales: por un lado, la heterodoxia sintáctica; por el otro, su definición cognoscitiva. Conscientemente rehuimos el tópico del anticlasicismo para calificar las formas gramaticales usadas por los decoradores insulares, por cuanto el vocabulario empleado procedía de los estilemas clasicistas del alto renacimiento, los cuales eran imitados indiscriminadamente y sin intención conculcativa; no obstante, conviene aludir a la diversidad de las fuentes empleadas y al sentido arbitrario con que inicialmente se aplicaron los registros decorativos.

Al respecto, recordemos que, si bien los primeros repertorios utilizados anotaban una dependencia mimética respecto a los introducidos por Juan de Salas, a medida que transcurría el siglo, los artífices locales fueron adquiriendo mayor seguridad en el tratamiento del ornato renacentista, lo que les permitió iniciar un proceso de individualización, cuyo resultado fue la renovación de los modelos iniciales, de acuerdo con los principios de acumulación formal y extensión espacial anteriormente citados.

Al definir la naturaleza del ornato renacentista en la arquitectura mallorquina, hemos aludido también a su proyección semántica y, en consecuencia, cognoscitiva. Esta afirmación no sólo debe entenderse a partir del compromiso con la nueva idea de naturaleza que suponía la adopción de repertorios renacentistas, sino también a efectos de su modulación como emblema social.

Ahora bien, el uso del orden clásico como vertebrador espacial recurrente a la idea del decoro, o la aplicación del grutesco y de las formas híbridas como expresión de un naturalismo mutante, resultaría en el panorama artístico mallorquín de la segunda mitad del siglo XVI un análisis evidentemente forzado, dada la ausencia de reflexión teórica acerca del sistema regular; no obstante y a pesar de esa actitud esquiva en el plano teórico, la asiduidad en la práctica artística renacentista provocó paulatinamente una cierta sensibilización de los artistas respecto al trasfondo estético que comportaba su empleo, el cual no adquirió un perfil algo más consistente hasta el devenir del manierismo, mientras que en esta segunda mitad de siglo sólo alcanzó a manifestarse conscientemente en términos iconográficos, llegando a dotar a un gran número de fachadas con formas parlantes.

Anteriormente ya hemos señalado la circunstancia de que fuera la arquitectura civil de carácter residencial la que acogiera las primeras manifestaciones renacentistas, circunstancia explicable por dos razones. La primera, por el proceso de acercamiento que la nobleza mallorquina había emprendido respecto a la corte castellana desde la instauración dinástica de los Austrias, cuya traducción inmediata fue el interés demostrado hacia la nueva cultura artística patrocinada por la autoridad monárquica, así como su instrumentalización representativa en el ámbito de las viviendas urbanas. La segunda, nos remite a la práctica paralización de la actividad constructiva religiosa en Mallorca a mediados del siglo XVI, no siendo hasta la puesta en marcha de la acción contrarreformista cuando se iniciaría un importante proceso de reactivación. Por ello, el análisis de los repertorios temáticos renacentistas procedentes de la arquitectura insular, ha de circunscribirse fundamentalmente a las residencias señoriales urbanas (3).

Edificios como las casas palmesanas de la familia Verí, la actual casa Cirera, la de los Vivot en la calle Morey, y la de los Fuster de S'Estorell, Descós, Sureda-Zanglada, Truyols y Dezcallar, constituyen testimonios elocuentes del cambio de orientación artística.

En casi todas las residencias citadas, el esquema compositivo anota el influjo de Juan de Salas, recurriendo para las ventanas a una organización volumétrica articulada mediante un alféizar de sostén, sobre el que se asientan sendos soportes clasicistas con un entablamento de definición. A su vez, los portales, siempre interiores, se configuran mediante plintos y peldaños de los que arranca la concatenación vectorial del orden clásico.

En el capítulo decorativo, los registros seleccionados derivan también de los de Juan de Salas tal como puede colegirse del uso de las columnas anilladas, grutescos, híbridos y véneras. Igualmente la láurea, que presumiblemente adoptara Juan de Salas en el año 1529 para enmarcar la efigie del emperador Carlos V como remate de una ventana perteneciente a la casa Juny (fig. 1) -originalmente en la calle Zavellá y hoy en el palacio March-, fue un motivo al que se recurrió con frecuencia como soporte de discursos figurativos, del cual más tarde derivaría el medallón, sirviendo ambos como encuadre heráldico o alegórico sobre ventanas y portales (fig. 2).

De los numersos ejemplos existentes en Palma, destacamos por su mayor desarrollo iconográfico; en primer lugar, el bajorrelieve de la antigua Universidad Luliana, actualmente sobre el portal de ingreso del Estudio general Luliano, el cual contiene los emblemas de la institución en el interior de una guirnalda circular a la que rodean cuatro ángeles; en segundo lugar, la láurea que acoge la divisa familiar de los Vivot, la cual es atada por dos salvajes, localizándose sobre el dintel de una ventana gótica en la fachada correspondiente al número 8 de la calle Morey (fig. 3).

Pero no sólo los escudos familiares cumplieron una función iconográfica en la ornamentación renacentista, ya que cabe reseñar también algunas recreaciones de programas humanistas en forma de citas parciales como, por ejemplo, en las ventanas de la planta baja, sitas en el número 23 de la calle Palau Reial, con alusiones a las edades del hombre, o como en el portal del patio correspondiente al palacio Verí (fig. 4), en donde se representa la doble condición de intelectual y militar, coincidentes en la persona de Antonio Verí, promotor de la reforma llevada a cabo en su palacio. Otras veces la sugestión humanista reviste pretensiones humanistas más complejas apoyándose en el uso de leyendas; así, en el portal del zaguán de la ya mencionada casa Vivot (fig. 5), aparecen bajo el alfiz dos figuras femeninas de medio cuerpo ricamente vestidas y adornadas, con un dedo sobre los labios, mientras que con la otra mano sostienen una filacteria que las rodea, ostentando cada una de ellas las siguientes inscripciones: TV.NUBE:ATQUE TACE / DONANT:ARCANA:CYLINDROS (Cásate y calla. El silencio te proporcionará alhajas), en clara referencia a la actitud de la mujer en la relación conyugal de acuerdo con el epigrama de Marcial (4).

Tema similar figura también en un capitel perteneciente a la casa Villalonga en la calle Fortuny, actualmente en el Museo de Mallorca, cuya filacteria reza: 1554.PRUDENTIA CONIUGES.1554 (Casados, sed prudentes), lo cual se completaba con el nombe del entonces propietario: PRIAM DE VILLALONGA, inscrito sobr el dintel de la puerta.

Cita alegórica a la virtud de la caridad, reforzada también por una leyenda, la hallamos en una ventana de la casa Amer en la calle Gloria, cuyo remate está configurado por un medallón que recrea el tema de la caridad mediante una mujer amamantando a dos niños y la inscripción: DATA EST DE SUPER/ CHARITAS, significando la entrega total como expresión de la caridad.

Finalmente, puede anotarse la existencia de un ciclo temático completo articulado en clave simbólica, cuyo testimonio excepcional nos lo ofrece la fachada del palacio Dezcallar en la calle Sol (fig. 6), datando su fábrica de mediados del siglo XVI, según la inscripción que figura en una de las ventanas: EN 1556 SE FEREN LES FINESTRES.

La disposición asimétrica del portal de ingreso y el diseño de arcos conopiales adoptados para el desván, contrasta con la modulación renacentista de las ventanas, las de la planta noble fragmentadas en cuarterones al modo francés. Asimismo, la inclusión de formas híbridas y humanas en las columnas del primer piso, nos permiten observar los avances obtenidos en el campo ornamental a través de una sintaxis acumulativa recurrente a formas de naturaleza diversa.

Sobre las cinco ventanas de la planta noble aparecen otros tantos medallones con representaciones alegóricas de las Virtudes, de las cuales la cuarta contiene además la leyenda: CHARITAS DE SUPRA, remitiéndonos el conjunto a la idea del palacio como mansión del guerrero por medio de la exaltación moral, lo que se justificaría en razón de la profesión castrense de su propietario, el capitán Pedro Abrí-Dezcallar (5).

EL TRATADO DE SERLIO Y LA FORTUNA DEL RÚSTICO EN LA ARQUITECTURA MANIERISTA

Desde un punto de vista cronológico, la aparición y desarrollo de las formas manieristas en Mallorca puede situarse entre 1590 y 1625 aproximadamente. A este período deberá añadirse una fase de mantenimiento de algunos de sus estilemas en convivencia con otros modos gramaticales, que se prolongó hasta la década de 1680.

Históricamente no puede justificarse la adopción del gesto manierista en nuestra isla por ninguna causa singular, ya que obedeció más bien a un proceso evolutivo, cuyo punto de partida vino determinado por el progresivo arraigo de la ideología humanista y su homónima renacentista en el campo de las artes plásticas. Cabe recordar, sin embargo, la impronta contrarreformista como mecanismo que agilizó la consolidación del sistema clásico, incentivando el uso irreflexivo e indiscriminado de repertorios procedentes del manierismo italiano.

Atendiendo a la desigual disposición de los centros productores y receptores respecto a los códigos artísticos, deberemos admitir que mientras para Italia el manierismo significó la objetivación de una corriente de gusto gestada en plena crisis quinientista, para Mallorca la presencia del manierismo discurrió por parámetros bien distintos, representando la fase más concluyente del renacimiento, cuya adopción tardía, su definición ornamental y la ausencia de discurso teórico, impidió la existencia de un período de consolidación vernácula que se hubiera correspondido al renacimiento pleno, y que en gran medida hubo de asumir el manierismo.

Precisadas, pues, estas observaciones iniciales, consideremos la actuación arquitectónica del manierismo insular como última secuencia del renacimiento, de ahí que estuviera condicionado por una problemática similar, heredando su ambigüedad y su falta de compromiso histórico, lo que se tradujo tan sólo en una actuación práctica, modulada fundamentalmente en términos decorativos.

El empleo mimético e inconsciente de morfemas italianos, propició la incorporación de recursos manieristas sin codificar, que únicamente por reiteración llegaron a adquirir una cierta voluntad modal, insuficiente no obstante para alcanzar una posición predominante en el panorama artístico mallorquín, donde las formas tradicionales continuaban mostrando su efectividad y vigencia.

A partir de la década de 1590, puede detectarse en la arquitectura insular la presencia de registros manieristas supeditados aún a conjuntos ornamentales renacentistas.

El ascendiente de la obra teórica de Serlio en el portal mayor de la catedral de Palma, materializado en los enrollamientos de las cartelas, en los soportes antropomorfos, o en los capiteles monstruosos, nos permiten designar a este tratadista boloñés como el más directo responsable de la tendencia ornamental que pautó la penetración del manierismo en la arquitectura mallorquina. Afirmación ésta que puede corroborarse en las columnas antropomorfas, iconográficamente identificables como Adán y Eva, situados en la puerta principal de la casa Salas en la calle San Felio de Palma.

En ambos casos la definición parlante de la ornamentación nos retrotrae a un comportamiento predominantemente renacentista, donde la pretensión simbólica a través de un elaborado discurso narrativo, como exaltación del misterior de la Inmaculada Concepción en el portal catedralicio (6), y como mansión humanista en la casa Salas (7), constituyen testimonios del tránsito hacia el manierismo pleno, el cual concentraría sus esfuerzos, más en la resolución de los problemas formales que en la argumentación temática.

El orden rústico de derivación serliesca, en sus versiones almohadillada y de incrustaciones, polarizó la actividad constructiva civil durante las dos primeras décadas del seiscientos, llegando a imponer un nuevo sentido compositivo a la organización espacial; por ello sólo la presunción connotativa atribuible al rústico desde una lectura modal, nos permite sugerir una interpretación más compleja, truncada en cualquier caso por la conducta imitativa e irreflexiva de la que hicieron gala los decoradores mallorquines.

Excepcionalmente hallamos en el panorama del manierismo insular tres construcciones con una explícita voluntad iconográfica: las fachadas de casa Pavese y del palacio episcopal, y la puerta del muelle.

El frontis de casa Pavese (fig. 7), reformado a partir del año 1606 a instancias del jurista y mercader genovés Juan Francisco Pavese, recurre a una actuación volumétrica del ornato como enmascaramiento de la organización medieval preexistente. Columnas fajadas y mascarones antropomorfos actúan entretejiendo una imagen de indefinición y engaño visual de tal consistencia, que difícilmente pueden parangonarse a ninguna otra obra del manierismo local, a lo que sin duda contribuye con singular eficacia la leyenda sobre el dintel de la puerta: P.P.P. IO FRANCISC'PAVESI'VID I.I.I,, y la inscripción FUNDO bajo el escudo, cuya interpretación nos remite al testimonio personal de su promotor, de tal manera que en el epigrama del dintel observamos en latín su nombre y profesión, ya que el VID debe leerse como "utriusque iuris doctor" (doctor en algún derecho). Las letras que delimitan la leyenda se corresponden a las iniciales del primer nombre y del apellido, repitiéndose por tres veces e invirtiendo el orden habitual de su colocación. Por su parte el FUNDO, gerundio del verbo latino "eo" (ir), remitiéndonos a la tradición literaria de Ovidio o a los epigramas de Virgilio que le conceden la significación "viajando", parece aludir a la faceta de mercader del mencionado Pavese (8).

En cuanto a la fachada del palacio episcopal (fig. 8), concluido en el año 1616 por iniciativa del obispo Simón Bauzá, responde formalmente a una concepción clasicista de carácter reductivo y purista, cuyo núcleo compositivo viene determinado por el portal de ingreso, el cual ha sido modulado a partir del rústico en su modalidad de incrustaciones, tema éste popularizado por la tratadística nórdica. La definición parlante de raigambre humanista, queda circunscrita a la leyenda sobre el friso superior sin establecer un discurso dialéctico con el tratamiento formal: AD DEI LAUDEM ET PATRIAE DECOREM FR. SIMON BAUCA ORD. PRAED. EPS. MAIORI, 1616 (para alabanza de Dios y ornato de la patria. Fray Simón Bauzá. Orden Predicadores. Obispo de Mallorca. 1616).

Finalmente, la puerta del muelle, de formato rústico y erigida en el año 1620 en el contexto de las obras correspondientes al último cinturón amurallado, incorpora un programa de filiación concepcionista conformado por una imagen de bulto de la Virgen situada sobre la clave del arco, a la que acompañan en las enjutas dos bajorrelieves representando sendos ángeles portadores de filacterias, en las cuales figuran las siguientes inscripciones: "S. Bernardin, tota pulchra est anima mea / Et macula originalis culpae non fuit in te." Confirma la iconografía mariana de esta puerta la leyenda del dintel, cuyo encabezamiento reza así: "Alabada sea la Inmaculada Concepción de la V. Madre de Dios, Señora Nuestra."

 

NOTAS

(1) La crónica de esta histórica visita fue recogida por J. Gomis, Llibre de la benaventurada vinguda del Emperador y Rey Don Carlos en la sua ciutat de Mallorques (facsímil), Palma, 1973 (1542).

(2) S. Sebastián, "Arquitectura del Protorrenacimiento en Palma", Mayurqa, VI (1971), p. 10.

(3) De excepcional puede calificarse el diseño renacentista de la puerta principal del oratorio de San Felio en Palma, explicable sin embargo por su función de capilla privada perteneciente en el siglo XVI a la familia Burgues, a cuya iniciativa se debe la renovación de la fachada principal a fines de siglo.

(4) G. Alomar, "Antiguas inscripciones lapidarias en las calles y patios de la ciudad de Palma", Papeles de Son Armadams XVII, núm. L (1960), p. 190.

(5) S. Sebastián, ob. cit., pp. 29 y 30.

(6) S. Sebastián, "El programa simbólico de la Catedral de Palma", Mayurqa II (1969), pp. 14-18.

(7) S. Sebastián, Arte y Humanismo, Madrid, 1978, pp. 95-97.

(8) M. Gambús, "La recreación de un modelo manierista italiano en Palma: La fachada de casa Pavese "Ses Carasses"", Estudis Baleàrics, 27 (1987), 63-70.