CUADERNOS DE ARTE E ICONOGRAFIA / Tomo II - 3. 1989
 

 

LA ESCALA DE LA VIDA EN EL ARTE Y EN LA IMAGEN POPULAR

Pedro J. Lavado Paradinas

Desde Noruega a Italia y desde Francia a Grecia, por trazar unos parámetros más o menos precisos en el marco europeo, se puede hablar de la existencia de unas estampas populares que a manera de puente escalonado representan la llamada Escala de la Vida o las Etapas de la vida del hombre. Entiéndase éste como ser genérico, ya que tanto hombres como mujeres son los sujetos representados en tales imágenes.

Algunos estudiosos de la estampa popular afirman que no es éste un tema que pueda dar más allá de algunas manifestaciones ingenuas y devotas. O, como afirma Toschi, poco podemos imaginarnos lo que con similar tema hubieran realizado Miguel Ángel o Leonardo (1). Naturalmente, este autor ignoraba entonces que algunas figuras del grabado como Amman o el mismo Holbein hubieran sentido inclinación por el tema (2).

Estas estampas populares siguen existiendo en algunas viviendas griegas, de las cuales he recogido un par de ejemplos, alusivos al hombre y a la mujer y otro genérico alusivo al hombre en general que fuera grabado por un tal Lelou en este siglo y firmado de su puño y letra (fig. 6). Más abundantes son los grabados de este tipo que salieron de la imprenta Pellerin de Epinal (fig. 8). De ellos hay muestras frecuentes en algunos museos de artes y tradiciones populares o en los abundantes museos al aire libre del norte de Europa, donde adornan algunos dormitorios o salas de las viviendas rurales.

El tema iconográfico que repiten todas estas estampas, es el del puente escalonado, en el que cada peldaño equivale a un decenio de la vida, presidiendo su parte más elevada la edad de cincuenta años, que marca la mitad de la edad de 100 años y que viene a corresponder al momento supremo del desarrollo humano, social y económico. La representación escalonada es idéntica para el hombre y para la mujer, diferenciándose tan sólo éstos en los símbolos animales y vegetales que les acompañan y en las modas de vestir, según la procedencia geográfica o la cronología. Hay que constatar, sin embargo, que en las estampas más recientes muchos de los aspectos de la simbología que acompañaba a los grabados originales han desaparecido, sustituidos cada vez más por elementos religiosos cristianos. Bajo el arco de este puente hay dos tipos de escenas: una, la alusiva al Paraíso Terrenal, caso de los grabados griegos, y en otros casos, representaciones del Juicio Final o estampas del Nacimiento y la Muerte. Frecuentemente, estos temas llevan filacterias y cartelas que recuerdan textos bíblicos como el de Vanidad de Vanidades, Juicio Universal, o El Ojo de la Justicia está observando todo. Han venido, han visto y se han ido.

Un librito publicado en Madrid en 1814 con el título: Recuerdos a la vida mortal, desde la cuna al sepulcro en quince edades, adaptadas a sus láminas en metro poético por D.A.R.I. (3), ofrece una variante en el tema iconográfico numérico, si bien las representaciones tienen múltiples concomitancias con estas estampas, como en el caso del reloj o en la etapa infantil y en la segunda infancia, acaecida en la ancianidad.

Más importantes iconográficamente son los grabados medievales que conocemos o los ya renacentistas (4) . El que cita Van Marle, atribuido al maestro de las filacterias (fig. 3) en 1460 (5) muestra la presencia de los animales: cabrito, toro, halcón, león, zorro, lobo, ¿gato?, perro, asno, oca. Éstos, con ligeras variantes, aparecen en el grabado de 1540 de Holbein (6), en el que ya el joven de veinte años aparece con un ternero, al igual que en el grabado de Animan de 1599, mientras que en el,,de 1580 se muestra aún con el halcón (7) (figs. 1, 2 y 7). También hay una alternancia en los animales que simbolizan los setenta y ochenta años, cambiándose de lugar el gato por el perro, tema que se mantiene en ambos casos de Amman y en el ejemplo de Holbein.

En el caso de la mujer, no conozco imágenes anteriores a las de Amman que tanto en su versión de 1580 como en la de 1599 representa los siguientes animales: ¿pájaro?, paloma, pavo, gallina clueca, grulla, ganso, águila, lechuza, murciélago y topo. Curiosamente casi todos animales voladores, si bien los dos últimos mamíferos.

El simbolismo animal se mantiene de forma aproximada en el grabado de Baltasar de Talamantes de fines del siglo XVIII y del que existen ejemplares, tanto en la Biblioteca Nacional de Madrid como en el Museo de Bellas Artes de Valencia, pertenecientes a la Real Academia de San Carlos y procedentes de la antigua imprenta Villalba-Barceló (8). Tal sólo existen las variantes del joven de 20 años acompañado de un potro, el hombre de 50 años con un corzo y el anciano de 90 años con un niño. Las otras edades: 60, 70 y 80 años recogen los mismos animales, si bien en un cierto orden diferente: lobo, perro y gato, respectivamente (fig. 5).

Un cuadro toledano de 1610, recogido por Sánchez Camargo en su libro La muerte y la pintura española, muestra también el tema simbólico animal, unido a los decenios de la vida humana (9). Similares ejemplos son también cotejables en los grabados italianos renacentistas, originados por tal temática (10).

Por lo que respecta al simbolismo vegetal, algo puede verse en casi todos los grabados o al menos la relación con el árbol floreciente y con hojas de la escala ascendente y el seco y medio muerto de la escala descendente. Es sin embargo, en los grabados de Animan donde hay una más rica muestra floral, tanto para el hombre como para la mujer. En los grabados individualizados de 1580 y 1.599 puede seguirse un paralelo de la vida humana, desde los tallos y plantas de la edad infantil y juvenil a los árboles cargados de frutos del mundo adulto que en el caso del hombre llega a prolongarse hasta los 60 años. Todo este simbolismo vegetal concluye en la repetida imagen del árbol seco y sin hojas (figs. 1 y 2).

Si bien este tema. vegetal no existe en Holbein, sí es perceptible en algunos grabados del siglo :XVI y en otros mencionados posteriores, como en Marx Anton Hannas (1625) que guarda una importante similitud con la temática de Amman (fig. 7).

Se hace evidente que el tema floral y los frutos, al igual que los animales con sus crías, son ejemplos que tienen mucho que ver con la escala de la vida de la mujer y en ella es curioso constatar las ideas del momento con respecto a la función social desempeñada y su papel familiar.

Hay, como señalaba al principio, diferencias entre una valoración terrenal y un éxito en el mundo, que por lo general está adjudicado al hombre, al igual que el papel de la procreación y el amor a la mujer, mientras que por otro lado hay estampas que inciden más en lo piadoso y devoto. Al resultar que en las primeras hay una mayor relación con el mundo centroeuropeo y protestante, de la misma forma que con las segundas hay una mayor relación establecida con el pensamiento católico, podría hablarse de dos formas de interpretar la vida y la muerte, sin radicales diferencias.

Todo ello nos llevaría a analizar el concepto de vida y muerte en las diferentes etapas de los grabados, o a establecer paralelos iconológicos. Pues no hay que olvidar que el tema de las edades del ser humano parece ser un concepto que atañe a más de una cultura, si bien las diferencias establecidas por el tema numérico o por el fin y meta de la vida humana pueden ser varias. Así, en una cultura oriental como la hindú, el límite de la edad humana corresponde también al cien y en ese devenir de los años, el hombre debe practicar el Dharma, el Artha y el Kama en sus diferentes momentos. En la juventud y madurez, el hombre deberá ocuparse de conseguir el Artha y el Kama, esto es, la adquisición de las artes, el dinero, la riqueza, los bienes y los amigos en el primero de los apartados y el placer de los sentidos, su disfrute y la relación entre el sentido y el objeto en el segundo de los apartados. De esta manera, el hombre llegará a la vejez habiendo cumplido sus metas y satisfecho sus necesidades, para lo que entonces sólo le quedará adentrarse en el conocimiento del Dharma, lo que le permitirá ganar finalmente el Moksha o dispensa de una posterior transmigración (11).

Sería muy importante establecer una comparación entre las etapas de la vida del hombre y sus paralelos animales, para ver si en algún caso se repite una escala idéntica o similar en lo que respecta a las diferentes transmigraciones en animales que reconoce el mundo hindú. Pero a falta de mayores pruebas o textos que confirmen tal hipótesis, tenemos que remitinos a la imagen de la escala de la vida y edades del hombre que recogen algunos textos hebreos, con origen posiblemente hacia el siglo VIII-IX y edición en el siglo XVI. En ellos la vida humana se articula en siete etapas, correspondiendo cada una de ellas a un diferente animal o ser.

Los ejemplos de estas imágenes tuvieron una singular acogida entre los grabadores del Renacimiento, pues de la misma manera que conocemos mínimos ejemplos del mundo medieval, reduciéndose a lo recogido por Van Marle, hay numerosos casos, con mayor o menor detalle ornamental, a los largo del siglo XVI (12): Holbein, en 1540; Agostino dei Musi o Agostino Veneziano, antes de la mitad del siglo; Pieter Jalhea Furnius, en la segunda mitad del XVI; Gerard P. Groenning, en la misma época, y Hieronymus Wiericx, a fines de siglo, son algunos de los más importantes ilustradores del tema (13). Otro tanto podría decirse de Cristóbal Bertelli, que sigue un grabado de Cornelis Tenniqsen de Amsterdam (14) o ya los posteriores ejemplos de Marx Anton Hannas (1625), el artista toledano que realizó su obra hacia 1610 y el Monogramista I R (1702). Pero no todo se reduce a la imagen grabada y a la gran influencia ejercida por la obra de Jost Amman, en sus ediciones de 1580 y 1599 (15), ya que existen algunos ejemplos de tal temática en pinturas murales de iglesias suecas. Uno de estos casos, y posiblemente el de mayor interés, es el de la iglesia de Vardsberg, en Linköping (fig. 4), que fue decorada en 1615 por un pintor llamado Mats Maler con un tema de la Historia de la Salvación (Creación y Juicio Final) y la Historia del ser humano desde la cuna a la sepultura en once imágenes y donde se recoge el tema ya descrito de las etapas de la vida del hombre y de la mujer, acompañados de los atributos animales y algunos de carácter vegetal. La influencia de Amman y de alguno de los grabados citados es más que evidente.

En la iglesia de Lunden, en Dithmarschen, que se quemó en 1834 y que conocemos por una acuarela del siglo XVII de la Biblioteca Real de Copenhague, sabemos que existían pinturas similares y que pueden atribuirse a otro artista que parece ser que usó allí directamente los grabados de Amman. en ediciones de Nuremberg de 1604 y 1614 (16).

La pervivencia de estas imágenes a partir del siglo XVIII se da en la compañía de textos que cada vez más inciden en lo piadoso. Entroncando de esta manera con las estampas populares que conocemos del siglo pasado y de inicios de éste y que tuvieron un singular arraigo en las viviendas campesinas. Tanto los ejemplos mostrados de Epinal o los recogidos en Atenas, firmados por Lelou, son tan sólo muestras con variantes de los existentes en algunos núcleos rurales y de los que se conservan en Museos de Artes y Tradiciones populares (figs. 6 y 8).

En España, este tipo de grabado gozó de una cierta difusión en Levante, posiblemente gracias a la obra de Baltasar de Talamantes (17) , de la misma forma que también fue conocido a través de algunos libritos de devoción como el ya mencionado de 1814 (18).

Los textos que acompañan los grabados suelen ser pequeños poemas en pareado y tercetos, quizás determinados por el espacio que permiten las estampas y por su situación en los peldaños de las escalas, filacterias y orlas. En los más populares la rima se convierte en ripiosa o rimbombante, según los casos. Se juega con los elementos iconográficos animales y vegetales recogidos en la imagen y en algunos casos, como el grabado de Amman de 1580, se puntualiza el animal-símbolo que acompaña. No quisiera repetir alguno de los textos que ya estudié en otra ocasión y que pueden ser cotejados más completamente en mi trabajo "Fuentes iconográficas de la Escala de la Vida" (19). Tan sólo haré mención de algunas estampas encontradas más recientemente y que he traducido del griego (20) o los textos que ha publicado Elena Romero acerca del Yesirat Havalad, que en traducción más o menos libre corresponde a las edades del ser humano (21). Capítulo que se recoge en algunos tratados hebreos como el Midrás Tanhuma, en el Cohélet Rabá o un manuscrito de Leipzig, publicado en 1853. El tema tuvo cierto eco en la literatura sefardí, llegando hasta la copla popular, pero no hemos de olvidar que el citado texto forma parte del librito escrito para ser leído en la noche de semirá o de "viola", que es la anterior a la circuncisión de un niño (22).

El texto hebreo tiene la particularidad de establecer un paralelo entre las edades del hombre y los distintos animales, que en este caso se reducen a siete, como número clave dentro del pensamiento semítico. No estaría muy lejos de un hipótesis bastante aproximada que haya sido la cultura hebrea la

que ha transmitido este tema oriental y que coincidiendo con las expulsiones judías de fines del siglo XV y la dispersión de éstos en Europa, el texto adquiriera un cierto interés y fuera reciclado para algunas imágenes cristianas. Ignoro si existen variantes de este texto dentro del mundo musulmán, otra de las culturas tamizadoras de Oriente con gran difusión europea, pero al no conocer cuándo entró en la tradición hebrea este comentario en los textos del Midrás o del Cohélet compilados en los siglos VIII-IX, me inclino a creer en su función transmisora y su repercusión.

Hay que tener en cuenta que los textos que ha exhumado Elena Romero del Midrás Tanhuma y del Cohélet Rabá fueron editados tardíamente en Constantinopla, en 1522, y en Pesaro, en 1519, respectivamente.

El primero de ellos dice: "En aquel instante pasan ante él siete tiempos. En el tiempo primero se parece a un rey por cuya salud todos preguntan y a quien todos ansían ver y lo abrazan y lo besan cuando tiene un año. En el segundo tiempo se parece a un puerco, que hoza en las basuras; así, va el niño hozando en la inmundicia cuando tiene dos años. En el tercer tiempo se parece a un cabritillo que va dando brincos de aquí para allá en un buen pastizal delante de su madre; así, el niño se divierte ante su padre y su madre correteando por aquí y por allá jugando, mientras todos se regocijan con él. En el cuarto tiempo se parece al caballo que deambula por los caminos, y en el momento en que llega a la adolescencia cuando tiene dieciocho años, de la misma forma que corre el caballo y se pavonea; así, el muchacho presume de su mocedad. En el quinto tiempo se parece al asno al que le ponen una albarda; así, también al hombre le ponen la suya: le dan mujer, engendra hijos e hijas y va deambulando de un sitio para otro para llevar alimento y sustentar a su prole y proveerles de todo lo necesario; ponen en sus espaldas un fardo y está cargado de hijos e hijas cuando llega a los cuarenta. En el sexto tiempo se parece a un perro, que va con descaro de aquí para allá, pues va tomando de uno y dándole al otro sin avergonzarse. En el séptimo tiempo se parece a un mono, pues se ha vuelto su figura diferente a la de todas las criaturas; todo lo pregunta, come y bebe como un niño y juega como un crío, volviendo a la adolescencia en juicio pero no en lo otro; incluso sus hijos y las gentes de su casa se burlan de él y lo insultan y lo aborrecen; cuando dice algo le responden: "Dejadlo, pues es al tiempo un niño y un viejo"; se parece a un mono en cuanto hace y dice, y hasta los niños se burlan de él y lo convierten en un juguete; e incluso un gorrión le desvela de su sueño."

El segundo de los textos dice de forma más resumida: "Las siete vanidades que dijo Cohélet corresponden a los siete tiempos que el hombre contempla. Cuando tiene un año se parece al rey sentado en un lecho con dosel y todos lo besan y abrazan. A los dos y tres años se parece a un puerco, que tiende su mano en los caños. A los diez salta como un cabritillo. A. los veinte es como un caballo relinchante que engalana su persona ansiando una mujer. Toma esposa y ciertamente es como un asno. Engendra hijos, se vuelve descarado como un perro para llevarles pan y alimentos. Envejece y ciertamente es como un mono."

Otras versiones similares se recogen en estos artículos y en ellas se incide en las mismas etapas y animales simbólicos, de la misma forma que en una copla sefardí de Hayim Yom-Tob Magula que conocemos a través de un librito aljamiado publicado en Salónica en 1787. Quizás sea en las palabras de Yehudá ben Tema, recogidas en el tratado misnaico Pirqué Abót, donde se recoge de manera más sintética y aproximativa a la división occidental, el tema de las edades del hombre: "De edad de çinco años al texto, de edad de diez años a la misná, de edad de treze a las encomendanças, de edad de quinze al talmud, de edad de deziochó al talamo, de edad de veinte a perseguir, de edad de trenta a la fuerça, de edad de quarenta al entendimiento, de edad de cincuenta al consejo, de edad de sessenta a la vegez, de edad de setenta a la caneza, de edad de ochenta a, la barragania, de edad de noventa a la fuessa, de edad de çiento como si fuera muerto, y passado, y baldado del Mundo."

Se hace más que evidente que no sólo los paralelos con los animales, sino incluso algunos textos tienen similitudes estrechas que nos hacen afirmarnos en la creencia de estas relaciones e influencias.

Los textos griegos de las estampas populares, recogidas en este trabajo, vienen a aportar expresiones muy cercanas, si bien hay una cierta pérdida de simbología e incluso se dan algunos aspectos iconográficos más cercanos a la realidad griega, sea en indumentaria o en el uso del komboloi en lugar del rosario que aparece en los ancianos de de las estampas antiguas.

Estos son los textos traducidos, si bien no ha sido posible conservar su retórica y su rima que en algunos casos se hace altisonante y muy sentida (en la Escala de la vida del hombre): "1 año: Nació chico. ¡Oh milagro de Dios! Las hadas alfombran con flores su vida. / 10 años: No tienen secretos los primeros años y hacen ruido como el aletear de golondrinas. / 20 años: El amor ha herido su corazón. Este cambio no lo había sentido antes. / 30 años: Los pensamientos le apresan en sus garras, pero las alegrías de la casa le hacen descansar. / 40 años: Una fuerza le empuja como borrachera para encerrar en su mano el mundo entero. / 50 años: Aquí ha subido tan alto que le llega el momento de ganar la corona del trabajo. / 60 años: Ahora pasa el tiempo más rápido, pero dentro de su corazón, oculto, trabaja el dolor. / 70 años: Con una vida simple y medida, su angustia olvida y espera. / 80 años: Su esperanza son sólo los recuerdos que se enredan en el komboloi (rosario) de ponerse el sol. / 90 años: Otra esperanza no tiene que aguardar a la meta de su vida, que ya está a punto de cruzar. / 100 años: Ahora ha terminado todo, pero la esperanza brilla en su alma como rayo eterno."

(En la Escala de la Vida de la Mujer): 1 años: Los ojos de la pequeña se abren ante la escala de la vida. / 10 años: Es una niña inocente, el mundo la asusta, pero madura con las muñecas sin ninguna preocupación. / 20 años: Apetitosa, su corazón está esperando el hombre que le haga feliz. / 30 años: Madre, en el fruto del amor encuentra la salvación y alegría. / 40 años: Hasta que crezcan sus hijos a su lado, vive unos buenos años. / 50 años: En la mitad de la vida y la primera nieve de sus canas. Su meta y su sueño es estar al lado de sus nietos. / 60 años: Se va el tiempo y su cuerpo se inclina en un destino pesado que ya llega. / 70 años: Han crecido sus nietos queridos, sacados adelante entre sus manos: / 80 años: En el fin de la vida le quedan los recuerdos más dulces y añorantes. / 90 años: Sola en su destino y abandonada se queda a la espera de Dios. / 100 años: El ciclo está cerrado. ¿Quién sabe? No han terminado los caminos del creador."

Una tercera estampa que recoge La Vida del Ser humano, combina ambos temas, envuelto en una filacteria que dice: "El ojo de la Justicia está observando todo. Han venido, han visto y se han ido.": "Nacimiento: Has llegado al camino de la vida y estás sin maldad. En tus ojos crees que todo es felicidad y alegría. / 10 años: Fluyen los años. ¡Chico, corretea sin preocupación y no te asuste la vida! No hay razonamiento. / 20 años: Ya llega la dulce hora que vive en la esperanza. El amor le domina como rayo brillante. / 30 años: ¡Mira!, con familia ya. Él coge la vida con capacidad. Todo lo piensa rectamente y no vive en la fantasía. / 40 años: Está cimentado fuertemente y está trazando su vida. Sus manos fuertes han domeñado la tierra. / 50 años: Como una estrella está en el centro del firmamento y la gloria le adorna, el conocimiento le guía y le protege la experiencia. / 60 años: Se van los años y los bienes y su pensamiento está maduro. Su fuerza da el último aliento y el tiempo le asusta. / 70 años: Sus pasos resuenan despacio y cansados. En su recuerdo pasan lentamente todas las cosas vividas. / 80 años: El razonamiento da su último aliento. Le alcanzan horribles dolores y la memoria no le ayuda. Los años le pesan. / 90 años: Un ¡ah, si pudiera salir de la vida sin dolores! El alma está vieja y la tristeza le ahoga. / 100 años: Te vas. Ha llegado el momento crítico y la vida te deja. Lentamente inclinas la cabeza y el candil empieza a apagarse chisporroteando."

Estos son tan sólo algunos de los textos e imágenes populares que repiten el tema iconográfico de las Edades del Ser Humano, tanto hombre como mujer. En todos ellos pueden percibirse sueños, ambiciones o creencias que a su manera configuran una forma de ser. Queda aún mucho por determinar en cuanto a orígenes, símbolos y textos, porque posiblemente nos encontramos ante un tema iconográfico de gran importancia, no en vano pretende definir toda la vida del hombre.

 

NOTAS

(1) Paolo Toschi, Limagerie populaire italienne au XV, siécle au XX siécle, París, 1964, pp. 124-125 (fig. 104).

(2) Pedro Lavado, "Fuentes iconográficas de la Escala de la Vidas, Universidad y Sociedad, núm. 6, Madrid, otoño 1982, pp. 263-290, 7 figs.

(3) D.A.R.I., Recuerdos a la vida mortal, desde la cuna al sepulcro en quince edades, adaptadas a sus láminas en metro poético por ..., Madrid, 1814, 60 pp., 15 láms.

(4) P. Lavado, op. cit., pp. 267-272.

(5) R. Van Marle, Iconographie de l'art profane, New York, 1971, II, pp. 160 y 165; S. Sebastián, Contrarreforma y barroco, Madrid, 1981, p. 123; Mereth Lindgren, "Eran vaggan till graven i Vardsberg", Ars Suetica 7, Acta Universitatis Upsaliensis (1983), pp. 275-291, 14 figs. (Hay resumen alemán de Rudolf Zeitler, "Von der Wiege bis zum Grabe in Vardsberg", pp. 291-292.)

(6) Ibid., pp. 284-285.

(7) P. Lavado, op. cit., p. 276 y notas 43-44, fig. 7B.

(8) Asunción Alejos Morán, "La Escala de la Vida: dos grabados valencianos del siglo XVIII", Cimal, núm. 13, Valencia, 1982, pp. 57-64; J. Carrete et al., Estampas. Cinco siglos de imagen impresa, Madrid, 1982, p. 287.

(9) M. Sánchez Camargo, La muerte y la pintura española, Madrid, 1954, pp. 111-118, figs. 27-28; p. 354, figs. 90-91; y pp. 625-630, figs. 155-156.

(10) P. Lavado, op. cit., pp. 267-271, figs. 7 A-B.

(11) Vatsyana, Kama Soutra, trad. Isidore Liseux, Tolon, 1959, pp. 19-21.

(12) R. Van Marle, op. cit., pp. citadas.

(13) P. Lavado, op. cit., pp. 267-271 (véanse textos alusivos de estas estampas).

(14) S. Sebastián, op. cit., p. 123.

(15) Ruth Mettler, Kunst und Lehrbüchlein von Jost Amman, Introducción de ..., Stuttgart, 1971, 2 vols. (facsímil y texto de estudio). Consta de 79 grabados en tres títulos y dieciocho capítulos que van de la A-R, faltanto la D. Total, 94 pp. con grabados (74 en el recto y 30 en el verso). Hay edición inglesa: E. Quayle, Jost Ammans (Kunst- und) Lehrbüchlein, (facsímil), 1971. Jost Amman von Nürenberg, Kunstbüchlin, Frankfurt, 1599, ed. de Johann Feyerabend, Nueva York, 1968, Ed. Dover, 293 láms. en XVIII+300 pp, Introducción, Alfred Werner.

(16) Mereth Lindgren, op. cit., pp. 275-278.

(17) A. Alejos, op. cit.,pp. 57-58.

(18) D.A.R.I., op. cit. Cfr. nota 3 y en P. Lavado, op. cit., pp. 286-287, notas 11-14.

(19) Ibid., pp. 263-290.

(20) La traducción ha sido realizada por Yanna Tiliakou, a quien agradezco su amable colaboración.

(21) Éste y el siguiente trabajo mencionados se hallan en prensa y se los debo a la amabilidad de su autora, Elena Romero, del C.S.I.C.
Elena Romero, "El Midrás Yesirat Havalad y sus ecos en la literatura sefardí", Sefarad, núm. 46, Homenaje a don Federico Pérez Castro, Madrid, 1986, pp. 1-14.

(22) E. Romero, "Una versión judeo?española del midrás hebreo yesirat havalad", Sefarad núm. 48, Madrid, 1988, 35 pp.