CUADERNOS DE ARTE E ICONOGRAFIA / Tomo II - 3. 1989
 

 

UN MANUSCRITO CON INSTRUCCIONES ICONOGRÁFICAS A LOS PINTORES DEL PALACIO DE EL PARDO

Rosa López Torrijos

Dentro de los estudios de iconología, uno de los capítulos más difíciles de conocer es el referente a los inventores de los programas iconográficos, personajes buscados y seleccionados con gran cuidado en un principio y olvidados una vez concluida la obra. Sobre este tema, que hemos abordado en otro lugar (1) no insistiremos ahora.

Entre los iconólogos de nuestro barroco es figura importante Pedro de Valencia, de quien sabemos, por testimonios contemporáneos, que actuó como instructor de imágenes en la decoración del palacio de El Pardo, una vez muertos Pantoja y Bartolomé Carducho (2). No obstante, las noticias conocidas hasta ahora se limitaban a su participación en el ciclo decorativo del palacio sin dar detalles más precisos sobre este trabajo.

Ahora, el hallazgo de un manuscrito de Pedro de Valencia con las instrucciones concretas a los pintores nos permiten rellenar esta laguna y conocer un documento raro y precioso para los estudios iconográficos en general.

El manuscrito a que nos referimos es el 13348 de la Biblioteca Nacional de Madrid. La parte que a nosotros nos interesa consta de diez folios numerados antiguamente del 22 al 31 y forma parte de un conjunto de escritos de Pedro de Valencia, uno de ellos firmado por el autor el 6 de enero de 1608. Proviene del antiguo manuscrito Pp-146-6 cuya existencia fue dada a conocer por Serrano Sanz en 1899 (3).

De este manuscrito existe una copia incompleta del siglo XVIII (actual 5585, antiguo Q33), igualmente en la Biblioteca Nacional de Madrid. Esta copia atribuye la obra a Pedro de Valencia y Juan Bautista Lavaña, personaje este último también conocido en el campo iconográfico del siglo XVII, principalmente por su intervención en las obras realizadas con motivo del viaje de Felipe III a Lisboa. La copia fue conocida igualmente por Serrano Sanz y a ello se debe sin duda la atribución que hace de la obra a Valencia y Lavaña.

Volviendo, pues, al manuscrito origen de nuestra comunicación, observamos que lleva en su encabezamiento las palabras Descripción de la pintura de las virtudes y a continuación el autor resume el plan de la obra: "Propongo si será bien que se pinten en la galería las imágenes de doce virtudes, las quatro cardinales accompañadas de otras ocho subordinadas a ellas, la Prudencia con la Providencia i Solertia, la Justicia con la Clemencia i la Gratitud, la Fortaleza con la Magnanimidad i la Constancia, la Templança con la Magnificencia i la Frugalidad. Del egercicio de estas virtudes se siguen como frutos dellas en los Reinos i repúblicas Felicidad, Paz, Concordia, Abundancia, Vitoria, Honra, Fama, i Eternidad. Estas virtudes i los frutos de ellas se adornan con algunos symbolos, i egemplos."

Sigue luego la descripción minuciosa de las imágenes a representar (virtudes, símbolos y ejemplos) y la explicación del significado (ff. 22-27).

Esta primera parte aparece, pues, como el proyecto presentado a la persona que debe dar la aprobación, probablemente el rey, último a decidir sobre la decoración de su palacio.

Después de esta primera parte, el manuscrito dedica tres folios (28-30) al resumen de las imágenes a representar, esta vez sin la explicación del significado y con cita de las fuentes literarias en que se basa la construcción de las imágenes recomendadas. El último folio y parte del anterior (30v y 31) se dedica a una sinopsis de las virtudes y sus símbolos, en ocasiones distintos de los indicados en la primera parte. Todo esto último sería lo dedicado más propiamente a los pintores.

Como indican las palabras introductorias de Valencia, citadas anteriormente, la propuesta se refiere a veinte virtudes, cuyas imágenes sumadas a los símbolos y ejemplos, precisarían para su estudio de un espacio del que ahora no disponemos, por lo que nos vamos a referir solamente a uno de los grupos que, por analogía, nos permite comprender la forma de realizar el programa completo.

Como el plan general distribuye las imágenes en grupos encabezados por una de las virtudes cardinales, elegiremos el primero de ellos relativo a la prudencia y a sus subordinadas la providencia y la solercia.

Dice Valencia que la figura de la prudencia ha de representarse con la imagen de Minerva con vestidura real de púrpura y oro, con un timón en la mano derecha y "añadiéndole en la cabeça una corona real que en el círculo inferior de ella esté ceñida con una guirnalda de oliva" (f. 22), mientras a sus pies ha de tener una lechuza. En la segunda parte se añade que ha de representarse en un palacio, "en pie, en un trono compuesto de tres gradas altas" (f. 28), en la más alta se colocará la prudencia y en las otras dos Solón y Pericles y Fabio Máximo y Cayo Laelio.

Como símbolos de la prudencia indica Valencia la cabeza del dios Jano y unos ánades.

Como ejemplo primero del ejercicio de esta virtud se ha de pintar a un lado Marco Porcio Catón recomendando al senado romano la destrucción de Cartago y a Publio Escipión rebatiéndole. Como segundo ejemplo se propone a Pirro recibido en Atenas con sus soldados.

Como hemos dicho al principio, el texto de Pedro de Valencia no sólo indica las imágenes a representar, sino que explica su significado. Así, refiriéndose a la prudencia, indica que lleva corona real "por el imperio y govierno que tiene en las demás virtudes, i la guirnalda por la sinificación que se le da a la oliva de sabiduría, por la luz del azeite i por otras consideraciones" (f. 22). Se pone la lechuza a sus pies "porque esta ave siendo no tan fuerte como otras, i mui inferior en buelo, con prudencia, usando de las tinieblas, alcança i vence a las demás, cogiéndolas en el sueño i tiempo de su descuido i flaqueza" (ibid.) y se le coloca el timón en la mano porque se usa para gobernar la nave.

Los personajes representados en las gradas del trono son cuatro varones señalados como prudentes en el mundo antiguo, dos griegos y dos latinos. Pedro de Valencia explica el porqué de su aparición en relación con la prudencia: "Solón fue el que dio las leyes a la República de los Athenienses, i usó de grande prudencia en ordenarlas i establecerlas de manera que las guardaron siempre los Athenienses, i de ellas tomaron los Romanos las de las doce tablas." " Pericles fue capitán de los mismos Athenienses, usó de mucha prudencia en cercar de muros a la ciudad de Athenas sin que lo supiesen ni pudiesen estorvar los Lacedemonios, i en otras muchas ocasiones se mostró prudentissimo." En cuanto a los personajes latinos: " La prudentia de Fabio Máximo es mui celebrada por aver echado de Italia a Annibal con sólo el diferir la batalla, a que fue provocado de los enemigos i incitado de sus soldados i del mismo senado Romano." En cuanto a Cayo Laelio, "tuvo por sobrenombre Sapiens, que en latín significa el Prudente, principalmente porque en la sedición de los dos ermanos Grachos, aviéndose començado a declarar por ellos, presto reconoció. el peligro a que se ponía aquel vando, i con prudencia i sin nota se retiró".

Los símbolos elegidos para la prudencia son la cabeza de Jano "con dos caras con que mira, con la uno lo pasado y con la otra lo venidero; como deven hazer los hombres prudentes". El otro símbolo son las ánades, "que para pasar el monte Taur que es mui poblado de águilas, toman piedras en el pico, con que van bolando sin soltarlas por estorvar el graznido de que suelen usar siempre que buelan: Porque no lo sientan las águilas".

En cuanto a los ejemplos, Valencia explica el pormenor de la historia, es decir, la prudencia de los personajes elegidos.

Marco Porcio Catón es elegido "persuadiendo al senado Romano después de la segunda guerra púnica que destruyesen a Cartago; Por la perpetua enemistad que era cierto avia de tener aquella ciudad a la de Roma para acometerla en las occasiones, principalmente que los Romanos después de la vitoria de Asia i la herencia del Re¡ Attalo se davan a adquirir riquezas i goçar de regalos, con que perderían el antiguo valor, i serían fáciles de vencer por un tan poderoso enemigo i tan vigilante i vecino como se podía echar de ver por la frescura de aquellos higos, que él sacó del regaço de la toga, que avía tres días se avían cogido en Cartago. Al otro lado levantándose Publio Scipión al que llamaron Nasica contradijo este parcer de Catón, i dijo que por la misma raçón del descuido con que començava a bivir ya el pueblo Romano, convenía sustentar a aquella ciudad su competidora, para que les fuese egercicio de guerra como piedra en que se afilasen los ánimos i bríos de los Romanos. Ambos consejos parecieron al senado bien considerar i dividiéronse los votos de los senadores, finalmente se decretó que no se destruyese Cartago, pero que se despoblase de aquel sitio tan ventajoso por el puerto i otras comodidades. Los Cartagineses no consintieron en esta transmigración i rompieron guerra, que fue la tercera i última con que fue destruida la ciudad de Cartago".

El segundo ejemplo propuesto es el de Pirro, rey de los epirotas, "que viniendo a Athenas fue bien recibido de los ciudadanos della i hospedado como amigo en la ciudad con su gente, i metido en la fortaleza para que la viese con sus soldados. Él lo vido y agradeció todo, i aviendo salido les aconsejó a los Athenienses que no les aconteciese otra vez semejante imprudencia de poner su ciudad i su fortaleza en la cortesía de ningún Re¡ estrangero i armado".

Precisamente para estos ejemplos de la historia antigua indica Valencia la fuente literaria consultada. Se trata de Plutarco en la vida de Catón.

Las dos virtudes que acompañan a la prudencia se han de representar, según indica Valencia, en dos cuadros.

El primero de ellos representa un país, y en una parte eminente, de pie y con el rostro levantado, mirando a lo lejos, la Providencia, vestida con una túnica sembrada de ojos y con el globo del mundo en la mano. Como símbolos propone unos alciones en su nido y unas grullas volando, y como ejemplos de su ejercicio a Hanón aconsejando tratar la paz con los romanos después de la batalla de Cannas.

Al explicar el significado de las imágenes, Valencia indica que la providencia ha de llevar una vestidura con muchos ojos "porque el officio proprio de esta virtud, i que su nombre lo sinifica, es conjeturar i ver antes que lleguen las cosas venideras para disponerlas i prevenir i tasar sus inconvenientes. Para lo qual parece que no bastan los dos ojos". Se ha de representar también con el globo del mundo en la mano "porque en su govierno se egercita la Providencia".

En cuanto a los símbolos, se eligen alciones y grullas "porque estas aves las unas i las otras preveen i se previenen para lo venidero. Los alcyones que no labran su nido sino guando saben que a de aver serenidad (en el mar). Las grullas, porque para guardarse de las grandes lluvias i tiempos ásperos se levantan altas vuscando aire quieto i no perturbado i descubren desde allí las regiones que gozan de más serenidad para irse a ellas".

Finalmente, el ejemplo de Hanón se propone porque en el momento del triunfo de los cartagineses sobre los romanos, después de la batalla de Cannas, es Hanón quien recomendó enviar embajadores a Roma para tratar la paz, " el qual consejo si lo tomaran entonces los Cartagineses no fueran vencidos en aquella segunda guerra ni destruidos en la tercera".

También, para este último ejemplo de la historia antigua, se indica la fuente literaria al margen del escrito, esta vez Valerio Máximo, indicando incluso la página de su obra (309).

En lo que se refiere a la segunda virtud derivada de la prudencia, la solercia o astucia, Valencia indica que el cuadro correspondiente a ella la ha de representar en medio de un bosque, vestida de varios colores, cogiendo una piel de zorra y otra de león y con una culebra en torno a su brazo izquierdo. A sus lados se situarán Ulises y Sinón.

Como símbolos corresponden a la astucia "una gorra que para pasar por cima de un río elado, está escuchando atentamente si suena el agua que corre por debajo del yelo" y un cuervo "que para bever en una urna o cantaro que tiene el agua baja a que no alcanza trae piedras en el pico i las va echando dentro hasta que el agua sube i él pueda bever".

Como ejemplo propone a Darío, rey de Persia, que, queriendo ser rey de Persia y habiéndose convenido entre los nobles que lo sería aquel cuyo caballo relinchase primero al salir de la ciudad con el amanecer del día siguiente, "comunicó lo concertado con un cavallerizo suyo... el qual usando de astucia de en la occasión dar al cavallo olor de una yegua, hizo que al punto relinchase, conque luego los seis saltando en tierra se postraron adorándolo por Rei".

En la explicación del significado, Valencia justifica los múltiples colores del vestido de la astucia "porque ella se a de vestir de diversidad de pensamientos i discursos i mudar consejos i pareceres según la variedad de los negocios". Y la presencia de la piel de la zorra y el león porque "sinifica que lo que no se puede conseguir ni acabar por fuerça, se a de procurar por astucia i traça... i adonde no alcança la pielle de león se a de añadir i coger la de zorra". También lleva una serpiente "porque es animal astuto i recatado que mira mucho por su seguridad". Ulises y Sinón son elegidos por ser famosos su ardides "por cuya astucia fue destruida Troya".

Los símbolos de la zorra y el cuervo son también representativos de acciones astutas, ya que, dice Valencia, " la zorra es tan recatada que si oye correr el agua no pasa, siendo tan pequeño el peso de su cuerpo".

En cuanto al ejemplo de Darío habla por sí mismo, por lo que no añade explicación alguna.

Como en el caso anterior, la fuente literaria utilizada para la historia de Darío es Valerio Máximo.

Hasta aquí lo que el propio manuscrito indica de contenido iconográfico e iconológico pero, además de lo explicitado en el documento, hay otras cosas de interés general que podemos extraer también del manuscrito.

Primeramente, podemos ver la manera de construir un programa. Partiendo de la aceptación del encargo se realiza una propuesta con el detalle de las imágenes a representar y la explicación de su significado, propuesta destinada al comitente para su aprobación. Igualmente se realiza un resumen detallando las imágenes pero omitiendo el significado. Este resumen probablemente va destinado al pintor y en él se indican las fuentes literarias de los ejemplos históricos, indicando incluso la página de la obra, como para facilitar la comprobación o ampliación de ambientación escénica por el pintor. Finalmente, se añade una sinopsis con la disposición de las virtudes y sus símbolos relacionados con letras, como para facilitar una visión global del conjunto.

El programa se construye a partir de un tema general: las virtudes en nuestro caso, y se organizan jerárquicamente las distintas partes, seleccionando una imagen principal (virtud cardinal) y otras secundarias (virtudes subordinadas y frutos de su ejercicio).

Esta misma organización jerárquica se lleva a la construcción concreta de cada una de las imágenes, dedicando el espacio principal (centro o lugar preeminente) a la alegoría, es decir, a la personificación de la virtud (figura humana con atributos), situando a sus pies o a sus lados, en rango inferior, los símbolos (figuras de animales o cosas que son signo de la misma virtud) y a continuación los ejemplos históricos que realizan la virtud en la vida humana. Se pasa, pues, de lo más abstracto a lo más concreto, del concepto de virtud a su realización práctica.

Y ahora observemos más detenidamente de dónde surgen las imágenes que Valencia propone para la pintura.

En el caso de los ejemplos históricos es fácil saberlo ya que el propio autor indica las fuentes literarias, Plutarco y Valerio Máximo en lo relativo a la prudencia.

Para las imágenes no históricas no hay indicación de fuentes literarias, por lo que será necesario realizar otro tipo de trabajo.

Fijándonos en la primera imagen, la prudencia, observamos que Valencia hace una descripción similar a la de los manuales del siglo XVI, con elementos de uso muy antiguo y generalizado como la serpiente y la lechuza, por ejemplo.

Examinando el tratado de Cartari (Le imagini de i dei de gli antichi..., Venecia, 1556), el libro más valioso para estudios iconográficos hasta la aparición de la Iconología de Ripa (4), comprobamos que Cartari personifica la Prudencia en Minerva como Pedro Valencia y coincide igualmente con él en varios atributos cuya procedencia indica. Así, por ejemplo, la guirnalda de oliva que proviene de Apuleyo, la lechuza de Justino y la serpiente de Servio o Virgilio (es decir, del comentario a Virgilio de Servio).

Pasando nuestra atención a los símbolos encontramos, primero, la cabeza del dios Jano explicada por Valencia "con dos caras con que mira, con la una lo pasado i con la otra lo venidero; como deven hazer los hombres prudentes". Casi con estas mismas palabras explica Alciato la misma imagen en el emblema XVIII de su famoso libro (ed. Lyon, 1549).

Otro tanto ocurre con las ánades que llevan piedras en el pico. El mismo ejemplo, aunque concretado en grullas, es citado por Diego López, comentarista español de Alciato, con referencia al emblema XVII (5).

Estos ejemplos bastan para darnos un buen conocimiento de las fuentes literarias utilizadas por Valencia: Apuleyo, Justino, Servio, Virgilio, Valerio Máximo, Plutarco, es decir, autores griegos y latinos cuyas originales dominaba Valencia, y que fueron traducidos y "reavivados"e en el renacimiento, que constituían la base de la formación humanística, por lo que no es extraño que, recurriendo usualmente a humanistas para la confección de los programas iconográficos, coincidan citas e imágenes en programas debidos a distinta mano.

Obsérvese también cómo las escenas históricas se refieren igualmente al mundo antiguo, que se presenta así como ejemplo moral o ético para los contemporáneos, característica ésta común a todos los humanismos.

Esto en cuanto se refiere a la organización "mental" o intelectual del programa. Pero el manuscrito de Valencia nos da también datos valiosos para conocer la organización formal del programa.

Al final de la descripción de las pinturas, Pedro de Valencia indica refiriéndose a la eternidad, última de las virtudes a representar: "De estos quatro frutos últimos (eternidad, fama, honra y victoria) no se ponen egemplos, porque no ai lugar en los repartimientos de la traça donde se puedan pintar"; es decir, el iconólogo cuenta desde el primer momento con una traza de la sala a decorar en la que se indica la organización de los espacios destinados a la pintura, traza que influye también en la disposición de las figuras e historias y que hace tener en cuenta un elemento estético en la realización del programa. La traza dada por el pintor es dato que todo buen iconólogo debe tener en cuenta y que hace necesario un entendimiento con el pintor para el éxito final de la obra (6).

Y ahora refirámonos brevemente a la realización material del programa propuesto por Valencia.

La propuesta es contemporánea a la decoración del palacio de El Pardo después del incendio de 1604, trabajo en el que sabemos intervino Pedro de Valencia (7) y se hace para la pintura de una galería.

En el palacio de El Pardo existían dos galerías, la del rey, de mediodía o del besamanos, donde se representó la historia de Aquiles pintada por Bartolomé y Vicente Carducho y cuyas pinturas se han perdido y la galería dela reina, donde se representó la historia de José, realizada por Patricio Cajés y conservada actualmente. En esta última no aparecen ninguna de las virtudes o alegorías que podemos poner en relación con lo descrito en nuestro manuscrito.

Por otro lado, entre las obras conservadas de esta fecha, aparecen algunas virtudes representadas en los lunetos del techo de la antecámara de la reina, dedicado a tema profano (cacería y Aurora), pero tampoco corresponden con las descritas por Valencia.

Por noticias sabemos que también se representaron virtudes en la sala de audiencias, dedicada sin embargo al Juicio de Salomón como tema central y con paisajes en los lunetos, por lo que tampoco puede referirse a ella el programa descrito por Valencia.

Así pues, lo más probable es que la propuesta de la pintura para la galería fuese hecha para la galería del rey y que fuese rechazada y cambiada después por una historia profana, la de Aquiles, en cuyo programa iconográfico intervino Pedro de Valencia igualmente, como hemos dicho más arriba.

Esto explicaría la traza entregada a Valencia, que presupone un espacio longitudinal y amplio donde se puedan desplegar cómodamente alegorías, símbolos y escenas históricas, traza que se ajusta igualmente a la organización del programa presentado por Pedro de Valencia para el ciclo de Troya (8).

También apoya esta suposición el hecho de que el autor del programa insista en las virtudes como ejercicio del buen gobierno y frutos derivados de él, lo cual estaría especialmente indicado para la galería del rey donde éste recibía el homenaje oficial de súbditos y embajadores y trataría del gobierno de sus múltiples estados.

El hecho de cambiar las alegorías religiosas por las profanas en el programa llevado a cabo resulta interesante por otra parte, ya que indica un cambio de actitud en cuanto a la decoración de los palacios españoles y varía un poco la imagen un tanto pacata que tenemos de Felipe III.

Para terminar, y ya que no nos es posible ver realizada la obra pictórica a que se refiere nuestro manuscrito, queremos recordar la similitud en composición -tanto iconográfica como espacial- que tiene con otra obra de envergadura, anterior en pocos años a la nuestra y felizmente conservada. Nos referimos al techo de la biblioteca del monasterio de El Escorial cuya disposición es muy similar a la propuesta por Valencia para El Pardo, ya que, como se recordará, el programa iconográfico se refiere a la Filosofía, Teología y Artes Liberales cuyas alegorías ocupan el espacio central; subordinadas a ellas, en los lunetos, aparecen personajes históricos o mitológicos que las sirven y en los frisos cuadros con escenas bíblicas, históricas o mitológicas que representan el ejercicio correspondiente a cada una de las alegorías.

Por otra parte, recordemos también que, entre los personajes relacionados con la iconografía de la biblioteca aparece Arias Montano, amigo íntimo de Pedro de Valencia, con quien consultaba frecuentemente y a quien constituyó uno de sus herederos.

NOTAS

(1) Rosa López Torrijos, La mitología en la pintura española del Siglo de Oro, Madrid, 1985.

(2) Sobre este personaje véase ob. cit. en nota 1, pp. 61-63 y 204-205.

(3) M. Serrano y Sanz, "Pedro de Valencia. Estudio biográfico y críticos, R.A.B.M., 1899, p. 401.

(4) La primera edición es de 1593 y la primera con ilustraciones de 1603, por tanto, muy cercana a la fecha de realización de las pinturas de El Pardo. Consultada la edición de 1603, vemos que presenta tres versiones de la prudencia, las cuales sólo tienen de común con la propuesta por Valencia, la presencia de una serpiente entre los atributos y la figura de dos rostros con referencia a Jano, aunque en Ripa es la propia personificación de la prudencia la que tiene dos rostros.

(5) Véase la edición de Santiago Sebastián (Madrid, 1985, p. 49).

(6) Probablemente a esto se refería Palomino cuando cuenta, a propósito de Lucas Jordán, cómo el pintor se queja de las "ideas" que le suministraba un hombre docto, para la pintura, y el rey llama a otro "que le fue sugiriendo los asuntos, tan arreglados a el texto y al arte; que Jordán loco de contento los besaba, y decía, que aquéllos sí, que venían ya pintados". (El Museo pictórico y escala óptica, edición Madrid, 1947, p. 647.)

(7) Conde de la Viñaza, Adiciones, III, Madrid, 1889-1894, p. 103; y López Torrijos, ob. cit., pp. 61 y ss.

(8) Para lo referente a esta obra véase López Torrijos, o6. cit., pp. 198 y ss.