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El rico y sugestivo tema iconográfico
del pasaje épico en que el santo caballero abate al dragón,
tiene atractiva interpretación en una bandeja litúrgica
guardada entre los ricos enseres de la iglesia parroquial de la Concepción
de la sevillana localidad de Gerena. El ejemplar, de aljófar, mide
0,42 metros de diámetro y lleva en su centro la escena representativa
muy del gusto del Renacimiento, en que el tema, venido del medievo,
se mantiene con pequeñas variantes para decaer pronto debido
al auge de la artillería y al consecuente declive de la caballería
como arma de combate, de la que San Jorge es uno de sus patronos. La bandeja, aunque ha sido fechada hacia
1600 (1), bien pudiera datarse con anterioridad, pues pertenece a un
grupo de ejemplares de los llamados tipo "dinanderie" venidos
de Centroeuropa, seguramente traídos por los Absburgo entrado
ya el Quinientos, dado, además, que el ejemplar posee inscripción
con caracteres góticos, a los que fundamentalmente me referiré
para sustentar la presente comunicación, así como elementos
ornamentales tardomedievales, tales como fajas ornamentales con motivos
vegetales, entre ellos la palmeta, etc. La referida inscripción gótica
contenida en la más exterior de las fajas de que consta la bandeja,
dice reiterativamente en lengua alemana: "ALZEIT EHBART GELVEK",
cuya traducción literal sería la siguiente: "En todos
los tiempos (ocasiones) honorable (honrada) suerte" (2). Si ponemos en relación la repetida
invocación epigráfica de carácter propiciatorio
con el tema iconográfico representado, podrán obtenerse
interesantes deducciones interpretativas; así, San Jorge, el
caballero cristiano por antonomasia, entra directamente en relación
con el concepto "suerte" (GELVEK), tan del gusto del ideal
clásico grecorromano en un afán humanista de asociar cristianismo
y paganismo, lo cual tiene su más cumplido testimonio en el conocido
pasaje según la Leyenda Dorada de Jacobo de la Vorágine,
en el que el santo libra a Cleodolinda de una horrible muerte a manos
de un mortífero dragón al que, con el fin de aplacarle,
"se echaban suertes para elegir las víctimas" (3). También aparece el santo como
protector-benefactor en otro pasaje de la aludida Leyenda Dorada, cuando
al referirse la Historia de Antioquía se dice cómo "...Yendo
los soldados cristianos hacia Jerusalén para apoderarse de la
ciudad santa, aparecióse a uno de los capellanes un joven hermosísimo,
diciéndoles que era San Jorge, y que no sólo les protegería,
sino que actuaría como jefe de las tropas en las batallas de
la conquista si llevaban con ellos las reliquias de su cuerpo. Así
ocurrió, en efecto; porque cuando estaban sitiando la ciudad
defendida por los sarracenos, no atreviéndose los sitiadores
cristianos a escalar la muralla, el santo se les apareció vestido
de blanco, perfectamente armado y enarbolando a modo de estandarte una
cruz roja, y con enardecidas palabras los animó a que le siguieran
y escalaran sin miedo alguno, como él iba a hacerlo, las murallas..."
(4). En ambos mundos, cristiano y pagano,
la fuerza providencialista consigue dominar, con su poder omnipotente,
los caprichos de la suerte, para lo cual el hombre por medio de la plegaria
puede congraciarse con la divinidad. Esto se evidencia en la bandeja
que se estudia si observamos la actitud orante del rey y su hija que
aparecen asomados a su castillo, en el ángulo superior izquierdo
de la representación. También y como dominando la representación
iconográfica se sitúan una estrella y un ángel
cuya significación parece ir en la línea que se viene
comentando de invocación salvífica, pues la "buena
estrella" del santo le hará vencer y su ángel le
protegerá cual guardián enviado del cielo para que lleve
a feliz término, con buena suerte, su empresa. Finalmente, y por otro lado, puede añadirse
otra sugestiva y más amplia versión del tema iconográfico
representado en relación con el posible uso litúrgico
bautismal de la bandeja que lo contiene. En este sentido, hay que buscar
de nuevo la fuente interpretativa en la Leyenda Dorada, cuando se nos
narra con sentido de purificación, cómo San Jorge trató
de detener a los habitantes de la ciudad atemorizada por el dragón,
diciéndoles: "No tengáis miedo. ¡Dios me ha
traído hasta esta ciudad para libraros de este monstruo! Creed
en Dios y bautizaos ¡Ya veréis como yo mato a esta bestia
en cuanto todos hayáis recibido el bautismo! " (5). Esta alusión bautismal vuelve a repetirse en otra posterior narración del mismo pasaje, cuando el rey, agradecido al santo caballero por la liberación de su hija, hizo construir una iglesia enorme, dedicada a Santa María y a San Jorge y como "al pie del altar de la citada iglesia comenzó a manar una fuente muy abundante de agua tan milagrosa que cuantos enfermos bebían de ella quedaban curados de cualquier dolencia que les aquejase" (6).
(1) Hernández Díaz, Sancho Corbacho y Collantes de Terán, Catálogo Arqueológico y Artístico de la provincia de Sevilla, t. IV, Sevilla, 1955. p. 176. (2) Agradezco al doctor Klaus Wagner, profesor de la Universidad de Sevilla, la ayuda prestada en la lectura del texto epigráfico. (3) Georges Ferguson, Signos y símbolos en el arte cristiano, Buenos Aires, 1956, p. 182. (4) Santiago de la Vorágine, La Leyenda Dorada, ed. de Alianza Editorial, Serie "Alianza forma". núm. 29, Madrid, 1982, p. 253, t. I. (5) Santiago de la Vorágine, op. cit., p. 250. (6) Ídem ILUSTRACIONES
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