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El Museo de Arte Sacro de la iglesia
de Santa María de Betancuria, en la isla de Fuerteventura, guarda
un lienzo, de gran tamaño, que representa la "Carabela Eucarística
de la Iglesia" (fig. 1). El cuadro, que en un principio cubría
una de las paredes de la sacristía, presenta denso contenido
simbólico y alegórico. Su autor es Nicolás de Medina (1702-1750), artista nacido y muerto en la ciudad de La Laguna y seguidor del pintor Cristóbal Hernández de Quintana (1). En efecto, las cuentas de fábrica rendidas en 1730 registran el siguiente descargo: "Por ochenta y tres fanegas de trigo y ciento y once fanegas y tres reales de cebada al maestro Nicolás de Medina, mil y quinientos reales de sus manos y colores, en que se ajustó el cuadro de la nave del Señor, que coge el testero de los cajones de la sacristía" (2). La pintura es transcripción fiel de una de las
catorce estampas que ilustran la Psalmodia Eucharistica, escrita
por el teólogo mercedario Melchor Prieto (Madrid, 1622). La lámina
quinta, grabada por Alardo de Popma, recoge la escena de la Carabela
Eucarística de la Iglesia (fig. 2). También la parroquia de Los Yébenes (Toledo)
conserva un óleo del mismo tema, pintado por Alejandro de Loarte
en 1624, que deriva con exactitud del grabado ya mencionado (3). La alegoría de la carabela cargada con el pan
divino parte del acróstico bíblico: "Factus quasi
navis institoris de longe portans panem suum" ("Es como la
nave del mercader que desde lejos trae pan", Proverbios, 31, 14).
Las mismas palabras de la Escritura fueron interpretadas como alusivas
a la Virgen María y a la venida de Santiago a España. En la proa está suspendido el cadáver
de Judas Iscariote, que cuelga ahorcado de la soga (Mt., 27, 5). Su
túnica, rasgada, muestra las entrañas, tal como narra
el texto evangélico ("cayó hacia adelante y reventó
por medio, quedando derramadas todas sus entrañas", Hech.,
1, 18). Sobre él, un angelito porta el pendón en el que
ondea el beso del traidor. La alegoría de la Esperanza aparece
sentada encima del áncora. En el puente del navío, San Pedro, revestido
con los ornamentos sacerdotales, distribuye la Sagrada Comunión.
Junto a él está Salomón, con las insignias de la
realeza, el autor del libro de los Proverbios. A su lado, el mercader
celestial, Cristo, en presencia de sus apóstoles, deja caer sagradas
formas sobre padres, apologistas y doctores de la Iglesia; San Justino,
San Cirilo, San Juan Crisóstomo, San Agustín, San Ignacio
de Antioquía, San Gaudencio, San Juan Damasceno y San Jerónimo,
elevan sus manos ansiosos de recibir el pan divino, el alimento necesario
para no hundirse en las aguas del mundo. La carabela está defendida por siete piezas de
artillería, siete cañones que no son otra cosa que los
siete sacramentos. En la popa viajan la Virgen María y San Juan,
el discípulo amado que acogió en su casa a la madre de
Jesús. El evangelista que escribió sobre el simbolismo
del cordero y el pan de vida, mantiene el cáliz en su mano derecha.
Una crucecita hace los oficios de brújula. En la parte más elevada de la nave aparecen las
otras dos virtudes teologales, la Caridad y la Fe, que lleva la cruz
y el cáliz con el sacramento de la Eucaristía. En una de las tribunas de popa figura Santiago, vestido
de peregrino, que, como la carabela, viene de lejanas tierras. El patrón
de España levanta la mano para testificar la grandiosidad trágica
del misterio eucarístico. La nave es un símbolo de la venida de Santiago
a España. Conocemos un grabado granadino del siglo XVII que representa
el desembarco del apóstol en nuestro país. El centro de
la composición lo llena un navío, que da su frente a un
mapa en relieve de las costas de Italia, Galia y España; en la
zona inferior una cartela señala: " NAVIS INSTITORIS DE
LONGE PORTANS PANEM..." (4). La alegoría se completa con la presencia, en
la otra tribuna, del Doctor Angélico, Santo Tomás de Aquino.
El autor del oficio del Corpus Christi y del "Tantum ergo"
sondea en las profundidades. Puesto que la Eucaristía representa la renovación
del sacrificio de la cruz, los mástiles y velas, que impulsan
la nave, son instrumentos y símbolos de la Pasión. El
palo mayor es la cruz redentora, de la que cuelga el santo sudario.
Lleva en la cúspide al cordero de Dios, rodeado por la corona
de espinas, que enarbola la enseña con la Santa Faz. El segundo mástil está constituido por
la lanza que abrió el costado, atravesada por el palo con la
esponja empapada en vinagre. La vela, hinchada por el viento, muestra
a Cristo muerto. En la proa, la columna de la flagelación tiene
estampada en el velamen la túnica del Señor. Sobre ella
canta el gallo de San Pedro. La figura de María, con las manos cruzadas sobre
el pecho, está ausente en la estampa quinta de la Psalmodia
Eucharistica. Sin embargo, su presencia está relacionada
con la alegoría de la carabela eucarística. Ella es la
nave simbólica que ha traído desde el cielo el pan divino. Cabe citar aquí una de las muchas obras literarias
que comparan a María con una nave. Se trata de la loa a Nuestra
Señora de las Nieves, La Nave Aparecen dos soldados en dos baluartes con piezas de artillería y otros soldados. Canta 1. ¿De dónde viene la nave? Más adelante, Poggio Monteverde acopla la visión de la Mujer del Apocalipsis, "vestida de sol, con la luna bajo sus pies" (Ap., 12, 1) a la alegoría de María como nave: "Así, surcando el cristal,
(1) M. Rodríguez González, La pintura en Canarias durante el siglo XVIII, Las Palmas de Gran Canaria, 1986, p. 286. (2) Ídem, p. 289. La autora recoge el dato del archivo-legado de Miguel Tarquis. (3) D. Angulo Íñiguez y A. E. Pérez Sánchez, Pintura toledana. Primera mitad del siglo XVII, Sánchez Cotán, Tristán, Orrente, Madrid, 1972, p. 216. (4) A. Moreno Garrido, El grabado en Granada durante el siglo XVII, Cuadernos de Arte de la Universidad de Granada, XIII, Granada, 1976, pp. 84 y 197. (5) A. Abdo, y P. Rey, "En el 300 aniversario de dos loas de Juan Bautista Poggio Monteverde, en Juan Bautista Poggio Monteverde (1685-1985). Tercer centenario de dos loas del siglo XVII en La Palma, Santa Cruz de Tenerife, 1985, p. 277.
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