CUADERNOS DE ARTE E ICONOGRAFIA / Tomo II - 4. 1989
 

 

LA VIRGEN DEL SALIENTE DEL DESIERTO COMO VERSIÓN DE LA MUJER Y EL DRAGÓN EN EL APOCALIPSIS

Domingo Sánchez-Mesa Martín

Por la propia naturaleza del lenguaje las representaciones pictóricas se adaptan más fielmente, y de manera más detallada que las escultóricas, a las imágenes de los textos literarios. En el género apocalíptico predomina el estilo alegórico, abundando en él las visiones imaginarias, las escenas teatrales, en todo más cercanas a la fantasía que la pintura es, que a la realidad, concreta y limitada por la materia, de la escultura. Por ello resultan altamente singulares las imágenes escultóricas que nos representan temas y pasajes del Apocalipsis y, más aún, cuando lo hacen con los detalles y tan apegadas al texto, como el ejemplo que aquí presentamos de la escultura de Nuestra Señora del Buen Retiro de Desamparados o del Saliente (figura 1), que recibe culto en el "Santuario del Saliente", cerca del pueblo de Albox, en la provincia de Almería, situado en una zona casi desértica y de comunicación entre aquélla y las provincias de Granada y de Murcia.

La escultura, de pequeño tamaño -incluida corona y peana, alcanza los cincuenta y ocho centímetros-, está tallada en una madera olorosa, llamada sabina, y ricamente policromada. Dos ángeles, sin alas, vestidos a la moda del XVII, la sostienen como bajándola para colocarla o librarla del dragón que, con siete cabezas, alas de murciélago y larga y enroscada cola, se retuerce bajo ella y bajo la luna, sobre la que la Virgen apoya los dos pies desnudos. La túnica, adosada al cuerpo, perfila la anatomía de las dos piernas, así como su abultado vientre, expresando tanto su estado, como que el movimiento es de descenso, acentuando esto último por el manto que, inflado de aire, convierte la escena en movimiento suave y sostenido. La imagen presenta sus manos juntas y el rostro y mirada dirigidos hacia arriba.

El conjunto de las cuatro figuras: la Virgen, los dos ángeles y el dragón, está tallado con especial y acentuado detalle, valorando tanto el conjunto de los paños, movidos y de valiente claroscuro en el manto, como el modelado de los cuerpos. En general el escultor hizo alarde de técnica buscando verdaderos efectos pictórico-narrativos.

La policromía, estofada sobre oro en la túnica en tonos claros, muy perdida en sus adornos por el roce, contrasta sobre el azul del manto que está iluminado con grandes estrellas de oro.

Según los datos publicados por los hermanos Fernández Ortega sobre la imagen del santuario donde recibe culto (1), la tradición popular ha dado solución a la ausencia de noticias sobre la escultura, su origen y su autor, narrando la compra milagrosa de la imagen en el pueblo granadino de Guadix, según el relato publicado, en 1865, por Moreno Cebada y todo relacionado con una anterior y milagrosa aparición de la Virgen, en los lugares del Saliente, a un pastor que después se hizo clérigo, llamado Lázaro de Martos, y que había nacido en Albox en diciembre de 1651.

Estilísticamente, la obra habrá que situarla a principios del siglo XVIII y no ciertamente, como se ha afirmado, en la escuela granadina, en donde no encontramos ni maestro ni obras que se le parezcan. Más cercana está a lo levantino, concretamente a lo murciano, aunque tampoco nos decidimos a una atribución a Nicolás Bussy como podría pensarse. La finura de la talla del cabello, así como su libre y original plegado -sobre todo del manto, debido a una posible fuente pictórica-, nos hace pensar en una obra hecha al dictado en la que, sin embargo, también quedan definidos rasgos estilísticos muy personales, como son las cabezas de los dos ángeles y su manera de tratar la talla de los cabellos. Por la finura de la talla y policromía no debe atribuirse al arte americano

Iconográficamente, la obra transcribe. con acertada solución formal, el texto del Apocalipsis de San Juan, en su Parte Cuarta referida a la Encarnación del Hijo de Dios y las encarnaciones del Dragón. En el capítulo doce y con el título Del Mesías y el Dragón, se lee: "Apareció en el cielo una señal grande, una mujer envuelta en el sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre la cabeza una corona de doce estrellas y estando en cinta, gritaba con los dolores de parto y las ansias de parir. Apareció en el cielo otra señal y vi un gran dragón de fuego que tenía siete cabezas y diez cuernos y sobre la cabeza siete coronas. Con su cola arrastró la tercera parte de los astros del cielo y los arrojó a la tierra. se paró el dragón delante de la mujer que estaba a punto de parir, para tragarse a su hijo en cuanto le pariese. Parió un varón que ha de apacentar a todas las naciones con vara de hierro, pero el Hijo fue arrebatado a Dios de su trono. La mujer huyó al desierto en donde tenía un lugar preparado por Dios, para que allí la alimentasen durante doscientos setenta días".

La imagen aquí representada es descendida por los ángeles y la cola del dragón, retorcida, parece estar barriendo las estrellas del manto de la Virgen, mientras que sus siete cabezas arrojan fiereza desgarrada al conjunto, contrastando con la seriedad del cuerpo y rostro de la Virgen que, delicadamente, muestra su abultado vientre.

Durante un tiempo se consideró que aquí se representaba la Asunción de la Virgen, pero es bien claro que el tema es otro. Ya en el catastro "de la Ensenada" se recoge la existencia del Santuario con el nombre de la "Ermita desierto de Nuestra Señora de los Desamparados en la Sierra del Saliente". La imagen encierra, en su contenido iconográfico, todo un programa de catequesis bien adaptado al lugar y a sus gentes. La Virgen del Saliente es MaríaIglesia en lucha con el dragón, viviendo en el desierto y representando el propio mensaje de esperanza que contiene el libro del Apocalipsis, que según se acepta por los estudiosos que interpretan el texto original, se refiere esta mujer a la Iglesia del Antiguo Testamento que da a luz al Mesías en medio de las grandes pruebas y ansias con que suspiraban tantos siglos por su venida. La madre del Mesías es, pues, la misma Iglesia, el Israel de Dios, sin distinción del Antiguo o Nuevo, el cual queda en la tierra. Y en el desierto del mundo, bajo la protección de Dios, vive mil doscientos setenta días, es decir, media semana, tanto como había durado el misterio profético de los dos testigos. Aquella media semana pertenece al Antiguo Testamento; esta otra, al Testamento Nuevo; ambas juntas forman una semana entera, símbolo del tiempo que han de durar las luchas de la Iglesia en el mundo. La imagen cronológica está tomada también de David que en varias formas la repite. en el desierto, la Iglesia está alimentada, como Israel, con el pan de la Verdad y el maná de la Eucaristía (2).

Sin lugar a dudas los inspiradores de esta versión del Saliente fueron los dos personajes que la historia de este Santuario señala: Lázaro de Martos y Roque Tendero, que fueron hombres cultos, licenciados en Teología y directamente comprometidos con el origen de este culto. Ellos, así, aparecen documentalmente al propio comienzo de esta devoción mariana en lugar tan singular y simbólico (3).

NOTAS

(1) Pedro M.ª Fernández Ortega y Antonio Fernández Ortega, El Santuario del Saliente. Historia y vida, Granada, 1985.

(2) Eloíno Nácar Fuster y Alberto Colunga, Sagrada Biblia. Versión directa de las lenguas originales, Madrid, BAC, 1966, pág. 1475.

(3) En el coloquio abierto tras la exposición de este texto y la proyección de las diapositivas, el Dr. Martín González intervino indicando que estilísticamente la obra podía clasificarse como perteneciente a la escuela napolitana, atribución que comparto.