CUADERNOS DE ARTE E ICONOGRAFIA / Tomo II - 4. 1989
 

 

ALGUNAS REPRESENTACIONES DEL ÁRBOL DE JESSÉ, DURANTE EL SIGLO XVI, EN SEVILLA Y SU ANTIGUO REINO

María Jesús Sanz

El tema del árbol de Jessé no es uno de los permanentes en la representación iconográfica del mundo cristiano, sino que tuvo un período de desarrollo comprendido entre los siglos XII y XVI, aunque parece que hubo representaciones antes y después de estas fechas.

No es tampoco el árbol de Jessé un tema de tradición mediterránea, pues sus representaciones son menos abundantes en Italia, España y Portugal, que en los otros países del centro y del oeste de Europa, y los que se hallan en los mencionados países mediterráneos tienen un eminente carácter nórdico, especialmente flamenco o borgoñón.

Casi todos los iconógrafos e iconólogos, y especialmente los medievalistas, se han ocupado del asunto y naturalmente han intentado fijar su fecha y lugar de aparición. Uno de los que primera y más ampliamente se ocupó de ello fue Emile Mále, que sitúa su origen en la vidriera de Saint Denis, realizada por orden de Suger en 1144, y copiada en Chartres seis años después. Al abad Suger atribuye Mále la invención del tema (1).

Poco después el investigador americano Kingsley Porter se inclina por su origen oriental, situándolo en el siglo IX, aunque con distinta simbología. Para la simbología propiamente cristiana fija el origen borgoñón, estando entre sus representaciones más antiguas la de la fachada de Nuestra Señora de Poitiers y la de las miniaturas de la biblioteca de Dijón (2).

Últimamente los investigadores alemanes sitúan la primera representación cristiana del árbol de Jessé en el evangeliario de Vysehard, de Praga, a fines del siglo XI, y en otros evangeliarios alemanes poco después (3).

Es, pues, por el momento un tema centroeuropeo de origen, aunque tenga supuestas conexiones orientales.

Su posible origen oriental ha sido defendido por Watson y más modernamente por Baltrusaitis (4), así como también el profesor español Guerrero Lovillo (5). Baltrusaitis remonta su origen, en la mitología indú, al siglo VI, representado allí como un árbol en el que Visnú ocupa el lugar de Jessé, en la base del árbol, y Brahama el lugar de Jesús o la Virgen en la parte superior de él, surgiendo los personajes intermedios de flores.

Santiago Sebastián (6) no es partidario del origen indú ni de las relaciones de esta mitología con la teología cristiana, proponiendo que el árbol de Jessé se halla dentro de la simbología general del árbol, común a muchas mitologías.

El árbol de Jessé como representación heráldica del origen de Cristo sufrió algunas transformaciones desde su aparición europea, pues parece ser que fue primeramente más sencillo, con la figura de Jessé en pie y el árbol en la mano que sostenía en su copa a la figura de Jesús. Es, pues, la forma más simple y elemental del árbol. Su forma casi definitiva debió adquirirla en la vidriera de Saint Denís, en 1144, o quizá mejor en la de Chartres -en 1150-, que es la que se conserva en su forma original, ya que la primera fue muy restaurada en 1840 (7). Allí aparece Jessé tendido, sosteniéndose la cabeza con una mano, dormido, y con unas raíces, que saliendo de su torso forman el árbol, en cuyas ramas se posan catorce antecesores de Jesús constituidos por reyes y profetas del Antiguo Testamento. En la copa aparece Cristo rodeado de un vuelo de palomas que simbolizan los siete dones del Espíritu Santo, y debajo se halla la Virgen. Según la hipótesis de Mále, por influencia de las representaciones litúrgicas, los profetas se asociaron a los reyes de Israel representando a los anunciadores de Jesús -profetas- y a los antecesores -reyes- conjuntamente.

Más adelante, en la segunda mitad del XV y durante el XVI, todos los personajes aparecerán coronados, como, por ejemplo, en el Cantoral de Guadalupe (8).

En la cristiandad oriental tiene también su desarrollo el árbol de Jessé, es decir, en el mundo bizantino, donde el conocido monje Dionisio de Furna nos lo describe de una forma muy semejante a la occidental (9).

Después del modelo de Saint Denis, y del siglo XIII en adelante, el árbol sufre algunos cambios, siendo el más apreciable el cambio de la figura de Cristo por la de la Virgen en el remate del árbol, pasando Jesús a ser el Niño en brazos de su Madre. La Virgen, por su parte, aparece rodeada por una ráfaga de rayos ondulantes como llamas, que quedará asimilada a María definitivamente en su iconografía hasta el siglo XIX. Los antecesores de Cristo, que eran catorce en Chartres, se convierten ahora en doce, respondiendo a los nombres de David, Salomón, Roboán, Jorán, Josaphat, Ozias, Achiam, Ezequías, Manasés, Abüa, Asa y Joatán. El orden en que estos personajes son colocados en el árbol no es siempre el mismo, intercambiando a veces su posición. Tampoco la grafía es siempre la misma, pues a menudo se cambian las zetas por ces y por eses, e incluso muchas veces los sujetos carecen de nombres.

A partir de este momento y hasta su desaparación, en el siglo XVII va a tener como figura principal a la Virgen y, según Reau (10), va a ser concretamente su árbol genealógico, y obviamente el de Cristo.

Es evidente la importancia que toma la Virgen a partir del siglo XIII y cómo en las catedrales góticas se dedican portadas enteras a Ella. Esta importancia es progresiva a lo largo de todo el siglo XV , divulgándose durante el XVI la devoción a la Inmaculada, acompañada naturalmente de su representación iconográfica. En determinados casos se asocia la figura de María Inmaculada con la de la Virgen del árbol de Jessé, cuyo real origen se añade al de su Concepción Inmaculada. Así aparece en los pórticos de varias iglesias, en opinión de Reau. No es nuestra intención hacer aquí un análisis de los innumerables árboles de Jessé que se conservan del siglo XVI en España, pues sería un proyecto demasiado ambicioso para esta ocasión, sino simplemente ocuparnos de algunos ejemplares tardíos repartidos por el antiguo reino de Sevilla y sus aledaños.

En España, el siglo XVI se presenta como un entretejido de influencias entre las que destacan la italiana sobre todas y en camino ascendente, y la flamenca, muy poderosa pero en retroceso a lo largo del siglo. Es probablemente por esta mezcla de influencias por lo que hallamos árboles de Jessé en época ya de mediados del siglo, con mezcla de ambas tendencias.

Los ejemplares que hemos elegido aparecen tanto en la arquitectura como en el retablo, la cerámica, la rejería, o la miniatura. En todos ellos puede notarse la influencia flamenca, que no proviene solamente del autor, pues éste podía ser italiano o español, sino también y mayormente del conocimiento de los grabados y del ambiente artístico en que se desenvolvían.

En el caso de la ciudad de Sevilla, sabemos que la obra de la catedral a lo largo del siglo XV y del XVI atrajo a muchos artistas extranjeros, que generalmente venían por mar, llegando a través del importante puerto de la ciudad. Especialmente fuerte fue en Sevilla la influencia flamenca, que, junto con la italiana del norte, transformaron la vida artística de la ciudad en estos dos siglos. No es, pues, extraño hallar, aquí, en la ciudad, representaciones del árbol de Jessé que participan de ambas tendencias estilísticas, y por supuesto también en lo que constituyó su antiguo reino, que, como sabemos, se extendía por las provincias limítrofes de Huelva, Cádiz, Badajoz y parte de Málaga.

El árbol de Jessé en el antiguo reino y sus aledaños

Es bien sabido que Extremadura, más Badajoz que Cáceres, tuvo una gran relación artística con Sevilla hasta el siglo XIX en que aparecieron las divisiones regionales. Numerosos artistas sevillanos trabajaron en la extensa región extremeña y a su vez ilustres extremeños vinieron a la gran ciudad del Guadalquivir. Asimismo, los artistas extranjeros se movieron a lo largo y a lo ancho del Reino de Sevilla. Un ejemplo de ello es el trabajo del ceramista Francisco Niculoso Pisano, italiano asentado en Sevilla en los primeros años del siglo XVI que introdujo en la ciudad y en España por primera vez la técnica del azulejo pintado o pisano (11). Sus obras se proyectaron a Extremadura, dejando en Tentudía un bellísimo retablo cerámico acabado en 1518, en el que aparece el tema del árbol de Jessé (fig. 1), al igual que en el que había realizado años antes (1504) para el alcázar de Sevilla (figs. 2 y 3).

Ya Morales, en su estudio sobre el artista, hace notar las diferencias de estilo que aparecen en éstas y otras de sus obras, pues junto a la más pura decoración italiana, aparecen rasgos goticistas, siendo uno de ellos el del árbol de Jessé.

La estructura es la misma en ambos retablos cerámicos y se corresponde con la composición clásica formada por Jessé tendido sujetándose la cabeza con una mano, mientras con la otra toca los troncos que salen de su pecho. Se halla despierto, y las dos ramas que surgen de él se extienden hacia derecha e izquierda formando el marco del panel central del retablo. En ambas piezas los reyes de Judá, antecesores de Jesús, son doce -seis a cada lado-, presentados de medio cuerpo sobre una especie de flor y encuadrados en roleos de tallos. El resto de la ornamentación de los retablos es absolutamente renacentista y de carácter profano, excepto en las representaciones escénicas de la vida de la Virgen en las que lo italiano participa a veces de los rasgos arcaizantes goticistas. La representación de la Virgen en la parte alta del árbol corresponde a esquema tardío que establece Reau: la Virgen como madre rodeada de rayos ondulantes que lleva al Niño en los brazos, habiendo desaparecido la figura de Jesús adulto que veíamos en Saint Denis y Chartres.

Más al norte de Tentudía encontramos dos magníficos ejemplares representados en materiales muy distintos. Una miniatura del monasterio de Guadalupe (fig. 4), también de la primera mitad del siglo XVI, y un extraño retablo de la iglesia de Santa María del Castillo de Olivenza (figs. 5).

La miniatura aparece en el folio 60v de un Cantoral y muestra una iconografía muy semejante a los ejemplos anteriores, pero en este caso Jessé está dormido, y las demás figuras son de cuerpo completo, apareciendo sentados o arrodillados, con sus coronas correspondientes y con el rollo o filactería de su nombre. La Virgen, igualmente sentada, lleva cabello suelto y corona real, que destacan sobre la ráfaga de rayos ondeados.

Las figuras aquí son más suaves, sus gestos más humanos y los pliegues de sus vestidos no acusan la dureza flamenca. El resto de la decoración que rodea la escena enmarcada en una G inicial corresponde al gótico final.

El ejemplar de Olivenza -ciudad portuguesa hasta comienzos del XIX- llama la atención por su originalidad. Se trata de un extraño retablo colocado en la cabecera de la nave izquierda que rompe los moldes tradicionales retablísticos. Sobre un panel liso de fondo se adosa un árbol de bulto con tronco dorado y rugoso que reparte de una manera absolutamente simétrica seis ramas principales de las que brotan retorcidos tallos secundarios. Sobre las ramas principales se colocan de dos en dos los reyes de Judá apoyados en pequeñas flores, y en el vértice se halla la imagen de María coronada, aureolada, de pie, y con el Niño en brazos. Al pie y formando una especie de banco de retablo se halla Jessé dormido, casi completamente echado y sosteniendo con su espalda las oscuras raíces del árbol. Todas las figuras son de cuerpo completo, de bulto redondo y totalmente despegadas del fondo. Los vestidos de los reyes son absolutamente convencionales -unos de largo y otros de corto- y no presentan una gran calidad en la talla.

La figura de Jessé, más próxima al espectador, constituye sin embargo una magnífica talla renacentista de la cabeza de un anciano, que por el hundimiento de las órbitas recuerda una máscara funeraria. Su túnica y sobre todo la especie de sarcófago en el que reposa se adorna con una finísima decoración vegetal del primer renacimiento.

Pieza ésta extraña y sorpresiva tanto por su contenido como por su tipología.

Entre 1560 y 1563 pintó Morales el retablo de Arroyo de la Luz (Cáceres) en cuyo remate pueden verse unos últimos coletazos del árbol de Jessé, representados por dos medallones en relieve de David y Salomón, antecesores de la Virgen, a quien está dedicado el retablo, y componentes del antiguo árbol de Jessé.

El árbol de Jessé en la catedral de Sevilla

Después de haber repasado algunos ejemplos situados en el antiguo reino de Sevilla o en sus aledaños, vamos ahora a considerar los ubicados en el centro artístico más importante de la ciudad: la catedral.

Sabemos por los diferentes estudios realizados cómo la catedral de Sevilla se construyó básicamente durante el siglo XV, y aunque se añadiesen algunas partes en el XVI, lo que durante este último siglo se hizo fue vestir su interior. Piezas fundamentales en ese interior son sus rejas, en dos de las cuales aparece el árbol de Jessé.

La representación mejor conocida es la que corresponde a la reja del coro de la, capilla mayor realizada -la original- por Sancho Muñoz y fray Francisco de Salamanca entre 1518 y 1523 (fig. 6). Esta reja, como la del altar mayor -sólo seis años posterior-, corresponde a ese momento de fluctuación entre los estilos viejo y nuevo, es decir, entre el Gótico y el Renacimiento, siendo quizá la del Coro levemente más arcaizante ya que sólo utiliza balaustres en la parte alta y barrotes entorchados en la baja; no obstante, la decoración de candelieri cubre todos los barrotes principales.

El árbol de Jessé se desarrolla formando una amplia crestería con la disposición tradicional y muy cercana a la miniatura de Guadalupe, hecho quizá explicable por el origen de fray Francisco y la vecindad de Salamanca a Guadalupe.

Así pues, Jessé aparece semitendido sujetando la cabeza con su mano derecha, mientras que con la izquierda toca los troncos de su pecho que se convierten en tres. El central, convertido en recipiente, sostiene a la Virgen, y los dos laterales se desenvuelven en sentido horizontal formando roleos que contienen a los doce reyes de Judá. Éstos se representan de medio cuerpo y sobre amplias flores como en Guadalupe. La Virgen se asemeja a la del Pilar y es evidentemente una obra posterior.

Toda la crestería que representa al árbol de Jessé ocupa la parte central de la reja, estando los laterales decorados con roleos semejantes pero sin figuras, desarrollados simétricamente a los lados de un vástago que acaba en jarra llameante. En los extremos van las campanillas en un marco arquitectónico del primer Renacimiento.

Es curioso observar que así como el árbol de Jessé aquí representado se asemeja mucho al de la miniatura guadalupana, no ocurre lo mismo con el entorno, que en el monasterio es una decoración gótica tardía y en la catedral es absolutamente renacentista. Esto puede explicarse quizá por las circunstancias artísticas ambientales que rodeaban a los artistas, pero también puede pensarse en un modelo gráfico del árbol que se aplicaba en cualquier tipo de obra en que fuese requerido.

Esta reja que hoy vemos fue reconstruida en parte en el siglo pasado, pues quedó muy destruida con el derrumbamiento del cimborrio el 1 de agosto de 1888 (12), que la arrastró en su caída, conservándose fotografías de la catástrofe (13). Los proyectos de restauración de la reja se hicieron en 1900 (14) y algún tiempo después se realizaron. La reconstrucción que se hizo fue totalmente fidedigna, ya que se conservaban fotografías anteriores (15), y que la reja no se destruyó del todo, por lo que nuestro ejemplo del árbol de Jessé resulta totalmente válido. Aproximadamente de estas mismas fechas debe ser la reja que cierra la capilla del alcázar, de cuyo retablo cerámico ya tratamos. La reja, pequeña y de trazado gótico, está rematada en un calado árbol de Jessé muy relacionado con el de la reja de la capilla mayor de la catedral y, a su vez, con la miniatura de Guadalupe. La imagen de Jessé tiene la misma disposición que la de la catedral, mientras que la Virgen sentada, y sobre todo los profetas -reyes de medio cuerpo surgiendo de flores- recuerdan tanto a Guadalupe como a las figuras que se representan en el retablo cerámico cuya capilla cierran.

La otra reja de la catedral de Sevilla que contiene un árbol de Jessé es mucho más tardía, pues data de 1564, hallándose colocada en la capilla llamada del obispo de Scalas (16) en la nave izquierda del templo (fig. 7).

Esta obra, realizada para cerrar una hermosa capilla renacentista, que contiene mármoles italianos importados, se halla ya dentro del más puro estilo renacentista como demuestran sus dos registros de barrotes abalaustrados y los dos frisos decorados con temas vegetales que los rematan.

El árbol se encuentra en la parte superior ocupando el arco ojival de la estructura arquitectónica, y su distribución ornamental es muy semejante a la de la reja del coro. Consta de un tronco del que brotan tres ramas, la central introduce una jarra en su trayecto y acaba como peana de la Virgen, mientras que las dos laterales van formando roleos para contener a cada uno de los personajes. Éstos brotan también de una flor, quedando sus pies ocultos en ella. La Virgen, de cuerpo completo, se inscribe en el consabido círculo de rayos flameantes, habiéndose convertido en Inmaculada, mientras que Jessé ha desaparecido.

En esta reja, aunque la decoración vegetal y su disposición estructural es semejante a la de los modelos anteriormente vistos, sus figuras han perdido ya la estilística flamenca y se hallan dentro del más puro estilo italiano. Pliegues suaves, posturas estudiadamente giradas, en especial en la Virgen, hablan de los modelos renacentistas, que en estas fechas de la segunda mitad del siglo dominaban el medio artístico sevillano.

El último ejemplo, que creemos haber localizado en la catedral de Sevilla, consiste en un relieve arquitectónico que se halla situado en el lado izquierdo del crucero rodeando la vidriera que corona el testero de este brazo. El lugar tan oscuro en que se halla situado, y sobre todo la luz de la vidriera que oscurece el entorno, ha hecho que haya pasado desapercibido hasta el momento. Otros motivos dificultan también su identificación, especialmente el que no contenga ninguna figura humana (fig. 8). Se trata de un alto relieve que rodea la vidriera circular y que se compone de unos troncos retorcidos y espinosos que partiendo del centro inferior del óculo se extienden en varias ramas por los lados rodeando la ventana para unirse en la parte superior de ella y terminar en un penacho de cardina. En los lados, estas ramas, que se entrelazan formando ochos, soportan diez ménsulas -cinco a cada lado- que estaban destinadas a acoger pequeñas esculturas, cubiertas por chapiteles o baldaquinos. Quedan en la actualidad las ménsulas y los baldaquinos pero no las esculturas. En el arranque de los troncos o base del óculo, en el lugar que correspondería a Jessé, no hay ninguna figura, ni tampoco en la cúspide del árbol, donde debería ir la Virgen, pero en la parte inferior queda la huella de una escultura arrancada.

Con respecto a la fecha de esta ornamentación no podemos darla con seguridad, pero en los estudios arquitectónicos hechos sobre la catedral se documenta el triforio que se halla justo debajo del ventanal en 1510 (17), y en el mismo año se pagan las esculturas que se hacen en ese testero, diciendo así el documento: "A Sebastián Almonacid (imaginero) 3.750 maravedises de cinco imágenes que fizo para el andén que sale a los Naranjos", y más adelante: "A Pedro Fernández 2.500 maravedises por pintar cinco imágenes para el andén que está sobre la puerta que sale a los Naranjos (18). El hecho de especificar "el andén" sitúa las esculturas sobre la balaustrada del triforio, lugar que ocupa el presunto árbol de Jessé.

Estas cinco esculturas podían ser parte de las que estaban previstas para los diez nichos del árbol, hoy vacíos, y a las que pudo afectar la caída del cimborrio de 1511 o la de 1888, aunque fuera indirectamente, o bien otros avatares del testero.

El aspecto de la ornamentación del árbol es verdaderamente muy goticista, pues los troncos recuerdan árboles espinosos propios de los grabados flamencos y alemanes. Asimismo, el modo de retorcerse formando ochos, las cardinas que de ellos brotan y los chapiteles y ménsulas previstos para las estatuas presentan estructuras y decoraciones absolutamente góticas.

Merece la pena resaltar que este testero se decora al exterior por unas bellísimas molduras de complicadas líneas y abundantes penachos vegetales del más puro estilo flamígero, así como el otro testero del crucero, el derecho, que, aunque de diferente diseño -en este caso estrellado-, pertenecen a un mismo estilo y a una misma época, que hemos de situar antes de 1510.

Es interesante constatar que estos óculos de la parte alta del crucero no tienen similitud decorativa con ninguna de las demás decoraciones del templo,

y que los dos contienen vidrieras correspondientes a Arnao de Flandes y Arnao de Vergara, maestros flamencos que trabajan en la catedral. A Arnao de Flandes y a su hermano Arnao de Vergara corresponde la vidriera del lado izquierdo, la que se rodea con el árbol de Jessé que se data por Nieto en 1539 (19), y que Gestoso dice retocada en 1541 (20) y sólo realizada por el primer de los dos hermanos. No sabemos si en la colocación de la vidriera sufrieron las esculturas o fueron quitadas y no se volvieron a poner, cualquiera de las hipótesis sobre su desaparición es posible.

La decoración arquitectónica exterior del óculo está indudablemente relacionada con la interior, es decir, con el posible árbol de Jessé, lo que hace pensar en un maestro flamenco o francés que introdujera no sólo las ricas decoraciones flamígeras del exterior, sino también el arcaizante tema del árbol de Jessé del interior.

La identificación que nosotros proponemos de esta decoración con el árbol de Jessé se apoya además en otros ejemplos conocidos de árboles rodeando ventanas a principios del siglo XVI como el de la capilla del hospital de Issodoun (21). Existe, sin embargo, el elemento negativo de que la decoración sevillana no contiene imágenes, pero el diseño del árbol y los huecos de las hornacinas nos han hecho pensar en ello. Bien es verdad que en lugar de doce huecos sólo hay diez, pero sabemos que el árbol de Jessé no siempre tuvo doce figuras además de la Virgen y Jessé. El hallarse arrancada la figura de la base nos dice que por lo menos existió anteriormente, así como las hornacinas vacías que debieron contener al menos en parte las esculturas realizadas por Almonacid y pintadas por Pedro Fernández -seguramente hermano de Alejo-; sin embargo, la figura de la Virgen no coronaba el árbol, ya que, como advertimos anteriormente, su remate es un penacho de cardina.

Puede decirse que se trata de las últimas expresiones sevillanas del tema del árbol de Jessé, tanto en la arquitectura como el rejería, pues, aunque todavía en 1600 se pinta algún lienzo como el de la parroquia de San Martín de Bollullos, el tema a mediados del siglo ha quedado ya casi olvidado por resultar ya incomprensible para los fieles. Fue claramente el tema de Jessé muy del gusto de los nobles del Bajo Medievo que quisieron hacer a Cristo y a la Virgen a su imagen y semejanza creándoles una parentela noble y real, como ellos mismos tenían o querían tener, y encuadrándola en un árbol genealógico a la manera humana. El Renacimiento vino a romper con ello trayendo otras comparaciones y otra iconografía más de acuerdo con la humanidad de los dioses clásicos y con los principios humanistas del arte y la sabiduría.


NOTAS

(1) E. Mále, L'Art religieux du XII siécle, París, 1922, p. 168.

(2) L. Kingsley Porter, "Spain or Toulouse and Other Questions", The Art Bulletin, Nueva York, 1924, p. 15.

(3) K. Künstle, Ikonographie der christlichen Kunst, Berlín, 1928, p. 296; y A. Watson, The early iconography of the tree of Jessé, Oxford, 1934.

(4) J. Baltrusaitis, La Edad Media fantástica, Madrid, 1983, pp. 200 y ss.

(5) J. Guerrero Lovillo, "Sobre el origen indio del árbol de Jesé", Archivo Español de Arte, núm. 17, Madrid, 1944, pp. 330-333.

(6) S. Sebastián, Espacio y Símbolo, Córdoba, 1977, pp. 60-63.

(7) L. Reau, Iconographie de l'Art Chrétien, t. Il, 2, París, 1957, p. 131.

(8) Cantoral de Guadalupe, siglo XVI, libro 27, f. 60v, Monasterio de Guadalupe.

(9) A. Watson, ob. cit., p. 296.

(10) L. Reau, ob. cit., p. 135.

(11) A. Morales, Francisco Niculoso Pisano, Arte Hispalense, n.° 14, Sevilla, 1977.

(12) J. Gestoso, Sevilla Monumental y Artística, t. 11, Sevilla, 1890, reed. de 1984, pp. 259-261.

(13) T. Falcón, La catedral de Sevilla, estudio arquitectónico, Sevilla, 1980, lám. V, fig. 2.

(14) R. Luna Fernández-Aramburu y C. Serrano Barberán, Planos y dibujos del Archivo de la Catedral de Sevilla, Sevilla, 1986, pp. 161-162, figs. 40 y 41.

(15) J. Gestoso, op. cit., p. 261.

(16) A. Morales, "Artes aplicadas e industriales en la catedral de Sevilla", La Catedral de Sevilla, Sevilla, 1984, pp. 559 y 563, fig. 549.

(17) T. Falcón, ob. cit., p. 30.

(18) J. Gestoso, ob. cit., p. 46, notas.

(19) V. Nieto, "Las vidrieras de la Catedral de Sevilla", La catedral de Sevilla, Sevilla, 1984, p. 494.

(20) J. Gestoso, ob. cit., p. 181.

(21) J. Baltrusaitis, ob. cit., pp. 201-202, texto y notas.