CUADERNOS DE ARTE E ICONOGRAFIA / Tomo II - 4. 1989
 

 

PERSISTENCIA ICONOGRÁFICA MEDIEVAL EN LA BAJA EXTREMADURA

Lectura teológico-moral de las pinturas murales de la sacristía de Cabeza del Buey

Francisco Tejada Vizuete

No abundan en la Baja Extremadura -por no afirmar no existen- estudios iconográficos de cierta rigurosidad (1), ni siquiera sobre aquellas obras artísticas más relevantes y merecedoras de una más adecuada comprensión. Baste referirnos -a título de ejemplo- al conjunto escultórico más ambicioso, emprendido a mediados del siglo XVI: el coro de la catedral; obra sobre la que las aproximaciones no han superado la identificación hagiográfica, cuando no han caído en errores pintorescos (2).

Tal circunstancia -indicadora, por otra parte, de la dificultad del tema, de no contar con el necesario equipamiento de las fuentes requeridas- no deja de ser, sin embargo, chocante en una región que aporta al humanismo español del Siglo de Oro -y en particular al mundo de la Emblemática- figuras tan sugerentes como Francisco Sánchez "el Brócense", Arias Montano o Diego López, y que, todavía, puede contar en los estertores de aquella cultura "visual y filosófica" (3), con la aportación de Diego Suárez de Figueroa. Y también nos resulta llamativo que los eruditos locales de nuestro siglo pasaran por alto -o desconocieran, si exceptuamos a Rodríguez Moñino- aquellos tratados -insustituibles, desde luego, para una Historia del Arte que pretenda serlo "del espíritu humano expresado en formas"- que, en generosa cantidad y calidad, tenían a mano y que fácilmente hemos podido agrupar bajo el común denominador de "la Emblemática y sus fuentes" (4). En este contexto, pues, nos hemos acercado a un tema iconográfico que, para no perderse en particularidades dispersas acá o allá, se centra en un conjunto temático unitario: las pinturas murales de la sacristía de la parroquia de Nuestra Señora de la Armentera en Cabeza del Buey. Tal conjunto, anónimo y tardíamente realizado (1788), entre otras sugerencias, nos descubre:
- que, antes que tratarse de un caso de arcaísmo iconográfico, se trata de persistencia pretendida por quienes todavía, sin solución de continuidad, podían mantenerla: el estamento clerical;
- que una realización tal supone un programa muy elaborado, en base al conocimiento de unas fuentes literarias de carácter teológico y humanístico suficientemente dominadas;
- que, de querer nosotros acceder a la lectura que sus autores quisieron transmitir, hemos de remontar el camino -en ocasiones arduo- hacia el encuentro con las mismas fuentes.

I. Textos e iconografía: las fuentes

La sacristía, espacio rectangular de 9 X 6 metros anexo al templo -junto a la cabecera y del lado del evangelio-, se cubre de bóveda de cañón sobre lunetos. Tal espacio se divide en tres tramos, en los que, longitudinalmente, arcos rebajados (a menor altura los del muro norte, para posibilitar el derrame de los vanos) se encajan entre las pilastras. La decoración ocupa la mitad superior de los muros y la bóveda.

1. En el muro oeste ?punto de partida del programa iconográfico? se ha dejado constancia de los patrocinadores de la obra: la tiara pontificia y las llaves de San Pedro vienen a ser anagrama o escudo de la Cofradía o Hermandad sacerdotal del mismo nombre. Un gran cuadro exento de la Cena -hoy desaparecido, salvo el marco- (5) ocupa la parte central, flanqueado por dos ángeles trompeteros de cuyos instrumentos emergen filacterias con las leyendas " PANEM DE COELO PRAESTITISTI EIS - PANEM ANGELORUM MANDUCAVIT HOMO". Sobre el cuadro, y en una primera cartela elipsoide, leemos un también primer texto del Oficio del Corpus -en concreto del himno de Maitines-: "Post agnum typicum / Expletis epulis / Corpus Dominicum / Datur discipulis", mientras que se toma de la Secuencia de la Misa de esta fiesta el del sol y la luna que escoltan la cartela: " NOVUM PASCHA NOVAE LEGIS / PHASE VETUS TERMINAT."

2. El himno de Maitines se continúa en la cartela del espacio bajo el luneto del inmediato muro norte: " O res mirabilis / Manducat Dominum / Pauper servus inutilis." Se interrumpe tema y texto en el tramo central -de carcater mariológico-, en cuyo vano ciego se deja constancia de la fecha de la decoración (1788), y en el tramo final, para cuya cartela se toma como tema un texto elaborado a partir del emblema 7.° de Alciato: "Toda la veneración / Devida a tu dignidad / advierte que se la dan / non tibi, sed religioni. Alciato 7"; alusión clara, en este caso, al sacerdote, tal y como leemos en el comentario de la edición plantiniana (6):

"Sacerdotes, Episcopi et quibus sacris praesunt, in honore sunt habendi, ob id maxime quod sacris praesint, quorum sunt administrari... Meminerint tamen se homines esse. Non es Deus. Sed Deum fers: Non vobis haec, sed Deo soli omnis est tribuenda gloria."

Por la rosca de los arcos señalados discurre el texto de San Pablo (1.ª Cor 11,28): QUICUMQUE MANDUCAVERIT PANEM HUNC / VEL BIBERIT CALICEM DOMINI INDIGNE / REUS ERIT CORPORIS ET SANGUINIS DOMINI. La "Intentio" de celebrar la misa "et conficere Corpus et Sanguinem Domini Nostri Iessuxri. iuxta Ritus Romanae Ecclesiae..." y la oración de San Ignacio "Anima Christi, santifica me...", en cuadros simulados sobre las pilastras, completan la grafía de este muro.

3. En el muro este nos encontramos con una primera serie animalística, acompañada de sus respectivos textos. Sobre el vano se alza la cruz, por la que el poder de la serpiente, derrotada a sus pies queda vencido: QUI LIGNO VINCEBAT / IN LIGNO QUOQUE VINCERETUR, según canta el prefacio de la Cruz. Flanquean este vano sendos árboles, sobre cuyas copas anidan el pelícano y el ave Fénix.

Por el primero, que derrama su sangre sobre sus crías muertas para devolverles la vida (7), tan frecuentemente representado en las puertas de los sagrarios y en escenas de la Crucifixión, el cristianismo ha venido a destacar el amor de Jesús. Y en esta dirección comentaría profusamente San Agustín la frase de que se acompaña el nuestro, tomada del salmo 101 (v. 7.8, tácitamente presentes en otros momentos del contexto, como veremos): SIMILIS FACTUS SUM PELICANO. Tal virtud amorosamente vivificadora -"afecto materno" de Jesús- es subrayada por Agustín:

"No callemos lo que se dice o se lee acerca de esta ave, es decir el pelicano... Vosotros oídlo de modo que, si es cierto, veáis la congruencia y, si es falso, lo desechéis. Se dice que estas aves matan a sus polluelos a picotazos y que, una vez muertos los lloran por tres días en el nido; se dice también que, hiriéndose la madre gravemente a sí misma, derrama su sangre sobre sus hijos, con la cual rociados reviven... Si es verdad, observad cómo conviene a Aquel que nos vivificó con su sangre... Luego este ave, si es cierto esto, tiene gran semejanza con la carne de Cristo, con cuya sangre liemos sido vivificados. Pero ¿cómo conviene a Cristo el matar ella a los hijos? ¿Acaso no le conviene lo que se dice en el Deuteronomio: Yo mataré y yo vificaré, yo heriré y yo sanaré? ¿Por ventura hubiera muerto Saulo perseguidor si no hubiera sido herido desde el cielo; o hubiera resucitado predicador si no hubiera sido vivificado por la sangre de Cristo? ..." (8).

De entre la variada simbología del ave Fénix se destaca la común referencia a la resurrección, tal y como el propio texto de que se acompaña (ITERUM IPSE PHENIX, Tert.), entresacado de Tertuliano, nos sugiere. Si bien no hemos localizado la fuente directa, la referencia indirecta a su obra De resurrectione carnis se nos impone, tal y como nos da a entender Ponce de León en su comentario a dicha ave en el Fisiólogo (9):

"Tertulianus vero hac de re agens: Accipe (ait) plenissimum atque firmissimum huius spei specimem, illud dico alitem Orientis peculiarem, de singularitate famosum, de posteritate monstruosum, qui semetipsum lubenter funerans, renovat, natali fine decedens atque succedens iterum Phoenix: Ubi iam nemo, iterum ipse."

Sendos leones, por último, a la base rematan la escena, discurriendo Longitudinalmente una leyenda, ahora incompleta por el deterioro: "... tamquam leones a tua mensa recedamus... terribiles...", y que, en su integridad, leemos en la homilía 61 ad Pop. del Crisóstomo: " Quocirca tamquam leones ignem spirantes ab illa mensa recedamus, facti diabolo terribiles, et caput nostrum mente revolventes et charitatem quam nobis exhibuit." Cornelio a Lápide, al integrar el texto en su comentario al profeta Ezequiel, 43,15 (10), nos permite acceder a una lectura iconográfica bastante precisa en este caso, en la plural simbólica del león (11).

El altar o Ariel del citado texto de Ezequiel se denomina harel (monte de Dios), por sobresalir, a manera de montículo, en el monte de Sión; es decir, en el atrio de los sacerdotes. También es llamado haariel (león de Dios), por múltiples razones: porque los que se acercan al altar para sacrificar recuerdan que Dios, a quien se le da culto en el mismo, es el león que ahuyenta a los soberbios y acoge a los que humildemente le suplican; por personificar Ariel a Jerusalén (cfr. Is. 39,1), el león de dios por su extraordinaria fuerza, y ser en ella David rey poderosísimo, de cuya descendencia predijo Jacob (Gén 49,9) aquello de " Judá, cachorro de león...". Al estar dedicado el altar a Dios y ser llamado león de dios se significa, por otra parte, la vigilancia protectora de Dios sobre su pueblo. Además, Ariel significa también "maledictionis aries", al ofrecerse en él por los pecados los carneros. Por último, San Jerónimo le denominará "quasi uriel", esto es, luz o iluminación de Dios, representada por el fuego del altar. De ahí que concluya Cornelio a Lápide:

"Allegorice haec omnia competunt Christo qui est nostrum altare id est mons, leo, lux, aries Dei, factuque pro nobis maledictum atque haec eadem ipse suis fidelibus communicat, quia communicat seipsum, praesertim in Eucharistia. Quocirca tamquam leones..."

4. En el muro sur se recupera la lectura interrumpida en el muro opuesto, discurriendo la última estrofa del himno de Maitines por la rosca de los arcos interpilares: SIC NOS TU VISITA SICUT TE COLIMUS / PER TUAS SEMITAS DUC NOS QUO TENDIMUS / AD LUCEM QUAM INHAVITAS.

De los tres vanos ciegos que se elevan sobre los arcos, los dos extremos simulan una reja con el anagrama de María, bordeando el intradós del central la leyenda: "Mundi Magister atque coeli Ianitor." Aplicado por Ovidio tal título (coeli Ianitor) a Jano y no verificándose el mismo referido a Cristo en las Sagradas Escrituras, conviene, sin embargo, a Jesucristo Maestro: "Ianitores" son los doctores de la Ley, por ser los "clavijeros" de la sabiduría, aunque a veces éstos ni entren ni dejen entrar, cual los escribas y fariseos (Lc. 9,52). Y como Jano, que recibe su nombre por ser el Dios que abre y gobierna las entradas y salidas, es representado bifronte -mirando, pues, pasado y presente-, así, comenta Cornelio a Lapide, " doctorum est praeterita evolvere et praesentia ac futura prospicere ac utraque suos docere" (12).

Vuelven las cartelas superiores a dar avisos al ministro de la Eucaristía sobre la disposición al celebrar ("Trátalos bien porque fueron / Estos sacros ornamentos / De su pasión instrumentos - Pues no sabes si será / el último sachrificio / haz como debes tu oficio" concluyendo la última con una estrofa de la Secuencia del Corpus: "Mors est malis, vita bonis / Vide paris sumptionis / quam sit dispar exitus", réplica versificada del texto de Pablo (I.ª Cor 11,28). Todavía, y en los simulados cuadros sobre las pilastras, cuatro deliciosas décimas alusivas también a la disposición del ministro de la Eucaristía y requiriéndole a una respetuosa celebración, etc.

5. Ahora la bóveda se nos puebla de animalística y otros motivos iconográficos, acompañados de sus respectivas leyendas. En el tramo inmediato al muro este y sobre el vértice superior de los lunetos se yerguen sendas grullas. En dos ocasiones se refiere a éstas el Bestiario toscano (13). En la primera, y tras el relato del apólogo del rey sabio que tenía tres hijos y depositará la sucesión en el menor (que sólo deseaba poseer un cuello tan grande domo el de la grulla, a fin de que, antes que la palabra saliera de su boca, hubiera de torcer tres veces el cuello y, de este modo, no fallar ni errar), el rey exclama: "Hijo, tú has elegido lo más humilde, y tienes voluntad para hacer tus trabajos seriamente, y por eso serás rey después de mí." La consecuencia que establece el autor es la siguiente: "Así obra nuestro Señor ante el hombre humilde y de buenas obras: lo hace rey, y no mira sus bienes y riquezas, ni amigos ni linaje", etc. En la segunda ocasión, el Bestiario se refiere a la vigilancia, remitiéndonos a la conocida particularidad que la que vela, en el grupo, "tiene una piedra en una de sus patas para que si la piedra cae, que despierte, si dormida está".

Pues bien, de esta última manera nos la ofrece nuestro iconógrafo, en un lado, sobre el texto tomado de la antífona del oficio de Completas para el " Nun dimittes...": SALVA NOS VIGILANTES; texto que se concluye con la expresión: "Custodi nos durmientes, ut vigilemus cum Christo et requiescamus in pace." Al otro lado, el texto, que se toma de Isaías 14,13 (IN COELUM CONSCENDAM), a la vez que deja constancia de una particularidad de la grulla hoy verificada -la de su alto vuelo, por encima de los 2.900 metros de altitud (14)-, es un contundente aviso contra la soberbia, tal y como en Isaías se condena la del rey de Babilonia, personificación de Lucifer. Por contraste, pues, es un requerimiento a la humildad y así es visto por San Bernardo al concluir sus consideraciones sobre el primer grado de la humildad (Tract. De XII Grad. HumiL, gradu 1):

"O Lucifer! inquit, qui mane oriebaris, imo iam non lucifer, sed noctifer, aut etiam mortifer. Rectus tuus cursus erat ab Oriente ad Meridiem, et tu praepostero ordine tendis ad Aquilonem; quanto magis ad alta festinas, tanto celerius ad occasum declinas..."

En el tramo central de la bóveda, a ambos extremos de cada luneto, cuatro árboles (sobre sus copas ángeles músicos, acompañados de laúd, violín, guitarra y corno, entonan el pasaje del Gloria: TU SOLUS SANCTUS; TU SOLUS DOMINUS; TU SOLUS ALTISSIMUS, JESSUCHRISTE) no nos permiten precisar el tetrasigno anunciado en las citas de su base. No son reconocibles con seguridad los que se nombran SIGNA PIETATIS, SIGNA SALUTIS; sí lo son el ciprés, de leyenda perdida, y la palmera, en la que campea SIGNA VICTORIAE (15). Es fácil apostar, sin embargo, por una lectura de conjunto significativa de los efectos de la Eucaristía, que da la vida al alma, que la vigoriza y la hace invencible, que es prenda de vida eterna, que manifiesta la suma caridad de Cristo, etc., aunque nos falte un signo tan querido para Agustín ?y otros Santos Padres?, cuando exclama: "O sacramentum pietatis, o signum unitatis, o vinculum charitatis..." (16). Por otra parte, tampoco es difícil establecer la conexión de estos árboles con el árbol de la vida, prefiguración, para los Padres, de la Eucaristía, cuya fuerza deviene de la Cruz de Cristo, y en la que Cristo mismo es cedro, ciprés, olivo y palmera, como dice el Crisóstomo: " In cruce enim Christus quasi cedrus exaltatus fuit, quasi cupressus comata pulchruit, quasi oliva gratiae oleum fudit, quasi palma victrix de morte triumphavit."

Por último, y sobre otros dos árboles que emergen del vértice superior de los lunetos, un bello ejemplar de búho real y una lechuza se aferran a sus ramas. Aunque sean aves que no deben confundirse, lo cierto es que no se llega a una precisa distinción sobre ellas en la Escritura. Y, en cuanto a su significación, es Agustín de nuevo quien, en su ya citado comentario al salmo 101 y al mismo versículo, nos instruye. Tras diversas ejemplificaciones sobre el que predica la palabra, sufre con los débiles y busca la ganancia de Cristo y aseverar que las tres aves (pelícano, búho y pájaro solitario) pueden personificar a un mismo hombre, exclama: " ¿Pero a qué hablar mucho de éstos? Pongamos la mirada en el mismo Señor...", para continuar:

"Ved que este búho que habita en el paredón ama también la noche; porque, si no la amase, ¿cómo diría: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen? Después de haber nacido en la soledad..., y de haber padecido en las tinieblas de los judíos, como en la noche, y en la prevaricación, como en las ruinas, ¿qué aconteció? Vigilé. Luego dormías en el paredón, pues dijiste: Yo me dormí..., porque quise; amando la noche, dormí. Pero el salmo en el que se dice: Yo me dormí, prosigue diciendo: y me levanté. Luego por eso dice en el que comentamos, vigilé. Después de vigilar o despertar, ¿qué hizo? Subió al cielo..."

Nos encontramos, pues, con la misma significación positiva que subrayara el Fisiólogo que, a la objeción de la impureza del ave, contesta: "Sin embargo, el Salvador dijo por boca del Apóstol: "El que no había conocido pecado, se hizo pecado por nosotros; se humilló a sí mismo, para elevarnos a nosotros; se hizo a todo, para salvarnos a todos"" (17).

Una pareja de monos, sujetos por el cuello a una cadena que cuelga de una argolla y que portan en sus manos derechas un objeto esférico, completan la decoración animalística ya en el último tramo. Enemigos irreconciliables del león, que no los soporta, el Bestiario Toscano subraya negativamente su capacidad imitativa que acaba por hacerles presa del cazador. De ahí que a ellos haya de compararse los que "pecan por propia voluntad, porque ellos imitan al diablo que fue el primero que pecó". No otra cosa parece querer transmitirnos el incompleto texto que les acompaña: ...AUTEM DEMONES.

6. La referencia mariológica del tramo central del muro norte encuentra una explicación suficiente en la propia titularidad del templo, limitándose -por otra parte- a la salutación hímnica AVE REGINA COELUM y otros versos latinos. De ahí que no nos parezca significativa al contexto.

II. Lectura teológico-moral

1. La Eucaristía en el Concilio de Trento: presencia real y verdadero sacrificio.

Al tratar de la Eucaristía Trento tiene bien presentes los errores de los reformadores, queriendo explícitamente elaborar contra ellos una síntesis teológica; síntesis que, por otra parte, no se verificó de un modo sistemático (18), al abordar el tema en tres sesiones (19): sesión XIII (1551), sobre la presencia real; sesión XXI (1562), sobre la comunión; sesión XXII, sobre el sacrificio de la Misa (1562).

De la sesión XIII nos interesa destacar, como elementos significativos de la controversia, el canon 1 (Dz 883) -en el que queda expresado cómo en el sacramento de la Eucaristía "se contiene verdadera, real y sustancialmente el cuerpo y la sangre... de nuestro Señor Jesucristo"-, y el canon 4 (Dz 886), por el que se afirma tal presencia real más allá del uso inmediato del sacramento, tras la consagración. Tales aspectos realistas de la presencia quedan subrayados en nuestra sacristía y lo es, precisamente, por el hecho de haberse contextualizado su lenguaje en la Fiesta del Corpus, con la que Trento viene a sancionar de hecho la permanencia de una tal presencia real; fiesta en la que " la verdad victoriosa celebra su triunfo sobre la mentira y la herejía"; fiesta en la que legítimamente se le tributa al sacramento el culto de latría "porque aquel mismo Dios creemos que está en él presente, a quien al introducirle el Padre eterno en el orbe de la tierra dice: Y adórenle todos los ángeles de Dios (Hebr. 1,6)" (Dz 878; 888). De ahí también el canto adorativo de nuestros ángeles en el centro de la bóveda.

Punto decisivo de la controversia y, desde luego, el más impugnado por los protestantes era el relativo al valor sacrificial de la Misa. Los capítulos y cánones de la sesión XXII eran tantos cuantos errores se comprenden en la lista elaborada por los peritos conciliares, aunque se polarice la cuestión en la negación protestante del sacrificio eucarístico de la misa, al que ven en contradicción con el mensaje de la Cena y la oblación de la cruz. De ahí que sólo lo admitieran como "mera conmemoración" del de la cruz. Igualmente se superarán ciertas diferencias interpretativas entre el grupo de Laínez y el de Seripando sobre si en la Cena hubo o no verdadero sacrificio, para afirmar todos el hecho de que la Misa es verdadero y propio sacrificio (canon 1, Dz 948), sacrificio propiciatorio -término usado como sinónimo de expiatorio-. Dejando a un lado, pues, el cómo, o explicación del hecho, Trento afirma de la Misa ser sacrificio sacramental o sacramento sacrificial.

La unión con el de la cruz, de cuyo acontecimiento deviene a la eucaristía su significación, es pretendidamente señalada por la simbólica animalística de nuestra Sacristía: pelícano, fénix y, de manera particular, león, que es, a la vez, altar y víctima. Y no hay reparo en descender -como no lo hubo en Trento- al hablar del sacrificio eucarístico en detalles que puedieran parecer anecdóticos, ya que se trata, en la intención, de celebrar según el rito de la Iglesia romana. Trento condena la afirmación de que las ceremonias, vestiduras, etc., que usa la Iglesia católica sean provocación a la impiedad (canon 7, Dz 954). Nuestro poeta avisa: "Trátalos bien porque fueron / Estos sacros ornamentos / de su pasión instrumentos."

2. Sobre la disposición para recibir la Eucaristía y sus efectos

Trento había condenado en la sesión XIII (Dz 893) aquella proposición que afirmara ser suficiente la fe para recibir la Eucaristía, declarando también la necesidad previa de la confesión sacramental, habida facilidad, para quienes se encuentren en pecado mortal. Nuestra sacristía será recordatorio no sólo por el texto de Pablo de la 1.ª Cor., utilizado por el cap. 7 de referida sesión (Dz 880) o por la referencia hímnica Mors est malis..., sino particularmente por las décimas de las pilastras: en tal sacrificio, fuente de la gracia, el que se acerca "su cristal puro no intente / turbar con atrebimiento / Sírvales pues de escarmiento / de Judas la alevosía...". Por el contrario, "casto, puro i con reposo trate a su Dios verdadero / pues le tiene hecho cordero / manso, humilde y amoroso...". Humildad y vigilancia quedarán efigiadas en las aves pertinentes, ya que no se trata de desarrollar un programa de virtudes cristianas, para, finalmente, sugerir en los monos encadenados, enemigos de Cristo, la condición del pecador.

Los Santos Padres, y de manera peculiar San Agustín, habían puesto el énfasis especialmente en los aspectos eclesiológicos de la Eucaristía, cuyo primer efecto sería la incorporación a la unidad del cuerpo místico de Cristo (20). Tal doctrina llega todavía con suficiente fuerza al siglo XVII: en una multiplicación progresiva del número de efectos que produce la Eucaristía aún se subraya entre los primeros por Cornelio a Lápide: ya que, por unirnos a Cristo, la Eucaristía es "symbolum societatis et unitatis, vinculum charitatis et amoris christianorum" (21). Aunque tal doctrina no desaparezca del horizonte teológico de Trento -de hecho queda recogido en el proemio de la sesión XIII (Dz 873a)-, lo cierto es que tal efecto pasa ya en el capítulo 2.° de la misma sesión a un último lugar, tras afirmarse ser alimento de las almas, antídoto del pecado, prenda de la gloria futura, y acaba por desaparecer prácticamente en el Catecismo de Trento que, dirigido a los párrocos, dispusiera Pío V.

En las pinturas de nuestra sacristía también se desdibuja, por cuanto los SIGNA se dirigen, "in recto", a los efectos de la autorrealización personal individual, antes que a los de la autorrealización de la Iglesia. Karl Rahner ha insistido vigorosamente en el tema, cuando afirma:

"La Iglesia, al distribuir a los individuos el cuerpo de Cristo, que ella tiene en su posesión como prenda de salud y como presencia de salud en ella, los hace partícipes, para su salud individual, de la unidad, caridad y de la plenitud del Espíritu de esta santa comunidad de alianza con Dios, llenándolos así de toda gracia. Y sólo cuando uno está incondicionalmente dispuesto a entregarse al hecho eclesiástico integral que ocurre en la eucaristía, por el cual la Iglesia... se incorpora más profundamente a la muerte de Cristo..., entonces es cuando se hace partícipe de los frutos y gracias de este sacramento" (22).

Pero no podemos olvidar que nuestra sacristía se inserta en la corriente de una piedad eucarística que se precipita -todavía más aceleradamente en el siglo XIX- a un clima de intenso pietismo. Nos resta ya sólo señalar cómo la razón frontal de la institución de este sacramento ("Nuestro Salvador, cuando estaba para salir de este mundo al Padre, instituyó este sacramento en el que vino como a derramar las riquezas de su divino amor hacia los hombres", Dz 875) si bien quedaba reflejada en la simbología misma sacrificial del muro este, todavía seguirá explicitándose más en el ave nocturna de la bóveda, a la que llega el eco del salmo 101, tan bellamente comentado por San Agustín: amor, pues, que se apiada con entrañas maternas de los que habitan en sombras de muerte.


NOTAS

(1) El estudio de Juan Miguel Larios Larios ("Iconografía eucarística en la Custodia de la Catedral de Badajoz", Actas del VI Congreso de Estudios Extremeños, Edit. Inst. Cult. Pedro de Valencia, Badajoz, 1981) viene a ser excepción en la regla.

(2) Así Mélida, Catálogo Monumental de España. Provincia de Badajoz, II, Madrid, 1926. Curiosamente Rodríguez Moñino le seguirá en sus errores, confundiendo virtudes de las tribunas con ángeles.

(3) Cfr. González de Zárate, Emblemas regio-políticos de Solórzano, Edit. Tuero, Madrid, 1987.

(4) Proceden todos de los fondos antiguos de la Biblioteca del Seminario Diocesano de San Atón (Badajoz). Expusimos (noviembre 1987) 36 obras de las que dejamos catálogo multicopiado. A partir de estos fondos, y en ediciones críticas, la Editorial Tuero ha emprendido una magnífica e inusual colección.

(5) Todavía fue visionado por Mélida, a principios de siglo, quien refiere: "La sacristía conserva... en el testero principal un cuadro pintado en lienzo de 2,58 de largo y 1,70 metros de altura que representa la Sagrada Cena, en la que, a la par que el recuerdo italiano de las figuras, se observa el carácter español de la mesa y que parece obra de escuela cordobesa" (op, cit., Catálogo, p. 187).

(6) Cfr. Andrés Alciato, Emblemata,Christophorus Plantinus, Antuerpiae, 1580.

(7) Cfr. Santiago Sebastián, El fisiólogo atribuido a San Epifanio, seguido del Bestiario Toscano, Edit. Tuero, Madrid, 1986, pp. 53-56.

(8) San Agustín, Enarraciones sobre los Salmos, B.A.C., núm. 255, Madrid, 1966, pp. 640-641.

(9) Gonzalo Ponce de León, Sancti Patris Nostri Epiphanii... ad Physiologum, Apud Zannettum, Romae, 1587.

(10) Cfr. C. a Lapide, Commentaria in Scripturam Sacram, apud Ludovicum Vivés, París (diversas fechas de edición, a partir de 1868, para cada tomo), t. XII, p. 826,2.

(11) Cfr. S. Sebastián, op. cit., pp. 3-12.

(12) Cfr. C. a Lapide, op. cit., t. XII, p. 510,2; t. IX, p. 429,2.

(13) Cfr. S. Sebastián, op. cit., pp. 14-15; 30.

(14) Cfr. Jean Dorst, Les rnigrations des oiseaux, París, 1956, pp. 217-218.

(15) Para la simbología de los árboles, véase Alciato, op. cit. (emblema 197 y ss.); o Diego López, Declaración Magistral sobre los Emblemas de Andrés Alciato, Valencia, 1615. Numerosas referencias se encuentran en la obra de C. a Lapide (cfr. Índices).

(16) San Agustín, Tratados sobre el evangelio de San Juan (Tratado XXIV), B.A.C., núm. 139, Madrid, 1959, p. 670.

(17) Cfr. S. Sebastián, op. cit., pp. 109-111.

(18) Precisamente el no saber cómo abordar el tema sistemáticamente -aparte las razones políticas de la espera de un posible diálogo con los protestantes- llevó a diferir el tratar de la misa como sacrificio, con lo que ambos aspectos (sacrificio-sacramento) quedarían desconectados en la teología posterior.

(19) Citamos los textos conciliares por la edición castellana de E. Denzinger, El Magisterio de la Iglesia, Edit. Herder, Barcelona, 1963. Utilizaremos siempre la sigla usual: Dz.

(20) Cfr. Karl Rahner, La iglesia y los Sacramentos, Edit. Herder, Barcelona, 1967, pp. 88-93.

(21) Cfr. C. a Lapide, op. cit. (voz "Eucharistia" del índice).

(22) K. Rahner, op. cit., p. 93.


ILUSTRACIONES

LÁMINA 1 - LÁMINA 2