CUADERNOS DE ARTE E ICONOGRAFIA / Tomo II - 4. 1989
 

 

ICONOGRAFÍA APÓCRIFA GAUDINIANA

Juan Bassegoda Nonell

Podría pensarse que las atribuciones equivocadas, acerca de las representaciones iconográficas, hacen referencia sólo a las de imágenes antiguas, suponiéndose que aquello que entra en lo contemporáneo ha quedado bien claro y explicado.

Pero no es así y valga como ejemplo el caso de Gaudí, un arquitecto fallecido en 1926, cuya obra ha sido profusa e intencionalmente estudiada por especialistas de arreo.

Las imágenes, escultóricas o escultórico-arquitectónicas de Gaudí, son muy singulares y ni se pueden comparar con las de los arquitectos de su tiempo.

Es indudable que Gaudí intentó expresar una serie de símbolos con las imágenes y formas, más o menos geométricas, que exornan sus edificios. El caso es que nunca se dignó dar la menor explicación acerca de tales símbolos, con la notable y clamorosa excepción del Templo Expiatorio de la Sagrada Familia. En este caso, y muy especialmente en los últimos años de su vida, se complacía en dar largas explicaciones sobre el simbolismo litúrgico de sus formas arquitectónicas. Consiguió un perfecto acuerdo entre los misterios de la Fe y las estaciones del año litúrgico, y las formas arquitectónicas y escultóricas del edificio. Con ello demostró poseer una mente ágil y despierta, capaz de combinar ingeniosamente elementos a veces muy dispares.

Las 18 torres de la Sagrada Familia representan a los 12 apóstoles, los 4 evangelistas, la Virgen y Cristo. En las tres fachadas se explica el Nacimiento, la pasión y la Gloria de Jesucristo, combinando formas y también números. La fachada de la Gloria tendrá siete portales que combinan con las siete virtudes, las siete frases del Padrenuestro, las siete Palabras de Cristo o los siete Sacramentos.

Así pues en la Sagrada Familia es fácil entender el simbolismo gaudiano, ya que se dispone de las correspondientes explicaciones y sólo queda admirar el ingenio con que organizó la composición.

Pero en el resto de los edificios este simbolismo nunca fue explicado por Gaudí, lo que ha dado lugar a diversas interpretaciones, ninguna de las cuales puede ser refrendada adecuadamente y así se tienen algunas muy lógicas y otras disparatadas.

Entre 1884 y 1887 Gaudí se ocupó en la construcción de los pabellones de entrada a la finca Güell donde situó el famoso dragón de hierro forjado. El dragón gira sobre un eje fijo a una columna en cuya cima se halla un naranjo de antimonio.

No fue hasta hace muy poco que se dio a conocer la versión mitológica del dragón (1). Descartada la teoría de San Jorge, ya que de la representación del mílite de Capadocia se puede prescindir del caballo, de la doncella, del dragón pero no del santo, se buscó entre la pléyade de dragones de la mitología. Muchos son los dragones, pero el de la finca Güell tiene dos coordenadas que lo determinan bastante claramente. Son el naranjo y el hecho de estar el dragón encadenado.

Debe ser Ladón, el guardián del jardín de las Hespérides, al que Hércules venció y encadenó en el undécimo trabajo que le impusiera Euristeo para robar las naranjas, o manzanas de oro, de dicho jardín.

Por si la interpretación ofreciera dudas bastaría observar que en la finca de Güell pasó largas temporadas el marqués de Comillas, suegro de Eusebio Güell y protector de Verdaguer, quien le dedicó "La Atlántida", donde se explica el viaje de Hércules al jardín mitológico de Poniente. Gaudí era muy amigo de Verdaguer, al que las naranjas hesperídicas le entusiasmaban y las mencionó repetidamente en su obra poética. Entre ambos convirtieron el jardín de la finca de Güell en el de Hespérides, con el dragón guardián a la puerta. Sentada esta afirmación resultó que, más adelante (2), fue localizada una fuente, conocida por una carta de Verdaguer al canónico Collell, dedicada a Hércules que aparece tocado con el casco descrito por Hesíodo (3).

En otros casos la explicación salta a la vista, como en un cielo raso de la casa Milá, donde figuran en relieve, una cruz, una bandera cuatribarrada y un corazón, símbolo y lema de los Juegos Florales poéticos catalanes: Fe, Pátria, Amor.

Pero cuando las cosas no están tan claras entonces se desata la imaginación de los elucubradores.

Especialmente cuando se trata de explicar el carácter tímido y retraído de Gaudí. Ante la falta de datos se ha recurrido a las más bizarras versiones.

Se ha llegado a asegurar que era descendiente de agotes, pues el primero de los Gaudí, establecido en Riudoms, era un marchante de Auvernia. En todo caso Gaudí ignoró esta circunstancia, que no fue estudiada hasta 1936 (4) cuando se investigó en el archivo parroquial de Riudoms y, desde luego, tener un antepasado de Auvernia no es suficiente para considerarse agote o templario, ni mucho menos.

Partiendo de tan enclenque argumento se infiere que la Sagrada Familia está llena de crípticos signos templarios, cuando la Sagrada Familia es el único edificio del que Gaudí dio claras explicaciones, que nada tienen que ver con las fantasías neo-templarías (5).

En una ocasión alguien pretendía demostrar el carácter templario de Gaudí por el simple hecho de que a la Sagrada Familia no se la llama iglesia sino templo (en catalán, temple).

Argumentos de esta índole llevaron a una doctora polaca a afirmar que Gaudí era gitano, en base a que su padre era calderero. Curiosa idea que mezcla a los gitanos, antaño remendones de ollas de cobre, con los abuelos de Gaudí, que batían el cobre para hacer alambiques para la destilación del alcohol de uva.

Hubo un general prusiano, de los tiempos de Napoleón, apellidado Gaudy, lo que no ha supuesto la atribución de intenciones militares en Gaudí (6), que si bien hizo un largo servicio militar, coincidente con la tercera guerra carlista, no hay noticia que nunca entrara en combate.

Del espíritu templario se pasa fácilmente a la alquimia y aquí reaparecen los alambiques familiares, que ya no destilarían alcohol, sino otros mejunjes aptos para derivar de la piedra filosofal.

De la alquimia se pasa a la drogadicción, que se demuestra con el definitivo argumento de que en la portería del parque Güell hay un remate cerámico que recuerda una seta, que debería ser la "Amonita muscaria", ciertamente alucinógena, conocida por oronja falsa y, según Linneo por Agaricus Muscarius.

Otro autor que no ha querido impiamente condenar a Gaudí al vicio de la droga, dice que de las dos casas de entrada en el parque Güell, la que tiene la torre rematada por la cruz, sería la casa de Hánsel y Gretel, en tanto que la de la peligrosa seta, sería la de la maldita bruja (7). Aquí Gaudí es introducido en el mundo de los cuentos infantiles y a un paso queda el de Blancanieves y los siete enanitos. A propósito de tal cosa, una arquitecta brasileña ha trazado un curioso e irreal paralelo entre el Park Güell y "Alicia en el país de las maravillas".

En la escalera del parque hay un bicho que parece un dragón recubierto de brillantes fragmentos de azulejos. Fue identificado como una salamandra, símbolo del .fuego para los alquimistas, por uno de los autores aludidos, mientras que el otro ve el cocodrilo del escudo calvinista de Nimes, por la simple razón que don Eusebio Güell estudió unos años en el politécnico de dicha ciudad francesa. En cambio no se relaciona con la salamandra de Francisco I, en el castillo de Blois, ni tampoco con los caimanes que se van para Barranquilla. En fin, un arquitecto chino cree que este dragón, que no tiene cola, se prolonga en el banco cerámico ondulado, encima del templo dórico, formando así la movida forma del llameante dragón del año nuevo chino. Por otra parte, el banco sinusoidal ha sido tenido también como representación de Quetzalcoatl, la serpiente emplumada tolteca que devora a los hombres, según el " Codex Borbonicus".

Gaudí siempre ha tenido la capacidad de despertar la fantasía de quienes contemplan su obra pero, en algunos casos, el goce de tal contemplación deriva hacia las deducciones más extrañas, basadas en materias esotéricas y misteriosas, que mal casan con la arquitectura del maestro, de ingenua inspiración naturalista de las formas vegetales y de los animales.

Los niños comprenden y disfrutan con Gaudí por el sencillo procedimiento de sentirse inmersos en su alegre mundo de formas. Los eruditos se vuelven niños sintiendo el goce de esta arquitectura luminosa, pero se dejan caer en la tentación de buscar interpretaciones ocultas, misteriosas y turbias donde no hay más que una deliciosa combinación de colores y formas, dispuestas según las leyes de la Naturaleza y según las de la antigua ciencia de la arquitectura.

Gaudí, en la geometría, encontró interpretaciones místicas, pero nunca basadas en filosofías alejandrinas. Su geometría no es la de los poliedros regulares estudiados en Platón y mitificados más tarde como símbolos esotéricos. La geometría de Gaudí es la reglada, la de las superficies alabeadas en el espacio, pero compuestas de líneas rectas. El paraboloide hiperbólico, en su forma más sencilla, se compone con dos rectas no paralelas en el espacio, llamadas directrices, y una tercera que resbala sobre ellas formando el conjunto de generatrices. Para Gaudí esto es un símbolo de la Santísima Trinidad, las directrices son el Padre y el Hijo, en tanto que la generatriz es el Espíritu Santo. Ingenioso pero nada esotérico, ni templario, ni masónico.

Bastarán tres ejemplos de falsa iconografía gaudiniana para demostrar las fantasías moriscas levantadas malinterpretando las formas de Gaudí.

Los moldes de madera para las formas escultóricas del parque Güell las hacían los carpinteros Juan y Agustín Munné, padre e hijo, maestro y aprendiz. Gaudí conocía la habilidad de sus ayudantes y les permitía, en muchos casos, actuar casi completamente por su cuenta. Por ejemplo, la columnata rústica existente detrás de la casa que habitó Güell en el parque, fue obra exclusiva de Munné. Gaudí se limitó a trazar el perfil del muro inclinado de contención de tierras, en tanto Munné compuso unas pintorescas columnas, todas distintas, llenas de ingenuidad compositiva. Agustín, el hijo, recibió el encargo de hacer, él solito, una de las columnas y se divirtió formando una figura femenina que sostiene un cesto sobre la cabeza con la mano izquierda, en tanto que la derecha había desaparecido hacía tiempo debido a la erosión antrópica. Alguien dedujo que aquella mano derecha debía estar extendida sosteniendo una pequeña figura y que el conjunto era una réplica de la portadora de ofrendas egipcia que se guarda en el museo del Louvre. Una fotografía de principios de siglo demostró que dicha mano lo que sostenía, pegada al cuerpo, era una pala de madera de las que las lavanderas usaban por entonces para tundir la ropa de la colada. No se trataba pues de una portadora de ofrendas faraónica, sino de una simple lavandera con el cesto de la colada sobre la cabeza y la pala de madera en la mano.

En uno de los pabellones de entrada al parque Güell, entre los muchos fragmentos que recubren la cubierta con cerámica vidriada, hay uno en el que se lee la inscripción: "Alaba por". De aquí se dedujo que tal cosa era el fragmento de una jaculatoria latina medieval que Gaudí puso en el lugar por razones misteriosas. Pero si en vez del fragmento se hubiese tenido la pieza cerámica entera se habría podido leer "Alabart porcelana y loza", es decir, el reclamo de un ceramista valenciano y no los latines de ningún fraile encapuchado.

Para terminar conviene recordar una reciente interpretación de la azotea de la casa Milá, llamada La Pedrera (la cantera).

Las salidas de escalera, ventiladores y chimeneas que pueblan la movida y escalonada azotea de la casa Milá han sugerido muchas ideas a investigadores y artistas. Antonioni convirtió el lugar en el fondo de una de sus películas y el investigador norteamericano George R. Collins, uno de los mejores especialistas en Gaudí, llama al lugar, Wonderland. Los sombreretes de las chimeneas parecen yelmos de guerreros lo que inspiró el texto de Gimferrer (8) y las salidas de escalera rematadas con cruces, así como los ventiladores de onduladas superficies, son en verdad sugerentes.

La más reciente versión de este conjunto de formas ha sido que todo ello compone la Huida de Egipto. Las salidas de escalera son las tiendas de Herodes, los soldados y la Sagrada Familia. Allí está el propio Herodes en forma de ventilador, San José y también la Virgen y el Niño, además de San Juan Bautista (9). Las chimeneas son los soldados de Herodes en busca de inocentes que degollar. La Virgen y el Niño estarían representados por una de las salidas de la escalera de forma helicoidal, que al lado, tiene una pequeña chimenea de igual factura, pero menor escala.

Incluso se llega a atribuir esta chimenea a Jujol, puesto que no aparece en las fotos de 1910 y sí en las posteriores. De este modo Jujol hubiese querido completar la azotea con la figura de la Virgen que don Pedro Milá tuvo miedo de colocar en la fachada tras la Semana Trágica de 1909.

Un examen más detenido de las viejas fotografías demuestra que la chimenea pequeña tampoco aparece en la que Canosa hizo en 1928 para el libro de Ráfols, publicado en 1929. Una averiguación directa ha permitido establecer que esta chimenea pequeña, junto con otras muchas del terrado, fue añadida por el arquitecto Francisco Barba Corsini, cuando en 1955, hizo unas importantes reformas en el sotabanco de la Pedrera donde se instalaron unos apartamentos de alquiler.

El gozo en un pozo, resulta que el Niño Jesús tardó 45 años en estar junto a la Virgen y que no pudo ser obra ni de Gaudí, ni de Jujol, puesto que fue construido, en forma de chimenea pequeña, treinta años después de la muerte del primero y seis después de la del segundo. La Huida a Egipto quedaba frustrada en la azotea de la Pedrera, pero se puede ver mediante esculturas extremadamente realistas, en la fachada del Nacimiento de la Sagrada Familia.

Las chimeneas y salidas de escalera de la casa Milá vuelven a ser un conjunto de extraordinarias formas que no tienen porque ir asociadas a simbolismos rebuscados, ni interpretaciones forzadas.

Contaba el profesor don Adolfo Florensa que una señora harto intelectual se topó de manos a boca con un cabizbajo individuo que llevaba una insignia en la solapa con las siglas G.A.S.
Ella le preguntó: "¿Es Vd. miembro del Grupo de Artistas Solitarios?" y recibió la siguiente respuesta: "No señora, soy el cobrador del gas".


NOTAS

(1) J. Bassegoda Nonell, "El jardín de las Hespérides", en Boletín de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Academia, Madrid, primer semestre de 1978.

(2) J. Bassegoda Nonell. "Descubrimiento de una fuente de Gaudí", La Vanguardia, Barcelona, 9 de septiembre de 1983.

(3) Hesíodo, Escudo, 153, Obras y fragmentos, p. 182, Editorial Gredos, Madrid, 1978.

(4) J. M. Armengol Viver, "La gènesi de Gaudí", El Matí, p. 8, Barcelona, 21 de juny de 1936.

(5) Joan Llarch, Biografía mágica de Gaudí, Plaza & Janés, Barcelona, 1982.

(6) J. Bassegoda Nonell, "Un general prusiano", La Vanguardia, Barcelona, 20 de agosto de 1986.

(7) E. Rojo Albarrán, El park Güell, Els llibres de la frontera, Barcelona, 1986.

(8) P. Gimferrer, El jardí del guerrers, Ed. Lunwerg, Barcelona, 1988.

(9) F. de P. Cardoner, "El Pessebre gegant de la Pedrera", Temple, Any 122, Barcelona, generfebrer 1988.


ILUSTRACIONES

LÁMINA 1 - LÁMINA 2 - LÁMINA 3