CUADERNOS DE ARTE E ICONOGRAFIA / Tomo II - 4. 1989
 

 

ESTUDIO ICONOGRÁFICO DEL MONUMENTO A LAS CORTES, CONSTITUCIÓN Y SITIO DE CÁDIZ

María Luisa Cano Navas

La valoración peyorativa que, en líneas generales, ha recibido la escultura española de los primeros años del siglo XX, a la que casi exclusivamente se le reconoce una prodigiosa técnica al servicio de un arte oficial, ha determinado que sea limitado el conocimiento que sobre la misma poseemos.

Ello explica el hecho de que el Monumento que analizamos esté prácticamente sin estudiar y, en ocasiones, cuando se enumera la producción de sus autores, ni siquiera se mencione.

Éste como muchos otros que por estas fechas se erigieron en España, fueron concebidos al servicio de la ideología del momento, que va a determinar su profunda carga de simbolismo alegórico, que es, quizás, donde radica su principal interés (1).

Situado en la Plaza de España de la ciudad de Cádiz, fue construido entre los años 1912 y 1929.
Sin embargo, la idea de su erección es anterior en un siglo.

El 27 de marzo de 1812 el Municipio gaditano solicitó su construcción al Congreso Nacional, siendo la petición leída y aprobada en la sesión de Cortes que tuvo lugar al día siguente (2).

Con este Monumento se querían conmemorar los trascendentales acontecimientos para la vida política española que por aquellas fechas se habían desarrollado en Cádiz.

Durante la Guerra de la Independencia, ante el avance de las tropas francesas, la Junta Central de Gobierno se trasladó a Cádiz en 1810, realizándose la inauguración de las Cortes en la Isla de León (San Fernando), el 24 de septiembre del mismo año. Posteriormente pasan a la capital gaditana donde reanudan sus sesiones y elaboran la Constitución de 1812.
La ciudad de Cádiz fue elegida como sede de las Cortes debido a que sus poderosas murallas la hacían prácticamente inexpugnable y, también, por el ambiente liberal que en ella se respiraba (3).

El ejército francés sitió la ciudad en febrero de 1810 y, tras sucesivos e infructuosos ataques, hubo de retirarse el 24 de agosto de 1812.

Así pues, en esta ciudad sitiada es donde se desarrolló el capítulo más importante de la Edad Contemporánea española.

Con la construcción del Monumento el Municipio gaditano quería eternizar en piedra estos hechos. Sin embargo, los posteriores acontecimientos políticos de la Nación impidieron su realización.

Había de transcurrir un siglo y ello no fue factible hasta el año 1910 en que la Comisión Provincial de Monumentos y la Real Academia Hispano-Americana de Cádiz pidieron al Gobierno el cumplimiento de lo dispuesto (4).
Con este fin se convocó en Madrid, en 1911, un concurso de proyectos, exigiendo la convocatoria que en su realización fueran asociados un arquitecto y un escultor, estableciéndose el premio en un millón de pesetas (5).

El concurso debió ser bastante reñido y, como apunta el autor en su artículo publicado en ese año, el Jurado llegó a plantearse dejarlo desierto. En dicho artículo se reproducen las fotografías de nueve maquetas de los proyectos presentados, obras de diferentes arquitectos y escultores. Junto con el proyecto, los autores presentaron una memoria explicativa de lo representado, de las que se conservan algunas, pero no la del proyecto ganador (6).

Este correspondió al presentado por el arquitecto Modesto López Otero (1885-1962) y el escultor Aniceto Marinas (1866-1953).

De la maqueta de este proyecto se conservan en el Museo Histórico Municipal de Cádiz algunas fotografías que permiten apreciar que éste fue realizado con algunas modificaciones que, en líneas generales, no desvirtuaron la idea original.

Como recoge la prensa del momento hubo disensiones sobre el lugar en que se iba a emplazar el Monumento, hasta que se decidió situarlo en el lugar que ocupa actualmente. Durante los años 1911 y 12 se hicieron pruebas del terreno para determinar la cimentación, colocándose la primera piedra el 3 de octubre de 1912, con ocasión de la celebración del Centenario de la promulgación de la Constitución. Las obras fueron paralizadas por motivos económicos en diversas ocasiones, hasta su finalización en 1929, haciéndose entrega del mismo al Ayuntamiento el 2 de mayo de dicho año (7).

Según consta en la revista Raza del año 1919, ambos autores leyeron repetidas veces la Constitución de 1812 para hallar en ella inspiración (8).
Por ello todos los elementos integrantes del Monumento están impregnados de simbolismo.

En primer lugar, su emplazamiento, elegido en parte por ser un lugar abierto al mar que permitiría que el símbolo de la libertad fuera visto desde el mar por los barcos que llegaban al puerto de Cádiz.

La Plaza de España se configuró entre 1906 y 1910, al ser derribado el lienzo de muralla que iba desde la actual Plaza de San Juan de Dios hasta la muralla de San Carlos, quedando un espacio abierto al mar por su lado Este. Posteriormente, en época reciente, han sido construidos varios edificios que obstaculizan la visión de la plaza desde la bahía.

Su planta tiene forma de hemiciclo, deliberadamente buscada por sus autores, ya que ésta suele ser frecuentemente utilizada en edificios parlamentarios (fig. 1).

De composición simétrica se estructura a base de un rectángulo en su eje central y dos brazos elípticos abiertos al mar.

Su alzado consta de dos cuerpos, el central y el hemiciclo propiamente dicho. La parte inferior del mismo está constituido por escaños laterales y, en su centro, el sitial presidencial, sobre una tribuna. El respaldo del sillón, vacío, está decorado con tres flores de lis en relieve, aludiendo a la ausencia del monarca y, en los escalones de la tribuna sobre el que éste se eleva, aparece con letras de bronce la palabra ARGÜELLES.

Agustín Argüelles, diputado por Asturias, es una de las figuras más destacadas de las Cortes, en las que sobresalió como notable orador, de clara y brillante dialéctica, siendo el autor del Preámbulo de la Constitución (9).

Tras el sillón, un bloque prismático constituye el basamento de una escultura exenta, figura principal del Monumento.
La parte frontal de este basamento tiene tallado en relieve el escudo de las Cortes y, sobre el mismo, en bronce, la palabra CONSTITUCIÓN.

La escultura en mármol que preside el Monumento es una matrona vestida con larga túnica que, para algún autor simboliza a España, pero cuyos atributos permiten considerarla un símbolo de la Constitución, refrendado por el rótulo ya mencionado. Lleva la ley escrita en la mano derecha y la espada en la izquierda, emblema de la ley escrita: según Levi, la espada, símbolo de la justicia, representa el equilibrio de las fuerzas desencadenadas, la disciplina, la adaptación a las necesidades de la economía, etc. (10).
Los pliegues de su túnica se recogen en el pecho con un prendedor en que figura el escudo de la nación española. Lleva el cabello recogido y cubierto por un casco, rematado por una pequeña figurita semejante a la que aparece en la parte superior del Monumento que, como veremos más adelante, es símbolo del poder y la justicia (fig. 2).

Los elementos descritos -sitial, escudo, figura de la Constitución y el elevado pilar que se alza tras ellas- constituyen el eje a partir del cual se articula el Monumento con una clara simetría bilateral.
A ambos lados de éste se repiten las mismas composiciones: grupos escultóricos flanqueando la figura principal, altorrelieves en los brazos curvos del hemiciclo y figuras ecuestres exentas en los extremos del mismo. Estas escenas y volúmenes no están agrupados caprichosamente, sino que responden a una idea clara: los del derecho tienen un marcado carácter político y un claro aire de paz, mientras que los del izquierdo poseen carácter bélico.

Los dos grupos escultóricos están formados por un conjunto de figuras de gran dinamismo.

El de la izquierda es una representación de la Ciudadanía, formado por personajes de distinta clase social que marchan a la guerra (11) (fig. 3).
La composición de este grupo parece inspirada en los ideales de la Revolución francesa, patentes en los discursos de los diputados de las Cortes y en el texto de la Constitución.
Una figura femenina con el cabello suelto guía, con impetuosa actitud, un caballo al que sujeta por las riendas. Sobre éste va un erguido jinete vestido con casaca. A ambos lados, otros personajes a pie forman un cortejo que acompaña al principal: por un lado, un soldado tocando un tambor y un abanderado llevando una gran bandera que ondea airosa tras el caballo; por el otro, una mujer con un niño en brazos despide al marido que marcha a la guerra.
Bajo el grupo, en la parte posterior del Monumento, en una cartela con letras de bronce aparecen plasmadas algunas de las medidas legislativas más importantes adoptadas por las Cortes: DERECHOS DE CIUDADANÍA / ABOLICIÓN DEL SANTO OFICIO / LIBERTAD DE IMPRENTA.
La Constitución gaditana carece de una parte sistemática consagrada a la declaración de derechos, ya que éstos aparecen repartidos a lo largo de todo su articulado: el artículo 4 declara la obligación de la Nación española de conservar y proteger por leyes sabias y justas la libertad civil, la propiedad y los demás derechos legítimos de todos los individuos que la componen; el 131 establece la libertad de imprenta, el 248 la igualdad ante la ley, etc. (12).

El grupo escultórico situado en el lado derecho constituye una alegoría de la agricultura. Dos potentes bueyes tiran de un carro triunfal presidido por una figura femenina, coronada de espigas, con el cuerno de la abundancia lleno de frutos. Se trata de una representación de la diosa latina Ceres, que enseñó a los hombres a sembrar y cultivar la tierra. A su lado, con paso decidido, camina una mujer, mientras que otra, sentada sobre uno de los bueyes amamanta a su hijo, como símbolo de la fecundidad de la tierra. En primer plano, presidiendo el grupo, avanza un campesino llevando sobre su hombro aperos de labranza (fig. 4).

En el artículo ya citado de Raza, Marinas destaca el papel de la agricultura, no sólo en el orden "social y económico de la Nación sino también en el espiritual y artístico, porque en esta hidalga y bendita tierra española ha sido y será siempre el más rico venero de inspiración y el recio cimiento sobre el cual se han construido las más hermosas obras de nuestra literatura y nuestro arte" (13).

La reforma de la agricultura, principal recurso de la economía española del momento, fue una de las principales cuestiones de los debates de las Cortes de Cádiz.
En este sentido, fue de gran trascendencia la Ley de Señoríos (6 de junio de 1811) que determina la supresión del régimen señorial y una transformación radical de la estructura de la sociedad española. El Decreto de Cortes de 8 de junio de 1812 autoriza a los dueños de tierras a hacer de ellas el mejor uso que se acomode a sus intereses, se establece la libertad de arrendamientos y la abolición de las tasas. Muy importante son también los Decretos relativos a impuestos, moneda, comercio o industria, todos ellos dirigidos a eliminar los obstáculos que se opusieran al libre juego de la propiedad (14).

Estas medidas legislativas, representadas plásticamente en el grupo escultórico de la agricultura, se plasman en la cartela que, bajo el grupo, figura en la parte posterior del Monumento: ABOLICIÓN DE LOS SEÑORÍOS / ORGANIZACIÓN DE LA HACIENDA / PROTECCIÓN DE LA AGRICULTURA.

La parte cóncava de los brazos del hemiciclo presentan altorrelieves de tema histórico.

El de la izquierda representa a la Junta de Defensa de Cádiz en el momento de contestar al ultimatum que, en nombre del mariscal Soult, le dieron los generales afrancesados Pedro de Obregón, José Justo Salcedo y Miguel de Hermosilla solicitando la rendición de la ciudad al rey José Bonaparte (fig. 5).

Como apunta Ponce Cordones es evidente la inspiración de este relieve en el cuadro del pintor gaditano Ramón Rodríguez Barcaza, titulado La Junta de Cádiz en 1810, realizado en París en 1867 y conservado en el Museo de Cádiz (15).
El cuadro representa la escena que tuvo lugar ante la fachada del Ayuntamiento de Cádiz, en que la Junta de Defensa responde al oficio que le entregaron los franceses al día siguiente de su entrada en la ciudad.
Tras reunirse a deliberar la Junta da una respuesta que, según la tradición y como muestra del desprecio gaditano hacia el enemigo, se escribió en un papel de fumar: "La ciudad de Cádiz fiel a los principios que ha jurado no reconoce otro rey que Fernando VII".
El escrito va firmado por los miembros de la Junta y en primer lugar por su presidente, Francisco Javier de Venegas, aunque, según Solís, el autor debió ser Tomás de Isturiz.

Esta decisión fue trascendental para Cádiz, pues en caso contrario hubiera supuesto la victoria de las tropas napoleónicas y va a dar lugar al Sitio de Cádiz.
En el cuadro de Barcaza, en un tablado con escalinata alfombrada, se ve al presidente de la Junta que, con el brazo en alto, muestra al pueblo la respuesta que se va a dar a los franceses, escrita en letras de oro en una colgadura blanca que pende del Ayuntamiento.
Junto a él, el general que estrecha la mano a otro de los miembros de la Junta es el duque de Alburquerque, jefe de los ejércitos de tierra, y un tercer personaje que saluda al pueblo, con el sombrero en la mano, es el comandante de Marina, don Ignacio María de Alava (16).

En el relieve del Monumento se aprecian estos mismos personajes en las mismas actitudes: en el centro de la composición Venegas con el brazo en alto y, junto a él, los demás miembros de la Junta, Istúriz, Muñiz, Lobo, Bustamante, Aguirre, Gargollo y Garzón de Salazar. Este último aparece sentado, escribiendo la respuesta a los franceses que, en letras de bronce, figura en una cartela situada a la derecha del relieve.

Otros personajes que también se ven en el cuadro de Barcaza son el duque de Alburquerque, un majo con sombrero en la mano sujetando un caballo por las bridas, personalidades destacadas de la ciudad y algunos milicianos de los batallones de voluntarios.

El altorrelieve de la derecha representa la Jura de la Constitución por los diputados, acto que tuvo lugar el 19 de marzo de 1812 en la iglesia de San Felipe Neri, antes de su solemne promulgación (fig. 6).
El personaje central, ante el crucifijo, es el secretario de las Cortes que, tras la lectura de la fórmula del juramento se dirige a los diputados invitándoles a jurar sobre los Santos Evangelios, mientras el presidente de la Cámara, Vicente Pascual, diputado por Teruel, preside la ceremonia.
El clérigo de la derecha sería Muñoz Torrero, autor de la primera intervención en las deliberaciones de las Cortes, en la que propuso que se hiciera la solemne declaración de que "en ellas residía la soberanía nacional" (17). Este principio dogmático, proclamado ya en la primera sesión de las Cortes, mediante el célebre Decreto de 24 de septiembre de 1810, figuró posteriormente en el artículo 3 de la Constitución del 12. Con letras de bronce aparece en la cartela situada a la izquierda del relieve: LAS CORTES DECLARAN SOLEMNEMENTE QUE EN ELLAS RESIDE LA SOBERANIA NACIONAL.

Basándose en el análisis de sus retratos conservados en su mayor parte en el Museo Histórico Municipal de Cádiz, así como en el Diario de sesiones de las Cortes, Ponce Cordones identifica algunos de los diputados que figuran en el relieve: Mejía Lequerica, Antonio Capmany, el conde de Toreno, Argüelles, Nicasio Gallego, etc. (18).

Igualmente estos personajes han sido identificados en base a la relación iconográfica del relieve con el cuadro titulado El Juramento de los Diputados de las Cortes de Cádiz, obra de Casado del Alisal, hoy en el Palacio de las Cortes de la Carrera de San Jerónimo (19).

Aunque la escena en él representada no es la misma que la del relieve, sino la Jura de los Diputados al comenzar las sesiones de las Cortes el 24 de septiembre de 1810, en la iglesia Mayor de San Fernando, sin embargo muchos de los personajes de ambas representaciones son los mismos.

Sin duda, Aniceto Marinas conocería ambos cuadros, buscando en ellos fuente de inspiración para la ejecución de los relieves.

Los extremos de los brazos del hemiciclo están ocupados por dos esculturas ecuestres, en bronce, alegorías de la Paz y la Guerra (20).
La del lado derecho, la Paz, es representada por medio de una figura femenina, velada, vestida con túnica. En su mano derecha, alzada, lleva una cruz con hojas de laurel, mientras que con la izquierda sujeta las riendas del caballo. Éste se encuentra estático, en actitud de reposo (fig. 7).
En la mitología romana la figura de la Paz es una abstracción, encarnada en una mujer de fisonomía dulce y benévola (21).
La figura de la izquierda representa un personaje masculino, con coraza y casco alado, llevando en su mano derecha una Victoria alada. La indumentaria del personaje permite identificarlo con Marte, el dios de la guerra, a la que corresponde la postura del caballo, a galope, con el cuello y las patas delanteras alzadas. Bajo la figura se aprecia un cañón que contribuye a su carácter belicista (fig. 8).

Así pues, tal como apuntamos anteriormente, los elementos escultóricos del Monumento aparecen claramente relacionados por su significado: en el lado derecho la Paz, la Jura de la Constitución y la Alegoría de la Agricultura; en el lado izquierdo la Guerra, el rechazo a Napoleón y la Ciudadanía.

Los elementos plásticos figurados en la parte posterior del Monumento aluden al papel desempeñado por Cádiz y América en las Cortes y Constitución de 1812 (fig. 9).

La figura principal es una escultura exenta de Hércules, con sus principales atributos, la clava y la piel de león, flanqueado por dos leones y columnas de las que actualmente sólo se conservan las bases. Esta representación es el símbolo de la ciudad de Cádiz, figurando en su escudo.
A1 publicarse la convocatoria para la erección del Monumento en el año 1812 se especifica que "la estatua de Hércules, como emblema de las armas de esta ciudad, sea una de las que tenga su debido lugar en el monumento que denote y signifique el Pueblo que lo consagra para gloria inmortal de la Nación" (22).

A la derecha del Hércules un altorrelieve simboliza a América por medio de un grupo de personajes. Entre éstos se representa a Colón, ofreciendo sus presentes a la reina Isabel la Católica, por mediación de los indios que trajo consigo.
La inclusión de este grupo en el Monumento es un homenaje al importante papel jugado por América en el Sitio y Cortes gaditanas. Durante todo este período las remesas americanas siguieron llegando puntualmente a Cádiz, constituyendo una excelente aportación a los gastos de guerra (23).
Igualmente la actuación de los diputados por América fue decisoria. Debido a las dificultades de llegar a Cádiz desde Ultramar, fueron elegidos en la Península suplentes entre los naturales de cada territorio hasta que pudieran llegar los debidamente designados. Entre ellos destacó Mejía Lequerica, nacido en Quito que, ante la posibilidad del traslado de las cortes a Canarias, insistió en su permanencia en Cádiz. Su número fue abundante entre los integrantes de la comisión encargada de redactar la Constitución: Morales Duárez, del Perú; Fernández de Leiva, de Chile; Pérez y Martínez, Mendiola ambos en Méjico; Jaúregui de Cuba (24).

El otro grupo escultórico, situado a la izquierda de Hércules, simboliza a la ciudad de Cádiz por medio de un grupo de diputados vestidos a la usanza de la época.

En el lado convexo de los brazos del hemiciclo aparecen distribuidas varias cartelas con los nombres de los diputados.

En alzado, el cuerpo central del Monumento está constituido por un pilar de 32 metros de altura con cuatro pilastras jónicas adosadas. Remata en un cubo de entablamento con la leyenda "1812" en la parte anterior y "CÁDIZ" en la posterior, ambas talladas en bronce.
Sobre el entablamento cuatro figuras alegóricas sostienen el código de la Constitución, representado como un libro abierto (fig. 10).

En el lado frontal, la figura de la derecha es una mujer vestida con túnica cuyos pliegues se ciñen al cuerpo marcando su anatomía. Su cabello se recoge por una cinta, con rizos simétricamente dispuestos sobre la frente. En su mano derecha lleva una cadena rota, como símbolo de la abolición de la esclavitud (25) .
Si bien la esclavitud no fue totalmente abolida en España hasta 1880, la Constitución de 1812 desempeñó un importante papel en la declaración de derechos y libertades.

Junto a la mujer hay una figura masculina desnuda, cuyos rasgos anatómicos, así como su rostro y peinado están claramente inspirados en la estatuaria clásica. Se halla en una postura de reposo, con la pierna izquierda flexionada y su atributo, una antorcha, en la mano derecha.
La antorcha es símbolo de la iluminación y de la purificación por el fuego; es una luz que ilumina la travesía de los infiernos y los caminos de la iniciación. Por ello, en diversas alegorías, figura como emblema de la verdad (26).

El ángulo izquierdo del pilar está ocupado por una figura velada, con larga túnica y brazos descubiertos de recia musculatura que sostiene una espada con las dos manos.
Podría identificarse con la virtud de la Justicia, que en la mitología romana se representa por una joven de aire severo, enteramente de frente (símbolo del exacto equilibrio bilateral), sosteniendo una espada de doble filo (decisión síquica) y una balanza (equilibrio del bien y del mal).
En las figuras alegóricas la espada es el atributo de la Justicia, como representación de la potencia distributiva y emblema de su poder (27).

La Justicia es un tema ampliamente desarrollado por la Constitución de 1812 que dedica su Título V a tal materia (28).

Finalmente, la cuarta figura situada en el remate del Monumento es una mujer con el cabello suelto, ondulante, vestida con túnica que cae dejando ver el seno izquierdo.
Con una mano toca la espada que lleva la figura de la Justicia, mientras que en la otra sostiene un pergamino, símbolo de la ley escrita.
Como apuntamos al analizar la figura de la Constitución, una vez más la ley humana aparece vinculada a la justicia, que explicaría el gesto de esta figura al tocar con su mano la espada (29).

Tras este somero análisis del contenido alegórico del Monumento a las Cortes, hay que apuntar el hecho de que, a pesar de que los acontecimientos en él plasmados fueron de vital importancia para España y sus posesiones de Ultramar, sólo tenemos referencia de la existencia de otro con el mismo tema en San Agustín de la Florida (EE.UU.) (30).


NOTAS

(1) J. M. Azcárate, Panorama del arte español del siglo XX, Madrid, 1978, p. 82. J. A. Gaya Nuño, Arte del siglo XIX, Ars Hispaniae vol. XIX, Madrid, 1966, pp. 295 321. Marqués de Lozoya, "El escultor Aniceto Marinas" en Boletín de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, 1967 p. 29. J. Marín Medina, La escultura española contemporánea. Historia y evaluación crítica (1800-1978), Madrid, 1978.

(2) M. Guillén Rosón, ,Monumentos de Cádiz, Cádiz, 1960, p. 22.

(3) Para el conocimiento de estos acontecimientos y del ambiente de la ciudad durante el desarrollo de los mismos, es de valor inestimable el libro de Ramón Solis, El Cádiz de las Cortes, Madrid, 1987.

(4) Guillén, op. cit., p. 23.

(5) Diario de Cádiz, 23-5-1911. Agradecemos profundamente a los señores arquitectos Manuel y J. Ignacio Fernández-Pujol Cabrera, el habernos proporcionado éstas y otras noticias sobre el Monumento incluidas en su Memoria del Proyecto de Restauración del Monumento a las Cortes y Sitio de Cádiz. Cádiz, 1985.

(6) R. Domenech, "Concurso de proyectos para el Monumento conmemorativo de las Cortes, Constitución y Sitio de Cádiz", en Rev. Museum, 1911, pp. 441-448.

(7) Fernández-Pujol, Proyecto..., pp. 15, 16, 17.

(8) M. de Retegui, "Curiosidades escultóricas del monumento de las Cortes de 1812", en Diario de Cádiz, 4-1-1987.

(9) Varios, Diccionario enciclopédico ilustrado de la provincia de Cádiz, Madrid, 1985, tomo I, p. 57.

(10) Guillén, op. cit., p. 25. J. Chevalier, Diccionario de los símbolos, Barcelona, 1986, p. 618.

(11) Guillén, op. cit., p. 25.

(12) Ministerio de Educación y Ciencia. Ministerio de Relaciones con las Cortes y de la Secretaría del Gobierno, La Constitución de 1812. 175 Aniversario.

(13) Vid. nota 8.

(14) Vid. nota 12.

(15) F. Ponce Cordones, "Del lienzo a la piedra", en Diario de Cádiz, 29-6-1980.

(16) C. Pemán y Pemartín, Catálogo del Museo Provincial de Bellas Artes de Cádiz (pintura), Madrid, 1964, pp. 228 y 229, lám. 200.

(17) Ponce, op. cit., p. 3.

(18) Agradecemos profundamente a don Francisco Ponce Cordones, Académico de la Real Academia de Bellas Artes de Cádiz, el habernos proporcionado estos datos aún inéditos.

(19) Ponce, op. cit., p. 3.

(20) Guillén, op. cit., p. 25.

(21) J. A. Pérez-Rioja, Diccionario de símbolos y mitos, Madrid, 1980, p. 341.

(22) Fernández-Pujol. "Proyecto...", en Diario de Cádiz, 31-5-28.

(23) L. Sánchez Agesta, "Cádiz en los días de las Cortes", en Revista Gades, núm. 16, 1987, p. 34.

(24) D. Ramos, "América en las Cortes de Cádiz, como recurso y esperanza", en Revista Gades, núm. 16, Cádiz, 1987, pp, 91 y 116.

(25) Pérez Rioja, op. cit., p. 43. Diccionarios Rioduero. Símbolos, Madrid, 1983, p. 43.

(26) Chevalier, op. cit., p. 108. Pérez Rioja, op. cit., p. 70.

(27) J. Hall, Diccionario de temas y símbolos artísticos, Madrid, 1987, p. 192. Pérez Rioja, op. cit., p. 261.

(28) Varios, Diccionario Enciclopédico..., tomo II, p. 90.

(29) Pérez Rioja, op. cit., p. 270. Chevalier, op. cit., p. 259.

(30) Guillén, op. cit., p. 26.