|
||||||||||||||||||||||
El proyecto El dictado de un cuerpo teórico sobre el que
versen y se aúnen, ya de manera parcial, ya total, las vidrieras
de un templo, es algo que ha existido, al menos, desde la misma Edad
Media. Suger, a mediados del siglo XII, partiendo de los textos de Ruperto
de Deutz, marcó la pauta para hacer las vidrieras de la Pasión
de Saint-Denis. La unidad iconográfica se continuó y mejoró
sobre todo desde el renacimiento (1) hasta nuestros días. En el caso que nos ocupa, la nueva catedral lagunera,
la redacción del texto base correrá a cargo del Cabildo.
Consistió en una breve composición bajo el título
"Proyecto de Combinación de imágenes en las cristaleras
de los ventanales de la nueva catedral de Tenerife" (2). A través
del manuscrito preparatorio hemos llegado a la conclusión de
que el programa fue elaborado por don Luis Palahí, futuro deán
de la diócesis. El programa es dividido en tres bloques temáticos
que se presentaban al visitante, distribuidos en zonas concretas del
templo: El número de vanos con los que se contaba para
el desarrollo del proyecto era el siguiente: Preside el centro del ábside una trífora
que, en sus tres comportamientos, ofrece una visión unitaria.
Un Sagrado Corazón, en medio del rompimiento de gloria, se ve
flanqueado a la derecha por el obispo Rey Redondo, con capa magna y
en posición orante, mecenas que costeó de su patrimonio
familiar una tercera parte de la catedral, retrato extraído del
natural, a petición del Cabildo por su generosidad. Haciendo
pendant un canónigo con hábito de coro en representación
de dicho Cabildo. Debajo debían situarse las fechas de las obras,
1907-1912 (el edificio fue inaugurado en septiembre de 1913) (3). Las
figuras orantes quedarían rematadas en su parte inferior por
sus respectivos escudos. En el de Rey Redondo destacan, sobre todo,
dos cuarteles, uno que recuerda la diócesis de donde procedía
(fue canónigo de Toledo) por medio de la escena de la Imposición
de la casulla de San Ildefonso; el otro que a través de la palmera
alude a la diócesis Nivariense de la que fue titular. El escudo
del Cabildo, más simple, ostenta un San Cristóbal, patrono
y protector desde su fundación de la ciudad de La Laguna (en
realidad su nombre completo es San Cristóbal de La Laguna), bajo
corona real, dado que es territorio de realengo. Las iniciales S.F.
sobre una espada y S.Y. sobre una rosa, se refieren a San Fernando Rey
y Santa Isabel de Portugal, santos bajo cuyo patrocinio quedó
la diócesis Nivariense cuando fue creada (4). La razón de la presidencia del Sagrado Corazón
se justifica porque la obra de la construción se puso bajo su
tutela. a pesar de que el culto a esta advocación es aprobado
por el papa Clemente XIII en 1765 y que será confirmado y exaltado
por la casi totalidad de los pontífices romanos (5), van a ser
los jesuitas los que propugnen su culto, a la vuelta de la reinstauración
de la Compañía, a través de las misiones que desde
finales de la centuria pasada comienzan a impartir en Canarias. No obstante,
nos consta que desde principios del siglo XIX se intentaba insertar,
tal como lo demuestra la inclusión, repetida, de la "Devotion
au Sacre Coeur de Notre Seigneur Jesús-Christ" que posee
la biblioteca de la catedral. La devoción de Rey Redondo, promotor
sin duda de esta tutela, queda patente en su escudo de armas que ostenta,
en su cuartel central, los corazones de Jesús y María. Tomando este punto como matriz, se desarrolla el resto
del programa. El siguiente puesto en preferencia corresponde a Ntra.
Sra. de los Remedios, advocación que en principio (s. XVI) atendía
a Santa María con la advocación especial de la Espectación
(7). Le acompañan los dos patronos de; la diócesis, ya
citados: San Fernando Rey y Santa Isabel de Portugal. Este copatronazgo
tiene un doble significado: de una parte, la vinculación del
territorio a la archidiócesis de Sevilla, al configurarse como
obispado dependiente de la misma, y de otro se relaciona con los reyes
que aprobaron la creación de la diócesis: Fernando VII,
a través de su Real Auxiliatoria de 1819, y su esposa, la reina
doña Isabel de Braganza. En el costado izquierdo debía presidir al centro
San Cristóbal, patrono principal de la ciudad, flanqueado por
San Miguel Arcángel y San Juan Bautista,copatronos mayores de
La Laguna. El patronazgo de San Cristóbal es el promigenio por
cuanto el 25 de julio de 1495 tuvo lugar la batalla entre castellanos
y guanches, cuya victoria significó para los conquistadores su
asentamiento definitivo en la isla y la fundación, dos años
después, de la ciudad de San Cristóbal de La Laguna (8).
Así consta en las Ordenanzas de Tenerife: "porque en este
día se ganó esta isla i por ello esta ciudad se flama
de Sant Christoval"(9). Caso similar resulta el patronazgo de San
Miguel, advocación preferida por el conquistador y primer adelantado
de la isla, Alonso Fernández de Lugo, por haber vencido a los
aborígenes el día de su fiesta (10). El hecho de que la
ciudad lagunera actuara, durante los primeros años de colonización,
como centro de toda la organización isleña contribuyó
a identificar a su patrono con el de Tenerife. El copatronazgo de San Juan Bautista ofrece la otra
variante para la elección de protectores, en la etapa posterior
a la conquista. En 1582, como consecuencia de una epidemia de peste
bubónica que asoló la ciudad, el Cabildo civil lo eligió
como patrono y abogado de la peste, pero su conmemoración cayó
pronto en el olvido (11). Los cuatro ventanales siguientes, de trazado bastante
más simple, son bíforas, semejantes a las otras dos que
abrían el espacio del crucero. El inmediato al ventanal dedicado
a la Virgen está cubierto con San Joaquín y Santa Ana,
lógicamente unidos a los ciclos marianos. De hecho, se encontraban
presentes en la primitiva fábrica, en torno a 1590, acompañando
a la Virgen en la capilla de Ntra. Sra. de la Luz (12). Figura del mismo modo unida al ciclo mariano es San
José. En el segundo rompimiento de este ventanal aparecería
San Antonio de Padua, incluido en este lugar por haberse puesto la obra
de la nueva catedral bajo su protección. Girando ahora al lado de San Cristóbal, se presentarían
a San Pedro y San Pablo y, a continuación, San Plácido
y San Roque, copatronos menores de la ciudad. Curiosamente San Roque,
abogado de los apestados, no tiene en exclusiva, como veremos, la intercesión
de esta enfermedad en La Laguna. En dicho centro se reconoce como patrón
del gremio de mamposteros, de modo que en los libros de la ermita se
inscriben los alarifes de la ciudad (13). El antiguo templo de los Remedios
conservó hasta su demolición un altar en el trascoro dedicado
a San Roque donde dos beneficiados celebraban su fiesta. Como consecuencia,
será elegido como abogado en la erección de la catedral
neogótica (14). El copatronazgo de San Plácido debe relacionarse
más bien con el azar. en 1607 la isla se verá invadida
y esquilmada por una plaga de langosta africana. Con tal motivo los
regidores del Cabildo se reúnen para elegir el santo que los
protegiera del mal; de entre una serie de nombres escogidos al azar
del santoral, San Plácido se constituiría en el defensor
de los cultivos ante estas periódicas plagas, ostentando como
contrapartida el copatronazgo, junto a San Roque (15). Los evangelistas que se situarían en los vitrales
del crucero vienen a ser el sucedáneo de una tradición,
en este caso interrumpida, consistente en ubicarlos en los correspondientes
pechinas del cimborrio. De manera inexplicable, Palahí olvida las posibilidades
que ofrecen los vanos del tambor de la cúpula, y más adelante,
cuando se lleva a la práctica menciona para este lugar tan sólo
la palabra "mosaico" (16). El deán se vio en dificultades para completar
el programa en las capillas. Intentó reflejar la cristianización
y culturización del archipiélago, siempre de la mano de
las órdenes religiosas, pero le sobraron huecos. Comenzó
por los fundadores de las órdenes mayoritarias, San Francisco
y Santo Domingo; siguió por las menos comunes, con San Agustín
y San Ignacio de Loyola, para finalmente recurrir a congregaciones no
históricas como la de San Vicente de Paúl, o femeninas,
Bernardas, a pesar de que sólo existían dos conventos
en las islas. Insistió en la idea cultural colocando a Santo
Tomás de Aquino y San Buenaventura como santos intelectuales,
citándolos como Doctor Angélico y Doctor seráfico.
En una última ventana dejó constancia de los personajes
que tuvieron contactos directos con Canarias, a través de Pedro
Bethencourt, fundador de la orden Bethlemita que, por lo demás,
nunca pudo afincarse en Canarias, y originario del pueblo tinerfeño
de Vilaflor, y el padre Claret, años antes misionero en las siete
islas, cuyos religiosos habían fundado recientemente casa en
Santa Cruz de Tenerife y en Las Palmas de Gran Canaria. Esta vidriera
tiene la peculiaridad de que al ser estos dos personajes sólo
Venerables -el primer paso en la consecución de la santidad-
a la hora de representarlos no se podían adornar ni con ráfagas
ni con claridades celestes, tal como lo disponía la Sagrada Congregación. El tercer ciclo, exclusivamente heráldico, se
disponía, como ya hemos comentado, en los medios puntos de las
naves laterales. Dada su ubicación y el ángulo de la luz
con dos tonalidades, brillante en la mitad superior y bastante más
opaca en el tramo inferior, pareció lógico abandonar la
línea iconográfica hasta aquí empleada, prefiriéndose
los escudos que ocuparían la mitad superior, haciéndolos
apoyar "sobre alguna base o ménsula de buen dibujo"
(17). Alternando de derecha a izquierda y desde el crucero
a los pies del templo, figuraría en primer lugar la égida
de la Santa Sede, con carácter de absoluta atemporalidad. De
ahí que se suprimieran las armas del pontífice reinante,
Pío X, disponiéndose tan sólo las dos llaves cruzadas
con la tiara encima. Le debía seguir en consideración el de
España, pero sólo con castillos, leones y la granada,
dado que la isla es conquistada por Castilla e incorporada a la Corona,
cinco años después de Granada. El escudo de la isla se situaría en el segundo
rompimiento de la derecha. Sus armas coinciden con las de la ciudad,
por cuanto La Laguna no se limitaba en principio a ser considerada capital
de Tenerife sino la isla misma, al funcionar como centro religioso,
político y administrativo (18). El escudo de armas, otorgado
por la reina Juana en real Cédula dada en Madrid el 23 de marzo
de 1510, contaba con los símbolos de Castilla y León,
y San Miguel Arcángel dominando un volcán en erupción
que representaba el Teide (19). Sucede en importancia el escudo de la isla de La Palma,
conquistada al igual que la isla de Tenerife por Alonso Fernández
de Lugo, lo que explica su denominación, San Miguel de La Palma,
y la aparición del arcángel en el escudo. Con La Gomera nos enfrentamos ante un fenómeno
más arcaico. Incorporada en el siglo XV y cedida como isla de
señorío, cuando se traza este programa iconográfico
no contaba aún con el escudo que confeccionaría Dacio
V. Darías, por eso se le asigna el de los Pezara, señores
de la isla. No hay referencia exacta al escudo pero suponemos que debieron
recurrir al emblema más antiguo de la familia consistente en
la estrella de oro de ocho puntas con fondo de gules y timbrado con
la corona condal (20). Parecida situación ofrece la representación
de la isla del Hierro, que hoy en día se representa con los consabidos
castillos y leones, y un árbol en recuerdo del garoé,
el árbol sagrado que abastecía a los aborígenes
de agua. Pero en 1911 se acudiría al emblema de los Herrera (que
es el actual escudo de La Gomera), o sea dos calderas de oro al centro
con sierpes a manera de asas y como bordura ocho calderas (21). Por último, en los cuatro vanos más próximos
a la fachada del templo debían aparecer las armas de cuatro familias,
por este orden: Bencomo, Porlier, Nava Grimón y Guerra o Hernández
Guerra. Son éstas las familias relacionadas con el establecimiento
de la diócesis Nivariense y el enriquecimiento del antiguo templo
de los Remedios. Así don Fernando de la Guerra "fue padre
del proyecto", mediante el acopio de documentos necesarios para
ello; con el mismo fin preparatorio colabora en la aplicación
de la capilla mayor de la iglesia de los Remedios. D. Antonio Porlier,
primer marqués de Bajamar y ministro de los reyes Carlos III
y Carlos IV, estimuló los esfuerzos para la creación de
la diócesis y desde su puesto prepara el ánimo de los
reyes y consejos. Los otros personajes pertenecen a la siguiente generación. Se trata de don Alonso Nava y Grimón, marqués de Villanueva del Prado y los hermanos Bencomo, especialmente don Pedro, primer deán, y sobre todo don Cristóbal, arzobispo de Heraclea, quienes engalanaron la fábrica de su peculio. D. Cristóbal desde su puesto privilegiado junto al rey Fernando consiguió la Real Auxiliadora de 27 de agosto de 1819 que, con la Bula Apostólica de Pío VII de 1 de febrero del mismo año, permitía la segregación de estas islas del Obispado de Canarias. El fracaso en la ejecución Todo el entramado iconográfico quedó olvidado
en su realización. Aunque el primer ciclo se mantuvo casi inalterable,
el segundo sufrió fuertes modificaciones, mientras que el tercero
no se llegó ni siquiera a colocar. La vidriera principal perdió la grandiosidad
proyectada, de forma que los personajes se acumulan al centro y Cristo
cambia la glorificación del rompimiento de nubes por una visión
más beatífica con un claustro románico al fondo.
Por lo demás, toda la escena principal quedó empequeñecida
en su conjunto en aras de una mayor exuberancia de las formas vegetales
que decoraban su entorno. La fecha de 1912 quedó finalmente corregida,
imprimiéndose la auténtica de 1913. En la zona correspondiente al presbiterio-crucero sólo
se constata un cambio: San Juan Bautista es trasladado a una de las
ventanas secundarias de las capillas, quedando sustituido por Santiago
el Mayor. Parece probable que se haya preferido tener presente el patronazgo
español, hasta ese momento olvidado, que un copatronazgo postergado
y sin mayor relevancia. De resto, se mantiene el orden preestablecido. En cuanto a la representación iconográfica,
la mayoría de las imágenes se representa con sus atributos
convencionales. Así, las rosas de Santa Isabel, el hábito
del peregrino de Santiago, el perro y la escudilla para San Roque, Santa
Ana enseñando a leer a su hija y su esposo con el hábito
de rabino y cayado, San Antonio con el niño en los brazos, la
barca para San Pedro, etc. El vitral de San Pablo recibe también un tratamiento
peculiar. Su figura no ofrece novedad alguna (libro y espada), pero
el escenario que lo rodea es poco habitual; se trata de una plaza de
templos clásicos a su alrededor, en el friso de uno de ellos
se halla la inscripción " Deo Ignoto", rememorando
de este modo el discurso del Apóstol de los gentiles a los atenienses
en el Areópago. Con San Plácido ocurre algo parecido. Figuran
como atributos personales el báculo, la mitra (propios de su
categoría abacial), la palma. de su falso martirio y, como fondo,
dos imágenes. A la derecha se representa un barco naufragando
que hace referencia a su protectorado sobre los ahogados por el accidente
sufrido por el santo en el lago Subiaco (23). La escena situada a la
izquierda resulta más oscura; en ella aparece una ciudad medio
derruida en llamas. La única interpretación posible surge
al relacionarlo con su patronazgo de Mesina, ciudad varias veces destruida
por los terremotos, siendo especialmente devastador el ocurrido escasos
años antes de la ejecución de la vidriera y que concluyó
con un pavoroso incendio. Cuando se abre la capilla de los Remedios, las vidrieras
de los evangelistas Juan y Mateo fueron trasladadas a la sacristía,
quedando incompleto el conjunto del crucero. En el ciclo de las capillas, transformado de raíz,
no hallamos desarrollado programa alguno: el Pilar y San Rafael juntos,
¿quizá por una afinidad viajera? El Carmen y San Bernardo,
¿podrían relacionarse por el texto mariano del segundo?
En otros casos no nos atrevemos a emitir hipótesis: San Sebastián
y San Francisco, Santa Teresa y San Silverio. Incluso se dan situaciones
de negligencia: por ejemplo, la imagen mariana de Guadalupe se exhibe
con la advocación mejicana. La devoción guadalupana tiene
en Canarias amplia tradición hasta el punto que figura como patrona
de la isla de La Gomera pero sólo muy tardíamente la tradición
iconográfica extremeña tuvo que competir con la hispanoamericana,
quedando los patronazgos principales para la primera. Los Venerables canarios de una de las capillas serán
sustituidos por otros de más categoría: San Diego de Alcalá,
fraile durante años del convento de Betancuria en Fuerteventura,
acompañado del habitual manojo de rosas que caen del escapulario
recogido, y el beato Ignacio de Acevedo. Este último porta la
cruz del misionero al pecho y se apoya en un cuadro de la Virgen, evocando
el regalo que Pío V le hizo al partir para Brasil. En este viaje
la nave hizo escala en Tazacorte (isla de La Palma), siendo martirizado
a la salida del puerto por el pirata francés Jacques de Sores
que se dirigía a la isla de La Gomera. Por este motivo al grupo
se le conoce con la denominación general de los mártires
de Tazacorte (24). Los medios puntos de las naves y los hasta ahora olvidados
huecos del tambor de la cúpula debieron convertirse, por razones
de índole económica, en lo que el catálogo de la
fábrica denomina como "mosaico", o sea una composición
no figurativa a base de formas geométricas. Salvando los casos comentados, el programa iconográfico se desarraiga del contexto territorial en el que se desarrolla, sobre todo en lo que se refiere al segundo ciclo porque carecerá de la posibilidad, que sí tiene el primero, de colocar algún elemento anecdótico en el escenario o marco en el que se mueve la imagen, dado que los fondos son neutros y monocromos. Además el santo es adscrito al culto general sin tener en cuenta las peculiaridades regionales desarrolladas: así, a modo de ejemplo, San Roque figura como abogado de los apestados cuando, como vimos en el proyecto, debía relacionarse aquí con la construcción; San Juan no es recordado por los servicios prestados a la comunidad y San Miguel se representa de forma tan ambigua que en realidad es un San Jorge con alas. Esta tendencia se enmarca dentro del espíritu del Vaticano I de oponerse a toda diversificación de interpretación en el seno de la Iglesia, política que será continuada y pregonada por los siguientes pontífices y que será asimilada y puesta en práctica por los tinerfeños (25)
(1) Víctor Nieto Alcalde, La vidriera del Renacimiento en España, Instituto Diego Velázquez del C.S.I.C., Madrid, 1970, pp. 14 y 15. (2) Archivo del Obispado de Tenerife: Legajos de la catedral. "Proyecto de Combinación de imágenes en las cristaleras de los ventanales de la catedral". (3) Alberto Darías Príncipe, Arquitectura y arquitectos en las Canarias occidentales 1874-1931, Caja General de Ahorros de Canarias, Santa Cruz de Tenerife, 1985, p. 467. (4) Este es el único vitral que conserva su proyecto de todos los que se enviaron a don Luis Palahí. (5) Rafael María de Hornedo, "Algunas reflexiones histórico teológicas acerca del culto de las imágenes", en Arte Sacro y Concilio Vaticano II, Junta Nacional Asesora de Arte sacro Centro de Estudios e Investigación "San Isidoro" León, León, 1965, pp. 337 y 338. (6) Ibid. (7) Miguel Tarquis y Antonio Vizcaya, Documentos para la Historia del Arte en las islas Canarias, t. I, La Laguna, Cabildo Insular de Tenerife, Santa Cruz de Tenerife, 1959, pp. 13 y 14. (8) Alejandro Ciorenescu, La Laguna. Guía histórica y monumental, La Laguna, 1965, pp. 211 y 212. (9) José Peraza de Ayala, Las Ordenanzas de Tenerife y otros estudios para la historia municipal de Canarias, Aula de Cultura de Tenerife, Santa Cruz de Tenerife, 1976, p. 56. (10) A. Cioranescu, ob. cit., p. 115. (11) Idem, pp. 233 y 234. (12) José Rodríguez Moure, Guía histórica de La Laguna, Instituto de estudios Canarios, La Laguna, 1935, p. 47. (13) A.O.T., Libro de la Cofradía de San Roque, papeles por ordenar. (14) J. Rodríguez Moure, ob. cit., pp. 37 y 38. (15) A. Cianorescu, ob. cit., p. 234. (16) A.O.T., Legajos de la catedral. Correspondencia comercial. Carta de La Veneciana de marzo de 1912. (17) A.O.T., Legajos de la catedral. Proyecto de Combinación de imágenes... (18) A. Cianorescu, ob. cit., p. 10. (19) Idem, pp. 18 y 19. (20) José Peraza de Ayala, "Casa de Peraza de Ayala", en Nobiliario de Canarias, t. III, Juan Régulo editor, La Laguna de Tenerife, 1959, p. 242. (21) Elías Serra y Rafols "Casa de los condes de La Gomera", en Nobiliario de Canarias, t. III, Juan Régulo editor, La. Laguna de Tenerife, 1959, p. 176. (22) A.O.T., Legajos de la catedral. Correspondencia comercial. Carta de La Veneciana del 4 de abril de 1913. (23) Louis Reau, Iconographie de l'Art Chrétien, t. III, Presses Universitaires de France, París, 1959, pp. 1112 y 1113. (24) Julián Escribano Garrido, Los jesuitas en Canarias 1566-1767, Facultad de Teología, Granada, 1987, pp. 90 a 93. (25) Colección de alocuciones consistoriales, encíclicas
y demás letras apostólicas citadas en la Encíclica
y el Syllabus del 8 de diciembre de 1864, Imprenta de Tejado, Madrid,
1865.
|
|||||||||