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El interés de esta obra radica
en que, a pesar de tenerla tan cercana, es una de nuestras grandes desconocidas. Se la debemos a uno de los más
importantes escultores españoles del reinado de Isabel II, Ponciano
Ponzano (1), quien en el año 1848 presentó un proyecto
para el concurso de este frontón (2), que ganó frente
a sus competidores. Tiene el escultor una formación
totalmente neoclásica (3) afianzada en su etapa romana. Esto
queda fielmente reflejado en el frontón que ahora nos ocupa,
no sólo formalmente, sino, y esto es lo que más nos interesa,
iconográficamente. Al llevar a cabo esta obra se inspira en la
antigüedad clásica, sobre todo en Roma y en las etapas de
la Historia del Arte que a ella volvieron sus ojos, el Renacimiento
y el Barroco, etapas que en aquella ciudad tienen algunos de sus máximos
exponentes. Este frontón consta de una serie
de analogías o representaciones basadas en la personificación.
Aunque no son símbolos hemos de estudiar su simbología
y recurrir a los atributos para de este modo ver exactamente lo que
representa y como lo hace (4). En este caso los atributos forman parte
de la iconografía de la representación, ya que se están
materializando ideas abstractas. Nuestro artista, la mayoría de
las veces, recurre a los símbolos y atributos utilizados normalmente
en la iconografía de las alegorías que representa. Sin
embargo, veremos como en algunas ocasiones varía detalles, no
por falta de conocimiento sino, sin duda, intencionadamente para cambiar
en algún punto la idea a expresar, probablemente influido por
la política del siglo XIX español. El frontón consta, pues, de una
serie de representaciones alegóricas relacionadas todas ellas
muy directamente con España: su historia, su geografía,
vida, economía y valores. Pasamos a describirlas sin más
dilaciones, comenzando por la derecha, no teniendo en cuenta la importancia
que le dio su creador. La Agricultura. Ocurre con ella algo parecido
a lo que pasa con los ríos: en principio esta alegoría
iba a estar representada por tres figuras según la documentación
(7), sin embargo, finalmente sólo se realizó de este grupo
la figura principal. Su importancia radica en el hecho de que la Agricultura
en el siglo XIX era la principal actividad económica de España
y por ello muy protegida. El Comercio. Como en toda la historia del arte, está personificado por Mercurio, dios protector, en el mundo romano, de comerciantes y viajeros (8). Aparece como es habitual representado por un joven imberbe, con cabeza cubierta por un petaso provisto de alas, la bolsa en la mano izquierda y el caduceo en la derecha. El escultor nos lo presenta recostado debido a la escasa actividad que tenía aquí en la época. Como ya he dicho se relaciona muy directamente con la Agricultura. En cambio, da la espalda a las Artes denotando el poco interés que siente por ellas. La Armonía. Está representada por
el genio alado de la Música, portando la lira de siete cuerdas
para tocarla, símbolo de la unión armoniosa de las Las Bellas Artes. Son tres figuras más
o menos encuadradas en un recinto marcado por la decoración del
fondo, para hacer hincapié en su unidad. Se representan aquí
las llamadas Artes Mayores: la Escultura, la Pintura y la Arquitectura. La Fuerza. Aparece en pie junto al grupo central de España y la Constitución. Su aspecto es robusto como le corresponde. Para expresar perfectamente esta idea lleva sobre su cabeza y parte de su cuerpo una piel de león; este hecho se ha asociado en numerosas ocasiones con el mito clásico de Hércules y Onfale. Según la documentación hallada, esta figura debería portar en su mano izquierda la clava, otro de sus símbolos, pero el escultor, finalmente, no la llevó a cabo (10). Mantiene sus brazos cruzados sobre el pecho consolidando, de este modo, más su figura y quizás como símbolo de respeto a España. Su imagen queda eclipsada por el triunfo de la Justicia, a quien dirige su mirada por si necesita de ella. España. Ocupa el centro de la composición
por ser ésta la alegoría de más importancia. Responde
su iconografía a la usada posteriormente al mundo romano: una
matrona sentada, coronada, respondiendo a la idea de superación
y portando el cetro real y corona de laurel que a su vez son símbolos
de poder y victoria. Su actitud es majestuosa y severa correspondiendo
a los dones que tiene, nobleza y lealtad de la nación. La Constitución. Una joven esbelta que es abrazada por la alegoría de España aparece sentada en el trono de su matrona, quien la protege. En su mano derecha lleva un pliego que representa al código constitucional, y en la izquierda, apoyándose en España, una flor que simboliza la esperanza. La Justicia. Se trata en este caso de una personificación
de origen romano (12). Es una figura de una matrona en pie con túnica
y manto, como corresponde a la iconografía clásica. Su
posición es frontal y casi simétrica, símbolo del
equilibrio bilateral. Se presenta con corona de rayos sobre la cabeza,
símbolo de la luz, de la iluminación recibida que le es
imprescindible para llevar perfectamente a cabo su cometido; y diadema
de laurel. En su mano derecha lleva, correspondiéndose perfectamente
con su iconografía, una espada, pero en este caso no mirando
hacia el suelo como es lo habitual, sino apuntando hacia arriba; el
empleo de la espada se ha tomado siempre como símbolo de purificación,
no de castigo como podríamos haber pensado, para lo cual se utiliza
el látigo o la maza (13). El Valor. Tampoco aquí vemos representada
la alegoría con ninguna de sus iconografías más
usuales: una robusta matrona o la figura de Heracles o Hércules.
Sino que está representado por un gallardo mancebo de formas
atléticas (14) y carácter marcial (15). Se encuentra sentado
a los pies de la Justicia, para quien trabaja, y la mira atento esperando
cualquier señal suya para defenderla. Las Ciencias. Las principales ramas del conocimiento
son tres: la Astronomía, la Poesía y las Matemáticas.
Se reúnen aquí formando un grupo con un centro común:
"el manantial del saber". La Paz. Sentada, pero más elevada que las de alrededor debido a su importancia mira al grupo central atendiendo de este modo a la felicidad de España. Sostiene en su mano derecha la matrona que la representa su atributo más indiscutible, la rama de olivo. En la iconografía clásica suele aparecer con el cuerno de la abundancia a su lado. Sin embargo, en este caso, tiene a su derecha a la alegoría de la Abundancia. A su izquierda el geniecillo de la paz (17). La Abundancia. En principio, iba a estar representada
por un conjunto de figuras, la propia Abundancia y un chiquillo a quien
daría sus productos en cestos que otro llevaría a un barco,
todo ello para simbolizar la exportación de los productos sobrantes
de nuestro fértil suelo (18). No obstante, finalmente, colocó
sólo su alegoría: la matrona portando el cuerno de la
abundancia, repleto de flores y frutos, cuerno que hace referencia,
una vez más. al mundo clásico, concretamente al de la
cabra Amaltea, nodriza de Júpiter.
(1) Escultor natural de Zaragoza cuya formación tuvo lugar primero en Madrid y más tarde en Roma. (2) Se presentaron un total de cuatro proyectos. (3) Se formó junto a Álvarez Cubero, Torwaldsen, Cánova... (4) Idea recogida de J. Eduardo Cirlot. (5) Memoria de la construcción del nuevo Palacio del Congreso de los Diputados. (6) Ver nota 5. (7) Ver nota 5. (8) Según manifiesta Julio César en sus "Comentarios": "Ante todo es a Mercurio, a quien miran como... el protector de las rutas y de los viajeros". (9) Ver nota 5. (10) Ver nota 5. (11) M. Senard, "El Zodíaco". (12) No se corresponde exactamente con la "Temis griega". (13) "La danza de espadas y la tarantela", Barcelona, 1948. (14) Hace un magnífico estudio anatómico en esta figura. (15) Iconografía que responde más a los presupuestos neoclásicos. (16) Ver nota 5. (17) Formaría pareja con el "geniecillo de las armas" que no se llevó a cabo. (18) Ver nota 5.
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