CUADERNOS DE ARTE E ICONOGRAFIA / Tomo II - 4. 1989
 

 

LA ICONOGRAFÍA DEL FRONTÓN DEL PALACIO DE LAS CORTES

María Pilar Fernández Agudo

El interés de esta obra radica en que, a pesar de tenerla tan cercana, es una de nuestras grandes desconocidas.

Se la debemos a uno de los más importantes escultores españoles del reinado de Isabel II, Ponciano Ponzano (1), quien en el año 1848 presentó un proyecto para el concurso de este frontón (2), que ganó frente a sus competidores.

Tiene el escultor una formación totalmente neoclásica (3) afianzada en su etapa romana. Esto queda fielmente reflejado en el frontón que ahora nos ocupa, no sólo formalmente, sino, y esto es lo que más nos interesa, iconográficamente. Al llevar a cabo esta obra se inspira en la antigüedad clásica, sobre todo en Roma y en las etapas de la Historia del Arte que a ella volvieron sus ojos, el Renacimiento y el Barroco, etapas que en aquella ciudad tienen algunos de sus máximos exponentes.

Este frontón consta de una serie de analogías o representaciones basadas en la personificación. Aunque no son símbolos hemos de estudiar su simbología y recurrir a los atributos para de este modo ver exactamente lo que representa y como lo hace (4). En este caso los atributos forman parte de la iconografía de la representación, ya que se están materializando ideas abstractas.

Nuestro artista, la mayoría de las veces, recurre a los símbolos y atributos utilizados normalmente en la iconografía de las alegorías que representa. Sin embargo, veremos como en algunas ocasiones varía detalles, no por falta de conocimiento sino, sin duda, intencionadamente para cambiar en algún punto la idea a expresar, probablemente influido por la política del siglo XIX español.

El frontón consta, pues, de una serie de representaciones alegóricas relacionadas todas ellas muy directamente con España: su historia, su geografía, vida, economía y valores. Pasamos a describirlas sin más dilaciones, comenzando por la derecha, no teniendo en cuenta la importancia que le dio su creador.

Los ríos y canales. Según los documentos de la construcción (5) de este edificio, en el extremo derecho aparecían personificados los dos exponentes más importantes de nuestra geografía: el Ebro y el Tajo. Sin embargo, sólo aparece uno de ellos que por la descripción que en dichos documentos se hace de sus figuras, se trata sin duda de la alegoría del Ebro, ya que dice del Tajo que se representa por una figura que vierte agua en un cántaro, la cual no llegó a ejecutar el escultor.
Lo representa como antes lo divinizaron los griegos y luego siguió haciéndose en Roma, durante el Renacimiento y el Barroco, por medio de la figura de un viejo de espesa barba y largos cabellos. Como atributo específico, el Ebro lleva en su brazo un niño que simboliza un canal. La figura infantil, también con largos cabellos que lleva un barco, mira hacia la Agricultura y el Comercio, relacionando las tres alegorías. El barco puede hacer referencia a la Industria o la Navegación, citadas en el proyecto (6) y sin representación. Al fondo aparecen juncos y plantas que se dan en las riberas de los ríos. Y bajo la figura infantil un cántaro de agua que podría aludir al omitido río Tajo.

La Agricultura. Ocurre con ella algo parecido a lo que pasa con los ríos: en principio esta alegoría iba a estar representada por tres figuras según la documentación (7), sin embargo, finalmente sólo se realizó de este grupo la figura principal. Su importancia radica en el hecho de que la Agricultura en el siglo XIX era la principal actividad económica de España y por ello muy protegida.
La alegoría se representa mediante una matrona coronada de espigas como ya se venía haciendo en la antigüedad clásica. En sus manos lleva un cesto con productos de la tierra, frutos... quizás como sustituto del cuerno de la Abundancia que lleva esta alegoría en otras muchas representaciones. Este cesto lleno se lo ofrece al Comercio que es quien se ocupa de administrarlo. En algunos documentos se relaciona estas dos figuras también en el sentido contrario, es decir, ofreciendo el Comercio una bolsa de dinero a la Agricultura como recompensa por sus muchas virtudes y sus hábitos sencillos.

El Comercio. Como en toda la historia del arte, está personificado por Mercurio, dios protector, en el mundo romano, de comerciantes y viajeros (8). Aparece como es habitual representado por un joven imberbe, con cabeza cubierta por un petaso provisto de alas, la bolsa en la mano izquierda y el caduceo en la derecha. El escultor nos lo presenta recostado debido a la escasa actividad que tenía aquí en la época. Como ya he dicho se relaciona muy directamente con la Agricultura. En cambio, da la espalda a las Artes denotando el poco interés que siente por ellas.

La Armonía. Está representada por el genio alado de la Música, portando la lira de siete cuerdas para tocarla, símbolo de la unión armoniosa de las
fuerzas cósmicas. Se relaciona con las Artes, ya que manifiesta la "armonía" que debe haber entre ellas.

Las Bellas Artes. Son tres figuras más o menos encuadradas en un recinto marcado por la decoración del fondo, para hacer hincapié en su unidad. Se representan aquí las llamadas Artes Mayores: la Escultura, la Pintura y la Arquitectura.
La Escultura se personifica como se venía haciendo desde el mundo clásico por una matrona sencillamente ataviada, semidesnuda, como símbolo de la sobriedad de su arte. Sin embargo, en este caso no lleva el mazo y el cincel como siempre se ha venido haciendo, sino que en sus manos lleva, según la documentación (9), el proyecto para el frontón, para pedir su opinión a las otras Artes.
La Pintura está colocada por el artista entre la Arquitectura y la Escultura con la intención de hacer ver como aquella es ayuda para estas dos. Aparece de pie para indicarnos como en muchos momentos de su historia ha sobresalido de entre las otras dos y el grado de perfección que tantas veces ha alcanzado. Se representa, como desde muy antiguo, con el collar de oro alusivo a su esplendor y belleza, y con útiles de su arte: en la mano derecha lleva un lápiz y se lo acerca a la cabeza por la importancia que tiene el estudio tanto en la composición como en el dibujo; en la izquierda lleva una caja con útiles para la pintura al fresco.
La Arquitectura se representa con el mismo aspecto y los mismos atributos que en la antigüedad clásica, es decir, vestida de forma noble, discreta y severa, para indicar su belleza, orden y buen gusto; portando en su mano derecha instrumentos clásicos utilizados para su cometido y en la izquierda un tablón para trazar planos.

La Fuerza. Aparece en pie junto al grupo central de España y la Constitución. Su aspecto es robusto como le corresponde. Para expresar perfectamente esta idea lleva sobre su cabeza y parte de su cuerpo una piel de león; este hecho se ha asociado en numerosas ocasiones con el mito clásico de Hércules y Onfale. Según la documentación hallada, esta figura debería portar en su mano izquierda la clava, otro de sus símbolos, pero el escultor, finalmente, no la llevó a cabo (10). Mantiene sus brazos cruzados sobre el pecho consolidando, de este modo, más su figura y quizás como símbolo de respeto a España. Su imagen queda eclipsada por el triunfo de la Justicia, a quien dirige su mirada por si necesita de ella.

España. Ocupa el centro de la composición por ser ésta la alegoría de más importancia. Responde su iconografía a la usada posteriormente al mundo romano: una matrona sentada, coronada, respondiendo a la idea de superación y portando el cetro real y corona de laurel que a su vez son símbolos de poder y victoria. Su actitud es majestuosa y severa correspondiendo a los dones que tiene, nobleza y lealtad de la nación.
España y la Constitución aparecen rodeadas de la rueda de la vida, es decir, del zodíaco, cuyo principio elemental está en la serpiente que se muerde la cola. Su simbolismo da paso de la unidad a la multiplicidad (11), lo que aquí se podría interpretar como España y todos los valores y actividades que ella abriga por medio de la Constitución.

La Constitución. Una joven esbelta que es abrazada por la alegoría de España aparece sentada en el trono de su matrona, quien la protege. En su mano derecha lleva un pliego que representa al código constitucional, y en la izquierda, apoyándose en España, una flor que simboliza la esperanza.

La Justicia. Se trata en este caso de una personificación de origen romano (12). Es una figura de una matrona en pie con túnica y manto, como corresponde a la iconografía clásica. Su posición es frontal y casi simétrica, símbolo del equilibrio bilateral. Se presenta con corona de rayos sobre la cabeza, símbolo de la luz, de la iluminación recibida que le es imprescindible para llevar perfectamente a cabo su cometido; y diadema de laurel. En su mano derecha lleva, correspondiéndose perfectamente con su iconografía, una espada, pero en este caso no mirando hacia el suelo como es lo habitual, sino apuntando hacia arriba; el empleo de la espada se ha tomado siempre como símbolo de purificación, no de castigo como podríamos haber pensado, para lo cual se utiliza el látigo o la maza (13).
Según la documentación hallada, esta figura en su mano izquierda debería llevar la balanza significando la igualdad de todos los españoles ante la ley, que, por otro lado, habría correspondido a su iconografía perfectamente, sin embargo, el escultor le colocó en esta mano una corona de laurel que dirige a la Constitución, mostrando quizá de este modo la aprobación que de ella hace. Se puede decir que varió esta iconografía debido a la situación política que por estos años atravesaba España.

El Valor. Tampoco aquí vemos representada la alegoría con ninguna de sus iconografías más usuales: una robusta matrona o la figura de Heracles o Hércules. Sino que está representado por un gallardo mancebo de formas atléticas (14) y carácter marcial (15). Se encuentra sentado a los pies de la Justicia, para quien trabaja, y la mira atento esperando cualquier señal suya para defenderla.
Aparece con sus símbolos más comunes, la espada de su cinto y el casco, aunque este aparece junto a él en el suelo, no en la cabeza.
Según el proyecto de este frontón (16), a su lado debería encontrarse el "genio de las armas", quien le otorgaría la corona de laurel por las victorias conseguidas.

Las Ciencias. Las principales ramas del conocimiento son tres: la Astronomía, la Poesía y las Matemáticas. Se reúnen aquí formando un grupo con un centro común: "el manantial del saber".
La Astronomía aparece en pie y mirando hacia arriba para controlar el movimiento de los astros. No se corresponde perfectamente con su iconografía al no ir coronada de estrellas, ni lucir alas, aunque sí porta sus principales atributos: el globo o esfera en su mano izquierda y el compás como símbolo de su exactitud en la derecha.
La Poesía se representó sentada en actitud de escribir, con el libro abierto en el que apoya su brazo izquierdo significando la erudición que le es necesaria. En cuanto a esto y a su corona de laurel en este caso, en otros puede ser de mirto y rosas, responde a la iconografía clásica. Sin embargo, le falta uno de sus atributos más importantes en todos los tiempos: la lira, que puede simplemente llevarla o tocarla.
Las Matemáticas es una matrona sentada cuya posición nos muestra la concentración que tiene en sus propias meditaciones. Como es habitual en esta alegoría, tiene entre sus manos objetos de geometría y una tabla sobre la que trabaja.

La Paz. Sentada, pero más elevada que las de alrededor debido a su importancia mira al grupo central atendiendo de este modo a la felicidad de España. Sostiene en su mano derecha la matrona que la representa su atributo más indiscutible, la rama de olivo. En la iconografía clásica suele aparecer con el cuerno de la abundancia a su lado. Sin embargo, en este caso, tiene a su derecha a la alegoría de la Abundancia. A su izquierda el geniecillo de la paz (17).

La Abundancia. En principio, iba a estar representada por un conjunto de figuras, la propia Abundancia y un chiquillo a quien daría sus productos en cestos que otro llevaría a un barco, todo ello para simbolizar la exportación de los productos sobrantes de nuestro fértil suelo (18). No obstante, finalmente, colocó sólo su alegoría: la matrona portando el cuerno de la abundancia, repleto de flores y frutos, cuerno que hace referencia, una vez más. al mundo clásico, concretamente al de la cabra Amaltea, nodriza de Júpiter.
Con esta alegoría termina la serie representada en el frontón si bien, en un primer proyecto, se iba a continuar con las de la Industria y Navegación, que finalmente no se llevaron a cabo.


NOTAS

(1) Escultor natural de Zaragoza cuya formación tuvo lugar primero en Madrid y más tarde en Roma.

(2) Se presentaron un total de cuatro proyectos.

(3) Se formó junto a Álvarez Cubero, Torwaldsen, Cánova...

(4) Idea recogida de J. Eduardo Cirlot.

(5) Memoria de la construcción del nuevo Palacio del Congreso de los Diputados.

(6) Ver nota 5.

(7) Ver nota 5.

(8) Según manifiesta Julio César en sus "Comentarios": "Ante todo es a Mercurio, a quien miran como... el protector de las rutas y de los viajeros".

(9) Ver nota 5.

(10) Ver nota 5.

(11) M. Senard, "El Zodíaco".

(12) No se corresponde exactamente con la "Temis griega".

(13) "La danza de espadas y la tarantela", Barcelona, 1948.

(14) Hace un magnífico estudio anatómico en esta figura.

(15) Iconografía que responde más a los presupuestos neoclásicos.

(16) Ver nota 5.

(17) Formaría pareja con el "geniecillo de las armas" que no se llevó a cabo.

(18) Ver nota 5.