CUADERNOS DE ARTE E ICONOGRAFIA / Tomo II - 4. 1989
 

 

PICASSO Y EL TEMA DE LE DÉJEUNER SUR L'HERBE

M.ª del Carmen Grandas Sagarra e Inmaculada Julián González

En conformidad con Jan Bialostocki, "la Historia del Arte es testigo de una continua lucha entre la tradición y la innovación, tanto en el campo de la forma como en el del contenido" (1).

La obra de Pablo Picasso responde, en nuestra opinión, a lo anteriormente apuntado, ya que en ella es evidente, especialmente desde la realización del cuadro Les Demoiselles d'Avignon (2), un profundo análisis y revisión de la historia del arte no cayendo, sin embargo, en un mimetismo vacío de contenido. Antes bien, Picasso lleva a cabo una reflexión sobre el pasado, la cual transforma por medio de su prolífico hacer en un tema absolutamente moderno.

Las imágenes elaboradas por Picasso son representaciones de tipo cultural que él inserta de lleno en su mundo confiriéndoles, dada su libertad, la categoría de obra abierta. En más de una ocasión, como puede comprobarse con la serie Le Déjeuner sur l'Herbe, motivo del presente estudio, su libertad y reflexión teórico-cultural le conduce a una especie de juego en el que triunfa la imagen y la composición por ellas mismas.

Picasso realiza los primeros dibujos de esta serie en 1954, y tal vez pudiera hablarse o hacerse referencia a una obra muy anterior en la que se plantea un tema semejante en cuanto a estructura, aunque conceptualmente presente una temática distinta: nos referimos al retrato de La familia Soler que pintó en Barcelona en 1903 (3). Este cuadro, que representa una comida en el campo, será esporádicamente tratado a lo largo de su producción. En él hallamos a la familia del sastre Soler agrupada alrededor de un almuerzo. La obra se encuentra limitada a ambos lados por el matrimonio: el padre sentado con las piernas estiradas y la madre también sentada con un niño en su regazo. La composición queda centrada por medio de la imagen en pie de una de las tres niñas.

Este esquema se repetirá cincuenta años más tarde en la serie que Picasso empezó a perfilar a la edad de setenta y tres años. El modelo inicial es la obra de E. Manet, Le Déjeuner sur l' Herbe (4) y en ella se representan cuatro figuras en el bosque junto al río. El cuadro fue motivo de escándalo debido a que la figura femenina sentada en primer plano aparece desnuda. El tema de esta obra se ha relacionado de forma frecuente con El concierto campestre del siglo XVI (5). La composición de Manet, sin embargo, se aproxima más al grabado que Marcantonio Raimondi realizó a partir de una obra de Rafael que tenía como tema El juicio de Paris, tomando de este grabado, un fragmento de la parte inferior derecha, en el que se encuentran tres figuras sentadas al lado de un río (una femenina; una de las masculinas sostiene una rama con su mano izquierda, mientras que la derecha parece sujetar un remo). En esta escena no aparece la cuarta figura femenina del cuadro de Manet; figura que en la obra de Picasso será un complemento. No hay duda dadas las diferencias con la obra atribuida a Giorgione, que Manet se inspiró en el grabado de M. Raimondi, y si bien éste representó unos dioses fluviales, Manet representó a unos burgueses de su época.

Casi cien años después que Manet pintara este cuadro, Picasso estudia la obra del artista francés para trabajar el tema a su manera, tal y como había hecho con obras de otros artistas entre los cuales cabe citar a Rembrandt, Lucas Cranach el Viejo, N. Poussin, F. Goya, E. Delacroix, J.A.D. Ingres y D. Velázquez, entre otros. En general, pinta reflexiones y sugerencias en relación a determinados cuadros, sin llegar a realizar series, a excepción de su interpretación sobre las Meninas velazqueñas (6) y sobre Las mujeres de Argel de E. Delacroix de las que Picasso realiza quince versiones iniciadas en diciembre de 1954 (7).

En el mismo año, durante el mes de junio, empieza la serie con cuatro dibujos. En los dos primeros sigue de cerca, en cuanto al número de figuras y composición, la obra de Manet. Estilísticamente, es evidente que su hacer y su personalidad modifican el cuadro del pintor impresionista. En el tercer dibujo aparece la pareja de la izquierda y la mano del personaje masculino situado a la derecha de la composición. Este conjunto está tratado académicamente y sin duda responde al deseo de buscar la expresión de rostros y gestos. En el cuarto dibujo (8) trata los bustos de los cuatro personajes exclusivamente. En estos cuatro bustos pueden apreciarse referencias a la obra de Degas, así como a cuadros y dibujos de su primera época. Picasso busca la cualidad expresiva en las figuras ajustándose al modelo en cuanto a distribución y tratamiento formal.

Hasta el 10 de agosto de 1959 no reanuda su contacto con la obra de Manet. Este día hace cuatro dibujos en los que respeta a su manera la composición manetiana, ya que dibuja no sólo las figuras, sino también la naturaleza muerta y los árboles. Se inicia un proceso de simplificación y esquematización en el que se empiezan a manifestar las constantes picassianas en relación a la forma en que trata los cuerpos de los personajes femeninos. En el tercero de los dibujos desaparece el hombre situado detrás de la figura femenina sentada, y progresivamente los cuerpos femeninos devienen voluminosos.

El 11 de agosto realiza cuatro dibujos en tinta china, mucho más elaborados, pero limitándose a estudiar la figura femenina del fondo, presentándola inclinada hacia delante, con proporciones descomunales y una toalla entre las manos. El paisaje se transforma en un complemento. Se observa un fuerte contraste entre las formas curvas de esta mujer con la rigidez de sus cabellos.

Hasta febrero de 1960 no vuelve a ocuparse del tema. En Vauvenargues pinta tres óleos, que son los primeros de la serie. En ellos, tras las reflexiones efectuadas desde 1954, se manifiesta de forma clara la interpretación de Picasso. En el primero, fechado el 27 de febrero, la atención se centra en las dos figuras femeninas y el personaje masculino situado a la derecha, mientras que el segundo personaje masculino permanece difuso al fondo de la tela. La volumetría de las figuras femeninas es tan acusada que no están ni contorneadas. Un rasgo común en las tres figuras principales es la dimensión de las manos, también de enorme tamaño, y sin definir. El paisaje parece encerrar al grupo y Picasso mantiene la naturaleza muerta.

En el óleo del 28 de febrero la composición se centra en la figura de la bañista. Las figuras masculinas siguen un esquema más figurativo, mientras que las mujeres son menos voluminosas aunque con diminutas cabezas.

Este mismo día pinta otro óleo, de menores dimensiones, en el que prescinde del segundo personaje masculino, a la vez que el paisaje está representado por medio de manchas de color, recias y matéricas.

Un óleo fechado el 29 de febrero ofrece un mayor esquematismo en relación a las figuras y al paisaje, y reaparece la figura del fumador. El paisaje, a base de planos de color y líneas geométricas.

En el mes de marzo hay dos óleos; en el primero de ambos Picasso desplaza los elementos compositivos y la única figura estable es la del hombre a la derecha. La mujer de la izquierda la sitúa más al fondo siguiendo la ley de la frontalidad y en una postura convulsionada que Picasso plasma tan a menudo en sus cuadros. La bañista la coloca al fondo, y el fumador de pipa apenas se distingue, confundido entre la naturaleza.

El 4 de marzo inicia la elaboración del segundo óleo que finaliza el 30 de julio. A nivel de composición, ha perdido su relación con la obra de Manet; sin embargo, siguen estando presentes las cuatro figuras, la naturaleza muerta, y aparece por primera vez en esta serie la imagen de la barca en la misma posición que en el cuadro modelo. El interés de Picasso se está centrando en las dos figuras sentadas de primer término, siguiendo sus constantes de monumentalizar el cuerpo de la mujer, mientras que el hombre se representa sin enfatizar ninguna característica puntual.

El 30 de julio hace siete dibujos en los que trata exclusivamente la figura de la bañista, sentada. examinándose el pie izquierdo, alargando progresivamente el cuello y modificando, a la vez que enfatizando, el volumen de las curvas del cuerpo. Con estos estudios de la bañista, Picasso parece recrear el tema helenístico del niño que extrae una espina de la planta de su pie.

Tras nueve meses que dedica a la realización de esculturas en metal, entre ellas La silla, Mujer con los brazos abiertos, Mujer con sombrero, Futbolista, etc. (9), en abril de 1961 pinta, el día 19, dos óleos de características diferentes a lo que se ha analizado hasta el momento. El esquema de la composición es oval, y dentro de él aparecen las cuatro figuras dispuestas de forma más alegre y desenfadada. En el segundo de estos cuadros se observa un escorzo absoluto: la mujer sentada en la obra de Manet aquí está tumbada sobre la hierba.

Durante el mes de junio realiza una serie de ocho dibujos sobre las bañistas en los que la figura sentada a la izquierda es la misma que aparece en la serie de los Déjeuners, pero en esta ocasión se encuentra fuera del agua secándose los pies.

Hasta el 17 de junio de este año no vuelve a trabajar en la serie, toda vez que se halla instalado en su residencia de Notre Dame de Vie en Mougins. Las tres figuras principales para Picasso son inmensas, con rostros de perfil, ojos distintos en todas ellas, presentando el fumador los dos ojos remarcados por las cejas. La. bañista se encuentra en el fondo rezagada. En este óleo juega un papel importante la pincelada y el color, característico en Picasso en este momento.

El día 18 de este mismo mes, en otro óleo, confiere importancia a las dos figuras sentadas, que recuerdan por sus características y posición la famosa serie El pintor y la modelo (10). Entre el día 20 y el 7 de julio lleva a cabo veinte dibujos. En ellos concentra la atención en la figuración humana tratando diferentes actitudes. Salpica de color el conjunto que, dadas las dimensiones de las figuras, hace resaltar a las dos sentadas como las que más le interesan, a pesar del número de estudios sobre la bañista. La mujer de perfil mantiene la constante de los dos ojos. Progresivamente durante este mes, a partir del 8 de julio, todos los personajes aparecen desnudos y están representados de forma esquemática y de manera más libre. La escena, que era campestre, es ahora de baño. Todos estos dibujos están desprovistos de fondo pictórico, y son preparatorios del óleo sobre tela que pinta el 10 de julio, en el que coloca a los cuatro personajes a la orilla de un río; los cuerpos son desproporcionados, enfatizando partes puntuales. En este óleo recupera la idea de la naturaleza muerta y de la barca, esta última en el lado izquierdo. El fumador se encuentra echado con un libro, y escuchando atentamente al otro hombre. Son relevantes las minúsculas cabezas de las mujeres en relación con sus atributos femeninos. .El óleo fechado el 12 de julio responde a los bocetos realizados tres días antes. El hombre de la derecha es el que domina gracias a su tamaño la totalidad de la composición, y el paisaje adquiere connotaciones escenográficas.

El día siguiente encontramos a los mismos personajes en situación espacial distinta: la bañista y, sobretodo, el fumador -convertido en un lector desde los dibujos preparatorios de estos óleos- se hallan claramente en un segundo plano. La figura femenina principal recuerda, dadas sus características, a personajes femeninos de la serie Mujeres de Argel (1954 en adelante). Obsérvese que manos y pies son puros espacios rectangulares.

En el óleo del día 16 de julio, la figura femenina izquierda, que identificamos con Jacqueline Roque ya esposa del pintor, es prepotente y distorsionada, en tanto que la figura masculina frente a ella parece escucharla. Ha desaparecido el fumador-lector, y la bañista configura un círculo complementario en el centro de la escena. Es curioso en este cuadro el modo en que resuelve la cabeza de Jacqueline, cuya parte inferior está de perfil y la superior -desde la nariz- frontal, retornando con ello una práctica habitual en sus obras de los años treinta.

A partir del 26 de julio hace veintitrés dibujos, nueve de los cuales son a color, fechados el 26 y 30 de julio y el 22 y 25 de agosto. En ellos el paisaje queda prácticamente eliminado, así como el bastón de la primera figura masculina. El fumador aparece sólo en dos dibujos, las figuras principales, de perfil, se encuentran en una línea próxima al clasicismo. El hombre tiene pintados los dos ojos y reaparece de nuevo el tema del pintor y la modelo. Junto a estos dibujos hay uno hecho al pastel consiguiendo, gracias a esta técnica, oposición de tonalidades creando un efecto dramático. La única figura vestida es la del hombre a la derecha que ya lleva el bastón, mientras que el fumador-lector está colocado echado semi-oculto por Jacqueline.

Entre el 30 y el 31 de julio, Picasso produce cinco cuadros de formato vertical que se distinguen por la presencia de sólo tres personajes, ya que ha desaparecido el fumador junto a la naturaleza muerta. En ellos reafirma el tema de los dibujos sobre el pintor y la modelo. En el primer óleo, el hombre y la bañista destacan por sus inmensas proporciones, quedando notablemente disminuida la figura de Jacqueline. El segundo de los cuadros es más equilibrado en lo que respecta a las dimensiones humanas. Las cabezas -excepto la de la bañista- están de perfil y con líneas casi quebradas, mientras que los cuerpos femeninos están solucionados con abundantes curvas. En el tercero y cuarto óleos aumenta el cuerpo de Jacqueline y hay una progresiva deformación que afecta a las manos. En el último de los cuadros del mes de julio incrementa el tamaño del hombre, al tiempo que las figuras femeninas quedan relegadas a una posición secundaria. La naturaleza se refleja en el lado derecho y el ángulo superior izquierdo.

A partir del 10 de agosto las composiciones que realiza sufren una metamorfosis total: utiliza indistintamente el formato vertical y horizontal, y las figuras se ven rodeadas por el paisaje, conservando las mujeres la exageración de formas a la que ya se ha aludido. Desde el día 22 emprende de nuevo una serie de proyectos de composición, que comprenden siete dibujos a lápiz. De nuevo mantiene las cuatro figuras, situando las dos menos importantes en la parte superior. Esta serie debido a su tratamiento, es completamente distinta y nos remite de forma directa a los dibujos de 1954, en que empezó a estudiar este tema. Tanto la naturaleza muerta como los cuatro personajes tienen connotaciones de tipo clasicista. Los personajes van variando de posición y de tamaño e incluso de aspecto físico a lo largo de su desarrollo. Un hecho curioso es el tratamiento dado al personaje masculino de la derecha que tanto aparece como un dios, como un joven o como un fauno. Jacqueline se representa semejante a una Venus que, en cierto modo, domina la escena.

El 25 de agosto realiza otros siete estudios de composición, en los que los personajes continúan desnudos, y la escena resulta menos clasicista respecto a los inmediatamente anteriores. Los dos personajes secundarios se hallan situados en la parte superior de la obra en actitud distante; a la vez que Jacqueline, echada, parece dormitar; el personaje principal masculino, de cabellos con cinta y barba, está hablando. Casi no hay ya paisaje.

A finales de este año, el 27 de diciembre de 1961, Picasso realiza siete proyectos de composición en los que estudia exclusivamente a las dos figuras principales, sin dar importancia a las dos restantes. En el segundo dibujo de esta serie trata de nuevo la naturaleza muerta, colocada sobre una mesa a la izquierda de la composición en la parte superior. En términos generales, se presenta de perfil al hombre, a la par que la mujer es analizada en distintas posiciones: frontal, perfil, en escorzo. Esta serie debe considerarse como unos apuntes rápidos sobre este tema, base para la serie El pintor y la modelo que desarrolla a partir de 1963.

Para terminar su relación con el tema de Manet, Picasso realiza una serie de diez linóleums desde enero de 1962 (11). En agosto de este año desarrolla en dibujo los estudios de los personajes de la serie, excepto la bañista, sobre cartón recortado y plegado, que constituyen el proyecto para el conjunto monumental instalado en los jardines del Moderna Museet de Estocolmo.

El ciclo sobre Le Déjeuner sur l'Herbe comprende, en definitiva, veintisiete pinturas al óleo, ciento cuarenta dibujos, tres linograbados y una decena de maquetas en cartón para esculturas. Toda esta serie de obras son realizadas en un momento en que la práctica de la pintura se debate entre el abandono de la abstracción y la recuperación de la figuración a través del Pop Art, así como de los movimientos abstracto-geométricos. Picasso rompe con todo ello y decide tomar como modelo y fuente de inspiración a un pintor del siglo XIX, a fin de poner de relieve su libertad, su audacia, y vía el pasado irrumpir de nuevo con fuerza en este momento de la historia del arte. Pero no sólo es Manet el modelo; Manet es la excusa para sacar de nuevo a flote todos esos modelos iconográficos que son presencias físicas en su obra: La gran odalisca de Ingres, Las mujeres de Argel de Delacroix, el arte de los egipcios, de los persas, de los romanos y de los etruscos, Gauguin o Matisse; todos aquellos que en opinión de Douglas Cooper han servido a Picasso de una manera u otra en diferentes períodos de su práctica artística y en relación directa a sus necesidades expresivas (12). Pero Picasso no sólo se refiere o alude a los momentos artísticos citados, sino que va más allá llevando a cabo una revisión de su propia obra. A esta revisión se añade el avance de temas que inmediatamente trabajará, así como modificaciones importantes en relación a la técnica, como podrá comprobarse en las obras que se expusieron en el Palacio de los Papas de Avignon en 1972, un año antes de su muerte.

En relación a la serie Le Déjeuner sur l'Herbe hemos de manifestar que no hay un mimetismo respecto al modelo. El tamaño de los personajes aumenta o disminuye según las necesidades compositivas o de expresión; pinta a los personajes masculinos en tonos más oscuros. Aparece como constante la imagen de Jacqueline Roque, última mujer en la vida de Picasso, que personifica la imagen femenina sentada, surgiendo también este tema tan querido por el artista como es el de las bañistas.

Pese a no ser su última producción, bien pudiera considerarse esta serie como un testamento pictórico en el que relata por medio de la línea, por medio de la mancha y por medio de las gradaciones cromáticas, no sólo lo que ha sido su obra, sino lo que quiere que sea en su próximo futuro.


NOTAS

(1) J. Bialostocki, Estilo e Iconografía. Contribución a una ciencia de las Artes, Barcelona, Barral Eds., 1973, p. 111.

(2) Realizado entre junio y julio de 1907. óleo sobre tela, 243,9x233,7 cm. The Museum of Modern Art, Nueva York.

(3) Se trata de un óleo sobre tela, de 150x200 cm., que se halla actualmente en el Musée du Parc de la Boverie de Lieja.

(4) Manet pintó el cuadro en 1863. 180x264 cm. París, Musée d'Orsay.

(5) G. C. Argan constata que la autoría de la obra ha sido atribuida a Palma el Viejo, a Giorgione y al Tiziano joven, en El arte moderno, Valencia, Fernando Torres, Ed. 1975, p. 114.

(6) Realizadas entre agosto y diciembre de 1957, la serie se conserva en el Museu Picasso de Barcelona desde marzo de 1963. Sobre la relación iconográfica entre la versión de Velázquez y la serie picassiana, presentamos una comunicación en la II Internacional Conference on Automatic Processing of Art History Data and Documents celebrada en Pisa en 1984, organizada por La Scuola Normale Superiore y la J. Paul Getty Foundation.

(7) R. Penrose, Picasso, Madrid, 1959, p. 437.

(8) Fechados los tres primeros el día 26 de junio, el cuadro lo dibuja el día 29, remarcando Picasso bajo la fecha que se trata de su onomástica con las palabras "Día de San Pablo".

(9) Estas piezas forman parte de la colección del Musée Picasso de París. Vid. al respecto A.A.V.V.., Musée Picasso. París. Catálogo de las colecciones, Barcelona, Polígrafa, 1985, pp. 190-192.

(10) Este tema lo inicia en 1927 con una serie de aguafuertes, editados por A. Vollard para ilustrar un libro de Balzac. Lo continua en 1933 con los grabados de la Suite Vollard, y entre 1953-54 realiza aproximadamente doscientos dibujos. El tema deviene obsesivo en 1963, cuando pinta una serie de óleos bajo este título.

(11) Vid. B. Rau, Pablo Picasso. Obra gráfica, Barcelona, Gustavo Gil¡, 1982. De esta obra gráfica se conservan tres ejemplares en el Museu Picasso de Barcelona, dedicados a Jaime Sabartés.

(12) D. Cooper, Picasso. Les Déjeuners, París, Ed. Cercle d'Art, 1962, p. 5.


ILUSTRACIONES

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