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Cabría comenzar por unos versos del Poema Paradisíaco de D'Anunzzio, el más grande de los simbolistas italianos, para aproximar el sentido de esta incursión por la iconografía angélica moderna: "... sapori non terrestre, e non mortale/ bocca, e piú bianche nel silenzio intente/ le statute guardavan la profonda/ pace e sognavano indecibilmente...". La conjunción de unos movimientos estéticos,
como Simbolismo y Esteticismo, en la base de las creaciones escultóricas
modernistas, las va a dotar generalmente de unos amplios contenidos,
ricos en matices y en transferencias simbólicas. Mucho más,
en caso de sujetos temáticos que ya tradicionalmente han sido
elementos alegóricos, como en el caso de los ángeles,
que ha supuesto, a través de los tiempos y de la historia del
arte, una de las formas habituales de conectar dos mundos, el sensible
y el espiritual, por el papel de intermediarios entre los hombres y
la divinidad. El ángel ha aparecido siempre en relación
con los temas funerarios, cumpliendo diversos cometidos: como conductor
y guía de las almas, como guardianes de las tumbas, o como expectativa
y promesa del paraíso celestial. Sin embargo, poco tienen que
ver esas representaciones de ángeles, desde el contenido estrictamente
religioso, con el tratamiento que esta imagen va a recibir en la cultura
europea de fin de siglo. Un tratamiento mucho más acorde con
una visión o estado poético, en el que se mueven las distintas
artes, capaz de integrar lo más espiritual con lo mundano y de
reducir a intereses exclusivamente de orden estético, elementos
de la reflexión sobre la muerte, el silencio, el dolor del adiós,
el destino y la fugacidad de las cosas. El ángel del arte modernista puede sufrir trasvases
de contenido, sin que se alteren para nada sus capacidades de expresión.
Se encuentran lo mismo en la escultura de cementerios, que en los monumentos
a poetas ejerciendo el papel de "La Musa", lo mismo encarnan
esa visión poetizada de la muerte, intimista y subjetiva, que
son metáforas del amor ideal, dentro de un caso de máxima
ambigüedad y polisemanticidad, respecto a sus contenidos iconográficos. Nuestro trabajo intenta ser una aproximación
a los "tipos" angélicos, tal y como se presentan en
la escultura funeraria de la última década del siglo Si en otros momentos de la cultura visual, han surgido
textos que determinaron explícitamente las configuraciones visuales,
estos ángeles son una posibilidad de poetización esencialmente
esteticista, ajena tanto a la reflexión intelectual o moralizante
de otros momentos (Humanismo), y lejos también de la dimensión
más narrativa y exteriorizadora de un programa barroco o romántico. La escultura funeraria conoce además, en este
momento cronológico, una fuerte revitalización y se convierte
en el refugio de la casi totalidad de la producción modernista-simbolista.
En la mayoría de los casos se conecta con las fuentes literarias
del propio modernismo, que proporciona el tono, el gesto, la concepción
y refuerza su significado lírico. Ello no puede extrañar en un momento artístico
donde la sinestesia baudeleriana figuraba como la aspiración
compartida de los diversos géneros artísticos (1). Los elementos icónicos distintivos del "ángel"
son esencialmente dos: la referencia a su condición de espíritus,
es decir, "luminosidad" o resplandor, traducido también
por "blancura" especialmente en las túnicas; y "alas",
esto es, ligereza, capacidad de volar, con todo lo que supone en relación
con la " elevación", sea el sentido religioso, laico
o neoplatónico. Por supuesto que sólo contamos ahora a los ángeles
que podemos llamar "leales", no al ángel caído
ni tampoco a los inquietantes ángeles neutros (2), castigados
a purgar su neutralidad viviendo con los mortales y sin diferenciarse
de ellos. Además, el ángel modernista va a contar con algunos motivos iconográficos específicos y constantes, básicamente su encarnación femenina y su simbiosis con la flor.
FIGURAS ASIMILABLES AL ÁNGEL Desde los epígonos del romanticismo, podemos identificar durante la segunda mitad del XIX, una serie de tipos que comparten unas características con la imaginería artística del ángel. EL HADA Figura femenina, procedente del mundo de la recreación literaria del cuento o la leyenda. Interesó en muchas ocasiones a la pintura, como elementos comunes con el ángel simbolista, comparte su carácter de "aparición", generalmente luminosa, también el benéfico o de intermediario (3). En una tumba infantil del cementerio de Soto del Barco (Asturias), la figura del ángel de la Guarda, que conduce a una niña hacia el sendero verdadero, conecta perfectamente con esta iconografía. EL PÁJARO. LA FUNCIÓN DE MENSAJERO En el cuadro de Dante Gabriel Rosetti, Beata Beatrix (1864), el pájaro mensajero de la muerte tiene un nimbo de luz sobre su cabeza y lleva en el pico una adormidera símbolo de la muerte y del sueño. Puede ser el equivalente del ángel anunciador. LA MUJER ANGÉLICA Responde al tipo femenino más espiritualizado de la tradición artística del prerrafaelismo, surgida a la vez del "revival" de la figura de Beatriz, tan del gusto ya de toda la tradición que viene de William Blake. Siempre se rodea de un paralelismo floral cuya significación vendrá claramente expresada en la literatura. Puede llevar una estrella sobre la frente con la consiguiente implección de un significado múltiple: Virgen María, Doncella Bienaventurada de Dante, Amor Ideal... MUJER SENSUAL. Algunos ángeles, y especialmente varios del cementerio de Oviedo y de Derio, así como la figura que protege la entrada del panteón de Concha Heres en Grado (Asturias), por citar sólo unos ejemplos muy típicos, suponen simplemente la sustitución de ese rostro genérico e ideal, por un retrato de mujer, con peinado a la moda, de gran realismo y con túnica ajustada que desvela las formas femeninas y las potencia con fuerte erotismo. ÁNGEL-VAMPIRO Tratado como ángel de la muerte, encontramos
un ejemplo en la tumba del poeta Vital-Aza, un ángel de bronce,
con alas extendidas de aspecto amenazador e inquietante. Este tipo se
asimila más bien a las amenazadoras figuras híbridas de
la pintura de Khnopff (Medusa dormida, por ejemplo, de 1896). El amor ha sido representado en la pintura simbolista
a menudo como una figura alada. Ya no es el niño travieso, el
"eros" renacentista, sino figuras de jóvenes masculinos
o femeninos. Solomón lo representó así en Aube
(1871), y Burne Jones, con el tipo andrógino característico,
en El amor conduciendo al peregrino, alusión explícita
al viaje de la vida y por ello implicado en esta visión relacionada
con la muerte (4). Es una iconografía formalmente intercambiable
por la de Tobías y el ángel, a cargo de los mismos elementos
compositivos: el viaje, encontrar el camino perdido, el ángel
como ayuda y mensajero celeste, y la fe como seguimiento confiado de
las rutas marcadas.
FUENTES LITERARIAS En la escultura modernista funeraria, convive el ángel cristiano con el ángel exclusivamente poético o heterodoxo, relacionado con los datos de una mística distinta: poesía, ensueño, deseo inefable de la eterna juventud y elevación a un mundo sublime. Sus antecedentes próximos están en William
Blake, donde encontramos casi todos los perfiles del ángel simbolista.
El ángel-sueño, el ángel protector y, sobre todo,
el ángel energía, deseo, en la heterodoxa visión
que confunde ángel y demonio, o invierte sus conceptos (5). Un
ejemplo aparece en el panteón de Muros de Nalón de A.
Martínez (Oviedo) con dos ángeles en bajorrelieve cuya
dependencia de la miniatura medieval es claramente perceptible, pasada
por la aportación de W. Blake. En el núcleo literario prerrafaelista aparece
un tipo de ángel asimilado a la mujer idealizada (6). La Doncella
Bienaventurada de Dante Gabriel Rosetti, cuya túnica adornaba
una rosa, "merced de María", de largos cabellos, teje
guirnaldas "para aquellos que acaban de nacer después de
muertos, y está inmersa en una luz de ángeles"; "la
luz se agitó hacia ella, llena de ángeles que volaban
muy alto...". El poema titulado "Para un Cuadro" habla
de una belleza "tan conocida, por el flotante pelo y agitada túnica"
(7). En este autor se percibe, a pesar de su contenido religioso,
algo de esa heterodoxia poética del ángel-mujer. Los escritores plenamente simbolistas, abundan en la
referencia a las alas. Éstas asumen el contenido de lo trascendente
y el de la libertad.. El ángel y el pájaro representan
el fluido espiritual a que se refiere Marcel Raymond (8), aspiración
de catarsis y alegoría de la poesía pura. El poeta (Baudelaire)
se mueve en un más allá espiritual, gracias al conocimiento
simbólico, tiende a despojarse de lo sensible y evoca otra vez
la mística neoplatónica, el ángel se percibe pero
se torna invisible (9). Bajo la iconografía angélica se produce
esa inflexión de la estética simbolista que abandona la
proximidad impresionista para alcanzar una dimensión eterna de
los momentos. En las Iluminaciones de Rimbaud abundan las imágenes
alegóricas del tiempo eterno y del tiempo contingente. Los ángeles
se instalan en un mundo donde no transcurre el tiempo, suponen la eterna
juventud y la eterna belleza, como los ángeles funerarios siempre
jóvenes que, aun bajo la materia escultórica, con sus
largas túnicas movidas por vientos espirituales, aparecen trascendidos
e ingrávidos. En las Elegías de Rainer M.a Rilke, se
alienta dar cuerpo a lo invisible y alcanzar el espacio de lo eterno,
prohibido a los vivos. Rilke reflexiona en presencia de las esculturas
de Rodín (como es sabido, la principal fuente plástica
de la escultura modernista que en España heredan los ángeles
de Basterra). En 1899 escribe Para Festejarme, uno de cuyos epígrafes
titula "canciones angélicas". Sus ángeles rompen
los conceptos católicos de la muerte, el más allá
y la eternidad. Pretende dotar de una sola unidad a lo visible y a lo
invisible, de tal manera que la vida y la muerte se funden. Sólo
los hombres vemos la muerte, los ángeles caminan por lo eterno:
"Los ángeles, se dice, no sabrían a menudo si andan
entre vivos o muertos." Rilke (1912-1922). José Jiménez ha dejado una magnífica interpretación de la imagen del ángel, ejemplificando su versión modernista en la poesía de Juan Ramón Jiménez (10). Los ángeles son vagos, leves, se confunden en el ensueño y en el crepúsculo con la mujer y con la rosa: "¿... es ángel, mujer o rosa/ la visión de las ventanas?" (11). Ángeles siempre unidos a la luz, cuando se van
llega la noche. Ángeles "bellos como vírgenes blancas",
con el lenguaje plástico de J. R. Jiménez, se despliega
una iconografía angélica cercana a los cuadros de Arnold
Bócklin, como en el pema "Melancolía". "En
la nube perdían sus albísimos peplos". El ángel luminoso es también el "ángel
de los esplendores", como en el cuadro de Delville (1894). Su oponente
es el ángel de las tinieblas, el ángel negro, el ángel
con alas de murciélago o evocador de los cuervos, malos presagios
y premoniciones de la muerte. Así lo encontramos en Rimbaud (12). Un elemento indispensable en la iconografía del
ángel funerario es el acompañamiento de flores. Guirnaldas,
cestillos, coronas, ramos que llevan en las manos y que tienden a esparcer
en un gesto constante sobre las tumbas. Las flores han sido metáforas de lo transitorio,
como indicio de la brevedad y la fugacidad de lo bello y de la vida.
Ya en la Biblia se recogía esta simbología: "El hombre
nacido de mujer vive corto tiempo y está lleno de inquietud:
crece como una flor y como una flor cae, huye como sombra y no queda
nada de él" (13). En el arte modernista se utilizaron distintas especies.
Para los prerrafaelistas fue preferida el lirio y la azucena, que no
falta en la pintura y vidrieras. La rosa, evocó también
la nostalgia de la juventud perdida, por ejemplo en Charles Swinburne,
aborda el tema de la rosa en su poema Ante el espejo, "brillantes
espectros". La imagen de la flor que se desvanece está en
casi todos los simbolistas. Baudelaire, en Harmonie du soir,
habla de cómo "chaque fleur s'evapore ainsi, qu'un encensoir",
y con frecuencia es la alegoría misma de la mujer para los artistas
plásticos. La Salomé de Emily Fabry (1892) coronada
de flores blancas, el Abril de Maurice Denis (1892), las muchachas
que velan El sueño de Puvis de Chavannes (1883) arrojan
flores sobre la tierra y pétalos gigantes acompañan a
Pandora en la obra de Odilon Redon. Conocemos también la identificación que
se llevó a cabo en las artes decorativas del modernismo, donde
la mujer y la flor están imbricados, fundidos, como en las joyas
de Lalique. En el Monumento a Chopín de Froment Maurice,
del Parc Monceau de París, el ángel esparce flores sobre
el artista muerto, de la misma forma que se repite abundantemente en
los ejemplos de los cementerios del norte de España. Por ejemplo,
en el panteón Arnott y dos anónimos del cementerio de
Oviedo. A veces se entreteje el tema de la rosa y la espina como recuerdo
de la antítesis dolor-gozo. En los panteones de americanos o "Indianos"
suelen aparecer camelias, flor importada a sus jardines, como la magnolia.
Además de ser una flor llena de vestigios románticos. Las guirnaldas que sostienen algunos ángeles
así como las que ciñen a representaciones escultóricas
de jóvenes muchachas, podemos entenderlas en conexión
con el tema de la fusión de los muertos con la vegetación.
En el Cementerio Marino trata Paul Verlaine ampliamente de esa
vida subterránea, bajo las raíces de los árboles. Evidentemente, que esta iconografía diere mucho
de la del ángel que porta laurel, más bien funcionando
como la Musa o coronando al Poeta [ejemplo, el monumento a Teodoro Cuesta,
por Arturo Sordo, en Mieres (Asturias)], o cuando portan palmas, signo
tradicional cristiano de la victoria sobre la muerte. El ejemplo seleccionado para la documentación gráfica es de B. Álvarez Muñiz y nos parece que puede condensar las constantes apreciadas en esta escultura, también en otros muchos cementerios y autores. Básicamente Aniceto Marinas, Basterra y amplias muestras en los modernistas catalanes.
(1) " La condición característica de todo el arte moderno y muy particularmente la literatura, es una tendencia a refinar las sensaciones y acrecentarlas en el número y la intensidad. Hay poetas que sueñan con dar a sus estrofas el ritmo de la danza, la melodía de la música y la majestad de la estatua." Ramón del Valle Inclán, Modernismo. (2) Los ángeles de la tradición de la Gnosis a los que se refiere Dante, que se mantuvieron a la expectativa en la lucha de San Miguel y sus huestes contra Lucifer, para unirse luego a los victoriosos. (3) Por ejemplo, en Baudelaire forman parte de un mundo de figuras intermediarias a las que llama "deidades impalpables, amigas del hombre", en Los Dones de las Hadas, Pequeños Poemas en Prosa, Madrid, 1968, p. 37. Este tipo de figura parece relacionado sobre todo con el cuento, por ejemplo, del romanticismo alemán. (4) La relación del Amor con la Muerte es un tema Neoplatónico de larga tradición clásica, que se reactualiza con fuerza en el simbolismo como una de herencia romántica. Cfr. E. Wind, Los misterios paganos del renacimiento, cap. X "Amor como Dios de la Muerte", Barcelona, 1972, p. 155. Se refiere a Baudelaire, Wagner, Rilke, y la tradición neoplatónica de Schelling o Schopenhauer. (5) Como en los Cantos de Inocencia donde se habla del "Sweet Sep-Ange Mild", y también de "Y un ángel llegó, y con una llave dorada, los ataúdes abría y a todos liberaba". Buenos Aires, 1980, Ed. Adiax, p. 47. En el Matrimonio del Cielo y el Infierno, y Visiones Memorables aparecen los ángeles en la versión contraria. Ejemplo, Poemas Proféticos y Prosas, Madrid, 1972. Da lugar también a una plástica que acompaña sus versos con dibujos o aguadas, muy revival, con alas de afiladas puntas y muy estilizados. (6) Martín Triana, El prerrafaelismo. Historia y antología, Madrid, 1976, pp. 45-53. (7) Dante Gabriel Rosetti, "Belleza del Alma. Para un Cuadro", id., p. 67. (8) De Baudelaire al Surrealismo, F.C.E., México, 1968. (9) En "Bendición". (10) J. Jiménez, El Ángel Caído. La imagen artística del ángel en el mundo contemporáneo, Madrid, 1982. (11) Juan Ramón Jiménez, Primeros libros de poesía, 1903. Recopilación de F. Garúas, Madrid, 1967. (12) Rimbaud, Los cuervos, obra poética completa, Barcelona, 1972. (13) El libro de Job, 14,1,2. ILUSTRACIONES
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