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En el presente trabajo se tratan dos
aspectos de gran interés para la Historia del Arte en España,
tales como son, el estudio iconográfico y el análisis
del contexto histórico circunstancial. Las conquistas del rey Fernando III
el Santo son de gran trascendencia para la historia medieval de España
así como su reflejo en el arte de la pintura. Eso por un lacio, por otro la difusión
que se ha dado a su signo de santidad, junto con el reconocimiento de
la historiografía durante la segunda mitad del siglo XVIII, así
como por la labor de investigación que se da en la actualidad,
permite hacer un elogio a la imagen del rey de Castilla. El acontecimiento histórico que
se plasma en las obras suponen desde el punto de vista estilístico
amoldarse a las nuevas corrientes y normas del academicismo. Desde el
punto de vista histórico se reconoce y valora la figura del santo
rey, así como se justifica el planteamiento del nuevo contexto
histórico-cultural y filosófico de la España Ilustrada. Asimismo y entroncando con esta idea
es una forma de enaltecer la imagen de Fernando VI que sube al trono
de 1746 hasta 1759. A continuación analizaremos el
tema que da título a este trabajo. Tenemos cuatro versiones del
mismo realizados en 1760 por los opositores a premios siguientes: Juan
Ventura Miranda; Lorenzo Quirós, Diego Sánchez Saravia
y Andrés Ginés de Aguirre. El tema fue propuesto en Junta de 27
de enero de 1760, y en cuyas Actas de Academia reza lo siguiente: "El
Santo rey don Fernando acompañado del Arzobispo de Toledo don
Rodrigo, de los Maestres de Santiago, Calatrava y Alcántara,
de muchos ricos-hombres y gran parte de sus tropas recibe en Sierra
Morena de los Embajadores de Mohamed, rey de Baeza, el vasallaje que
le ofrece este rey, con varios presentes y víveres para el Ejército"
(Resúmenes de Actas de la Real Academia de Bellas Artes de San
Fernando, 1760, pág. 8.) La escena que se recoge en el tema de
Baeza tuvo lugar hacia 1224. El pintor toma como fuente de documentación
la Historia de España del Padre Juan de Mariana. Después
atendiendo a las normas académicas y al estilo vigente, interpreta
el asunto casi como una instantánea fotográfica. Como
referencia se toma el siguiente texto: "...el rey, alegre contra buen
principio, que era como pronóstico de lo restante de aquella
guerra, con un grueso ejército que juntó se enderezó
contra los moros de Andalucía. Hacíanle compañía
entre los más principales el arzobispo don Rodrigo, persona de
gran valor y brío y que no podía estar ocioso, los Maestres
de las Ordenes, don Lope de Haro, don Rodrigo Girón, don Alonso
de Meneses, sin otros ricos-hombres y caballeros de menos cuenta. Luego que pasaron la Sierra Morena,
vinieron embajadores de parte de Mohamed de Baeza, para ofrecer la obediencia
que estaba presto a rendir la ciudad y ayudar con dineros y vituallas"
( Historia de España. R. Pr. Juan de Mariana. Tomo I, pág.
356.) En primer lugar, hay que decir que en
cualquiera de las cuatro versiones el rey Fernando III aparece en el
centro de la composición marcando el eje de simetría y
como símbolo del equilibrio entre ambos ejércitos. se
le identifica rápidamente por su indumentaria: armadura, jubón,
calzas, manto de armiño, cetro en la mano izquierda y corona. De todos modos alguno de los autores
le han concebido con variantes. Por ejemplo, en Sánchez Saravia
aparece con casco no con la corona. Más anacrónico resulta
aún el lienzo de Quirós que en su cabeza coloca una corona
de laurel. Tal vez ello pueda responder, bien a la idea de triunfo,
bien como alusión al mundo clásico romano, en consonancia
con el nuevo espíritu académico. Ventura Miranda y Ginés de Aguirre
interpretan la iconografía del rey con corona y barbado. En todos
los casos se concibe de pie, adelantando un paso, con postura equilibrada
y de gran elegancia. En cuanto al arzobispo don Rodrigo se
sitúa siempre a la izquierda del rey, excepto Sánchez
Saravia que lo ubica a la derecha. Los maestres de las órdenes
militares y el resto de la nobleza los encontramos en torno a Fernando
III. Se completa el grupo de la derecha con
los soldados del ejército cristiano. A la izquierda siempre aparece la representación
árabe con los tres embajadores, uno de ellos arrodillado que
presenta sus respetos al rey. Este, por su parte, se muestra como corresponde
a su persona real pero nunca distante ni altivo. Para ello el pintor
juega mucho con el lenguaje de las manos, muy expresivas y de gusto
refinado. En el centro, en el suelo, se encuentran
representados los tesoros que se van a ofrecer en señal de tributo.
Podemos ver objetos de gran riqueza: un cofre (abierto o cerrado) que
deja ver monedas, joyas; bandejas de plata, jarras de riquísimo
metal y profusa decoración, propio del mundo árabe. Los tres embajadores se distinguen claramente
por su indumentaria: bombachos, capa y turbante característico
que rodea la cabeza. Constituyen el grupo de la izquierda
los esclavos que transportan las cajas embaladas para entregar al ejército
cristiano. Se puede observar el interés
por tomar la Historia de España como fuente para la Historia
del Arte, y cómo especialmente de la época medieval, se
seleccionan momentos para dejar constancia de ellos en pintura Los hechos se interpretan correctamente,
pero debido a una gran falta de información, están lejos
de representar fielmente a los personajes y lo que es propiamente el
contexto medieval. Hacia 1224 las; treguas de Castilla
con el Al-Andalus tocaban a su fin. Los cronistas cristianos de la época
muestran al rey Fernando III como protagonista y director de fuerzas.
Convoca el rey una serie de Consejos, primero en Muñó
y después en Camión. La Crónica latina cita que
asistieron don Lope Díaz de Haro, don Gonzalo Rodríguez
y don Alfonso Téllez, hombres fieles a la Corona (Crónica
latina. Tomo IX, cap. XII.). Asimismo cita a don Rodrigo Rodríguez
con otros magnates, la reina doña Beatriz y la reina madre doña
Berenguela. D. Fernando expuso su deseo personal
de iniciar la guerra. Al consejo convocado en Camión, en julio
de 1224, asistieron los que nos resultan tan conocidos y que igualmente
cita la Crónica italiana: "el arzobispo don Rodrigo y los
maestres de las órdenes Militares de Santiago y Calatrava",
por estar en Toledo. La Crónica latina de Castilla
narra como el califa llamado al-Bayyasi fue perdiendo sus dominios en
el Al-Andalus (Granada, Jaén, incluso Quesada) debido a las luchas
fraticidas que se entablaron con Abadel, príncipe de Sevilla
y aspirante al imperio de África en ese momento. Al-Bayyasi, príncipe de Baeza,
ante el temor de perder la plaza buscó la ayuda del rey de Castilla.
Ambos concertaron emprender juntos una campaña militar contra
las poblaciones que acababan de perder (Úbeda y otras villas
de Jaén), a cambio de ciertas concesiones. Este acuerdo es el
que se recoge en cada uno de los lienzos: la embajada de Al-Bayyasi
entrega el avituallamiento a título de pacto para obtener a cambio
su apoyo militar. Aladel, por su parte, envió tropas
contra Al-Bayyasi al mando de Almansur Abulola. Acamparon delante de
Baeza. El frío, la lluvia y el intento de pacto que propuso el
príncipe de Baeza a Abulola hizo que el ejército de éste
se retirase. Entretanto, el rey de Castilla Fernando
III, dispuso las huestes para la expedición. La Crónica
latina habla claramente de que se preparó un ataque contra las
plazas declaradas en rebeldía y coincide con "El Himyari"
(El Himyari, pág. 198.) en que el rey de Castilla y el baezano
estaban unidos en la campaña. El triunfo fue grande. Como consecuencia
se lleva a cabo en 1225 el pacto de "Las Navas de Tolosa",
por el cual el rey de Baeza besa las manos de don Fernando haciéndose
su vasallo y para cuya garantía entrega su hijo menor al monarca
castellano. BIBLIOGRAFÍA Academia. Resúmenes de Actas de la Real Academia de Bellas Artes
de San Fernando. Año de 1760. Beruete y Moret, Aureliano de: "El cuadro como documento histórico".
Discurso para su recepción en la Real Academia de la Historia.
CSIC, Madrid, 1922. España Sagrada. Tomo XXIII. Jiménez de Rada: "Crónica latina de Castilla".
núm. 43, t. IX, cap. XII. Mariana, R. Pr. Juan de: Historia de España.
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