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La vida de Goya se puede dividir en
tres etapas, la del Goya joven, soltero; la del Goya maduro, casado
con Josefa Bayeu; y la del Goya viejo, unido a Leocadia Weiss, como
ella se firmaba al casarse con Isidoro Weiss, aunque su apellido de
soltera era Zorrilla y Galarza. Entremedias hubo amores con la duquesa
de Alba y enamoramientos del pintor de otra título, la marquesa
de Santa Cruz, a la que hiciera el mejor retrato neoclásico felizmente
recuperado para el Prado hace dos años y varios cuadros más
y dibujos como el de la mujer serpiente y el erótico conservado
en una colección parisiense. Leocadia era prima de su nuera Gumersinda
Goicoechea Galarza y había nacido en Madrid el día 9 de
diciembre de 1788, luego cuando la conoce en la boda de su hijo Javier
Goya, tenía diecisiete años. Sus padres eran de Sangrices;
él y su madre de Bacaicoa, Navarra. Vivían en la calle
Esparteros, número 2, y la madrina de su bautismo fue su hermana
mayor Felipa Zorrilla Galarza (1). Es decir, tenía la misma edad
que su nuera Gumersinda, que había, también, nacido en
el año 1788. No tenía la estilizada figura de la de Alba
pero era más bonita de cara, el tipo más grueso también
que aquélla. Creemos que el retrato que en el Museo de Valencia
se dice ser de doña Joaquina Candado es el retrato de Leocadia
joven, pues los documentos notariales nos muestran que doña Joaquina
era una señora de más edad y una prestamista madrileña,
a la que seguramente fue a parar el cuadro y, de ella, al Museo de Valencia.
Dura poco el romance del pintor con su modelo ocasional, a la que también
creemos que por este tiempo retratara en el cuadro de La Carta
del Museo de Lille, en el que se la representa a las orillas del Manzanares
con una amiga leyendo una misiva. Forma pareja con el cuadro de las
viejas inventariado a la muerte de Josefa en 1812. Y dura poco el romance,
pues ella se casa rápidamente con un vecino; Isidoro Weiss, joven
dependiente de la tienda de su padre de igual nombre y que había
nacido en Madrid en el año 1785. La boda fue el día 10
de octubre de 1807 en la parroquial de Santa Cruz. Antes habían
firmado las escrituras de capitulaciones matrimoniales y carta de pago
de la entrega de la dote ante el escribano madrileño Cortijo
y conservadas al tomo 22836 del archivo de protocolos histórico
de Madrid. La carta de pago de la entrega de la
dote se firmó ante el mismo escribano madrileño el día
8 de octubre de aquel año de 1807, pues la anterior era de fecha
17 de septiembre, y se conserva al folio 430 y siguientes del mismo
tomo del archivo de protocolos histórico madrileño y los
Weiss dan recibo o carta de pago de la suma de 274. 884 reales de vellón,
de siete camisas, dos enaguas, dos almillas de cama de costanza, una
almilla, un apretador, tres pares de calcetines, tres vendas, cinco
de seda, un catre imperial, una funda, cuatro colchones, un almohadón,
doce sábanas, una funda, tres de Colonia, cuatro almohadas de
Holanda, dos estanzas, seis toallas, una colcha, un colgadizo de cien
reales, dieciséis vestidos, uno de percal, dos pares de zapatos,
una cómoda, un reloj de oro; de la ropa del marido de gasto indispensable
y honorífico, la que se tasa en 860 reales, de los créditos
de Leocadia por un valor de 54.848 reales y de muchas ropas más. Los regalos del novio se señalan
en dicha escritura aparte y son un aderezo de 2.800 reales y un peine
de oro, y los de su hermana Felipa Zorrilla tasados en 18.000 reales
y en vales hacen una suma de 18.000 reales; en total, 274.884 reales. En otra escritura, de fecha 17 de octubre
de 1807, es decir, después de la boda, hay la descripción
del capital de Isidoro Weiss reconocido por Leocadia y dice trajo, él,
un vestido negro y una levita, todo por valor de 6.703 reales. Los comentarios que nos merecen estas
tres escrituras es altamente deplorable con respecto a la familia Weiss,
a la que se ve que solucionó el problema de una crisis económica
la boda del hijo con Leocadia. Las cláusulas revelan que Weiss
padre estaba asesorado de un abogado y preveía hasta una posible
ruptura de los cónyuges. La valoración de lo aportado
por el novio era ridícula y, en cambio, se ve en la dote que
ella le pagó hasta los gastos honoríficos de la boda.
En fin de cuentas, a ella se le cargaba todo. El matrimonio se fue a vivir a la calle
Mayor, 2, y de la unión nacieron tres hijos: Joaquín Weiss,
nacido en 1810; Pedro Guillermo, en 1812, y Rosario, en 1814. Al quedarse viudo Goya, en el año
1812, la recoge y a sus dos hijos quedando el mayor, Joaquín,
con el padre. Era una mujer joven Leocadia que no tenía treinta
años, de ahí que no creamos que sea su efigie la de la
dama retratada en la colección Bürle, de Zurich, pues si
es de la fecha antes indicada, de 1812, representa una mujer de mucha
más edad. En cambio, lo es la Manola, que estaba en lo alto de
una puerta de la quinta del Sordo. Ahora se ha descubierto por los rayos
X que está sobre fondo azul y es una mujer joven, y al despegarla
y pasarla a lienzo hubo que repintarla mucho y se han desfigurado sus
rasgos. El fondo era alegre, como en muchos más de las pinturas
negras que, pintadas en época constitucional del rey, luego Goya,
en su pesimismo, las ennegreció. Los dibujos de Murió
la Verdad y Por liberal se enterró la verdad, así
como el de Las que están en pecado mortal también
representan a Leocadia. La fecha de este último se ha fijado
por Gassier en 1811 y creemos que es un año más tarde
y el letrero goyesco es una a modo de burla de los hermanos de la cofradía
de los esclavos de Nuestra Señora de la Esperanza y del Santo
Celo en la salvación de las almas. Esta cofradía se había
fundado en el año 1735 y tenía su sede en la llamada casa
del Pecado Mortal, en la calle del Rosal, en la hoy Gran Vía,
y los hermanos de la misma iban pidiendo por la calle para decir misas
por aquellos que estaban en pecado mortal. La casa estaba siempre cerrada
y había sido la que utilizó para su recreos el cardenal
don Luis Antonio de Borbón, castigándosele por Carlos
III a vivir lejos de la corte y a su compañero de correrías,
el pintor Luis Paret, nada menos que a destierro a Puerto Rico. La intención de la leyenda puesta
por el pintor a dicho dibujo es bien clara. Amancebado con Leocadia,
la representa como si fuera una más de las pedigüeñas
para la cofradía del Pecado mortal. Otro retrato de Leocadia es el del cuadro
de Estocolmo que vino a Madrid hace unos años y que se dice representa
la Constitución, el Tiempo y la Verdad, y ésta, o para
otros la Historia, está representada por Leocadia. Este cuadro
se dice que estuvo pintado en el año 1800, pero mejor creemos
que sea del año 1813 ó 1814. Lleva la figura central en
la mano un libro que para Nordstrom es la Filosofía y para otros
la Constitución. Los dibujos de Murió la verdad
y Se enterró la verdad quieren significar la reacción
de Goya ante la vuelta al absolutismo del rey. La Verdad era la Constitución. Una de las causas de la separación
de Leocadia, además de las de índole económica
que antes hemos dicho, es la del alistamiento de él en la llamada
Milicia Nacional napoleónica en el año 1811, pues en la
relación de los apuntados en ese años figuran los dos
Isidoro Weiss, el padre y el hijo. Leocadia era liberal. Juan de la
Encina sostiene que su liberalismo es lo que le costó el destierro.
En el Diplomatario de Canellas hay una instancia de Leocadia de 14 de
octubre de 1823 en la que ella dice que es perseguida por sus opiniones
políticas. Y no es que Goya la siguiera, es que se van juntos
a Francia, primeramente a París y luego a Burdeos, pero no trataremos
de esta etapa de su vida, pues ha sido minuciosamente expuesta por Julián
Gállego. Solamente diremos que sus dos hijos, Pedro Guillermo
y Rosario son el consuelo de su vejez. Atendido por Leocadia pasa los
últimos años de su vida y sus enfermedades dibujando y
pintando sin cesar. María Elena Gómez Moreno nos ha dado
cuenta de un álbum de dibujos suyos de esta época en los
que reproduce bien de perfil o de frente a la bella Leocadia, la que,
aunque se dice que en 1824 era viuda por haberse anunciado en la Gaceta
de Madrid la junta de acreedores de Isidoro Weiss, lo que parecía
indicar que había muerto y lo que se anunciaba era el concurso
o quiebra de su negocio, pues murió cinco años antes que
su mujer en Madrid, en el año 1850 (3). Goya hizo por esta época
un codicilo declarando que los muebles de la casa que habitaba en la
calle Cours de l'Intendence eran de Leocadia. Mercedes Águeda,
en una conferencia, nos ha relatado cómo hacía los dibujos
Goya en su vejez: sentado en la cama, y coincide la época que
hiciera más número de dibujos con las de las crisis de
sus enfermedades (4). Gumersinda le ayuda en los últimos
días y va desde Madrid a estar en la cabecera del enfermo, que
tuvo trece días de agonía ya que murió el día
16 de abril de 1828. Se enterró a Goya en el cementerio de La
Chartreuse de Burdeos, en el mismo nicho de don Martín de Goicoechea,
su consuegro, el que había muerto el día 30 de junio de
1825 y quiso Leocadia que se le enterrara con su gorra de visera con
visera, con aquella que se autorretratara en Los Caprichos. Al
día siguiente llegó de Madrid el hijo, que era, entre
paréntesis, un mezquino y, como no estaban en el documento notarial
legados a Leocadia, se llevó el reloj de repetición, los
cubiertos de plata y las pistolas de su padre, consiguiendo la buena
de Gumersinda que le dejara un vale de 1.000 francos para que pudiera
subsistir Leocadia con los suyos. Leocadia siguió en Burdeos hasta
fines de 1833. Muguiro le pidió precio por el cuadro de La Lechera
y le habían dicho a ella que pidiera una onza. Y más mal
que bien pasa la vida. Liquida todos los cuadros y dibujos de Goya y
sus muebles. La vuelta a Madrid fue debida a que su prima intercede
por ella y se va a una casa que le busca cerca de la suya en la calle
Desengaño, 17. Fue muy bien recibida por los académicos
de San Fernando que no olvidan al genial pintor y colocan a Rosario
primeramente en la Academia y luego de maestra de pintura de palacio.
Un día, al volver de su trabajo, la pobre Rosarito se vio en
una manifestación vociferante y tanto la impresionó que
murió de repente al verse rodeada por la multitud. Era el día
30 de julio de 1842. Ya la madre queda sola con Guillermo.
Poco a poco va vendiendo todo. Joaquín va con ella a la muerte
de su padre. Guillermo se coloca arreglando pianos y es una ayuda a
Leocadia, la que muere, según dice su partida de defunción
conservada en la parroquia de San Martín, en el año 1856,
debido a la epidemia del cólera que se adueñó de
Madrid (5). Su enterramiento fue en el panteón
de los Goya, en el patio de San Isidro, en la sacramental de su nombre
y frente a frente al enterramiento de Cayetana, la duquesa de Alba.
Unidas para el recuerdo en aquel patio romántico no tiene ni
siquiera lápida, pues los nombres que tiene el panteón
de los Goya son los de Javier y Mariano Goya, el hijo y el nieto y famoso
conde marqués del Espinar. Y concluimos esta comunicación diciendo que no se le ha hecho justicia a la sufrida y abnegada Leocadia, la musa de la vejez de Goya.
(1) José Camón Aznar, Francisco de Goya, t. IV, Caja de Ahorros de Zaragoza, Aragón y Rioja, 1982, p. 188. (2) Marqués de Saltillo, Goya en Madrid. Su familia y allegados, Editorial Maestre, Madrid, 1952, p. 58. (3) María Elena Gómez Moreno, "Un cuaderno de dibujos inédito de Goya", en Archivo Español de Arte, t. XIV, 1940, p. 157. También Sánchez Cantón trata del tema en el artículo "De la etapa bodelesa de Goya", en la misma revista, t. 40, 1947, p. 60. (4) Mercedes Águeda, "Conferencia de 5 de mayo de 1979 en el Museo del Prado". (5) José Camón Aznar, Francisco de Goya, t. IV, Zaragoza, 1982, p. 189. ILUSTRACIONES
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