CUADERNOS DE ARTE E ICONOGRAFIA / Tomo II - 4. 1989
 

 

LEOCADIA ZORRILLA, LA AMANTE DE GOYA

José Valverde Madrid

La vida de Goya se puede dividir en tres etapas, la del Goya joven, soltero; la del Goya maduro, casado con Josefa Bayeu; y la del Goya viejo, unido a Leocadia Weiss, como ella se firmaba al casarse con Isidoro Weiss, aunque su apellido de soltera era Zorrilla y Galarza. Entremedias hubo amores con la duquesa de Alba y enamoramientos del pintor de otra título, la marquesa de Santa Cruz, a la que hiciera el mejor retrato neoclásico felizmente recuperado para el Prado hace dos años y varios cuadros más y dibujos como el de la mujer serpiente y el erótico conservado en una colección parisiense.

Leocadia era prima de su nuera Gumersinda Goicoechea Galarza y había nacido en Madrid el día 9 de diciembre de 1788, luego cuando la conoce en la boda de su hijo Javier Goya, tenía diecisiete años. Sus padres eran de Sangrices; él y su madre de Bacaicoa, Navarra. Vivían en la calle Esparteros, número 2, y la madrina de su bautismo fue su hermana mayor Felipa Zorrilla Galarza (1).

Es decir, tenía la misma edad que su nuera Gumersinda, que había, también, nacido en el año 1788. No tenía la estilizada figura de la de Alba pero era más bonita de cara, el tipo más grueso también que aquélla. Creemos que el retrato que en el Museo de Valencia se dice ser de doña Joaquina Candado es el retrato de Leocadia joven, pues los documentos notariales nos muestran que doña Joaquina era una señora de más edad y una prestamista madrileña, a la que seguramente fue a parar el cuadro y, de ella, al Museo de Valencia. Dura poco el romance del pintor con su modelo ocasional, a la que también creemos que por este tiempo retratara en el cuadro de La Carta del Museo de Lille, en el que se la representa a las orillas del Manzanares con una amiga leyendo una misiva. Forma pareja con el cuadro de las viejas inventariado a la muerte de Josefa en 1812. Y dura poco el romance, pues ella se casa rápidamente con un vecino; Isidoro Weiss, joven dependiente de la tienda de su padre de igual nombre y que había nacido en Madrid en el año 1785. La boda fue el día 10 de octubre de 1807 en la parroquial de Santa Cruz. Antes habían firmado las escrituras de capitulaciones matrimoniales y carta de pago de la entrega de la dote ante el escribano madrileño Cortijo y conservadas al tomo 22836 del archivo de protocolos histórico de Madrid.

En la primera de dichas escrituras que extractamos se comprometían los novios -Leocadia e Isidoro- a casarse en el mes de octubre, en la segunda cláusula, a vivir con él, en la tercera a seguir unidos Isidoro Weiss y su padre en las tiendas, en la cuarta a lo que entrara de metálico en ambas era para el caudal de Weiss hijo, en la quinta se hablaba de las malas resultas de los negocios de Weiss padre a fin del año precedente, en la sexta se estatuía que la manutención, vestidos, gastos de cirujano y de botica saldrán de la masa común. En la séptima se interesa a Weiss hijo en el negocio común paterno y sería la cuarta parte útil para el hijo a partir del mes de enero de 1808. En la octava se pone la cláusula penal de que si se sale del negocio, el hijo, se le paguen sólo los gastos. En la novena se estatuye que la disolución de la sociedad se haría a estilo de comercio. En la décima se seguía hablando de que, a la entrega de dichas hijuelas, los vestidos se deducirían de las mismas. En la doce se especificaba que cuando se liquidara la herencia de don Miguel Galarza, que estaba en sus últimos trámites, se le daría la parte correspondiente por los familiares de Leocadia a ésta. Y en la trece o última la hermana mayor de Leocadia y su marido don Francisco Fernández Lavín se comprometían a entregar a la novia como regalo dos vales de seiscientos pesos cada uno.

La carta de pago de la entrega de la dote se firmó ante el mismo escribano madrileño el día 8 de octubre de aquel año de 1807, pues la anterior era de fecha 17 de septiembre, y se conserva al folio 430 y siguientes del mismo tomo del archivo de protocolos histórico madrileño y los Weiss dan recibo o carta de pago de la suma de 274. 884 reales de vellón, de siete camisas, dos enaguas, dos almillas de cama de costanza, una almilla, un apretador, tres pares de calcetines, tres vendas, cinco de seda, un catre imperial, una funda, cuatro colchones, un almohadón, doce sábanas, una funda, tres de Colonia, cuatro almohadas de Holanda, dos estanzas, seis toallas, una colcha, un colgadizo de cien reales, dieciséis vestidos, uno de percal, dos pares de zapatos, una cómoda, un reloj de oro; de la ropa del marido de gasto indispensable y honorífico, la que se tasa en 860 reales, de los créditos de Leocadia por un valor de 54.848 reales y de muchas ropas más.

Los regalos del novio se señalan en dicha escritura aparte y son un aderezo de 2.800 reales y un peine de oro, y los de su hermana Felipa Zorrilla tasados en 18.000 reales y en vales hacen una suma de 18.000 reales; en total, 274.884 reales.

En otra escritura, de fecha 17 de octubre de 1807, es decir, después de la boda, hay la descripción del capital de Isidoro Weiss reconocido por Leocadia y dice trajo, él, un vestido negro y una levita, todo por valor de 6.703 reales.

Los comentarios que nos merecen estas tres escrituras es altamente deplorable con respecto a la familia Weiss, a la que se ve que solucionó el problema de una crisis económica la boda del hijo con Leocadia. Las cláusulas revelan que Weiss padre estaba asesorado de un abogado y preveía hasta una posible ruptura de los cónyuges. La valoración de lo aportado por el novio era ridícula y, en cambio, se ve en la dote que ella le pagó hasta los gastos honoríficos de la boda. En fin de cuentas, a ella se le cargaba todo.

El matrimonio se fue a vivir a la calle Mayor, 2, y de la unión nacieron tres hijos: Joaquín Weiss, nacido en 1810; Pedro Guillermo, en 1812, y Rosario, en 1814.

Algún escritor dice que se separaron ya en el año 1811, a raíz del nacimiento de Joaquín Weiss Zorrilla, y creemos que es lo cierto, pues al morir la esposa de Goya en el año 1812 ya sabemos que vivía con Leocadia. Hay unos datos documentales de que ella pide, en ese año de 1812, unos subsidios para alimentarse, pues ya habían volado las herencias que ella había llevado al matrimonio: las de sus padres, la de su hermano Ventura Zorrilla, de 17 de octubre de 1800, y la de su tío Miguel Galarza. Aquélla tenía, por cierto, un hermoso vale por el cobro de un crédito de 160.000 reales de vellón. La trampa de Weiss la había sumido en la indigencia. El otro documento es notarial y es un poder para pleitos del marido para su separación por tratos ilícitos de su mujer, mala conducta y genio altanero y amenazador. Este documento del marqués de Saltillo es lo que ha hecho que se le considere a Leocadia como una mujer de genio intratable y que amargara los últimos años de la vida de Goya cuando la verdad es que fue su fiel compañera hasta su muerte (2).

Al quedarse viudo Goya, en el año 1812, la recoge y a sus dos hijos quedando el mayor, Joaquín, con el padre. Era una mujer joven Leocadia que no tenía treinta años, de ahí que no creamos que sea su efigie la de la dama retratada en la colección Bürle, de Zurich, pues si es de la fecha antes indicada, de 1812, representa una mujer de mucha más edad. En cambio, lo es la Manola, que estaba en lo alto de una puerta de la quinta del Sordo. Ahora se ha descubierto por los rayos X que está sobre fondo azul y es una mujer joven, y al despegarla y pasarla a lienzo hubo que repintarla mucho y se han desfigurado sus rasgos. El fondo era alegre, como en muchos más de las pinturas negras que, pintadas en época constitucional del rey, luego Goya, en su pesimismo, las ennegreció. Los dibujos de Murió la Verdad y Por liberal se enterró la verdad, así como el de Las que están en pecado mortal también representan a Leocadia. La fecha de este último se ha fijado por Gassier en 1811 y creemos que es un año más tarde y el letrero goyesco es una a modo de burla de los hermanos de la cofradía de los esclavos de Nuestra Señora de la Esperanza y del Santo Celo en la salvación de las almas. Esta cofradía se había fundado en el año 1735 y tenía su sede en la llamada casa del Pecado Mortal, en la calle del Rosal, en la hoy Gran Vía, y los hermanos de la misma iban pidiendo por la calle para decir misas por aquellos que estaban en pecado mortal. La casa estaba siempre cerrada y había sido la que utilizó para su recreos el cardenal don Luis Antonio de Borbón, castigándosele por Carlos III a vivir lejos de la corte y a su compañero de correrías, el pintor Luis Paret, nada menos que a destierro a Puerto Rico.

La intención de la leyenda puesta por el pintor a dicho dibujo es bien clara. Amancebado con Leocadia, la representa como si fuera una más de las pedigüeñas para la cofradía del Pecado mortal.

Otro retrato de Leocadia es el del cuadro de Estocolmo que vino a Madrid hace unos años y que se dice representa la Constitución, el Tiempo y la Verdad, y ésta, o para otros la Historia, está representada por Leocadia. Este cuadro se dice que estuvo pintado en el año 1800, pero mejor creemos que sea del año 1813 ó 1814. Lleva la figura central en la mano un libro que para Nordstrom es la Filosofía y para otros la Constitución.

Los dibujos de Murió la verdad y Se enterró la verdad quieren significar la reacción de Goya ante la vuelta al absolutismo del rey. La Verdad era la Constitución.

Una de las causas de la separación de Leocadia, además de las de índole económica que antes hemos dicho, es la del alistamiento de él en la llamada Milicia Nacional napoleónica en el año 1811, pues en la relación de los apuntados en ese años figuran los dos Isidoro Weiss, el padre y el hijo. Leocadia era liberal. Juan de la Encina sostiene que su liberalismo es lo que le costó el destierro. En el Diplomatario de Canellas hay una instancia de Leocadia de 14 de octubre de 1823 en la que ella dice que es perseguida por sus opiniones políticas. Y no es que Goya la siguiera, es que se van juntos a Francia, primeramente a París y luego a Burdeos, pero no trataremos de esta etapa de su vida, pues ha sido minuciosamente expuesta por Julián Gállego. Solamente diremos que sus dos hijos, Pedro Guillermo y Rosario son el consuelo de su vejez. Atendido por Leocadia pasa los últimos años de su vida y sus enfermedades dibujando y pintando sin cesar. María Elena Gómez Moreno nos ha dado cuenta de un álbum de dibujos suyos de esta época en los que reproduce bien de perfil o de frente a la bella Leocadia, la que, aunque se dice que en 1824 era viuda por haberse anunciado en la Gaceta de Madrid la junta de acreedores de Isidoro Weiss, lo que parecía indicar que había muerto y lo que se anunciaba era el concurso o quiebra de su negocio, pues murió cinco años antes que su mujer en Madrid, en el año 1850 (3). Goya hizo por esta época un codicilo declarando que los muebles de la casa que habitaba en la calle Cours de l'Intendence eran de Leocadia. Mercedes Águeda, en una conferencia, nos ha relatado cómo hacía los dibujos Goya en su vejez: sentado en la cama, y coincide la época que hiciera más número de dibujos con las de las crisis de sus enfermedades (4).

Gumersinda le ayuda en los últimos días y va desde Madrid a estar en la cabecera del enfermo, que tuvo trece días de agonía ya que murió el día 16 de abril de 1828. Se enterró a Goya en el cementerio de La Chartreuse de Burdeos, en el mismo nicho de don Martín de Goicoechea, su consuegro, el que había muerto el día 30 de junio de 1825 y quiso Leocadia que se le enterrara con su gorra de visera con visera, con aquella que se autorretratara en Los Caprichos. Al día siguiente llegó de Madrid el hijo, que era, entre paréntesis, un mezquino y, como no estaban en el documento notarial legados a Leocadia, se llevó el reloj de repetición, los cubiertos de plata y las pistolas de su padre, consiguiendo la buena de Gumersinda que le dejara un vale de 1.000 francos para que pudiera subsistir Leocadia con los suyos.

Leocadia siguió en Burdeos hasta fines de 1833. Muguiro le pidió precio por el cuadro de La Lechera y le habían dicho a ella que pidiera una onza. Y más mal que bien pasa la vida. Liquida todos los cuadros y dibujos de Goya y sus muebles. La vuelta a Madrid fue debida a que su prima intercede por ella y se va a una casa que le busca cerca de la suya en la calle Desengaño, 17. Fue muy bien recibida por los académicos de San Fernando que no olvidan al genial pintor y colocan a Rosario primeramente en la Academia y luego de maestra de pintura de palacio. Un día, al volver de su trabajo, la pobre Rosarito se vio en una manifestación vociferante y tanto la impresionó que murió de repente al verse rodeada por la multitud. Era el día 30 de julio de 1842.

Ya la madre queda sola con Guillermo. Poco a poco va vendiendo todo. Joaquín va con ella a la muerte de su padre. Guillermo se coloca arreglando pianos y es una ayuda a Leocadia, la que muere, según dice su partida de defunción conservada en la parroquia de San Martín, en el año 1856, debido a la epidemia del cólera que se adueñó de Madrid (5).

Su enterramiento fue en el panteón de los Goya, en el patio de San Isidro, en la sacramental de su nombre y frente a frente al enterramiento de Cayetana, la duquesa de Alba. Unidas para el recuerdo en aquel patio romántico no tiene ni siquiera lápida, pues los nombres que tiene el panteón de los Goya son los de Javier y Mariano Goya, el hijo y el nieto y famoso conde marqués del Espinar.

Y concluimos esta comunicación diciendo que no se le ha hecho justicia a la sufrida y abnegada Leocadia, la musa de la vejez de Goya.


NOTAS

(1) José Camón Aznar, Francisco de Goya, t. IV, Caja de Ahorros de Zaragoza, Aragón y Rioja, 1982, p. 188.

(2) Marqués de Saltillo, Goya en Madrid. Su familia y allegados, Editorial Maestre, Madrid, 1952, p. 58.

(3) María Elena Gómez Moreno, "Un cuaderno de dibujos inédito de Goya", en Archivo Español de Arte, t. XIV, 1940, p. 157. También Sánchez Cantón trata del tema en el artículo "De la etapa bodelesa de Goya", en la misma revista, t. 40, 1947, p. 60.

(4) Mercedes Águeda, "Conferencia de 5 de mayo de 1979 en el Museo del Prado".

(5) José Camón Aznar, Francisco de Goya, t. IV, Zaragoza, 1982, p. 189.


ILUSTRACIONES

LÁMINA 1 - LÁMINA 2