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Del amplio y nutrido panorama de pilas
bautismales medievales en Navarra, uno de los ejemplares que despierta
mayor interés es, sin duda, la pila bautismal de San Martín
de Unx, no sólo por su notable calidad y belleza artística,
sino también y sobre todo por su tipología y programa
iconográfico (fig. 1).
Tiene forma de cuba troncocónica invertida con una moldura baquetonada
inferior que le sirve de basamento, forma ésta característica
de las pilas cuando estat an destinadas a administrar un Bautismo de
inmersión vertical, A lo largo de la copa se distribuyen seis
arcos de medio punto, dos de ellos con las roscas y enjuntas decoradas
con motivos vegetales a base de palmetas, pétalos, hojas y rosetas.
Los arcos descansan en sus respectivos soportes, columnas de fustes
variados -entorchados, en zig-zag, lisos- coronados por capiteles vegetales
de más cuidada y profusa decoración los correspondientes
a los arcos más ornamentados. En las seis arcadas se cobijan
sendos personajes, tres femeninos y tres masculinos. Comenzando por
la izquierda aparece una figura (músico) ataviada con un sayo
corto y un instrumento en las manos (fig.
2); le sigue un segundo personaje masculino (un noble)vestido con
túnica y capa que lleva un saquillo (fig.
3); en tercer lugar figura un clérigo, a juzgar por la tonsura
de la cabeza y la estola sobre el alba, portando un libro (fig.
4). A continuación se disponen los tres personajes femeninos,
el primero de los cuales (Eva) viste pellote y manto y con su mano derecha
alza un objeto circular (fig. 5);
el segundo es una representación de la Virgen de la Leche, con
el Niño sobre las rodillas al que está amamantando (fig.
6). Finalmente se halla la tercera figura femenina (María
Magdalena) ataviada con túnica y manto y porta un platillo en
su mano (fig. 7). Desde el punto de vista formal son éstas
unas figuras de canon corto y rasgos más bien sintéticos
aunque demuestran un detallismo y una mayor calidad con respecto a la
decoración de estas piezas del mobiliario litúrgico. Así
los rostros se encuentran modelados, los cabellos individualizados y
existe un intento por conseguir el movimiento de los personajes al colocar
en todos ellos una pierna más avanzada que la otra. Llama la atención las dos arquerías
decoradas con mayor detenimiento porque constituyen el tema principal
del programa decorativo. Bajo las mismas se hallan albergadas las figuras
de la Virgen de la Leche y de Eva (figs. 6
y 5) con el fruto en la mano.
La Virgen galactotrofusa representa una iconografía mariana íntimamente
ligada a la teología bautismal por cuanto a los neófitos
recién bautizados se les daba a beber una mezcla de leche y miel
que simbolizaba la Tierra Prometida del Antiguo Testamento que supuso
para los israelitas la salvación, como el Bautismo proporciona
al cristiano el acceso hacia la vida eterna (1). La imagen de María
como Madre del nuevo cristiano arraigó de manera profunda y predominó
durante toda la Edad Media (2) haciéndose habitual la representación
de la Virgen de la Leche. La figura de Eva presenta una postura
opuesta a la de María, de lo que se deduce que la idea en torno
a la cual gira todo programa decorativo e iconográfico es la
contraposición entre Eva y María y los frutos que ambas
sostienen. La fundamentación teológica de este principio
recae en varios Santos y Padres de la Iglesia -San Justino, San Ireneo,
Tertuliano, San Ambrosio- pero fue desarrollada con especial atención
por San Agustín en su Ecclesia mater donde, además
de establecer la relación entre la maternidad terrena y la espiritual
(Bautismo), insiste en la oposición y correspondencia Eva-María-Iglesia. María ha sido representada en
esta pila como Virgen de la Leche, la iconografía más
maternal de todas cuantas figuran a la Virgen, posiblemente porque en
su maternidad María se identifica plenamente con la Iglesia;
como Cristo fue engendrado por obra del Espíritu Santo, así
el neófito renace en el Bautismo a una nueva vida por obra del
Espíritu Santo. Además, María, como madre de la
Cabeza Mística de la Iglesia, se convierte en madre de todos
sus miembros -es decir, de la propia Iglesia (3) y, como tal, los amamanta
y les proporciona el alimento y el cuidado necesario como hizo con su
propio Hijo-, y si engendró a Cristo por la fe, así el
cristiano se convierte también en "madre" de Cristo
por la fe y la gracia. Iglesia y María mantienen al mismo tiempo
una unión esponsal con Cristo en la que ambas representarían
la naturaleza humana de Cristo a través de la cual se entraría
en relación con su divinidad. De esta manera, el cristiano entra
en el seno virginal de la Iglesia -pila bautismal- para hacerse divino,
como Cristo lo hizo en María para hacerse hombre (4). Eva ofrece también un triple
paralelismo con respecto a la Iglesia. De un lado su origen, es decir,
su nacimiento del costado de Adán es similar al de la Iglesia,
que tiene su génesis en el costado de Cristo agonizante en la
Cruz. El primer nacimiento acarreó la introducción del
pecado en el mundo mientras que el otro supuso la reparación
y la redención del género humano. El segundo paralelismo
se establece en relación a la maternidad espiritual de ambas;
así, si Eva engendra a sus hijos para el pecado y la muerte,
la Iglesia los concibe con Cristo -nuevo Adán- para la vida eterna;
de ahí su unión conyugal (5), que representaría
la tercera de las relaciones. A través del Bautismo, mediante
el cual los neófitos se convierten en hijos espirituales de la
Iglesia, ésta restaura el orden perdido y al mismo tiempo a la
primera madre responsable de la introducción del pecado en el
mundo (6). Y lo mismo que existe una identidad,
una correspondencia entre Jesucristo y Adán, en la misma línea
se puede establecer la de María y Eva. Según San Agustín,
Dios eligió ser engendrado para hacerse presente en la tierra
porque de este modo quería compensar la ofensa inferida por la
mujer en el primer pecado y contrapone la actitud de María acatadora
de la voluntad de Dios frente al rechazo de Eva. Y María va a
ser quien se encargue de repararlo conservándose, para ello y
por ello, intacta, sin corrupción, virgen incluso después
del parto, mientras que Eva también se mantuvo virgen hasta que
el pecado la corrompió. De ahí que a María se le
considere como la nueva Eva, la restauradora del mal que causó
la primera (7), y de ahí también que ambas aparezcan en
la pila bautismal en actitudes opuestas y mostrando la causa de su oposición:
el fruto del pecado y el fruto de la Redención, Cristo. Al quedar con María compensada
la ofensa de la mujer en el pecado original y al identificarse su persona
con la propia Iglesia, cualquier hombre o mujer que recibe el Bautismo
restaura el error de Eva (8). Toda esta doctrina desarrollada por
San Agustín en torno a la oposición de Eva y María
y a la consideración de Ésta como la nueva Eva dio como
fruto, en Italia, la creación de un nuevo tipo iconográfico
de manos del pintor Ambrosio Lorenzetti o de algún artista próximo
a él, que aparece por primera vea. en unos frescos de la cabecera
de la capilla de San Galano en Siena fechados hacia 1336 (9) (fig.
8). Se representa a María con el Niño sentada sobre
un trono a cuyos pies se halla recostada la figura de Eva. A ambos lados
del trono, ángeles, Santos y orantes de toda condición
se muestran en actitud laudatoria. Eva porta una filacteria en la que
se lee la siguiente inscripción: "Yo cometí el pecado
por el que Cristo sufrió y al que esta Reina llevó en
el vientre para nuestra salvación" (10). En un principio, la Virgen llevaba los
atributos propios de una reina, es decir, corona y cetro, como corresponde
a su entronización. Este tipo iconográfico se difundió
con notable éxito por Siena y Umbría evolucionando a lo
largo del siglo XIV y adoptando un aire más maternal y humanizado
al sustituir el tipo de Virgen-Reina por el de la Virgen de la Humildad
en el que María amamanta a su Hijo acompañada de ángeles,
que portan filacterias alusivas al hecho, y santos (11). Posiblemente
se intentase con la adopción de este modelo de Virgen galactotrofusa
contraponer dos rasgos característicos de ambas mujeres: la soberbia
de Eva y la humildad de la nueva Eva. El prototipo de representación
creado por Ambrosio de Lorenzetti podría ser la fuente de inspiración
para esa fuente de San Martín de Unx en donde figura ya la Virgen
de la Leche rodeada de una serie de personajes, entre ellos el de Eva,
a la que se esculpe erguida posiblemente a causa de la adaptación
del personaje al marco. A la derecha de la Virgen, una figura femenina
que porta un platillo se identifica con María Magdalena (fig.
7), que si bien en las composiciones italianas aparece ocasionalmente,
lo hace siempre en relación con la teología bautismal
(12). María Magdalena es un ejemplo de pecadora arrepentida que
el neófito debe imitar por ser modelo de conversión con
la Cruz. Su vida entronca tanto con la persona de Eva copio con la de
la Virgen, tras su conversión. En definitiva, es un ejemplo de
cambio de vida sin perder su propia identidad, y esa transformación
se opera gracias a su fe en Cristo, por la que pasa de ser Eva a ser
como María (13). Respecto a los personajes masculinos
que se disponen a la izquierda de Eva, el primero se identifica con
un clérigo por su tonsura y la estola que luce; lleva un libro
en la mano (fig. 4). El segundo
porta una indumentaria característica de la nobleza a partir
del siglo XIII (14), consistente en manto y capa de bordes cuadrados;
en sus manos sostiene un saquillo esférico (fig.
3). La última de las figuras va ataviada con un sayo corto
que deja sus rodillas al descubierto por lo cual se le puede considerar
como un miembro del pueblo llano y concretamente un músico, a
juzgar por el instrumento que parece llevar en su mano (fig.
2). Estas figuras completan la composición al modo de las
representaciones de Lorenzetti. Son los hijos de la Iglesia que rcdean
a su Madre en actitud de adorar la escena que contemplan. Al mismo tiempo
son representantes de la sociedad estamental medieval dispuestos en
el mismo orden en que aparecen en otras figuraciones: clero, nobleza
y pueblo llano. A juzgar por los objetos que portan en sus manos podrían
identificarse como donantes que ofrecen sus aportaciones a su Madre
como el libro en el caso del clérigo o el saquillo de dinero
en el del noble, símbolos de sus contribuciones al oficio litúrgico
y a los menesteres de la Iglesia respectivamente. El tercero de los
personajes ofrece su música, componente éste muy importante
en la cultura de la Edad Media. La representación de los miembros
de la sociedad elemental en escultura o pintura es un hecho ciertamente
familiar a los artistas de todos los siglos u estilos medievales. Un
ejemplo de ello es la arqueta relicario de San Millán de la Cogolla
del siglo XI o uno de los capiteles de la iglesia de San Salvador de
Fruniz (Álava) del XII (15). En el panorama artístico navarro
del siglo XIV la pervivencia de arquerías de medio punto es un
hecho raro que no se corresponde con los elementos constructivos del
momento. Sin embargo, no hay que olvidar que el gótico es un
estilo que en Italia no fue aceptado plenamente. Al mismo tiempo, en
esta centuria están siendo sustituidos en pintura las corrientes
franco-góticas por otras de influencia italiana, en las que predominan
los arcos de medio punto, que se extienden entre 1340 y 1370 (17) desde
Olite a Ujué, poblaciones muy próximas a San Martín
de Unx. Tampoco habrá que olvidar, en
relación con esa posible conexión de San Martín
con Italia, la existencia de dos edificios con advocaciones de origen
italiano en esta localidad: la iglesia de Santa María del Pópolo
y la ermita de Santa Zita. Es evidente, al mismo tiempo, que el
escultor de la pila conoció la portada de la iglesia de Santa
María de Sangüesa (18) de donde tomó el modelo de
arquería con columnas de decorativos y variados fustes, al adaptarse
éste a los principios arquitectónicos que se propugnaban
en Italia.
NOTAS (1) Trens, M., María Iconografía de la Virgen en el arte español, Madrid, 1946, p. 457. (2) Ibídem, p. 658. (3) Muller, A., "Unité de l'Église et de la Sainte Vierge chez les Péres des IVe et Ve siécles", Bulletin de la Société Française d'Études Mariales, 1951, pp. 34-35. (4) Ibídem (5) Barre, H., "Le "mystère" d'Eve á la fin de l'époque patristique en Occident", Bulletin de la Société française d'Études Mariales, 1954, pp. 61-66. (6) Ibídem, pp. 67-68. (7) Ibídem, pp. 75-81. (8) Ibídem, p. 84. (9)Guldan, E., Eva und María Eíne Antithese als Bildmotiv, Graz-Köln, 1966, p. 129. (10) Ibídem (11) Ibídem, pp. 131-132. (12) Ibidem, p. 133. (13) Barre, H., op. cit., pp. 68-75. (14) Guerrero Lovillo, J., Las Cantigas. Estudio arqueológico de sus miniaturas, Madrid, 1949, pp. 61-75. (15) Silva y Verastegui, S., "La iconografía del donante en el arte navarro medieval", Príncipe de Viana, 1988. Anejo 11, pp. 445-454. Gómez Gómez A., "San Salvador de Funiz: visión románica de la sociedad", Lecturas de Historia del Arte, 1989, pp. 78-79. (16) Leoz Oses, M.ª J., La iconografía de la Virgen de la leche en San Martín de Unx (Memoria de Licenciatura inédita), p. 64. (17) Lacarra Ducay, M. C., Aportación al estudio de la pintura mural gótica en Navarra, Pamplona, 1974, pp. 271-289 y 299-325. (18) Zubiaur Carreño, F. J., Arte popular navarro, Burlada, 1980, p. 23.
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