|
||||||||||||||||||||||
Las cubiertas de marfil del salterio de la reina Melisenda (British Museum, Egerton, Ms. 1139), que fueron ejecutadas entre 1131 y 1144, presentan tres series de escenas: la vida del rey David y la Psicomaquia (como glosa de la precedente) en la cubierta anterior (cuyas escenas presentan cartelas identificativas de personajes y lugares), y las Obras de Misericordia en la posterior (sus cartelas sólo designan actividades).
A.1. Escenas de la vida del rey David La vida del monarca se encuentra narrada en seis medallones entrelazados; encontramos una larga tradición en la representación de sus hechos desde las puertas de madera de S. Ambrosio de Milán (siglo V), pasando por el Salterio bizantino iluminado por el emperador Basilio II (Biblioteca Marciana de Venecia, siglo XI), hasta la Biblia de Winchester (Morgan Library, XII). 1. David mata el león y el oso: La escena, cronológicamente, es la primera, pero aparece narrada en las Escrituras por el mismo David antes de la lucha contra Goliat (I Re. XVII, 34-35): "Pastoreaba tu siervo el ganado de su padre, y venía un león ó un oso, y arrebataba un carnero de en medio de la manada... Y yo iba tras ellos, y los mataba, y les quitaba la presa de entre los dientes". Este suceso tiene antecedentes desde el Salterio griego de París (ms. gr. 138, Biblioteca nacional; siglo X), el Salterio bizantino de Basilio II (siglo XI), hasta la Biblia de Sauvigny (XII). Comentando este pasaje, Rábano Mauro dice que "David ha matado el león y el oso", es decir, "Ha vencido el Orgullo y la Lujuria". Interesa destacar el primer aspecto, el de victoria sobre el Orgullo, que, como veremos, persiste en casi todos los medallones. 2. David ungido por Samuel: En el medallón, Samuel aparece vertiendo, sobre David arrodillado, ungüento del cuerno; encima, la Dextera Dei bendiciendo; detrás, en un edificio con la puerta abierta, se lee BE/TH/LE/EM. Es el episodio narrado en I Re. XVI, 1-13: "Y dijo el Señor á Samuél... Hincha tu cuerno de aceite, y ven, que te enviaré a Isaí de Bethlehem: porque entre sus hijos me ha proveido de Rey... No mires á su presencia, ni á su grande estatura: porque le he desechado, ni yo juzgo por lo que aparece a la vista del hombre... Y dijo el Señor: Levántate, úngele, porque ese es. Tomó pues Samuel el cuerno de aceite, y ungióle en medio de sus hermanos: y desde aquel día en adelante el Espíritu del Señor se enderezó a David". Razón esta última por la que aparece la Dextera Dei casi posándose sobre el cuerno de ungir, ratificando la elección del juez. El tema tiene una larga tradición, y lo encontramos en el Salterio Dorado de Saint-Gall (siglo IX), en las " Homilias" de Gregorio Nacianceno (Biblioteca Nacional de París; siglo XI) y en una miniatura de la Biblia de Souvigny (siglo XII). A tener en cuenta el hecho de que Samuel unge al de aspecto menos favorecido para mandar un pueblo, al más pequeño y humilde (no está con sus hermanos cuando llega el juez), con lo que se destaca el aspecto de humildad con que está siendo definida la figura de David. 3. Combate entre David y Goliat: David, con zurrón, lleva lo que parece un cayado y voltea :la honda contra Goliat, equipado como un soldado de la segunda mitad del XII, y sobre la frente, la piedra que le causó la muerte. La imagen está tomada de I Re. XVII, 42-50: " Y quando el Philisthéo vio y reconoció a David, lo despreció...: ¿Soy yo por ventura algún perro, que vienes a mí con un palo?... Mas David dixo al Philisthéo: Tú vienes a mí con espada y lanza y escudo: mas yo vengo a tí en nombre del Señor de los exercitos,... Y metió su mano en el zurrón, y sacó una piedra, la que arrojó con la honda, y habiéndole dado vuelta hirió al Philisthéo en la frente,... e hiriólo y matólo". El tema tiene antecedentes desde el siglo III con el fresco de Doura, pasando por el Salterio de Corbie (Biblioteca de Amiens; siglo XI), hasta la Biblia de Souvigny (siglo XII). En nuestro caso concreto, varias son las fuentes que designan a David como prototipo de humildad: por un lado, una relacionada con la " Psicomaquia": "A las cumbres suben los humildes y a los abismos tornan los soberbios. Hemos visto a Goliat, terrible por su corpulencia y valor, caer al golpe de una mano débil; la diestra de un adolescente lanzó contra él, en el chasquido de su honda, un pequeño guijarro y perforó su frente..." (v.v. 290-294). Además, una vez abatido, Humildad corta la cabeza a Orgullo, tal como hace David. Por otra parte, en el Salterio griego de la Biblioteca Nacional de París, Goliat aparece abandonado, en la misma escena, por la Jactancia. 4. David y Abimelec: Escena desarrollada en el
interior del Templo, como vemos por la lámpara que pende de la
parte superior. David recibe del sacerdote Abimelec tina espada y un
pan de entre los que están puestos sobre una mesa; espiando,
aparece Doeg. Es lo narrado en I Re. XXI, 1-9: "Y vino David a
Nobé a Quimeléch el Sacerdote... si tienes a mano alguna
cosa, aunque no sean sino cinco panes, dámelos, o qualquiera
otra cosa que hallares. Y respondiendo el Sacerdote a David, díxole:
No tengo a mano panes de legos, sino solamente el pan santo: si tus
criados están puros, mayormente por lo que mira a las mujeres.
Y 5. David penitente ante el profeta Gad: A extramuros de una ciudad, sobre la que se ve la Dextera Dei y un ángel con una gran espada, el rey David se arrodilla Gana cartela encima con la inscripción EGO PECAVI) ante un altar; el profeta Gad se dirige al monarca sujetando una filacteria (ASCENDE ET CONSTITUE ALTARE DOMINO), haciendo referencia al perdón otorgado por el Señor a David, tras hacer penitencia por haberse ensoberbecido y ordenado hacer el censo de Israel, lo que provocó la ira divina y la aparición de la peste. La escena representa lo narrado en II Re. XXIV, 16-25: "Y habiendo extendido el ángel del Señor su mano sobre Jerusalem para destruirla, el Señor tuvo misericordia de su angustia, y dixo al ángel...: Basta: deten ahora tu mano: y el Angel del Señor estaba junto a la era de Areuna Jebuséo. Y dixo David al Señor, luego que vió al Angel que hería al Pueblo: Yo soy el que he pecado, yo he obrado iniquamente: ¿qué han hecho estos que son las ovejas?, vuélvase, te ruego, tu mano contra mí y contra la casa de mi padre. Y vino Gad aquel día a buscar a David, y díxole: Ve, y levanta un altar al Señor en la era de Areuna Jebuséo... Compró pues David la era... Y edificó ahí un altar al Señor, y ofreció holocaustos y sacrificios de paz: y el Señor se aplacó con la tierra, y cesó la peste que asolaba a Israel". Esta escena no ha gozado de gran predicamento, aducimos un bajorrelieve de Ripoll (siglo XII). Se pone de relieve la Humildad a través de la penitencia, según leemos en "De Civitate Dei" de S. Agustín: "David reinó en la Jerusalén terrena. Sobrepasó sus delitos con su humilde y saludable penitencia; tanto, que es, sin duda, del número de aquellos de quienes se dice: Felices aquellos a quienes se han perdonado sus pecados" (L. XVII, c. 20); a su vez, David aparece como prototipo de Arrepentimiento acompañando a la virtud de este nombre en una miniatura del Apocalipsis de Bamberg (principios del XI). 6. Glorificación de Davíd: En el
centro, coronado, sus pies sobre un escabel, destacando de los demás
por la perspectiva jerárquica, el rey David tocando un salterio
e inspirado por el Espíritu Santo en la composición de
los salmos (casi el único lugar donde se hallan las profecías,
según S. Agustín: Op. cit.: L.. XVII, c. 14); a
ambos lados, los otros compositores de salmos y maestros de coro del
Templo según la tradición, que son, de izquierda a derecha:
Etán, el "ezrajita", mencionado en el encabezamiento
del Salmo 89 como autor del poema, y cantor del Templo, toca un arpa;
a su lado, Iditún, director del coro, una fidula "en 8";
Asaf, director del. coro de músicos levitas que constituyó
David para honrar a Dios ante el Arca, en medio del Tabernáculo,
jefe y organizador de todos los :músicos y cantores que tomaban
parte en las ceremonias de culto, toca. un arpa; y Emán, cantor,
tañe una fidula. Múltiples los ejemplos que cogen esta
escena desde el Dioscórides de Viena (siglo lV), pasando por
la Biblia y Salterio de Carlos el Calvo (Biblioteca Nacional de París,
siglo X) hasta la Biblia de Saint-Etienne Harding, procedente de Citeaux
(Biblioteca de Dijon; XII). Numerosos textos, por no nombrar las mismas
Escrituras, hablan de la afición musical de David, y coinciden
en el carácter profundo de su música, no como simple placer,
según se lee en S. Agustín: "David era un hombre
versado en la música, y amaba la armonía no con placer
vulgar, sino con intención elevada. Con ella servía a
su Dios, que es el Dios verdadero, en figuración mística
de una realidad grande. El concierto acorde y acompasado de diversos
sonidos insinúa con concorde variedad la unidad compacta de una
ciudad bien ordenada" (Op. cit.: L. XVIII, c. 14). De nuevo,
una referencia a la Humildad en el servicio a Dios. Hemos hecho referencia a dos de las virtudes expresadas en las escenas del salterio: la Castidad y, principalmente, la Humildad. Durante la Alta Edad Media, David aparece desde muchos aspectos, y uno de ellos como prototipo de Humildad, según se lee en la "Regla" de S. Leandro: "David era rey y, a pesar de abundar en tesoros y de dominar con poderosos ejércitos numerosos pueblos, se proclamó débil cuando dice: "Soy mísero y afligido desde mi mocedad". Y a la hija de Saúl le dice: "Ante el Señor, que me eligió con preferencia a tu padre, danzaré y apareceré como despreciable" Asimismo dice: Soy advenedizo y extranjero en el país, como todos mis antepasados" (XVII).
A.2. La Psicomaquia Este tema posee una antigua tradición que se
remonta a una cita de Ovidio: "Grande pugna hay entre pudor y hermosura"
(Her. XVI, 290), pasando por De Spectaculis de Tertuliano, Ef.
VI, 10-18 de S. Pablo y De Moralitate (c. 6) de S. Cipriano.
Tomando la idea fundamental de estos textos, y cristianizando los dos
primeros, Prudencio compone su poema alegórico "Psicomaquia"
hacia el 405; se trata de la lucha que el hombre sostiene a diario contra
sus enemigos interiores, de forma que la vida es continua psicomaquia:
una batalla que se libra en el alma. Según un contemporáneo
de Prudencio, Marciano Capella, el Cristianismo no ha aportado la paz
al mundo, sino la guerra; el alma se debate en un campo de batalla.
Mientras vivirnos, los dos hombres que hay en nosotros combaten. El
poema fue ilustrado desde fecha muy temprana en numerosos manuscritos
y obras de todo tipo (conservamos 16 mss. ilustrados: 4 del siglo IX;
2 del X; 8 del XI; 1 del XII y 1 del XIII). El salterio de Melisenda ofrece las siete contiendas
del poema, además de la adición de cinco virtudes más
que no aparecen en él, concebidas como consecuencias del alma
tras la derrota de los vicios (aparecen a 1. Fe mata a Idolatría: Fe aparece de forma similar a como se la describe en el poema: con un rústico vestido, brazos y cabellera descubiertos (v.v. 21-23), golpeando las sienes de Idolatría adornadas con las vendas sacrificiales, le corta la respiración al oprimirle la garganta. Idolatría lleva una banderola que la identifica como defensora del culto a los dioses ("Cultura deorum"). 2. Castidad mata a Lujuria: Aparece la virtud, como en el poema, atravesando la garganta del vicio con una espada (v.v. 49-50). 3. Humildad, asistida por Esperanza, mata a Soberbia: La colocación de esta escena aquí rompe el hilo argumenta) del poema, situándose en el espacio que le habría antecedido (combate entre Paciencia e Ira), para colocar la contienda en el lugar más privilegiado del salterio. Humildad, coronada como reina de las virtudes (v. 199: "Mens humilis regina quidem..."), corta, con la espada ofrecida por Esperanza, la cabeza de Soberbia (v.v. 278-283), caída en el foso excavado por Fraude, y vestida de guerrero (nótese la semejanza con Goliat). Probablemente para clarificar una serie de escenas en un marco tan reducido, es Esperanza quien, cogiendo la cabeza de Soberbia, la saca del foso. 4. Suicidio de Ira ante Paciencia: Debía haber ocupado la escena precedente de haberse seguido el orden del poema. Aparece Ira, tras intentar matar inútilmente a Paciencia, imperturbable, golpeándola con su espada en el cráneo, protegido por un casco de bronce, también infructuosamente. En el poema, lo hace hincando en el suelo uno de los dardos con que quiso herir a la virtud; en el salterio, con una espada, como en el códice Voss. lat. oct. 15 de Leyden (siglo IX) y en el Cotton Titus D XVI (del XII). 5. Sobriedad matando a Molicie: Retomando el hilo argumental de la epopeya, aparece la virtud blandiendo su lanza, sobre la que ha enarbolado la bandera de la cruz (v. 347), y golpeando la mandíbla del vicio, más que arrojándole una piedra; quizá por problemas de espacio, se ha querido representar la muerte del vicio al recibir un fuerte golpe sobre su boca (v.v. 421-426). Molicie aparece derribada, y con tres flores en las manos, alusión a su forma de luchar (v.v. 326-327), así como con un peinado más complicado que el del resto de sus compañeras, referido a su atractivo aspecto (v.v. 312-315). 6. Fortaleza mata a Avaricia: Es otro de los ejemplos en que se rompe el argumento del poema, ya que no es Fortaleza, sino Caridad (Operado) la que abate al vicio. La virtud es la única qua aparece con vestidura militar, siguiendo una iconografía ya antigua. Sobre el cambio suscitado en el salterio, puede tratarse de sustituir una virtud que aparecerá largamente comentada en la segunda cara de las cubiertas. S. Ambrosio dice que "fortaleza.,. ahuyenta la avaricia como enfermedad que puede debilitar la virtud" (I "De offic."). A su vez, la muerte de Avaricia es distinta a la del poema, en vez de ser estrangulada, muere de una lanzada de la virtud, de forma análoga a como aparecerá herida en el "Hortus Deliciarum.". No obstante, el único punto conforme al texto se encuentra en la gran bolsa que guarda los despojos de la batalla anterior, situada a la izquierda del vicio. 7. Concordia mata a Discordia: La escena vuelve
a apartarse del poema, ya que no es Concordia, sino Fe, la que abate
al vicio; quizá por razones de espacio, de simetría o
por clarificar el tema y no repetir una virtud ya aparecida, se violenta
el argumento. Concordia se lleva la mano al pecho, señalando
el lugar donde fue herida por Discordia (v.v. 672-673), que muere, de
forma análoga al poema, de una lanzada en la cara que atraviesa
su lengua (v.v. 717-718). El sentido de la Psicomaquia es claro: el hombre se prepara para vencer las pasiones y adquirir dominio sobre sí mismo, según cuenta S. Isidoro, tomando una idea senequista: "los vicios pugnan útilmente contra las virtudes, para que, a. resultas del conflicto, ora la mente se ejercite, ora el ánimo, apartado de la arrogancia, se modere" ("Sentencias", L. II, c. 37). En este contexto, es lógica la exaltación que se ha hecho de la Humildad, bien a través de la figura de David, bien por la colocación de la victoria de esta virtud sobre la Soberbia en uno de los lugares preferentes de la superficie de la cubierta, ya que este vicio "es la madre y la reina de los siete pecados capitales" (S. Isidoro: Op. cit.), ya que "Todo el que peca es soberbio, porque al cometer los actos prohibidos, desprecia los preceptos divinos" y llega a ser el vicio más difícil de extirpar porque es " la primera en el pecado y la última en el combate. Porque, o bien en el comienzo abate el alma con el pecado, o bien, en última instancia, la despoja de sus virtudes" (S. Isidoro: Op. cit., c. 38), que es lo que le ocurrió al rey David, que desde el principio supo aniquilar de sí la Soberbia (escena de la muerte del león y el oso) y, al final, un acto de orgullo le llevó a caer en este vicio y a su enemistad con Dios, sólo que con un arrepentimiento humilde, supo granjearse de nuevo su amistad. Por, otro lado, si tenemos en cuenta al destinatario del salterio, un. monarca, es lógico que apareciera la vida del rey de Israel como prototipo a tener en cuenta: "El que usa debidamente de la autoridad real de tal modo debe aventajar a todos, que, cuanto más brille por la excelencia del honor, tanto más se humilla interiormente, tomando por, modelo la humildad de David, que no se envaneció de sus méritos,..." (S. Isidoro: Op. cit.; L. 3, c. 49); así como el tema de la Psicomaquia, "pues quien es incapaz de gobernarse a sí mismo, ¿cómo va a dirigir a los otros por medio de las leyes?" (S. Juan Crisóstomo: "Paralelo entre el monje y el rey").
B. CUBIERTA POSTERIOR: LAS OBRAS DE MISERICORDIA Las seis escenas están tomadas del Evangelio según S. Mateo XXV, 34-36: "Entonces dirá el rey á los que estarán a su derecha: Venid, benditos de mi Padre, poseed el reino que os está preparado desde el establecimiento del mundo: Porque tuve hambre, y me disteis de comer: tuve sed, y me disteis de beber: era huesped, y me hospedasteis: Desnudo, y me cubristeis: enfermo, y me visitasteis: estaba en la cárcel, y me vinisteis á ver. Entonces le responderán los justos y dirán: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer: ó sediento y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos huesped, y te hospedamos: ó desnudo y te vestimos? ¿O cuándo te vimos enfeermo, ó en la cárcel, y te fuimos á ver? Y respondiendo el Rey les dirá: En verdad os digo, que en cuanto lo hicisteis á uno de estos mis hermanos pequeños, á mí lo hicisteis". Cada escena se desarrolla dentro de un medallón; son sus protagonistas el benefactor, identificado, como suele ser norma en los salterios, con el rey David (vestido como emperador bizantino); un asistente del monarca que aparece en las escenas de entrega de objetos y el necesitado. Ejemplos similares y casi contemporáneos a nuestro salterio los encontramos en los bajorrelieves de la puerta del Juicio de la catedral de Basilea y en una miniatura de la Floreffe Bible del Museo Británico. En todas las escenas se percibe una estrecha relación física del rey con el necesitado, al que toma por la muñeca, le entrega en mano víveres o sostiene algún elemento que le ponga en relación con él para dar a entender la entrega sin reservas del rey para con los necesitados, frente a otras representaciones (Floreffe Bible) en que la relación es menor. 1. ESURIVI ET DEDISTI MI MANDUCARE: Aparece el rey David, ante una mesa con una hogaza partida en cuatro trozos, un cuchillo y tres porciones de pan, dándole un pedazo a un mendigo. Tras el rey, un acólito con pan. 2. SITIVI ET DEDISTIS MICHI BIBERE: El rey, de pie ante su trono, llena con una jarra un cuenco que un mendigo le tiende, éste se lleva la mano a la boca para expresar su necesidad. Un acólito con jarra, detrás. 3. HOSPES ET COLLEGISTIS ME: El rey coge de la mano a un peregrino, que sujeta su bastón de viaje, y le invita a entrar, mostrándosela con la otra mano, a una casa a través de cuya puerta vemos una cama. 4. NUDUS ET COOPERVISTIS ME: Un hombre desnudo
recibe ropas del rey, que toma otras más amplias (tal vez una
túnica) a su acólito. 5. INFIRMUS ET VISITASTIS ME: El rey coge de la mano a un enfermo recostado en una cama con dosel. 6. IN CARCERE ET VENISTIS AD ME: El rey sostiene
una larga cadena que llega a la argolla atada al cuello de un preso,
metido en un lugar irregularmente acotado, y con manos y pies sujetos
con grilletes. S. Isidoro explica el género de buena acción
que se representa en el marfil: "Hay dos clases de limosna,
una corporal dar al necesitado cuando se puede; otra espiritual:
perdonar a quienes nos hayan injuriado" (Op. cit. L. 2,
c. 6). Este tipo de acción es continuamente alabado en las Escrituras
(según S. Cipriano: "Sobre las buenas obras y la limosna"
y S. Juan Crisóstomo: "Homilía 79" ); acción
que no cuesta ningún trabajo, ya que no se trata de dar un ágape,
sino sólo lo básico para vivir, por lo que no constituye
ningún obstáculo su realización (en el marfil,
dar un trozo de pan, llenar un cuenco). Únicamente se exige lo
que está en nuestra mano; algo que, además, es una obligación
si atendemos a la compasión natural que suscita quien pide (un
hombre necesitado), a la recompensa prometida (el Reino de los Cielos
sólo por realizar algo tan nimio), a la dignidad de quien recibe
(Cristo por los pobres; idea también cogida por S. Cipriano),
a lo justo de esta donación (es Dios quien recibe lo que es suyo);
y, por otro lado, a la obligación que mueve a ayudar a otro miembro
de la misma comunidad, la cristiana, con quien se está hermanado
por el bautismo y la participación de los Sacramentos. En el
Juicio Final, todos serán igualados, ricos y pobres, en cuanto
a la realización de las mismas obligaciones para con los demás
(S. Juan Crisóstomo: "Homilía 79"). Así,
de entre todas las virtudes, la más excelente es la Caridad;
consistente según leemos en las "Sentencias" de S.
Isidoro (1. 2, c. 3), " en el amor de Dios y del prójimo...
Quien se aparta de la comunidad fraterna queda privado de la participación
del amor divino. No podrá amar a Dios quien sabemos falta en
el amor al prójimo, Cristo es Dios y hombre". Además,
sin esta virtud, como leemos en S. Pablo (I Cor. XIII), las demás
quedan deslucidas o no tienen sentido (de ahí que esta cara sea
el complemento perfecto de la anterior del salterio); a este respecto,
el mismo S. Isidoro añade (Op. cit.) que "aunque
algunos dan la impresión de participar en la Fe y en las buenas
obras, con todo, por estar faltos de caridad del amor fraterno no consiguen
ningún aumento de virtud", y continúa: "La caridad
posee la primacía entre todas las virtudes. De ahí que
el Apóstol llame a la caridad vínculo de perfección,
por cuanto todas las virtudes quedan sujetas con este lazo", que
nos iguasla a los necesitados. Este acto de humildad, que nos hermana
con los pobres según hemos visto, ha de ser recomendable tanto
más a quienes ostentan los puestos más altos de la sociedad
y están expuestos a la Soberbia, "gusano principal de las
riquezas, polilla dañosa que todo lo roe y hace polvo. Mándales
pues (a los poderosos) que no alberguen sentimientos de altanería
ni pongan su esperanza en la riqueza, tan insegura que, a lo mejor,
te acuestas rico y te levantas pobre... Vosotros, los ricos, debéis
dar... usad bien de la opulencia" (S. Agustín: "Sermón
85" ); idea que conviene, loor un lado, a la imagen de David, y,
por otro, a la del comitente a quien va dirigida la obra: un monarca
que, para S. Juan Crisóstomo, "si es bueno, libra de la
pobreza" ("Paralelo entre el monje y el rey"). En el conjunto de la obre que tratamos, se expone dos consejos que convienen al rey: uno, el de la cubierta anterior, que sepa moderar sus pasiones para saber llevar las riendas del poder: "Porque rey de verdad sólo lo es aquel que domina la ira, la envidia y el placer, el que todo lo somete bajo las leyes de Dios, el que mantiene libre su corazón y no consiente que la tiranía de los placeres se enseñorée de su alma... Porque quien ha puesto su razón al frente de las pasiones de su alma fácilmente gobernaría también a los hombres con las leyes divinas, y sin duda sería un padre para sus súbditos y tratarla con gran mansedumbre a las ciudades" (S. Juan Crisóstomo: "Paralelo entre el monje y el rey"). La última idea nos remite a la Humildad, ejemplo del que David, como vimos, es paradigma donde ha de mirarse el rey; pues éste, al encontrarse en la cima del poder, es más propenso a ser atacado por la Soberbia (raíz de todos los vicios, como vimos), con lo que su pecado, al ser el monarca parangón a seguir por su pueblo, es mayor si delinque (citando a Job -VI, 7-, señala S. Isidoro: "Pues los poderosos sufrirán poderosos tormentos. En efecto, a quien más se da, más se le exige, incluso con el interés del castigo". Op. cit.), porque el rey también es responsable de la vida moral de sus vasallos, ya que "A él se le imputa cuanto a ejemplo suyo realizan los súbditos... Como alguno de los súbditos buenos imitan las obras de los príncipes gratas a Dios, así fácilmente otros muchos siguen sus malos ejemplos" (Op. cit.). Así pues, Humildad (escenas de la vida del rey David; como raíz de las virtudes), dominio de las pasiones (escenas de la Psicomaquia; para saberse regir y gobernar a su pueblo) y Caridad (escenas con las Obras de Misericordia; como suma de todas las virtudes) son las cualidades principales que destaca el salterio de Melisenda como las que ha de tener el rey si quiere gobernar con rectitud: "El buen rey en la cúspide del poder preside con ánimo humilde, no le complace la iniquidad ni le inflama la pasión, hace rico al pobre sin defraudar a nadie y a menudo condona con misericordiosa clemencia cuanto por legítimo derecho podría exigir al pueblo" (S. Isidoro: Op. cit.: L. 3, c. 49). Todo esto hará de él una persona que, al cumplir con su obligación como gobernante de la tierra, merece la Vida Eterna: "El que en el mundo gobierna bien temporalmente, reina sin fin en la eternidad, y de la gloria de este siglo se traslada a la gloria eterna" (S. Isidoro: Op. cit.: L. 3, c. 48).
BIBLIOGRAFÍA -Aurelio Prudencio: Obras Completas, versión de A. Ortega.
Madrid, 1981.
Agradezco a Elena Miranda de Sousa (Hernández-Mora) la aportación de material gráfico, sin el cual habría sido más costosa la conclusión de este trabajo. ILUSTRACIONES
|
|||||||||