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Según la tradición, pues
de ello no conservamos documentación, San Frutos, patrón
de la diócesis de Segovia, nacería hacia el año
642 (1). De familia rica, a los quince años repartió sus
bienes entre los pobres, y junto a sus hermanos San Valentín
y Santa Engracia se retiró a hacer vida eremítica a un
lugar solitario, escabroso y áspero del Duratón (2). Valentín y Engracia habitaban
sendas cuevas y Frutos vivía en lo más alto de la roca,
que avanza como una proa hacia la inmensa hoz, unida a la tierra confinante
por una estrecha lengua de tierra. Con ocasión de la invasión de los árabes, muchos cristianos buscaron refugio al lado de San Frutos, en los terrenos de difícil acceso donde vivía el anacoreta. Al acercarse los musulmanes: "Al Sáto [sic], hizo antes que llegaffen a el una raya en el fuelo mádadoles [sic], no paffaffen de allí: porque les quería moftrar por razones baftantes, la ceguedad grande y heror de fu ley en que vivían. Y al punto que hizo la raya con el baculo que llevava, fe abrío la tierra, y fe hendio la peña, y fe hizo tan grande abertura, que no pudieron paffar adelante; moftrado nuestro Señor por este milagro, fer verdad lo que el Santo les predicava..." (3). Los musulmanes, asombrados por el milagro, huyeron despavoridos,
dejando en paz a Frutos y a los que con él se encontraban. Esta
hendidura se conoce actualmente como la "Cuchillada de San Frutos"
(4). La representación iconográfica de este milagro suele
ser la más frecuente en la Catedral. En ella aparece San Frutos,
vestido como un eremita, con el paso del tiempo reflejado en su rostro
enjuto y su barba blanca, provisto de un cayado en su mano derecha para
poder realizar la hendidura sobre la tierra. Pero también se le atribuye a San Frutos otro
hecho milagroso. Parece ser que quiso este santo edificar un santuario
a la Virgen y suplicó a un ganadero que le dejara la ,yunta para
poder portar las piedras. Éste sólo pudo cederle un par
de fieros toros, que Frutos aceptó e hizo dóciles y mansos
como ovejas (5). Ya en los últimos años de su vida se le atribuye otro milagro. Un moro que habitaba en aquellos parajes del Duratón blasfemó y negó la Eucaristía, diciendo que se la comería un animal si se "la echasen en la cebada", por lo que San Frutos: "lleno de Fé, dixo: No fe atrevera ningun animal a llegar a mi Señor Iefu Christo, estando debaxo ele aquellos accidentes de pan defpues que es confagrado; antes en viendolo, lo reverenciara, y le hara acatamiento quando lo viere, y lo conociere por fu Dios y Señor..." (6). Y así fue, ya que San Frutos hizo que un asno
se arrodillase ante la Hostia consagrada que le había sido ofrecida
en un harnero de cebada. La tradición nos informa que San Frutos murió
a los 73 años, hacia el 715 y que fue enterrado por San Valentín
y Santa Engracia en la misma ermita donde habían vivido. Ellos
se retiraron al pueblo de Caballar, cerca de Turégano, y allí
continuaron su vida solitaria en la ermita de San Zoilo, siendo martirizados
por los moros que arrojaron sus cabezas a una fuente (7). Con el tiempo
sus cuerpos decapitados fueron trasladados al lugar donde reposa San
Frutos, en lo alto de la hoz del Duratón, permaneciendo allí
durante tres siglos y medio. La definitiva repoblación de Sepúlveda
tuvo lugar en tiempos de Alfonso VI, quien confirma su fuero en noviembre
de 1076. Tres meses antes concedía al Monasterio de- Santo Domingo
de Silos el lugar y el término de San Frutos del Duratón,
donde reposaba su cuerpo (8). Los benedictos de Silos construyeron en
este lugar un monasterio para residencia de los monjes, que se encargaron
de la custodia y culto del "lugar santo" (9). Aquello iba
a ser priorato de la abadía silense. Sabemos, por el testimonio del canónigo racionero Pantigoso, que en el templo había una capilla "a la mano derecha del altar mayor" con la advocación de San Frutos: "en la qua¡, puede haber sesenta años poco más o menos que los cuerpos y santas reliquias del Señor San Frutos, San Valentín y Santa Engracia, sus benditos hermanos, fueron hallados..." (12). Allí permanecieron hasta la lucha comunera. En mayo de 1520 se inicia el movimiento de las Comunidades.
Los partidarios del Emperador se fortificaron en el Alcázar y
los comuneros en la catedral de Santa María. Al Finalizar la
contienda y debido a los destrozos ocasionados en la iglesia, las reliquias
de San Frutos fueron trasladadas a un lugar más seguro: el convento
de Santa Clara, en la Plaza Mayor. Sobre cuyo solar, unido a las casas
y fincas de alrededor que el Cabildo poseía por la expulsión
de los judíos en 1492, se levantó la nueva catedral gótica. Las obras dieron comienzo por los pies y en 1542 se
llegó hasta el crucero quedando hechos los pilares torales sobre
los que se asentaría el cimborrio, al mismo tiempo que se cerraba
con un muro la parte construida para poder oficiar misa (13). Las reliquias
de San Frutos debieron ser depositadas de forma provisional en la capilla
de San Gregorio -sita en el penúltimo tramo del lado del Evangelio-
(14). En el siglo XVIII, con ocasión de hacer obras en esta.
capilla, el Cabildo decide advocar a San Frutos la capilla central de
la girola de la catedral (15), en la que dispuso la realización
de un retablo de mármol y jaspe "azul manchado de roxo"
(16) en cuyo cuerpo central se dispondría una urna nueva de plata
(17) con la reliquias. Retablo que no llegó a realizarse (18).
Con posterioridad la capilla pasó al Patronato de Domingo Valentín
Guerra, confesor de la reina Isabel de Farnesio, quien mandó
hacer los retablos rococós que actualmente se ven dedicados a
San Frutos, San Valentín y Santa Engracia (19). En el central,
Frutos aparece vestido de anacoreta, siguiendo el modelo iconográfico
tradicional y con el cayado en su mano derecha. La talla responde a
las características propias del barroco español. Pero las reliquias de San Frutos, debido a las obras
de la capilla, no se llegaron a colocar en ella, y la urna fue depositada
finalmente en la capilla del trascoro, en el retablo del s. XVIII cedido
por Carlos III del Palacio de Riofrío (20). Al construirse las portadas del crucero, como es -normal, una se dedicó a San Geroteo, primer obispo de Segovia, y la otra a San Frutos, en el lado norte. Esta portada -vinculada a la mano de Pedro de Brizuela, primer arquitecto del barroco segoviano- no pudo escapar a la estética postherreriana de su tiempo. Realizada en granito, aparece guarnecida con un gran arco de piedra volteado entre contrafuertes. Consta de dos cuerpos: el inferior con un arco de medio punto, encuadrado por parejas columnas dóricas sobre plinto, con nichos entre los intercolumnios para albergar las esculturas de San Valentín y Santa Engracia -que no se llegaron a realizar-, y el superior, reducido a la calle central formado por un templete de orden corintio que tiene un frontón que cobija un arco, en el que, a modo de contrapunto, se repite el motivo a escala menor. Preside la hornacina la imagen de San Frutos, tallada en 1611 por Felipe de Aragón. Sabemos por la escritura que se obligó a realizar: "una ymagen [sic] de sr. San Frutos de bulto de piedra cárdena
y caveza Sin embargo, la imagen ejecutada es toda de piedra y
presenta al patrón de Segovia dando la bienvenida al templo,
vestido de anacoreta con el cayado en la mano derecha y el libro de
oraciones en la izquierda. Su rostro, enmarcado por una larga barba,
vuelve a ser enjuto y expresivo. Otra talla de San Frutos, de época posterior,
aparece presidiendo el altar mayor de la catedral. El retablo, que se
adapta a la cara interna del ábside, es de orden corintio y fue
ideado en el s. XVIII por Francisco de Sabatini. Está formado
por dos cuerpos: el primero descansa sobre un zócalo que sostiene
cuatro grandes columnas de mármol con capiteles y basas de bronce
doradas; el segundo cuerpo se remata con un frontispicio
que termina en una cruz dorada, sostenida por un ángel de mármol
en pie. En los intercolumnios del primer cuerpo están las imágenes
de San Frutos, en el lado del Evangelio y la de San Geroteo, discípulo
de San Pablo y primer obispo de Segovia, en la Epístola. Las
esculturas son de gran tamaño, realizadas en madera y estucadas
de blanco conforme a la estética clasicista del momento. Son
obras de Manuel Adeba Pacheco. En este caso, San Frutos es pastor de
la Iglesia aunque su fisonomía sigue siendo la misma. Sobre el
cornisamiento que da paso al segundo cuerpo aparecen sentadas las tallas
de San Valentín, con la pluma y un libro en las manos, y Santa
Engracia, con la palma de las vírgenes. Para acotar el espacio de la capilla Mayor se ejecutaron
tres rejas de hierro con adornos dorados a fuego. Las laterales llevan
en el coronamiento barroco: espirales recubiertas de hojillas a ambos
lados del eje central que sostienen los ramos de azucenas, símbolo
del Cabildo, y un gran medallón en madera con San Frutos, en
la del Evangelio, vestido de anacoreta con su cayado en la, mano derecha
y el libro en la izquierda y en el reverso San Valertín, con
el báculo. En la reja de la Epístola aparecen San Geroteo,
vestido de obispo y Santa Engracia con un libro. Son obra del escultor
Mateo Negrete. Se ajustaron en 1734 para acabarlos en 1735. Estos medallones
habían de ser de madera de pino "seca, arreglados a los
bastidores obalados de hierro que están ejecutados para las dichas
coronaziones..." (22). También aparece San Frutos presidiendo la capilla del Sagrario o de los Ayala Berganza, que es la más suntuosa de la catedral de Segovia. Mandada ejecutar por D. Antonio Avala y Berganza, arcediano de Segovia y miembro del Consejo de la Suprema, hombre de gran fortuna, que deseaba para sí y para sus familiares un oratorio, relicario y panteón, exponente del gusto de la sociedad barroca por las exequias celebradas en solemnes panteones. La obra, comenzada a fines del s. XVII, es de planta cuadrada y la transición a la cúpula se realiza mediante pechinas ejecutadas por Juan de Setién, quien se obligó a colocar: "sobre las cornisas unas pechinas adornadas: en el centro y en
alto relieve En cuanto a las representaciones pictóricas de
San Frutos en la Catedral, también son muy numerosas. En la capilla
de San Antón, primera de la girola por el lado del Evangelio,
se ejecuta un retablo dedicado a San Antonio Abad, por encargo de D.
Antonio Idiáquez, obispo de Segovia. Fue su autor José
Vallejo Vivanco, maestro de arquitectura, quien lo llevó a cabo
entre 1696 y 1697. Sobre un zócalo de granito se apoya el banco
con las armas del fundador de la capilla. Cuatro columnas salomónicas
dividen el cuerpo en tres calles: la central ocupada por una hornacina
con la imagen de San Antonio Abad y las laterales con lienzos relativos
a San Frutos, patrón de la diócesis, cuya festividad se
celebra el 25 de octubre. A la derecha, en el milagro de la Hostia consagrada
y harnero de cebada y a la izquierda en el acto de abrir la "cuchillada"
en la garganta del Duratón. Fa muy sorprendente la iconografía
del primer lienzo, pues Frutos aparece joven y revestido con vestiduras
sacedortales, algo ajeno a la figura del santo (24). En la antigua sacristía, obra de Rodrigo Gil
de Hontañón, penden en la actualidad dos grandes lienzos
atribuidos al círculo de los Carducho (25), donde San Frutos
realiza sus dos milagros más conocidos. Por último, son numerosos los cuadros de autor anónimo donde aparece el santo y detrás el Acueducto, símbolo de Segovia.
(1) Colmenares D. de, Historia de la Insigne Ciudad de Segovia y Compendio de las Historias de Castilla, Cap. X/II (cito la edición crítica de la Academia de Historia y Arte de San Quirce. Segovia, 1969). Diego de Colmenares (1586-1651) fue cura párroco de San Juan de los Caballeros. Su célebre Historia, publicada por primera vez en 1637, es un clásico de la historiografía segoviana. También cfr. A.C.Sg. (Archivo Catedral de Segovia). B-360, fs. 145 y 176. (2) Ribera, Joseph, Vida de S. Frutos, patrón de Segovia y de sus dos hermanos San Valentín y Santa Engracia. En Madrid en la Oficina de Antonio Sanz, Impresor del Rey Nuestro Señor y su Consejo. Sin año (1751?). A.C.Sg. B-238. (3) A.C.Sg. B-239. Calvete, L., Historia de la Vida del Glorioso S. Frutos Patrón de la Ciudad de Segovia, y de sus hermanos San Valentín y Santa Engracia. En Valladolid, por Cristóbal Laffo Vaca. Año 1610, pp. 14v.-15. (4) A.C.Sg. F/40. "Información authéntica de algunos de los muchos milagros de S. Frutos". (5) Moya y Munguía, C. de, Vida Muerte y Virtudes y Milagros Ynsigne Anacoreta S. Frutos, Confesor y Patron de la Ciudad de Segovia y de los Martires Gloriosos S. Valentin y Sta. Engracia sus Hermanos, Segovia, 1649. (6) Calvete, op. cit., pp. 61 v.-72. (7) Esta fuente se conoce con el nombre de "Fuente Santa" y se encuentra situada en el pueblo de Caballar. Colocadas las cabezas en un relicario de plata, se custodian en la iglesia y reciben un culto muy singular, consistente en llevarlas en procesión hasta la "Fuente Santa" en las épocas de sequía para practicar en ella la "inmersión" de las mismas suplicando la lluvia. Es lo que se llama alas mojadas". Vid. Martín Postigo, S., San Frutos del Duratón, Valladolid, 1980, p. 8. (8) Ibíd, p. 9. (9) Se terminó de construir en el año 1100 y fue consagrada por el arzobispo de Toledo don Bernardo, como consta en una inscripción. A.C.Sg. F/40. "Relación y razón del origen del Monasterio e Iglesia y su anexión en lo espiritual y temporal al Monasterio de Silos". (10) Cortón de las Heras, M.ª T., La construcción de la Catedral de Segovia (1525-1607). Tesis Doctoral. Universidad Complutense. Madrid, 1990. (11) A.C.Sg. E. 210, "Memorial histórico de Segovia", por Pantigoso, 1525. Cfr. A.C.S. F/37. "Colección de varias copias..." (12) A.C.Sg. F/40. "Relaçión de lo sucedido en la época de las Comunidades". (13) Cortón, Op. cit. A diferencia de las catedrales españolas, la de Segovia se comienza por los pies. (14) A.C.Sg. F/9. "Capilla de San Frutos"; F/44. "Relaçión de la obra del retablo de piedra y jaspe... de la capilla de S. Frutos". (15) Ya que no resultaba "dezente que el Santo estubiesse como de merzed en Capilla agena (siendo toda la iglesia casa propia)". Por lo que se decidió dar a San Frutos la central de la girola. A.C.Sg. F/44. (16) Ibíd. Sabemos que se ejecutó el zócalo por Pablo Hernanz. (17) A.C.Sg. F/40. "Memoria del modo que se a de desharmar la urna del Señor S. Frutos que yo Sebastián de Baraona hize.. " (18) El paradero de este retablo se desconoce. (19) A.C.Sg. F/18. "Escritura de conbenio, obligazión para la fábrica de tres retablos...". (20) Ruiz Hernando, J. A., "Ventura Rodríguez y Juan de Villanueva en el trascoro de la catedral de Segovia", Real Academia de Bellas Artes de S. Fernando. Separata de Estudios sobre V. Rodríguez (1717-1785), Madrid, 15,85, pp. 201-221. (21) A.H.Sg. (A. Histórico de Segovia). Protocolo 959, f. s. 44-45v. (22) Gallego de Miguel, A., Rejería castellana: Segovia, Salamanca, 1974, p. 149. (23) A.C.Sg. L/ 146. (24) A.C.Sg. H/121. Cfr. Ruiz Hernando, J. A., "Una obra del Barroco segoviano: La capilla de S. Antón en la Catedral de Segovia", Estudios Segovianos (en prensa). (25) Collar de Cáceres, F., Pintura en la Antigua Diócesis de Segovia. 1500-1631. Segovia, 1989, t. 1, pp. 376-377.
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