CUADERNOS DE ARTE E ICONOGRAFIA / Tomo IV - 7. 1991
 

 

LA ESCRITURA Y LA IMAGEN EN LAS EXEQUIAS DE CARLOS II EN LA CATEDRAL DE BARCELONA: UNA LECTURA DEL TÚMULO Y DE LAS POESÍAS, CALIGRAMAS Y JEROGLÍFICOS

Esther Galindo Blasco

El día 1 de noviembre de 1700 murió en Madrid el rey Carlos II. Para una sociedad que declaraba: "(...) el Monarcha (es) retrato de Dios en la tierra (1), o "(...) Dos simulacros, ó dos imagenes de si mismo hizo el Supremo Hazedor en el Mundo; en el Cielo al Sol, en la Tierra al Rey" (2), etc.; es decir, que basaba su funcionamiento en la institución monárquica, tal acontecimiento debía suponer una conmoción y un vacío momentáneo: "(...) todo es sombra sin él, todo agonía/ Luego España ha quedado sin consuelo;/ pues falló CARLOS, Sol de nuestro Cielo (...)" (3). Un vacío que, sin pérdida de tiempo, debía llenarse con el sucesor para conseguir, aunque no siempre -como para Cataluña en este caso-, una tranquilizadora continuación de ese sistema que se manifestaba incuestionable en el seno de aquella sociedad.

La enfermedad grave, la amenaza de la vida del monarca preocupaba (4), y su muerte, además de desencadenar una actividad añadida a las instituciones de la ciudad (5), tiene obviamente una honda repercusión social; sin embargo, no es posible ahora profundizar más en todos estos aspectos. Nosotros proponemos centrar nuestro estudio en una ínfima sección, pero somos conscientes de la existencia de esta globalidad que sólo dejamos apuntada, aunque pensamos que suficientemente documentada.

Trataremos de efectuar una descripción del túmulo que, siguiendo la costumbre y financiado por el Consell de Cent, se erigió en la Catedral de Barcelona; para ello nos pasaremos en la lectura que del mismo efectúa la relación Lagrimas Amantes... y la contrastaremos con el testimonio visual que también lo perpetúa: el grabado de Francesc Gazán, según el proyecto del pintor Joseph Vives.

Dado este paso estaremos en condición de presentar el propósito de nuestro trabajo, que consiste en relacionar este "castell de dol" con las poesías, poemas visuales y jeroglíficos de los que, por otra parte, es el soporte.

En principio, para poder desarrollar el primer punto propuesto podríamos disponer de varias relacicnes; sin embargo, sólo la escrita por

Joseph Rocaberti (6) se preocupa por este tema y nos facilita una completa descripción e interpretación del túmulo. En las Nenias Reales..., Joseph Amat de Planella y Despalau (7) le dedica una octava; pero las restantes (8), seguramente por ser sus promotores ajenos a su construcción, no se preocupan de esta manifestación artística.

En conjunto, todas las relaciones demuestran tener un esquema que busca transmitir al lector un mensaje idéntico, mensaje que, como se verá, es plenamente coincidente al que proyecta con imágenes el túmulo.

La muerte del rey les lleva a efectuar un meticuloso retrato del difunto que construyen a base de las interminables virtudes que le acompañaron y caracterizaron.

En un plano espiritual, religioso y moral, destacó por su religión, fe, caridad, esperanza, obediencia de, la ley divina, amor al prójimo, mansedumbre, humildad, desprecio de los bienes terrenales, etc. Como obras en este terreno todas las relaciones subrayan su devoción por el Santísimo Sacramento, su defensa por el dogma de la Inmaculada Concepción, su apoyo a las tareas de evangelización y la construcción de iglesias.

Desempeñó la tarea que se le había encomendado en la tierra, su "profesión" de rey con: magnanimidad, benignidad, amor, justicia, vigilancia, prudencia, clemencia, misericordia, liberalidad, siendo más que rey, un "padre" para sus vasallos.

Como hombre sufrió con resignación y con constancia piadosa su enfermedad.

Incluso aquellos rasgos de inexpresividad en su carácter que podrían interpretarse como frialdad, distanciamiento o incomprensión e incapacidad se reconvierten: " (...) Las felicidades, ni las desgracias nunca pudieron descomponer el animo Real de Carlos; porque como Imagen del pinzel divino no padecía alteracion su semblante" (9).

La muerte de un rey, de un personaje arropado de tales virtudes, de este ser excepcional, debía de ir acompañada en el seno de una sociedad todavía imbuida de creencias supersticiosas por toda una serie de fenómenos extraños, inexplicables, de señales sobrenaturales.

Las Nenias Reales... justifican con un soneto de Joseph de Rius y de Falguera (10) que en el cielo no hubiera aparecido ningún fenómeno astrológico que anunciara la muerte de Carlos II: "(...) Pidese se declare en un Soneto la causa de no ayer precedido Metheoro alguno, que en caracteres de luz anunciasse la muerte de Nuestro Rey Don Carlos II (que está en Gloria) como se ha observado en la de tantos Emperadores, y Monarcas (...)".

Sin embargo, los diferentes autores se esfuerzan por encontrarlos y aguzando el ingenio aparecen las sorprendentes coincidencias deseadas, siempre las mismas, que se pondrán de relieve en todas las relaciones: la fecha de su muerte, el día 1 de noviembre, festividad de Todos los Santos, su entierro el mismo día de San Severo -Santo Patrón catalán- siendo además el mismo día de su nacimiento, y el resultado de la autopsia (11), en este punto, prescindiendo del lamentable estado de los demás órganos, centran su atención en el corazón en el que no se encontró ni una gota de sangre. La identificación con Jesucristo obviamente no tarda en aparecer, y la interpretación de tal fenómeno es, en este caso, invariablemente la misma: murió desangrado, no por el efecto de las sangrías sino por el gran amor que sentía por sus vasallos.

El Papa Inocencio XII le precede en la muerte -falleció el 27 de septiembre del mismo año-, y este hecho también se interpreta como un signo celestial.

Tras esta presentación y esta valoración, su pérdida, en consecuencia, es llorada -según todas las relaciones- por los cuatro elementos, los ríos y las cuatro partes del mundo. Y ahora es el momento de convencer a los catalanes que hagan otro tanto. Comienzan los autores a exponer y reflexionar sobre las atenciones y favores que en vida otorgó el difunto monarca al Principado y, una vez más, coinciden en apuntar idénticos hechos, citando las Reales Cartas del rey a la Excelentísima Ciudad de Barcelona y al Brazo Militar de los días 11 y 14 de julio de 1691 y 11 y 12 de agosto de 1697, que demuestran la preocupación y el interés de Carlos II por la defensa de Barcelona, entonces amenazada y acosada por Francia (12).

Sea como fuere, es evidente que con estos discursos se persigue un doble objetivo: por una parte, conmover y convencer al lector de la necesidad de llorar y honrar la pérdida de tan gran monarca y, por otra, situarlo, por sus destacadas virtudes y por su muerte ejemplar, en un plano superior, inmaterial y triunfante, es decir, defender su memoria y su inmortalidad y, por tanto, negar su muerte.


DESCRIPCIÓN DEL TÚMULO

El túmulo (fig. n.° 1) se erigió en el interior de la Catedral, en un espacio que no se concebía neutro, sino que, al contrario, fue minuciosamente estudiado, teatralmente ambientado para conmover porque: "El Horror se introduze por los ojos" (13). Se perseguía una absoluta concentración y la conmoción colectiva sin conceder ninguna escapatoria posible: "(...) Quedavan assombrados los Barceloneses â la vista de tán tragica representacion, porque ázia qualquiera parte, adonde bolvian sus ojos, encontravan con el assombro funesto, que si les obligava a la triste admiracion , les violentava para la amargura de el llanto; si miravan azia la Capilla mayor; el horror (le las negras vayetas, con que estavan vestidas las columnas rodeado todo su espacioso ambito, y cubierto el pavimento, entrando por los ojos cubría al coraçon. Si temiendo deslumbrarse en la obscuridad, baxavan ázia al suelo la vista, otra vez se encontravan con el espanto funebre de los lutos, que cubrían el hueco de la escalera para baxar á la Capilla de Santa Eulalia (...). Si atonitos de tanto assombro, miravan ázia los lados, se renovava el pasmo, viendo el tablado, igualmente grande, que funebre, (en donde estava el Estrado de las Señoras, que assistian á las Exequias de la difunta Magestad) (...) y si en el triste aparato hallavan motivos para el desconsuelo, en los llantos de tan Ilustres Señoras, como leales Vassallas, encontravan razones, que las convencian para la justa imitacion de el sentimiento. Si cansados finalmente los ojos de lidiar con el assombro, y el llanto, se bolvian àzia el medio del Temple, para observar una segura retirada, encontravan con la ardiente maquina del Tumulo (...) y como era este el funesto centro, adonde se inclinavan los sentidos afectos; se duplicava la ceguera, al abrasado reflexo de las luzes, y á la amarga avenida de las lagrimas (...)" (14).

Para ellos la muerte conducía a una cerrajón y a la tétrica oscuridad de los lutos y la del rey llevaba. al ocaso: " (...) tristes celebran ia las sagradas exequias de su muerte, mirando en tan riguroso ocaso un cielo sin sol, un sol sin luz, una luz sin esplendor, porque ven en los ojos de su difunto Rei mucha noche en sus mexillas, mucha sombra en sus labios, mucho desmaio en su gentileza" (15); pero, en cambio, la luz es una presencia primordial en el túmulo y éste se iluminará profusamente con trescientas atxas. La cera era cara, el Consell de Cent pagó a Paula Monfages viuda de Garau Monfages candeler de cera 550 Libras "(...) á bon compte del que importara la cera ha de donar per la funeraria per lo Rey ne. Sr. Don Carlos Segon (que esta en gloria)" (16), en tanto que pagó en total por la construcción del túmulo 844 Libras 7 Sueldos; según se desprende de las órdenes de pago a Joseph Gras, el carpintero y a Joseph Vives, el pintor (17). Deducimos, por tanto, que tal profusión de cera era uno de los signos que, por su caro precio, demostraba el cumplimiento del obsequio al difunto Rey que habían prometido a la Reina: "(...) pera demostrar sa gratitut, sens reparar en las pocas facultats ab ques troba esta Ciutat" (18); pero también se valoraría por su intrínseca capacidad de crear un ambiente, ya que chisporroteando invitaba al llanto nublando la vista.

Es un signo de generosidad, un símbolo de lo efímero y, al mismo tiempo, también es un riguroso listón de estratificación social: "(...) Mostróse la noble generosidad de la Excelentisima Barcelona, en esta piadosa funcion repartiendo dadivosa la cera, y el dinero, que se avia de ofrecer. Al Excelentísimo Señor Virrey se le dio una Acha con medio doblon, á los Excelentissimos Señores Concelleres, á los Señores Ministros del Real Consejo, Tribunales, Magistrados, Dignidades Eclesiasticas, Cavalleros, y Ciudadanos, una vela de media libra á cada qual, con dos sueldos de moneda Barcelonesa; á los demás Oficiales de la Casa, y de la Real Audiencia, una vela de tres onzas, y un sueldo; y á los restantes de la Iglesia, otra vela con la ofrenda proporcionada á su Calidad, y Estado" (19).

Llegados a este punto nos podemos preguntar ahora por la razón de la presencia de este artefacto, de esta exorbitada construcción "(...) qui prenait toute la hauteur de l'edifice" (20).

El túmulo pretende ser el gran Carlos II, un sustitutivo de su cuerpo que se concibe como un "(...) templo de Catholica virtud" (21). Es su retrato compuesto exclusivamente a partir de sus pretendidas virtudes, de sus siempre acertados actos, se trata de una amañada composición biográfica, de una personificación del monarca idealizada y santificada: " (...) Las Estatuas, aunque obras de un Polycletes, ni un Lysipo, solo expressan las aparentes facciones, y corporal symetria del Hombre, no la hermosura del animo, á quien embellezen las perfecciones de las virtudes, para hazerle divino (...) Mira esta Ciudad Excelentissima la Imagen de su buen Rey, y Santo Príncipe, y le admira Imagen, y retrato del mesmo Dios (...) O Suma Perfeccion, la que logra tan Divina Semejança! Oxala el Arte pudiesse retratar las costumbres, copiar el Animo de Nuestro Carlos Santo! No avria en el Mundo Imagen mas hermosa, retrato mas perfecto (...)" (22).

Este retrato se construye en forma de templo o lugar de culto porque el monarca es ya digno de él, por eso se le reserva su cúspide, la parte superior o cúpula, indicando de este modo que ya forma parte, que está en la gloria celestial: "(...) Elevóse este a modo de Obelisco, señal de los inmortales vencimientos de el gran Monarca Carlos, ó en forma de Pyramide, agudo Indice, aunque mudo, del Celeste Alcazar en que vive entronizada su gloriosa Alma" (23).

En esta ocasión por la imagen, igual que antes habíamos visto por la palabra impresa en las relaciones, las virtudes del monarca le han valido este envidiable destino, pero al mismo tiempo se están proyectando para convencer de la inevitable necesidad de lamentar su pérdida. De manera que el túmulo representará también el dolor de los súbditos por la pérdida de su rey: "(...) Essa luciente Maquina elevada/ en que descansa Magestad gloriosa/ humo, tierra, ceniza, sombra, nada/ nueva Esphera se ostenta luminosa/ de amor Barcelonés pompa sagrada/ oy retrata el incendio artificiosa/ compitiendo en su fabrica excessiva/ su dolor, y memoria siempre viva" (24).

Ahora, en el terreno de lo visual, los personajes obligados a ello pueden con facilidad tomar cuerpo y presencia física, mostrándose individualizados. En el túmulo estarán presentes los estados y posesiones de la monarquía, incluida Barcelona, representadas por medio de ocho estatuas de nueve palmos de altura que se situarán en los ángulos del zócalo octogonal -Barcelona, Indias, Milán, Nápoles, Sicilia, Flandes, Castilla y Aragón-; acompañarán a éstas las cuatro partes del mundo -Europa, Africa, Asia y América- y los cuatro ríos más importantes de la Península -Ebro, Tajo, Duero y Guadalquivir- que se dispondrán en los lados del polígono.

El zócalo, aunque elevado -tenía ocho palmos de altura-, mantiene por su ancha base un contacto directo con la tierra; en este nivel bajo se representa, pues, lo terrenal, lo que se mantiene con vida. En esta parte se proyecta el dolor de los miembros afectados por la muerte del rey. Están rindiendo el merecido vasallaje a un monarca ya inmaterial que se situará en la parte más elevada, sus rezos y sollozos deberán emprender una larga ascensión por las graderías, por un empinado camino de luz hasta llegar a la cúpula-cielo que albergaba los símbolos del rey: el cetro, la corona y la espada del Rey Martí. Se establece una diferenciación entre lo terrenal y lo celestial, los dos mundos se separan, el nuevo habitáculo del rey se eleva. Los vivos y los muertos están en niveles diferentes, pero al mismo tiempo conectados, el camino está abierto por un nexo de ardiente amor -la luz-, de lágrimas -los ríos-, y de plegarias -los sufragios por su alma, y la misma misa funeral que se estaba celebrando-.

Las gradas del túmulo conducen al desenlace, obligando a elevar los ojos hacia lo alto, hasta la cúspide, al cielo. Esta solución, sin embargo, no es novedosa; ejemplos anteriores demuestran igual aplicación (fig. n.° 2): en el catafalco para las exequias del Rey Segismundo II de Polonia se culminará este tipo de construcción escalonada con una desproporcionada águila triunfal; y ejemplos posteriores (fig. n.° 3) reafirmarán como todavía vigente y óptimo este esquema, en este altar que se construyó para conmemorar la quinta centuria de la cristiana conquista de Valencia en octubre de 1738, la acción principal en la que San Martín rompe su capa para entregarla al pobre también se sitúa al final de la gradería.

En nuestro caso: "(...) Despues de las diez y seys Estatuas, que ocupando el primer cuerpo, combidavan à llorar con su exemplo, se levantaban en la mesma proporcion octagona, onze magestosas gradas, que mas conducian á la suprema elevacion del trono, que à la vil baxeza del sepulcro" (25). Se transforma al rey difunto en un triunfador, ha vencido a la muerte y es ya dueño del. descanso, de la paz; ha conseguido, en definitiva, su "alcázar" en la vida eterna gracias a las virtudes que durante su vida le acompañaron y que ahora continúan estando cerca de él coronándole: " (...) Cielo parecia la hermosa Cupula, que descansando sobre las ocho columnas, cubría dignamente la Magestad difunta, pues en el se veían, como en su alcazar elevadas las virtudes. Todas se hallarían sin duda, porque todas concurrieron á formar un Rey tan Santo, pero solo se distinguían ocho, como las mas principales, y que mas camparon en el real animo de Carlos (...)" (26).

Por guardar una relación numérica proporcional y por el factor espacio se representarán las "clásicas" virtudes: las tres teologales -Fe, Esperanza y Caridad- y las cuatro cardinales -Prudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza-, siendo un ramillete más que suficiente. Finalmente la estatua de la Victoria será el corofón que: "(...) voceava los eternos triunfos de el Real Animo, que consiguió con las armas de las virtudes" (27).

Tras un programa de lectura idéntica a la de las relaciones, el túmulo, es decir, la imagen nos ofrece la misma conclusión y el mismo mensaje de memoria e inmortalidad.


LA ESCRITURA Y LA IMAGEN EN EL TÚMULO

Al analizar las relaciones apuntábamos cómo surgía una, podríamos decir, obsesión por encontrar coincidencias que presentaban como excepcional un fenómeno natural: la muerte del rey. En un Soneto Acróstico (28), se explica el renacer eterno del rey tras su muerte, componiéndolo en base a las iniciales de la frase: "CARLOS REY JUSTO". En esta misma línea, la petición de que el rey permanezca en la memoria de sus súbditos catalanes es efectuada por Pablo Ignacio de Dalmasses y Ros (29) "jugando" con palabras que empiezan por la letra " C" -corazón, Cataluña, Carlos y constancia-: "(...) Indicio era de muerte labrar la letra C sobre los sepulcros, y esparcir flores sobre ellos senyal de que la memoria del Difunto no se olvidaría jamas, ya en tu Corazon, Cathalunya mía, ves gravada la memoria de Carlos con la letra C de tu Provincia, y con la misma letra de tu nombre:, esparce ahora sobre ellas flores en senyal de que ha de durar eternamente, y si se empiessa por C el nombre de tu Rey, y por C tu Ethomologia, y aun el Blazon que mas has apreciado que es la Constancia, no ay duda que mientras Cathalunya, constante logre un Constante Corazon ha de mantener en el la memoria de su gran Carlos".

El denominador común de los tres casos es que hay una voluntaria complicación que se autoexigen los autores a la hora de confeccionar estos textos y que requiere al mismo tiempo un mayor esfuerzo por parte del lector porque su comprensión es algo más complicada que la prosa habitual.

En los jeroglíficos domina todavía más el ingenio y la dificultad. Se requiere un esfuerzo intelectual para crearlos y para descifrar su lectura. Nos encontramos ante un tipo de "lenguaje" que podemos calificar de superior o al menos distinto al cotidiano. Los jeroglíficos construidos a partir de un artificio que conjuga la plástica con la escritura, se colocarán sobre la arquitectura efímera del túmulo porque, como indica Fernando Rodríguez de la Flor (30): "(...) el jeroglífico formará parte, la mayoría de las veces, de una ambientación funeraria -Exequias, Catafalcos, Pyras...- en la que se integra como una "decoración" prestigiada por sus raíces clásicas", y quizá también porque es un enigma a resolver como lo es la muerte. Su vinculación a una lengua presuntamente sagrada llevó a concebir este lenguaje como un código secreto cifrado por la divinidad (31).

Las poesías, los jeroglíficos y un tercer bloque de caligramas o poemas visuales son adheridos al túmulo pasando a formar parte consustancial de él, aunque en la versión grabada -suponemos que para no saturar la imagen- no aparecen.

El grabado recupera parcialmente -ofreciéndonos sólo la "más óptima" visión frontal- la traza del túmulo. Las poesías, poemas visuales y jeroglíficos cumplirían en él una función "decorativa", pero sobre todo comunicativa, confirmando, correo apunta Fernando Rodríguez de la Flor (32) un "(...) gusto hacia la teatralidad, hacia la pedagogía como una "puesta en escena" de los valores (...)" de las principales instituciones de aquella sociedad (33), siendo por ellas mismas recuperadas a través de las relaciones, y al hacerlo también su sentido se verá mutilado porque su papel fundamental sólo cobra una vida completa: "(...) dentro de un espacio arquitectónico -simbólico y sagrado- al que son reducidos. Desde esta óptica será posible abordar su verdadero -y efímero- sentido, muy alejado, por cierto, de ser mera letra impresa en libros formularios, como son los de las relaciones y descripciones de fiestas y certámenes del Barroco" (34).

La intención y la finalidad al desparramar poesías por aquella construcción efímera, de escribir sobre una escritura óptica que ocupa un espacio físico, es idéntica a la que les llevaba a intercalarlas en las descripciones en prosa, en las relaciones: "(...) y quando el Tumulo representava á Carlos muerto, la aclamava la Poesía, glorificado, é inmortal" (35), es decir, construir y transmitir el mensaje de memoria e inmortalidad del rey. Repetición, reiteración, esas son las constantes, valiéndose, eso sí, de lenguajes diferentes. Pero, en definitiva, se nos conduce por el mismo circuito argumental, de moda que por este nuevo camino poético vamos encontrando todos los temas que, gracias a las relaciones y al túmulo, ya nos son familiares: las reflexiones sobre la muerte y la inestabilidad de la vida humana, las poesías que remarcan las "coincidencias" que hacen la muerte del rey " excepcional" (36), las que se dedican a reseñar sus cualidades religiosas y su santa muerte, las que tratan del amor que Carlos II sintió por sus vasallos catalanes. Los epitafios latinos que se colocan en las manos de las estatuas que lloran tan gran pérdida, se pueden ver como la lógica consecuencia tras las argumentaciones anteriores; otras rastrearán la otra vía de causa-efecto posible y le situarán triunfalistamente gozando de la Gloria celestial; finalmente, se dedicarán algunas "canciones" a su recuerdo, a la inmortalidad que se ha ganado.

El túmulo es el soporte para la "exposición" de estas imágenes-palabras. El túmulo es un "templo-retrato" en el templo y en este "templo-retrato" encontramos esparcidos pequeños átomos de su propia imagen y de su mensaje. Las poesías, los jeroglíficos y los poemas visuales son variaciones, imitaciones melódicas de un mismo tema. Se nos presenta, pues, un microcosmos que ya nos es familiar. Ya hemos hablado de las poesías; en cuanto a los jeroglíficos, si clasificamos temáticamente el total de 23 que transcribe la relación de Joseph Rocaberti (37), vuelven a surgir los mismos: indican que se trata de la muerte de un rey pintando sus emblemas: armas reales, corona, cetro y la imagen de dos mundos; identifican al rey con el sol; tratan de las mismas "coincidencias" que colocan la etiqueta de excepcional en su muerte: una mano exprimiendo un corazón o un pelicano picoteándose el pecho nos remiten al resultado de su autopsia y a la interpretación antes apuntada; el non plus ultra ostentado por la muerte significará la victoria de ésta sobre la naturaleza humana del monarca, pero una nave en medio de una tempestad o un carro laureado elevarán al rey y le situarán en el cielo, etcétera.

De los caligrarnas, en cambio, sí podemos aportar su "imagen". En la obra de Joseph Rocaberti se reproducen 11 y en la de Joseph Amat de Planella 2, lo que nos permite realizar en esta ocasión una doble clasificación en base a su diseño y según su temática.

En cuanto al primer punto, podemos hablar en este caso de tres soluciones diferentes:

1. (Fig. n.° 4). A partir de una letra mayúscula central se organiza romboidalmente el esquema. La colocación de las mayúsculas y minúsculas en bloques o aisladas obliga al ojo a dibujar los rombos. Las palabras se repiten a derecha e izquierda siempre idénticas pero invertidas como si se reflejaran en un espejo. La composición crece hacia los cuatro lados hasta configurar un cuadrado o un rectángulo que se "rompe" en sus ángulos marcando cuatro fugas en diagonal.

2. (Fig. n.º 5). En esta segunda solución no es una letra sino una frase repetida dispuesta a modo de aspa atravesada verticalmente la que marcará el diseño. Estas tres líneas obligan a una no usual lectura vertical y diagonal, pero pronto el ojo volverá a la tradicional discrecionalidad horizontal de derecha a izquierda si desea leer el escaso texto " de relleno" de este "laberinto".

3. (Fig. n.°s 6, 7 y 8). En estos ejemplos se actúa rellenando con letras un contorno previamente fijado que dibujará sin líneas, como en los otros casos, formas que ahora evocan objetos "reales" -cruces, obelisco, piras y escudo-, escogidas obviamente porque remiten al tema que los ha motivado, es decir, respectivamente, a la religiosidad del difunto rey, a su funeral y a Barcelona, la ciudad que tanto amó y la que ahora exterioriza el dolor por su pérdida.

En cuanto al mensaje que proyecta su contenido -la palabra escrita sujeta y contorneada por el diseño- es el mismo que habíamos apuntado dirigían la prosa escrita -relaciones-, la palabra oral -el sermón-, las poesías y los jeroglíficos -ya sea en castellano, catalán o latín-, y la imagen efímera del túmulo. Se lee, se escucha y se ve la negación de la muerte del rey: su inmortalidad.


NOTAS

(1) Dalmases y Ros, Pablo Ignacio de, Lagrimas Perennes que motiva la inexorable Atropos en la muerte del mas Augusto Conde de Barcelona Don Carlos de Austria, Segundo deste nombre, Rey de las Españas y que pondera a todo el Fidelisimo y Muy Iltre principado de Cataluña, y con él al orbe todo, de orden de la Iltre Academia de los Desconfiados de la Ciudad de Barcelona Su mas Desconfiado Academico ... Mss. Loc.: I.M.H.B. Ms. B-4. Fol. 189.

(2) Rocaberti, Joseph: Oración Funebre en las Reales Exequias que la Excelentissima Ciudad de Barcelona dedicó a la S.C.R. Magestad de Don Carlos II de Austria, Rey de las Españas. Dixola... Loc.: I.M.H.B. B-1701-12 - (4), s/n.

(3) Amat de Planella y Despalau, Joseph, et. at.: Nenias Reales y lagrimas obsequiosas, que a la Immortal memoria del gran Caros Segundo Rey de las Españas, y Emperador de la America; en credito de su mas imponderable dolor, y desempeño de su Mayor Fineza, Dedica, y consagra la Academia de los Desconfiados de Barcelona, las saca en su nombre á la luz publica... Barcelona: Por Rafael Figueró Impressor, Año 1701. Loc.: I.M.H.B. B-1701-8.º (4), p. 30.

(4) D. Francisco de Miquel y Descallar, el enviado del Consell de Cent en la Corte de Madrid informará puntualmente por cartas de su evolución: ver Cartes Comunes Originals (8-1-1699/30-12-1700). Loc.: I.M.H.B. X-119; Fols. 130, 150, 154, 155, 157, 159, 160, 161, 164, 166-167 y 168-169 copia de 170-171.
Cumpliendo las deliberaciones del Consell de Cent se iniciarán en Barcelona las misas rogativas para conseguir por intercesión de los Santos y Patrones Tutelares de la Ciudad la salud del monarca: ver Registre de Deliberacions (30-11-1669/30-11-1700). Loc.: I.M.H.B. II-209; Fols. 235-236, 238-239 y 261; Dietari del Antich Consell Barceloní (6-11-1699/29-1701), Loc.: I.M.H.B. XXV-38, Fols. 44, 45-46, 47 y 48-49. Cuando se constata que éstas no son suficientes se adoptan otras medidas, sin abandonar las misas rogativas, comienzan las procesiones, la del cuerpo de San Oleguer, organizada por el Ilustre Capitol, ver: Dietari del Antich Consell Barceloní (6-11-1699/29.11-1701), Fols. 51 y 52; y otra de veinte doncellas que a pie debían ir a Montserrat, organizada por el Consell de Cent, ver: Registre de Deliberacions (30-11-1699/30-11-1700), Fol. 262.
Los gastos ocasionados por estas medidas piadosas son fácilmente deducibles consultando el Registre de Deliberacions (30-11-1599/30-11-1700) y (30-11-1700/30-11-1701). Loc.: I.M.H.B. II-210, Fols. 237 y 4, 26 y 29 respectivamente.

(5) Después de recibir la carta de la reina notificando la noticia de la muerte del rey, sus últimas disposiciones para el gobierno provisional y algunos artículos de su testamento: Cartes Reials, Any 1700. Loc.: I.M.H.B. IX-19. Série A, Anys 1690-1703. Fot. 9-10; se abre un capítulo de continuas notificaciones, pésames, contestaciones, etc. entre las distintas instituciones y personajes ilustres de aquella sociedad, ver: Dietari del Antich Consell Barceloní (6-11-1699/29-11-1701), Fols. 53-54; Registre de Deliberacions (30-11-1699/30-111700), Fols. 263, 272 y 289; Cartes Comunes Originals (8-1-1699/30-12-1700), Fols. 196198, 201, 207, 208, 209, 212 y 213; y Registre de Lletres i Provisions Reials (11-111698/28-3-1714). Loc.: I.M.H.B. VII-11, Fol. 17, ó Cartes Reials, Any 1701. Loc.: I.M.H.B. IX-19, Fot. 13. Al tiempo que comienzan los preparativos para la visita de pésame en la Casa de la Ciutat y para este acto la decoración del Salón del Consejo de Ciento. También preocupa la confección del adecuado vestuario de luto y el prefijar una correcta uniformidad y normativa al respecto, ver: Registre de Deliberacions (30-11-1699/30-111700), Fols. 273 s/n. n.o 2, 276, 284 286, 292, 297, s/n. n.º 1, s/n. n.º 2, 307 y 313, y Registre de Deliberacions (30-11-1700/30-I1 1701), Fol. 5. Como innovaciones en este caso concreto encontramos que se contravienen las insinuaciones de la normativa a seguir apuntada por la reina en su carta, y así no se aplicarán los lutos y exequias que modestamente, dada la incapacidad económica del momento (1696), honraron a Mariana de Austria, sino similares a las dedicadas a Felipe IV y a María Luisa, aunque a nivel de los lutos y para rebajar los gastos, ajustándose así de alguna manera a la orden real, se suministrara bayeta en lugar de paño. Los habilitadors, por otra parte, reclaman el derecho de que el Consell de Cent les pague la tela para la confección de los trajes de luto, lo que conducirá a largas sesiones y consultas legales, ver: Registre de Deliberacions (30-11-1699/30-11-1700), Fols. 300, s/n, 307, s/n., y Registre de Deliberacions (30-11700/30-11-1701), Fol. 3, y finalmente habrá una desorientación respecto al rápido abandono del luto por arte del Conde de Palma, Capitán General del Principado y la corte madrileña, lo que levará a una serie de consultas, ver: Registre de Deliberacions (30-111700/30-11-1701), Fols. 159 y 166, y Cartes Comunes Originals (1-1-1701/21-12-1702), Fol. 58.
Además de lo apuntado por medio de una " quatreta de dols" nombrada para solventar los aspectos organizativos, se concertará con el Ilustre Capitol la fecha para la ceremonia de Requiem, ver: Registre de Deliberacions (30-11-16990-11-1700), Fols. 272, 273, s/n. n.º 2, 284, 293, 297 y 313; se encargarán misas, en esta ocasión serán cuatro mil, por el alma del difunto rey a cuenta del Consell de Cent, ver: Registre de Deliberacions (30-111699/30-11-1700), Fols. 276, 281, 284 y 2512; nombrarán al predicador para el funeral, ver: Registre de Deliberacions (30-11-1699/.30-11-1700), Fol. 298; ordenarán y contratarán al predicador para el funeral, ver: Registre de Deliberacions (30-11-1699/30-I1-1700), Fol. 298; ordenarán y contratarán la construcción del túmulo para la Catedral, ver: Registre de Deliberacions (30-11-1699/30-11-1700), Fol. 313; y finalmente encargarán la impresión de la Relación y el grabado que, reproduciendo el túmulo, debiera acompañarla, ver: Registre de Deliberacions (30-I1-1699/36-11-1700), Fol. 317.

(6) Rocaberti, Joseph: Lagrimas Amantes de la Excelentissima ciudad de Barcelona, con que agradecida alas Reales finezas, y beneficios, demuestra su Amor, y su Dolor, en las Magnificas Exequias, que celebro á las Amadas, y Venerables memorias de su difunto Rey y Señor, Don CARLOS II (que de Dios goza) Siendo sus excelentissimos Concellers (..). Descrivelas de Orden de la Excelentissima Ciudad, el Padre... Barcelona, en la Imprenta de Juan Pablo Martí, por Francisco BarnoE Impressor. Año 1701. Loc.: I.M.H.B. B-1701-12.º(4), 272 pp.

(7) Amat de Planella y Despalau, Joseph, op. cit., pp. 22-23.

(8) Real Declamacion de la Mui Católica y Leal Monarquia De España En la Muerte De Su Gran Reí y Mui Amado Señor Don Carlos Segundo. Mss. Loc.: i.M.H.B. Ms. A-41, y Dalmases y Ros, Pablo Ignacio de., op. cit.

(9) Real Declamación..., op. cit.

(10) Amat de Planella y Despalau, Joseph, et. al., op. cit, p. 13.

(11) En la Funebre relacion del Real Entierro, que se hizo a la Magestad Católica de Nuestro Gran Monarca Carlos Segundo (que está en gloria) (Barcelona), R. Figueró, 1700, s/n. Loc.: I.M.H.B. B-1700-8 - (folleto); leemos: "(...) hallandose las entrañas, y pulmones estiomenados, ó cancerados, el coraçon muy pequeño, la una ala estava pegada en la carne de las costillas, y la otra estava muy delgada, y todas secas; el hígado todo amarillo, y una piedra del tamaño de una hava, desechas todas las fibras, sin q(ue) en él, ni en todo su Real Cuerpo tuviesse una gota de sangre, que aturdió á todos los medicos, y Cirujanos (...)".

(12) Ver: Cartes Reials. Série A 1690-1703. Loc.: I.M.H.B. IX-19. Las correspondientes a las fechas (11-7-1691 y 14-7-1691) no se encuentran y las de fechas (11-8-1697 y 12-81697) corresponden al Any 1697-Fot. 4-228-4-230 y 4-231-4-233 respectivamente. Una copia de las mismas se encuentra en Registre de Lietres i Provisions Reials (2-6-1678/29-8-1698). Loc.: I.M.H.B. VII-10, donde la carta de fecha 11-7-1691 sigue sin aparecer, siendo la localización de las tres restantes la siguiente: Fols. 96-97, 187-188 y 192 respectivamente.
Pero si retrocedemos en el tiempo, situándonos en los momentos conflictivos, observamos que los Consellers, al tiempo que dirigían sus peticiones al rey, mantenían una constante correspondencia con las Reinas solicitando incansables su intercesión, y este hecho pone de manifiesto un cierto temor, recelo o desconfianza en que el Rey por sí solo pusiera os medios para solucionar el problema de la defensa de Barcelona. Si bien se supera con creces el número de cartas del monarca, el número de las respuestas de ambas Reinas no es desestimable. Se han contabilizado 17 escritas por su madre Mariana de Austria correspondientes al período que va de 1690 a 1695, y 13 de su esposa María Ana de Neuburg correspondientes al período de 1691 a 1697.

(13) Rocaberti, Joseph, op. cit., p. 65.

(14) Ibídem, pp. 64-65.

(15) Real Declamacion..., op. cit., Fol. 78.

(16) Registre de Deliberacions (30-I1-16519/30-11-1700), Fol. 298.

(17) Ibídem, Fol. 313 y Registre de Delileracions (30-I1-1700/30-11-1701), Fols. 27-28. Excluimos de este total el alquiler de las bayetas que ascendería a 1.100 Libras según la orden de pago del 29 de noviembre de 1700, Fol. 312.

(18) Carta de los Consellers de la Ciudad de Barcelona a la Reina, reproducida por Rocaberti, Joseph, op. cit., pp. 40-42.

(19) Ibidem, p. 69.

(20) Bottineau, Yves, Architecture éphémere et baroque espagnol, en Gazette des Beaux-Arts, Avril (1968), p. 224.

(21) Rocaberti, Joseph, op. cit., p. 73.

(22) Ibídem, pp. 17-19.

(23) Ibídem, pp. 75-76.

(24) Amat de Planella y Despalau, Joseph, et. al., op. cit., p. 23.

(25) Rocaberti, Joseph, op. cit., p. 85.

(26) Ibídem, p. 87.

(27) Ibídem, p. 87.

(28) Amat de Planella y Despalau, Joseph, et. al., op. cit., pp. 9-10.

(29) Dalmasses y Ros, Pablo Ignacio, op. c it., Fol. 195.

(30) Rodríguez de la Flor, Fernando, "El jeroglífico y su función de la arquitectura efímera barroca (a propósito de treinta y tres jeroglíficos de Alonso de Ledesma, para las fiestas de beatificación de san Ignacio en el Colegio de la Compañía de Jesús en Salamanca, 1610). Boletín del Museo e Instituto Camón Aznar. VIII (1982), p. 99.

(31) Palomino, Antonio, Museo... 1, 2, 3. Según Rodríguez de la Flor, Fernando, op. cit., p. 87.

(32) Rodríguez de la Flor, Fernando, op,. cit., p. 92.

(33) Encargadas por el Consell de Cent, colaboraron en su confección la Academia de los Desconfiados y el Imperial Colegio de Cordelles.

(34) Rodríguez de la Flor, Fernando, op. cit., p. 90.

(35) Rocaberti, Joseph., op. cit., p. 95.

(36) Ahora, al listado antes apuntado, se añaden dos nuevas coincidencias "asombrosas": "Al aver muerto el leon del Retiro quando eslava su Magestad en el mayor peligro (...)", y "Celebrò la Excelentissima Ciudad de Barcelona las Reales Exequias día 29 de Noviembre, en que concluian su acertado Govierno los Excelentissimos Señores Concelleres (...)", en Rocaberti, Joseph, op. cit., pp. 172-173 y 252-253 respectivamente.

(37) El autor sustituye la original imagen pintada por una descripción escrita de la misma.