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La pintura de René Magritte ha
recibido numerosos y diversos adjetivos, tales como realismo mágico,
azar objetivo, surrealismo realista, etc., para definir de forma más
o menos acertada la particular visión que este pintor tiene del
espacio y de la realidad. Aunque su obra se enmarca de pleno dentro
del surrealismo, se puede decir que no forma parte, de una manera estricta,
de la denominada "escuela surrealista" como tal, sino que,
más bien, influye de forma decisiva en ella desde una posición
externa, pues tiene una peculiar forma de entender el arte, una actitud
diferente ante la obra y porque su campo de actuación es la surrealidad,
al unir dos tendencias bien distintas y contrapuestas: el Simbolismo
y el Realismo, que dará como resultado un surrealismo especial
y distinto. A lo largo de sus obras hay numerosos
elementos comunes que nos transmiten la forma que tenía Magritte
de "ver" la realidad. Se observa claramente que los objetos
pintados en sus cuadros no tienen importancia por sí mismos,
sino que es su relación con otros objetos lo que les da una especial
significación. Cada objeto es fácilmente identificable
individualmente porque está pintado fiel a la realidad y ocupa.
un espacio dentro del cuadro. Pero si este objeto lo consideramos, no
según la interpretación de la realidad, sino tal y como
está en el cuadro, el concepto sobre ese objeto pierde su significado
real en el espectador y adquiere otra "realidad" diferente
(1). Magritte no aspira a crear la ilusión
de la realidad natural (2), por eso no es un pintor realista, y aunque
los objetos se representan tal y como los vemos en la realidad, no les
da un acabado perfecto, sino que los pinta de forma genérica
para que sean fácilmente identificables (3). Tampoco usa la perspectiva,
los volúmenes, sino que el espacio en el que se mueven
los objetos es indefinido, irreal. Así, aunque más que
un pintor surrealista parece un pintor realista, no lo es porque sus
pinturas carecen de realidad (4). Esto se aprecia tanto en sus obras
como en sus escritos cuando dice: "La imagen pintada significaba
un sentimiento muy vivo de una existencia abstracta (...), terminé
por encontrar en la apariencia del propio mundo real la misma abstracción
que en los cuadros, ya que a pesar de las complicadas combinaciones
de detalles y matices de un paisaje real, yo podía verlo como
si se tratara tan sólo de una cortina colocada ante mis ojos.
Perdí toda seguridad sobre la profundidad de los paisajes, estaba
poco convencido de la lejanía del ligero azul del horizonte,
puesto que la experiencia inmediata lo colocaba ante mis ojos". A veces sus obras son como fotografías de estudio,
que dejan entrever una especie de azar objetivo, a base de reproducir
las incongruencias de un mundo descompuesto y recompuesto que no tiene
nada que ver con la realidad, sino con la irracionalidad, con la alucinación,
a modo de una copia realista del mundo onírico. Para conseguir todo esto, utiliza diferentes métodos
como el escándalo y la revolución, a través de
la mezcla de lo extraño, lo erótico, lo ordinario, lo
macabro entre otros recursos. El método que utiliza para lograr la representación
objetiva de los objetos es el de disponer un determinado elemento pintoresco,
real y fácilmente reconocible, en un ambiente inadecuado y equívoco,
alternado el orden de las cosas, a base de crear un halo de misterio
(5), con imágenes invisibles que pueden presentarse ante nosotros
en determinados momentos, pues están presentes en nuestra mente
despierta y pueden surgir tanto con los ojos abiertos como con ellos
cerrados. Su obra "El falso espejo" (6) es toda una
síntesis iconográfica del significado de su obra. En ella
Magritte pinta un ojo en primer plano, de tal manera que todo el cuadro
es un gran ojo; pero éste, a su vez, es un falso espejo que contempla
y refleja las blancas nubes y un imaginario cielo azul. La representación simbólica de un ojo,
a través del cual se pretende ver más allá, ha
tenido una gran importancia en muchas culturas a lo largo de la historia.
Ya incluso en el antiguo Egipto era símbolo representativo del
dios y formaba parte de los símbolos de la escritura jeroglífica,
encontrándose un asombroso paralelismo entre ésta y la
disposición iconográfica de Magritte en el, sentido de
que en ambos casos son objetos reales, no representados realistamente
sino en un espacio plano, sin perspectiva y cuya disposición
consecutiva no guarda relación con la realidad. Este simbolismo pasará al Cristianismo, de tal
manera que constituye un modelo iconográfico identificado con
la representación de Dios. También en el surrealismo el ojo será
un modelo iconográfico muy repetido y utilizado, no sólo
por Magritte, sino también por otros artistas como Dalí
(7), Miró (8), M. Ernst (9), A. Masson (10), etc., a modo de
recurso conceptual que servirá de nexo de unión con la
realidad. En la representación de un ojo, como en "El
falso espejo", se pueden establecer múltiples consideraciones
por la gran simbología que encierra (11). Se puede decir que
es una manifestación de fe al seguir el modelo iconográfico
que la religión cristiana le ha dado; pero, por otra parte, si
consideramos esta tipología iconográfica como real, vemos
que este ojo no es real, sino que a la vez es un espejo o una ventana
falso y no real, a través de la cual vemos una parte de la realidad:
el cielo azul con nubes. De esta forma, el ojo sería como una
puerta que separara el mundo real del irreal, la vida de la muerte,
la vigilia del sueño, siempre situando al espectador en el mundo
de lo misterioso, de lo desconocido, como si fuera nuestro ojo el que
mira y a través del cual vemos el cielo (12); pero a la vez y
como en un juego óptico, este ojo clava su mirada en el espectador,
y éste puede recibir esta mirada según sus estados de
ánimo, con lo que puede resultar inquietante, turbador, paranoico
e incluso ofensivo. En este ojo todo está en un único plano,
no hay perspectiva ni profundidad. Se unen el ojo y el cielo azul dentro
del ojo en un todo único a modo de una ventana abierta hacia
la realidad, la libertad, la esperanza e incluso la fe en el más
allá. El ojo es un objeto, una imagen, pero también es una idea, y su relación con el espectador dará lugar a sensaciones insospechadas. Miramos al ojo y vemos a través de ese ojo, mientras que el ojo a su vez nos mira a nosotros; mediante el uso de la imagen doble vemos el mundo según la representación que del mundo tenemos cada uno de nosotros y, a su vez, sentimos que esa representación se vuelve hacia nosotros y nos mira, al igual que un espejo cuando nos miramos, lo que produce inquietud y confusión al transgredirse las normas reales del espacio e intercambiarse las imágenes.
NOTAS (1) Esta visión de la realidad Magritte nos la hace ver claramente con su cuadro "Esto no es una pipa". (2)Dice Magritte: "Introduje en mis cuadros elementos con todos los detalles que nos muestran en la realidad y vi enseguida que estos elementos así representados ponían directamente en tela de juicio a sus correlativos en el mundo real". (3) En sus escritos Magritte habla de que "Los objetos tenían que revelar de manera elocuente su existencia y busqué los medias de que se valían para ello". (4) Para Magritte, "el mundo no tenía la más mínima profundidad". Concepto espacial que recoge de De Chirico. (5) Para Magritte el presente era un misterio absoluto. (6) R. Magritte, "El falso espejo", 1928, óleo sobre lienzo, 54 X 81, M.O.M.A., N. York. (7) Por ejemplo, en obras como "El enigma sin fin", 1938; "Bocetos", 1930, ó los ojos pintados para el decorado de la película "Spellbound" (Recuerda), de Hitchcock. (8) Por ejemplo, "La poetisa", 1940; "El carnaval de Arlequín", 1924; "Constelaciones", 1939, etc. (9) Ver "Dos figuras ambiguas", 1919, etc. (10) Ver "El laberinto", 1938, etc. (11) Otra de ellas se puede establecer a partir de la idea de falso espejo, es decir, de un espejo que no es tal porque no refleja de un modo fiel la realidad y sobre esto se pueden establecer relaciones con obras corno "El matrimoni Arnolfini" de Van Eyck o la "Venus del espejo" de Velázquez, entre otros, donde también se establece un juego óptico irreal. (12) Como se ha mencionado más arriba, Magritte dice: "(...) yo podía ver el paisaje como si se tratara de una cortina colocada ante mis ojos (...), ligero azul del horizonte (...), que la experiencia inmediata colocaba ante mis ojos". ILUSTRACIONES LÁMINA 1 - LÁMINA 2 - LÁMINA 3
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