CUADERNOS DE ARTE E ICONOGRAFIA / Tomo IV - 8. 1991
 

 

R. MAGRITTE: ESPACIO Y REALISMO DE LA IMAGEN. "EL FALSO ESPEJO"

María José Carrasco Campuzano

La pintura de René Magritte ha recibido numerosos y diversos adjetivos, tales como realismo mágico, azar objetivo, surrealismo realista, etc., para definir de forma más o menos acertada la particular visión que este pintor tiene del espacio y de la realidad.

Aunque su obra se enmarca de pleno dentro del surrealismo, se puede decir que no forma parte, de una manera estricta, de la denominada "escuela surrealista" como tal, sino que, más bien, influye de forma decisiva en ella desde una posición externa, pues tiene una peculiar forma de entender el arte, una actitud diferente ante la obra y porque su campo de actuación es la surrealidad, al unir dos tendencias bien distintas y contrapuestas: el Simbolismo y el Realismo, que dará como resultado un surrealismo especial y distinto.

A lo largo de sus obras hay numerosos elementos comunes que nos transmiten la forma que tenía Magritte de "ver" la realidad. Se observa claramente que los objetos pintados en sus cuadros no tienen importancia por sí mismos, sino que es su relación con otros objetos lo que les da una especial significación.

Cada objeto es fácilmente identificable individualmente porque está pintado fiel a la realidad y ocupa. un espacio dentro del cuadro. Pero si este objeto lo consideramos, no según la interpretación de la realidad, sino tal y como está en el cuadro, el concepto sobre ese objeto pierde su significado real en el espectador y adquiere otra "realidad" diferente (1).

Magritte no aspira a crear la ilusión de la realidad natural (2), por eso no es un pintor realista, y aunque los objetos se representan tal y como los vemos en la realidad, no les da un acabado perfecto, sino que los pinta de forma genérica para que sean fácilmente identificables (3). Tampoco usa la perspectiva, los volúmenes, sino que el espacio en el que se mueven los objetos es indefinido, irreal. Así, aunque más que un pintor surrealista parece un pintor realista, no lo es porque sus pinturas carecen de realidad (4). Esto se aprecia tanto en sus obras como en sus escritos cuando dice: "La imagen pintada significaba un sentimiento muy vivo de una existencia abstracta (...), terminé por encontrar en la apariencia del propio mundo real la misma abstracción que en los cuadros, ya que a pesar de las complicadas combinaciones de detalles y matices de un paisaje real, yo podía verlo como si se tratara tan sólo de una cortina colocada ante mis ojos. Perdí toda seguridad sobre la profundidad de los paisajes, estaba poco convencido de la lejanía del ligero azul del horizonte, puesto que la experiencia inmediata lo colocaba ante mis ojos".

A veces sus obras son como fotografías de estudio, que dejan entrever una especie de azar objetivo, a base de reproducir las incongruencias de un mundo descompuesto y recompuesto que no tiene nada que ver con la realidad, sino con la irracionalidad, con la alucinación, a modo de una copia realista del mundo onírico.

Para conseguir todo esto, utiliza diferentes métodos como el escándalo y la revolución, a través de la mezcla de lo extraño, lo erótico, lo ordinario, lo macabro entre otros recursos.

El método que utiliza para lograr la representación objetiva de los objetos es el de disponer un determinado elemento pintoresco, real y fácilmente reconocible, en un ambiente inadecuado y equívoco, alternado el orden de las cosas, a base de crear un halo de misterio (5), con imágenes invisibles que pueden presentarse ante nosotros en determinados momentos, pues están presentes en nuestra mente despierta y pueden surgir tanto con los ojos abiertos como con ellos cerrados.

Su obra "El falso espejo" (6) es toda una síntesis iconográfica del significado de su obra. En ella Magritte pinta un ojo en primer plano, de tal manera que todo el cuadro es un gran ojo; pero éste, a su vez, es un falso espejo que contempla y refleja las blancas nubes y un imaginario cielo azul.
A simple vista, es una imagen real y posible, pues el iris del ojo refleja imágenes del mundo real; sin embargo, es el tratamiento del espacio y su visión de la realidad plasmada en este ojo, lo que le hace ser tan enigmático.

La representación simbólica de un ojo, a través del cual se pretende ver más allá, ha tenido una gran importancia en muchas culturas a lo largo de la historia. Ya incluso en el antiguo Egipto era símbolo representativo del dios y formaba parte de los símbolos de la escritura jeroglífica, encontrándose un asombroso paralelismo entre ésta y la disposición iconográfica de Magritte en el, sentido de que en ambos casos son objetos reales, no representados realistamente sino en un espacio plano, sin perspectiva y cuya disposición consecutiva no guarda relación con la realidad.

Este simbolismo pasará al Cristianismo, de tal manera que constituye un modelo iconográfico identificado con la representación de Dios.

También en el surrealismo el ojo será un modelo iconográfico muy repetido y utilizado, no sólo por Magritte, sino también por otros artistas como Dalí (7), Miró (8), M. Ernst (9), A. Masson (10), etc., a modo de recurso conceptual que servirá de nexo de unión con la realidad.

En la representación de un ojo, como en "El falso espejo", se pueden establecer múltiples consideraciones por la gran simbología que encierra (11). Se puede decir que es una manifestación de fe al seguir el modelo iconográfico que la religión cristiana le ha dado; pero, por otra parte, si consideramos esta tipología iconográfica como real, vemos que este ojo no es real, sino que a la vez es un espejo o una ventana falso y no real, a través de la cual vemos una parte de la realidad: el cielo azul con nubes. De esta forma, el ojo sería como una puerta que separara el mundo real del irreal, la vida de la muerte, la vigilia del sueño, siempre situando al espectador en el mundo de lo misterioso, de lo desconocido, como si fuera nuestro ojo el que mira y a través del cual vemos el cielo (12); pero a la vez y como en un juego óptico, este ojo clava su mirada en el espectador, y éste puede recibir esta mirada según sus estados de ánimo, con lo que puede resultar inquietante, turbador, paranoico e incluso ofensivo.

En este ojo todo está en un único plano, no hay perspectiva ni profundidad. Se unen el ojo y el cielo azul dentro del ojo en un todo único a modo de una ventana abierta hacia la realidad, la libertad, la esperanza e incluso la fe en el más allá.

El ojo es un objeto, una imagen, pero también es una idea, y su relación con el espectador dará lugar a sensaciones insospechadas. Miramos al ojo y vemos a través de ese ojo, mientras que el ojo a su vez nos mira a nosotros; mediante el uso de la imagen doble vemos el mundo según la representación que del mundo tenemos cada uno de nosotros y, a su vez, sentimos que esa representación se vuelve hacia nosotros y nos mira, al igual que un espejo cuando nos miramos, lo que produce inquietud y confusión al transgredirse las normas reales del espacio e intercambiarse las imágenes.

 

NOTAS

(1) Esta visión de la realidad Magritte nos la hace ver claramente con su cuadro "Esto no es una pipa".

(2)Dice Magritte: "Introduje en mis cuadros elementos con todos los detalles que nos muestran en la realidad y vi enseguida que estos elementos así representados ponían directamente en tela de juicio a sus correlativos en el mundo real".

(3) En sus escritos Magritte habla de que "Los objetos tenían que revelar de manera elocuente su existencia y busqué los medias de que se valían para ello".

(4) Para Magritte, "el mundo no tenía la más mínima profundidad". Concepto espacial que recoge de De Chirico.

(5) Para Magritte el presente era un misterio absoluto.

(6) R. Magritte, "El falso espejo", 1928, óleo sobre lienzo, 54 X 81, M.O.M.A., N. York.

(7) Por ejemplo, en obras como "El enigma sin fin", 1938; "Bocetos", 1930, ó los ojos pintados para el decorado de la película "Spellbound" (Recuerda), de Hitchcock.

(8) Por ejemplo, "La poetisa", 1940; "El carnaval de Arlequín", 1924; "Constelaciones", 1939, etc.

(9) Ver "Dos figuras ambiguas", 1919, etc.

(10) Ver "El laberinto", 1938, etc.

(11) Otra de ellas se puede establecer a partir de la idea de falso espejo, es decir, de un espejo que no es tal porque no refleja de un modo fiel la realidad y sobre esto se pueden establecer relaciones con obras corno "El matrimoni Arnolfini" de Van Eyck o la "Venus del espejo" de Velázquez, entre otros, donde también se establece un juego óptico irreal.

(12) Como se ha mencionado más arriba, Magritte dice: "(...) yo podía ver el paisaje como si se tratara de una cortina colocada ante mis ojos (...), ligero azul del horizonte (...), que la experiencia inmediata colocaba ante mis ojos".


ILUSTRACIONES

LÁMINA 1 - LÁMINA 2 - LÁMINA 3