CUADERNOS DE ARTE E ICONOGRAFIA / Tomo IV - 8. 1991
 

 

LA IMAGEN DEL ARTE EN PUBLICIDAD: LA APROPIACIÓN DEL "AURA"

Aurora Fernández Polanco

"It is a mistake to think of publicity supplanting the
visual art of post-Renaissance Europe; it is the last
moribund form of that art".

J. BERGER

Creo que si la Historia del Arte se ocupa de la Publicidad es porque tiene en la imagen su objeto de trabajo y porque una vez aceptada "la muerte del arte", abolido el "mito del único" y entonados los cantos correspondientes en el funeral del "aura", ya sólo queda (al margen de los circuitos comerciales de los canales de producción-mercado por los que transita el "arte") los productos "reproducidos", los hijos de los media, las imágenes que nacen del auge de la cultura industrial. Graffiti, fotografía, cine, televisión, comic, publicidad, forman parte de la iconosfera de la cultura visual contemporánea.

R. Gubern, en su Mirada crítica a la iconosfera contemporánea, trata, entre otros, los problemas derivados de la hiperabundancia de imágenes que han adquirido, además, "el valor de fetiches culturales y de mercancías". La conclusión es que " en esta explosión de las industrias de la imagen se detecta sin dificultad una creciente adicción del público a una civilización icónica supranacional, pero modelada sobre todo con criterios estéticos e ideológicos de acuñación norteamericana, que van desde el ámbito de la publicidad a las fabulaciones narrativas audiovisuales" (1).

No en vano dijo Robert Barry allá por los años sesenta: "El mundo está lleno de objetos más o menos interesantes y no pretendo añadir ni uno más". Para doblegar la altivez de la "alta cultura" y "cantarle las cuarenta a la pintura", no es necesario organizar ningún tipo de arte alternativo, con tener una mirada TRANSIGENTE es suficiente; basta con dejarnos empapar por los cientos de imágenes que nos rodean, nos acechan, nos vigilan, ese "diseño implicado" o "arte de lo cotidiano" (2). La Publicidad, al utilizar todo tipo de códigos -muchos de los cuales pertenecen a los "Media"- queda adscrita por derecho propio a esta iconosfera. Es la gran "tenia" que se alimenta de los lenguajes ya conocidos, ya utilizados, convencionales, codificados de antemano. Es necesario entonces cuantificar el grado de contaminación, de "transfusiones", como diría Estrella de Diego ("... son transfusiones cada vez más mutuas, de procedencia menos clara, algo que casi parece una apropiación de símbolos comunes o por lo menos compartidos" ("Hartos de arte" en Lápiz n.º 66, III-1990). Se puede hablar de un "código de códigos". Habrá que hacer, por tanto, "una lectura más analítica que realice cierta descomposición del mensaje en sus elementos y detecte el monto de valores presentes en cada una de las capas (...) recontextualizar las piezas, lograr que se vea lo que no se vio en su momento, captar con la conciencia aquella capa del mensaje que, en su registro convencional, obró subliminalmente. El gusto contemporáneo por el metalenguaje podrá obrar como aliado de tal operación" (3).

En Publicidad existe una coexistencia de lenguajes, un acoplamiento no siempre inconsciente, una acumulación idiomática. A veces los préstamos son textuales pero otras, más que citas concretas, más que correspondencias exactas, de lo que se trata es de hacer provocar coincidencias "en el plano de los conjuntos de signos utilizados" (4). Cuando los préstamos no son textuales se producen mensajes similares por una determinada utilización de actitudes, uso del color, tratamiento de la imagen, etc. Así, tenemos la ocasión, al hacer este tipo de lectura, de aplicar todo un sistema de referencias muy del gusto del historiador del arte, sistema que nos obliga a indagar en nuestra memoria y extraer los rasgos distintivos tanto sintácticos como semánticos que vamos recogiendo de nuestro "mnemoarchivo particular". ¿Es instinto, deformación o quizá exceso de celo el hecho de ir descubriendo sistemáticamente determinados "estilemas", "grafemas" o "iconemas" que pueblan las frases visuales y que nos son enormemente familiares?

Al analizar el anuncio publicitario, ya he señalado en otra ocasión (5) que el "exceso de celo" profesional inclina a proponerse un método muy similar al que se realizaría frente a "La muerte de Sardanápalo" : luz, composición, líneas de fuerza, gestualidad, sistema de los objetos... Inconscientemente jugamos y decimos: lo que podia ser un GPG (gran plano general) equivaldría a "Los Desposorios de la Virgen" de Rafael, mientras que un PG (plano general) muy bien puede ser algún Rubens que muestre la acción, los objetos, los personajes, pero limite la presencia del entorno. Un picado clarísimo: la toilette de Degás. Y seguimos jugando saltando de código en código. Vemos formas de iluminación y movimientos de cámara que nos llevan de Kubrick a " Nueve semanas y media". El bicromatismo, tan en auge en los últimos años, que de hecho funciona como el color de la postmodernidad (Armani, Adolfo Domínguez, de "Interview" de Warhol a "La Luna" de Madrid...) casi la mitad de los "clips" musicales utilizan bitonos, el blanco y el negro. A veces se distorsiona el color y se introducen quemados y saturados. Nos situamos últimamente entre la monotonía cromática de Manhattan (siempre mantenemos con el blanco y negro una relación sentimental...) y el virado a azul de Blade Runner, que se dice que introdujo en publicidad los tonos azulados. La vanguardia parece que está subrayada por fotogramas de grano gordo..., etc.

Son muchos los casos en los que conscientemente la publicidad acude al arte para pedirle prestado su "aura" y así "dignificarse y dignificar" y contagiar su dignidad al producto y al consumidor asegurarle su status. ¿Cuál es el Museo imaginario de los publicistas? ¿Qué nombres manejan más? Venimos viendo que en la imagen publicitaria existen toda una serie de códigos iconológicos identificables en el momento que nuestra percepción descubre que provienen de otros lenguajes. Pero, sobre todo, los publicistas se han caracterizado siempre por "devorar" los recursos plásticos de las vanguardias artísticas. Buscan continuamente nuevas formas expresivas porque la vigencia de la expresión plástica es mínima, la obsolescencia del lenguaje es algo con lo que se cuenta desde el principio.

¿Qué tipo de "formas" artísticas fagocita la publicidad? Apropiarse de imágenes de Rembrandt, de Velázquez o de Rafael es lo más recurrente aunque, en los últimos años, la presencia de Warhol, o "lo warholiano", es cada vez más evidente. Pero a su vez se da un tipo de relación a la inversa. Sabemos que el mensaje publicitario, que es contundente y llega al receptor de manera clara y precisa, impresionó a buena parte del siglo XX. Y aquí tenemos, por tanto, esa inquietante relación, esa extraña pareja (6).

Permítaseme cuantificar, numerar, nombrar: no me interesa tanto el que Ramón Casas hiciera el anuncio de Anís del Mono cuanto que Juan Gris utilizara la etiqueta para uno de sus "collages", por no nombrar otros bodegones (etiquetas, envases, logotipos) como los que realizan Torres García, Schwitters, Braque... Me interesan todos los símbolos, los signos de la sociedad de consumo compartiendo habitación en "la casa de hoy" hamiltoniana. ¿No pasan tanto él como Warhol, Lichtenstein, Wesselmann...?, no pasan, digo, del " yo-existencial" de los expresionistas abstractos al "constatar" de Courbet: "... decidme donde hay musas y las pintaré", yo sólo veo envases, latas de conservas, mujeres fuertemente sexuadas, carátulas de discos, carteles de comerciales, automóviles, imágenes tópicas y típicas de aquella sociedad de consumo. Me interesa lo que se hace a finales de los 70 "cuando se toma conciencia de la utilización de la fotografía y de la tv como herramientas decisivas para la deconstrucción del aparato comunicativo de masas", me interesa la estética de la repetición, la deconstrucción del mundo cotidiano, los objetos parlantes (y aquí la deuda de los neo-conceptuales con los surrealistas). Me interesa cómo critica el arte conceptual a los medios pero cómo se apropia al mismo tiempo de la tecnología (7). No me interesan tanto "los Miró" cuanto las paráfrasis mironianas, las resonancias mironianas que legitiman, que posibilitan operaciones de imagen. Dentro de una estrategia redundante y legitimadora, se populariza, se banaliza, se desemantizan los colores de Miró y se celebra así una especie de ceremonia de la confusión (8).

Es fundamental el entorno en el que vive el artista, entorno intenso, energía mediática que se vive ácidamente. Todo está desacralizado en pintura desde el Pop y en cierto modo parte de la estética desenfadada "post-pop" proviene de la imagen publicitaria. Así ese estilo aplanado, muy plano, sin perspectiva, mecánico; esos colores simplificados, banales, chillones o agresivos. Hay un punto donde confluyen significantes de cuadros de alta cultura con imágenes publicitarias, graffiti y elementos del comic..

No hay que esforzarse mucho para comprobar cómo de manera desatada buena parte de la información gráfica (becas, moda de España, alimentos de España, cursos de idiomas...) viene garantizada por "pigmentos y látex", toque de picel o brochazo, cromatismo de delicados tonos, pincelada suelta, placentera pero sin gestualidad, rastro de pincel que más parece anunciar la presencia matérica de la pintura que ningún otro tipo de intencionalidad. Sólo la curva modernista, incesante y abusiva, llegó a ser tan latosa.

Para las técnicas de apropiación o simulación el objeto cotidiano, el objeto -sujeto de publicidad- es el más apropiado (por cierto, nunca mejor dicho). Objetos reutilizados, resemantizados por el pintor después de haberlos "encontrado", objetos cotidianos que se vuelven objetos de culto (una vez que ha pasado por el sello personal del artista el objeto glorificado sube a las alturas y con un poco de suerte llega a la torre de Saatchi).

El objeto en publicidad es importantísimo. Pensemos que ya de por sí el producto es un objeto que además aparece arropado por valores añadidos, valores que le son proporcionados por otros objetos. Según Peninou, "el valor de los objetos deviene semiótico. Por esto, vía la publicidad, es portador de un valor que ya no está ligado el simple uso, de manera que el objeto entra en el reino del signo al ser exponente de status social, de un rasgo de la personalidad o de un estilo de vida (...) tosco, borroso y real, el universo de las cosas hubiera podido seguir siendo lo que siempre fue; ausente durante toda la época clásica en la que el sentido se refugiaba en lo espiritual (no hay objetos en la princesa de Clèves, apenas una cinta juega el papel de índice, pero no de signo) opaco durante la época romántica (sin embargo, empieza a poblar los interiores novelescos como el mobiliario en Balzac), emergente a la significación durante la época realista (el cuchillo de monte de Charles Bovary indica a Emma la rusticidad de su marido y lo denigra a ojos de su mujer), se le prohibía todo valor significante (Robbe-Grillet), el objeto apenas si acredita. sus pretensiones al sentido. En la publicidad, en cambio, esas pretensiones estallan sin complejos" (9).

De ahí pienso la obsesión por Magritte. Como dice Georges Roque en su texto (10): "les murs, les afiches, la tv, les couvertures des revues et des livres, les pochettes des disques "font du Magritte"".

Una ironía del destino -se sabe que Magritte detestaba la publicidad, aunque de hecho trabajara para ella en bastantes ocasiones- hace que sea uno de los más, ¿cómo decirlo?, ¿imitados?, más bien manipulados. Los publicistas desvirtúan sus imágenes, imágenes que son impactantes y, por ser realistas, persuasivas. Su idioma, su vocabulario, en definitiva, es fácil. El objeta de la iconografía magrittiana es claro, reconocible, quizá no nos explique nada pero al menos no pasa desapercibido (¡y esto es vital para la publicidad!), es cotidiano; en él consentimos y no disentimos (como en todo objeto realista), son imágenes claras y evidentes. Claro que son objetos extraídos de su contexto habitual y están sujetos a múltiples interpretaciones. Son imágenes indeterminadas que nos inquietan por no saber qué clase de relaciones se establecen entre ellas, con quién, porqué así; su ambigüedad nos desazona aunque nos hace prestar una momentánea pero intensísima atención. Los publicistas añaden con el texto los significados (justamente la intención de Magritte era la contraria: despistar más con los textos...), él desemantizaba los objetos y los publicistas los resemantizan.

Y en este sentido podríamos perfectamente aplicar a la imagen publicitaria el pensamiento de O. Wilde: "Toda obra de arte es simultáneamente apariencia y metáfora".

 

NOTAS

(1) Gubern, R., La mirada opulenta. Barcelona, 1989, pp. 404-405.

(2) Cito de G. Pérez Villalta. también lo llama "un arte diluido en la vida". AA.VV., El arte visto por los artistas. Madrid, 1987, p. 1.34.

(3) Chaves, N., "Exponer lo expuesto, mirar lo ya mirado". Catálogo Publicidad española de los 80. Madrid, 1986, p. 15.

(4) Estos conceptos los maneja Berger en su libro Modos de ver. Barcelona, 1977.

(5) Fernández Polanco, A., y Sáenz de Miera, J., La imagen publicitaria como imagen polisémica. Vitoria, 1990. Comunicación al Congreso "La literatura en las artes".

(6) Véase mi artículo: "Arte, Publicidad: esa extraña pareja" en Lápiz, n.º 77, abril 1991.

(7) Por cierto, hay un anuncio de la TV Philips K-1000 que aparece en un claro "espacio de arte" rodeado de una serie de objetos entre los que no sería nada extraño encontrarse alguna "Diagonal" de Dan Flavin o en las paredes "objetos del saber científico", curvas matemáticas por ejemplo de Bernar Venet... Con lo que no intento otra cosa que poner de manifiesto la importancia de las nuevas tecnologías aplicadas al diseño, a la TV, a la publicidad, y cómo son evidentes los nuevos lenguajes que posibilitan las nuevas tecnologías.

(8) El caso de Mondrian también está siendo exhaustivo hoy en día. La campaña de la Ford llegaba a jugar con el propio concepto del espacio. Así, el Ford Orion, entre imágenes de Mondrian, aseguraba "La conquista del espacio".

(9) Peninou, G., Semiótica de la publicidad. Barcelona, 1976, p. 154.

(10) Roque, G., Ceci n'est pas un Magritte (Essai sur Magritte et la Publicité), Paris, 1983.


ILUSTRACIONES

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