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La Quinta Guadalupe de Colombres (Asturias),
uno de los más llamativos palacetes indianos de la cornisa cantábrica,
fue construida en 1906 por encargo de Iñigo Noriega, un famoso
emigrante a México que había salido de su pequeño
pueblo natal a los 15 años y se convirtió en uno de los
grandes de los negocios y la política de la etapa Porfiriana. No vamos a ocuparnos ahora de este edificio,
que es una muestra de envergadura del eclecticismo del momento, puesto
que hemos tenido ocasión de ocuparnos de él en otras ocasiones
(1), solamente llamar la atención sobre su reciente restauración,
que incluye la polémica por cuanto ha permitido intervenciones
discutibles en cuanto a los nuevos colores con que se ha pintado el
edificio, muy distantes de los originales y donde predominan los azules
ultramar y el azul pálido como símbolos asimismo del viaje
marino y del Principado de Asturias. Sin embargo, en su conjunto, la actuación
llevada a cabo para su transformación en Archivo de Indianos,
en 1987 y 1988, ha consolidado una espléndida edificación,
perteneciente a un momento muy significativo en la historia regional
y americana del siglo XIX y primera mitad del XX. Entre estas ventajas,
hay que reseñar el cuidado y atención con que se logró
devolver el antiguo lustre y esplendor al conjunto de estucos y escayolas
decorativas, cuyo estado era de gran deterioro, tarea difícil
para la que fue preciso volver a realizar moldes siguiendo las pautas
de las partes que aún quedaban en pie. La antigua villa, llena de avatares
en su historia, que apenas llegó a funcionar como gran casa de
veraneo o residencia estacional, finalidad inicial para la cual había
sido construida, venía languideciendo en las últimas décadas
después de haber sido eventual hospital para enfermos nerviosos
en los años 20, sirviendo de colegio y residencia después
para colonias veraniegas de niñas, al mismo tiempo que se deterioraba
la construcción y corría riesgos la propia memoria histórica. Apenas nadie en Colombres podía recordar el ajetreo
y rumor de las fiestas o el magnífico mobiliario hoy disperso
y difícil de recomponer, o describir la tarea de los interioristas
que allí trabajaron para ofrecer al capricho y afán de
ostentación y novedad que suelen imprimir carácter a estas
construcciones: la decoración árabe del patio, con pieles
de tigre en el suelo, almohadones y cortinajes en diálogo con
la arquería polilobulada de las dos crujías altas, una
moda que se daba en otros lugares de España, pero que resultaba
especialmente alejada y fuera de contexto en esta región norteña
cuya relación más cercana con los "moros" se
aleja en el tiempo hasta Covadoriga y que había permanecido generalmente
al margen de las modas orientalistas románticas. El edificio ofrece una muestra de excepción en
cuanto a la composición de planta, bastante ajena a la arquitectura
del regionalismo local, especialmente por el amplio patio interior con
dos crujías de arcos polilobulados de estuco policromado originalmente
en amarillo y verde, con uno de los escasísimos ecos de alhambrismo,
una pervivencia de la moda exótica que ya venía de finales
del XIX, que no encontramos tampoco ahora en estado puro, sino mostrando
toda la capacidad de síntesis de que hace gala el arquitecto
ecléctico que aúna fácilmente elementos procedentes
de arquitecturas diversa, e historicismos mixtificados junto con corrientes
y modas modernas o actualizadas en aquel momento. Ciertamente que la nueva función del edificio,
pensado para acoger un Archivo de Indianos, no permite recuperar
en su totalidad la faceta del interiorismo en torno a 1900, del que
tanto se ha perdido y tan difícil resulta hoy encontrar ambientes
originales. Sin embargo, los techos, paredes y puertas de las habitaciones
representativas de la planta noble, biblioteca, gabinetes, comedor y
salón conservan un interesante conjunto de escultura decorativa,
que es todo un muestrario de la moda del momento, y que adquiere una
especial significación, más que por la propia calidad
de las obras que ser reducen a estucos y escayolas de factura bastante
artesanal y sumarla, porque constituyen una de las escasas ocasiones
en que se manifiestan toda una serie de símbolos propios o constantes
del indiano enriquecido. Llevados ahora a una amplitud y desarrollo
poco comunes. Algunos de estos símbolos fueron compartidos
con la burguesía de comerciantes e industriales a los que finalmente
pertenece el indiano o aspira a reclasarse como grupo económico
y social, y como individuo aceptado en los ambientes de la burguesía.
Estas señales de reconocimiento se refieren a ciertos emblemas
y alegorías de larga tradición en el arte occidental y
que van desde los Mercurios o sus representaciones abreviadas
por el caduceo de las serpientes, o el casco alado, a las Minervas
y Fortunas con atributos como el cuerno de la abundancia o la
rueda y, en general, divinidades que desde la antigüedad habían
quedado establecidas como protectoras de comerciantes, banqueros y mundo
de los negocios y que se pueden encontrar habitualmente en la decoración
de una amplia serie de edificios de esta índole: bancos, casinos,
comercios y fábricas. Sin embargo, además de ofrecer un
rico muestrario de estos temas, en la decoración de la Quinta
Guadalupe aparecen nuevos conjuntos simbólicos, nuevos por su
reutilización al servicio de un nuevo grupo social, recuperados
del acervo mitológico y de la historia nacional, y que se refieren,
de manera mucho más concreta, a la encarnación de los
avatares de la vida del emigrante, en general, y a la peripecia vital
y afortunada de D. Iñigo Noriega en particular. En primer lugar, se nos muestra el itinerario geográfico.
El desplazamiento desde la propia tierra al Nuevo Mundo y la forma de
realizarlo: el mar, el comercio marítimo, los instrumentos de
navegación, necesarios para arribar a buen puerto; un acercamiento
a la geografía de los cultivos exóticos e incluso la propia
AMÉRICA, encarnada ahora en su conjunto (continente) o
representada por uno de sus países, en nuestro caso México,
en imágenes basadas en las razas indígenas recognoscibles
por sus atributos: el indio americano. Nuevas formas de encarnar alegorías
de ciudades, países o continentes, aunque de tradición
antigua, como en las anteriores Antioquías, Alejandrías,
Venecias o Europas que habían venido conservando siempre signos
autónomos de reconocimiento específicos a cada una de
las representaciones y que también nos lleva a corroborar la
persistencia de los modelos a través de los tiempos. Pero la referencia al viaje no se configura solamente
a expensas de este conjunto de imágenes, sino que añade
otras extraídas del acervo mitológico que ya desde el
mundo clásico habían sido el soporte de una iconografía
marina. Poseidón o Neptuno con su cortejo; Venus
Anadiómene rodeada de delfines, conchas o veneras y oros
motivos de raigambre y presentación helenística con fórmulas
muy tradicionales en el arte clásico y occidental en cuanto a
los referentes y signos. Los relieves mitológicos y las panoplias
de instrumentos marinos alternan entre sí; a veces se repite
el mismo modelo en dos habitaciones, y aparecen en tondos o en marcos
elípticos, sobre todo en techos de la biblioteca y gabinetes
laterales. En segundo lugar e intercalado con los constantes recuerdos
de la condición viajera como medio de acceso a la fortuna, aparece
un itinerario histórico, cuya misión resulta más
difícil de desentrañar en relación al ambiente
en que se inscribe, ya que los relieves alusivos a personajes históricos
se sitúan en las paredes del comedor principal. Aquí,
de forma evidente, se ha buscado el establecimiento de nexos de unión
entre las figuras claves de la historia de Asturias, de España
y América; los personajes representados son D. Pelayo,
Cristóbal Colón y Hernán Cortés. La excepcionalidad del conjunto, en lo que a significados
adherentes conlleva, es paralela a la del propio personaje. Don Iñigo
Noriega llegaba a México a los 14 años, para trabajar
de dependiente y a los 18 tenía su propio bar, para alcanzar
antes de los 30 una de las mayores fortunas del país. Entre sus grandes actuaciones sobre el territorio, desecó
lagunas completas para plantar maíz, obteniendo inmensas cosechas,
colonizó amplios territorios al sur de Texas con colonos alemanes,
exportó y comerció con todo aquello que su intuición
le aconsejaba y montó fábricas de hilados y aguarrás,
con un ferrocarril particular que unía sus haciendas y minas
de plata en una de las cuales trabajaba, antes de la Revolución,
un ideólogo llamado Zapata. Agricultura e industria, minería y comercio,
fueron las bases de sus espectaculares negocios y cuando en 1906 se
decide a construir una villa de recreo en su pueblo natal, tratará
de volcar su periplo vital sobre las superficies envolventes de paredes
y techos, llamando la atención a los que allí entrasen
sobre su propia importancia, a base de grandes y emblemáticas
iniciales en el hall de entrada y aún antes, de evidenciar su
status social a los que desde el exterior contemplasen el magnífico
edificio, con el frontón que corona la fachada lateral derecha,
plagado de figuras y señales de reconocimiento. Tanto la descripción pormenorizada de este programa
simbólico, como el propio recurso a un estilo figurativo y arquitectónico,
deben entenderse en sintonía, buscando como fin la gloria del
que llegó a considerarse heredero de Hernán Cortés,
sobre cuyo palacio mexicano en ruinas tuvo la ocasión de edificar
Íñigo Noriega. uno nuevo, y al que se conocía como
"el segundo conquistador de México", conquistador económico
y social, como uno de los casos de indiano mejor relacionados con toda
la burguesía del Porfirianato, y con el mismo presidente a quien
conservó una suicida fidelidad que le llevó a perder la
mayor parte de su fortuna en los días de la revolución. Como parte de la sorprendente fusión de los temas
y citas más dispares, que están presentes en la arquitectura
del edificio, donde se aunaban reminiscencias orientales -como el ya
citado patio-, aleros montañeses, repertorio beaux arts y frontones
clásicos, también la decoración se mueve en una
integración ecléctica y de aluvión, donde podemos
destacar varios niveles de contenidos, dentro de una relativa unidad
estilística, pero imbricados entre sí con un sugestivo
orden interno. La decoración se concentra en el vestíbulo, las salas que circundan el patio, que son dos salones en el ala izquierda comunicados entre sí, el gran comedor que ocupa él solo la fachada posterior completa y un pequeño gabinete a la derecha. Además, el ya mencionado frontón de la fachada lateral derecha. VESTÍBULO.- Se accede a la casa a través
de un vestíbulo que en planta es un rectángulo transversal
al eje principal del edificio. Aparece ocupado en su totalidad por la
amplia escalera de dos ramas, y que se unen en el espacio que queda
ya al nivel de la planta principal, con un triple acceso: al gran patio
la puerta central, y a dos salas simétricas las laterales. Este
hall queda iluminado por dos amplios ventanales de medio punto. Como pavimento del vestíbulo principal se utilizó
una baldosa de dibujos geométricos donde predomina el amarillo,
y que contrasta con el sentido mucho más tradicional y menos
"moderno" de la decoración de las paredes con un revestimiento
de recursos estilísticos platerescos. Pasamanos a modo de balaustrada
que en la parte superior funde en un balconcillo continuo las dos ramas
de la escalera, realizada en piedra artificial roja de regular calidad
(anotamos como nota constante la escasa calidad de los materiales y
señalización pretenciosa de los mismos). Las paredes de
todo el espacio de entrada aparecen totalmente ocupadas por relieves
en forma de grutescos, que en el original eran de estuco blanco sobre
un fondo verde claro del muro; este tono y un amarillo pálido
habían sido también la combinación repetida en
el patio. La decoración se basa en la repetición
en bandas verticales de un mismo motivo, de manera reiterada; dos pilastras
adosadas en bajorrelieve, abalustradas y muy ornamentadas, de raigambre
plateresca configuran un panel rectangular vertical, que es la compartimentación
básica del muro; en la parte inferior otro rectángulo
en sentido horizontal presente relieves de zoomorfos afrontados, mientras;
que la superior alberga una complicada panoplia con las iniciales I.N.
coronadas por un casco con penacho. Sobre estos paneles, que compartimentan
1os muros, discurre un friso continuo a la altura de la escocia que
articula la pared con el techo donde se repite un rostro enmarcado en
tocado de plumas, y que podemos interpretar como alegoría de
México o bien, más general, de América. Esta entrada supone ya una lectura de "propiedad"
o ejercicio de dominio. Es muy frecuente, a finales del siglo XIX, encontrar
las iniciales trabajadas en forma decorativa y con tipografías
rebuscadas, en verjas de hierro, escudos, monumentos funerarios, además
de que la moda de marcar los objetos de propiedad personal o familiar
alcanzaba cualquier elemento del ajuar doméstico: manteles, sábanas,
vajilla, jarrones, cristalería, plata. En edificios de la época
estas iniciales dentro de cartelas, escudos o adornadas con motivos
diversos, se incorporan a los exteriores, sobre las puertas o con más
frecuencia en remates al nivel de la cornisa o torres, y no son raros
los casos en que se repiten varias veces en los paramentos, ventanas
o puertas. No sólo en viviendas y palacetes, sino en bancos,
casinos o tiendas donde figuran las iniciales del nombre de la sociedad. Al evidenciar de manera tan rotunda, por el tamaño
y cantidad de veces que se repiten, las iniciales y ponerlas en relación
con el casco y penacho, se busca además una asimilación
a la nobleza, que en su caso Noriega nunca alcanzó, pero que
es un deseo constante en los indianos más ricos, muchos de los
cuales consiguen un título nobiliario de nuevo cuño. Además,
ofrece las primeras señas de identidad al visitante, pues se
acoge al friso protector de las américas. El acudir a un referente plástico tomado de la decoración plateresca, no es extraño en la época. Una fuerte corriente nacionalista impregna a los arquitectos de la primera década y no podemos olvidar que nuestro Pabellón para la Exposición Universal de París de 1900 había sido una imitación del palacio de Monterrey de Salamanca, con elementos de la arquitectura de Alcalá y Toledo. Todo ello supone que esta elección fue sugerida por el arquitecto montañés Lavín que participaba ya en la actitud neorrenacimiento de la inicial escuela montañesa. Los relieves pudieron ser realizados (a falta de documentación más concreta) por un prometedor escultor que trabajaba en Colombres, durante la primera década del siglo XX, Alfredo García Garcia, que con una formación autodidacta fue un artista malogrado, muerto en plena juventud y cuya dedicación principal consistió en la realización de escultura decorativa para las muchas casas que se construían por entonces en el oriente de Asturias (2). SALONES, COMEDOR y GABINETE.- Son los tres ámbitos
más representativos de la planta noble. Si se inicia el recorrido
por el ala izquierda, se accede a un vasto salón, longitudinal
y que se comunica tanto interiormente con la sala contigua, como con
el patio a través de tres puertas. Toda la portería de
esta planta es de especial calidad, de madera estucada y pintada y con
abundante decoración de relieve. Albergan las puertas una ornamentación
que se repite y que se basa en temas de grutescos y candelabros, en
los que se intercalan figurillas de guerreros, cabezas y fitomorfos.
En este salón la decoración se concentra en el techo,
con temas iconográficos en relieve dentro de medallones ovalados.
El salón está dedicado al mar y la versión que
se ofrece es mitológica. El primer relieve representa el cortejo de Poseidón
o Neptuno, con una fórmula estereotipada que alcanza a
los mosaicos helenísticos y a la pintura de época pompeyana.
En el segundo, el nacimiento de Venus que sale de la concha,
escoltada por figuras del agua, en este caso delfines. En los dos casos
son alusiones simbólicas a divinidades del mar, que además
están en movimiento, navegando rápidamente entre las olas.
Ya hemos adelantado que el ciclo sobre el mar se reitera en otros lugares,
y, en definitiva, aparece con más o menos fuerza en todas las
salas que presentan decoración figurada. El mar es, asimismo, un tema reiteradamente incorporado
a la iconografía de los indianos, aparece en monumentos escultóricos
con inclusión de barcos bien completos o sólo la proa
(3), en monumentos funerarios o panteones, en algunas placas colocadas
en escuelas (4) y tantos otros casos. Además, como iconografía
de los "marinos", ya que es frecuente encontrar en tumbas
de propietarios de compañías de navegación o personajes
vinculados a la profesión de la navegación, ya sea como
capitanes o comerciantes o tripulantes, relieves con representación
de timones, sogas, cuadernos de bitácora, instrumentos de precisión,
compases y brújulas, además de mapas o globos terráqueos.
En la Quinta Guadalupe, el tema marino se vuelve a encontrar en uno
de los tondos del techo del gabinete que está en el ala opuesta,
donde se representa un cortejo de ninfas sobre olas en el tondo central
y dos panoplias relativas a la navegación y al comercio marítimo,
con elementos como los ya citados y muy conectadas a su vez con la representación
del frontón del exterior que alberga, asimismo, representación
de baúles y barriles, así como instrumentos de navegación. Volvemos a encontrar a alusión al mar en el comedor
de nuevo la imagen de Neptuno en pie, portando el tridente y sobre una
venera alternando con otras figuras mitológicas e históricas
de las que hablaremos con más detenimiento. Una pequeña salita de planta cuadrada articula la esquina entre las dos alas, lateral izquierda y posterior de la casa, que son recorridas paralelamente por una galería que proporciona luz. COMEDOR.- Da paso esta sala al amplio comedor. En este caso el techo imita artesonado y los relieves de estuco se disponen en dos franjas sobre las cuatro paredes de la habitación, entre las puertas y ventanas de la misma. La franja inferior, con una serie de figuras aisladas que no componen escenas, pero que mantienen una correlación entre sí, aunque también quedan sujetas a la servidumbre del resultado formal de su distribución, y para que quede un número de acuerdo a la simetría con que se colocaron, algunas deben repetirse. El esquema de su colocación es el siguiente: En la franja superior, sobre estas figuras de tan heterogéneo
contenido se colocan bodegones de caza con liebres que aparentemente
nada tienen que ver con, las representaciones del nivel bajo y que eran
habituales para evidencias la función de comedor. Nos falta,
para entender mejor el sentido de estas imágenes, la información
sobre los cuadros que decoraban estas salas, que seguramente enriquecían
y ampliaban los significados, retratos de D. Iñigo y su familia,
cuadros históricos, bodegones en el comedor. En algunas fotografías
antiguas donde se pueden ver interiores, aparecen cuadros con paisajes
de la costa, playas y acantilados. Pero esto corresponde ya a unas fechas
en las que la casa había cambiado de destino y es difícil
saber si también pertenecían al ambiente original. De todas maneras, importa destacar que es aquí
donde se realiza la síntesis entre dos temas centrales, el
viaje marítimo y la historia con los recurrentes del comercio
y la agricultura (ligados también, como hemos visto, al viaje,
ya que D. Iñigo había obtenido en estas actividades buena
parte de sus éxitos). Mercurio o Hermes, dos veces repetido
en el comedor, que se encuentra asimismo representado por sus atributos
en la panoplia del gabinete relativa al comercio y nuevamente de forma
mucho más espectacular en el frontón, había sido
desde la antigüedad el mensajero de los dioses y el protector de
ladrones y comerciantes. El dios burgués, como quedó instaurado
en el Renacimiento, donde se le consideró patrono de banqueros
y asociaciones de comerciantes y protector de las largas y difíciles
travesías de los barcos empeñados en el peligroso comercio
ultramarino. En el frontón está, en cuerpo entero, sentado al modo del Apolo de Rafael, en un nuevo Olimpo económico. Porta todos sus atributos, el lábaro, el gorro alado y la corta túnica, que nos remiten a una iconografía de ascendencia clásica. Le rodean, además, paquetes, fardos y barriles, que podemos pensar contemplaba D. Íñigo pensando en aquel barco fletado a Alemania, con un cargamento completo de zacatón (fibra utilizada para fabricar cepillos de raíz), como ha relatado D. Eduardo Noriega en Los Cuadernos del Norte. Atenea o Minerva nos recuerda con su presencia figurativa en el comedor haciendo pareja con Hermes, que era la protectora ateniense de la agricultura por su decisión de haber antepuesto el olivo a las artes, con túnica larga y casco, tal y como salió de la cabeza de Zeus, ofrece también una imagen clásica y estereotipada. FRONTÓN EXTERIOR LATERAL DERECHO.- Es el único
con decoración figurada. En él, y con la distribución
plástica de los frontones clásicos, utilizando figuras
de pie o sedentes en la parte central y objetos de menor tamaño
en los ángulos, se resume otra síntesis de los mismos
temas. Sin representación explícita de la diosa,
domina el tema de la agricultura. D. Iñigo había
conseguido sus primeros grandes golpes de fortuna con las plantaciones
masivas de maíz al desecar el lago de Xico, que fue una de sus
más vastas haciendas. Este lago, situado entre Distrito Federal
y Puebla, le proporcionó en una sola cosecha un millón
de pesos. El maíz en el frontón alude, pues, a este episodio
personal y conjuntamente al país que acogió e hizo posibles
los sueños de riqueza. Aunque otros muchos productos fueron objeto
de su incansable actividad como comerciante de fletes. Llevó
y trajo de América y de Europa especies vegetales y ganado. De
Suiza llevó 200 vacas; de España y Francia, 250.000 árboles
frutales, para evitar las importaciones de frutas, así como familias
de colonos europeos capaces de atenderlos. Esta biografía económica, que es primordial
en la peripecia vital del emigrante, se especifica después con
otros elementos: rueda de la fortuna y cuerno de la abundancia
y los baúles y barriles de las mercancías, de que hemos
hablado. Todo el conjunto queda presidido por una gran figura con tocado
de plumas, imagen del indígena o de la raza, también y
más probable de México, como nación y como cultura,
aunque también la figura femenina con tocado de plumas suele
aludir directamente a América como las Indias y así
aparece en el grupo escultórico llamado La India, en la conocida
fuente de la plaza del Prado de La Habana. Esta conjunción de comercio y agricultura,
que es preciso leer en un itinerario complejo tanto en el interior como
en el exterior de la casa, expone de manera muy sugestiva una de las
afirmaciones más habituales de la biografía de D. Iñigo
Noriega: la referencia a la segunda conquista de México, la conquista
económica que él mismo llevaría a cabo. Nos queda, finalmente, notar la imbricación de
todas estas imágenes con respecto a la introducción del
componente de la Historia. Se puede justificar la inclusión de
ciertos personajes representativos aludidos: Pelayo, Cristóbal
Colón, Hernán Cortés (5), como una valoración
del elemento histórico, que había sido considerada tema
noble en la pintura y escultura del siglo XIX. Esto concuerda con la
forma plástica renacentista de varios elementos ya citados, tomados
del plateresco. Todo ello suponía que la historia ennoblece,
en especial al que salió pobre y sin fortuna y confiere un peso
específico, proporciona aureola de erudición y manifiesta
a la vez las devociones particulares y los héroes de D. Íñigo
y los temas más gratos a la estética finisecular de la
pintura de historia. Don Pelayo evidencia la raíz y patria asturiana.
La lectura, por otra parte, era muy habitual en el marco de la historiografía
romántica, dentro de una conexión entre la Reconquista
que se iniciaba desde Asturias y la Conquista que suponía la
expansión definitiva y el imperio español. Así
parece que puede aunar con esta representación en que alza el
estandarte movido por un fuerte viento y situado sobre una imaginaria
cima montañosa, la imagen retrospectiva de los orígenes,
el ser arrollador e invencible del país y el espíritu
arrojado de sus hijos emigrantes en la aventura ultramarina. La imagen
plástica y los atributos vienen de la conocida versión
que había proporcionado del tema Luis de Madrazo, en su cuadro
"D. Pelayo en Covadonga", realizado en 1856. Hemos visto que Hernán Cortés es un personaje
histórico de especial sentido para D. Iñigo Noriega, que
había logrado, en México, ser equiparado, por su poder
y dominio, el español más poderoso de México después
de Cortés (6). Y, por último, Cristóbal Colón,
con la bandera y la bola del mundo, sintetiza toda la relación
americana y las etapas del emigrante; viaje incierto y peligroso, descubrimiento
y conquista. La iconografía de Cristóbal Colón,
abundante en la pintura de historia del XIX, presenta al personaje básicamente
en tres momentos: en sus parlamentos con la Reina Católica, al
emprender viaje con las carabelas y, por último, en el momento
de desembarcar por primera vez en el nuevo continente. Es ésta
la imagen que se recoge en los relieves comentados y, como referentes
de la pintura decimonónica, se pueden citar varios cuadros, entre
ellos el de Isidro Gil, Colón tomando posesión de la
isla de San Salvador, y el de José María Martínez
Losada, Desembarco de Colón en América; en ellos
el momento escogido del desembarco presenta al descubridor hincando
el estandarte en suelo americano, rodeado de sus acompañantes
y ante la mirada atemorizada de los indígenas. El relieve más
sumario de la Quinta Guadalupe se reduce a la figura principal que enarbola
la bandera de Castilla, sin introducir los grupos ni la ambientación,
árboles, naves, etc. Hemos comprobado, a lo largo de las páginas anteriores, un verdadero programa iconográfico, posiblemente el más completo de los que albergan nuestras construcciones debidas a indianos, aunque, en realidad y por tratarse de un primer ensayo sobre el tema, cabrán posiblemente otras indagaciones en esta línea que nos vayan abriendo el paso hacia nuevas interpretaciones en lo que al estudio de las mentalidades y el gusto artístico de los emigrantes se refiere.
NOTAS (1) Cfr. "Catálogo de la Exposición Arquitectura de Indianos en Asturias". M.ª Cruz Morales Saro (Coordinadora), Principado de Asturias, Servicio de Publicaciones, Oviedo, 1987. (2) Cfr. mi libro El Modernismo en Asturias, arquitectura, escultura y artes decorativas. Colegio Oficial de Arquitectos de Asturias, Gijón, 1989. Este escultor, nacido en Colombres en 1986, moría prematuramente en 1916 el mismo año en que una pensión de la Diputación Provincial, le iba a permitir incorporarse a los estudios oficiales de Bellas Artes en Madrid. Hasta entonces su formación y trabajo habían sido autodidactas. Muy pocas noticias más conocemos de él, que sólo pueden ir siendo aumentadas a medida que nuevas investigaciones monográficas vayan dando nuevos frutos sobre estos temas. (3) Como en el monumento al Marqués de Comillas en Comillas o en el de Fernando Villaamil en Castropol (Asturias), que si bien no se trata literalmente de un indiano, sí un personaje militar relacionado con la guerra de Cuba. (4) Como en las escuelas Pepin Rodríguez en Colloto (Oviedo), donde aparece un navío con las velas desplegadas sobre la puerta de entrada. (5) Durante el período de 1886 a 1892, los mismos señores Noriega adquirieron varias propiedades rústicas de alguna importancia, situadas al oriente de la ciudad de México y cuyos límites distan unos 21 Km. de la misma, y entre esas propiedades se hallaba el lago de Chalco, en cuyo centro existía un peñón llamado Xico. Esta laguna tenía una superficie aproximada de 10.500 hectáreas y la isla, o sea, el peñón mismo, unas trescientas hectáreas. Esta propiedad fue adquirida por el conquistador de México, Hernán Cortés, por concesión que le hizo el emperador Carlos V, el año 1523, habiéndosele dado posesión judicial de la misma. Los descendientes del conquistador conservaron esta propiedad hasta principios del siglo XIX, pasando más tarde a poder de D. Carlos Rivas, quien la vendió a los señores Noriega... Estos datos y otros de detalle económico aparecen en un Memorándum acerca de la personalidad del Sr. D. Íñigo Noriega y de su labor económica en México, que consta de 8 folios mecanografiados sin firma, y que nos han sido proporcionados por sus descendientes directos la familia Armendáriz, a quien agradecemos esta información. (6) Gracia Noriega, J. L, Indianos del Oriente. Oviedo, 1987. ILUSTRACIONES LÁMINA 1 - LÁMINA 2 - LÁMINA 3 - LÁMINA 4 - LÁMINA 5 - LÁMINA 6
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