CUADERNOS DE ARTE E ICONOGRAFIA / Tomo VI - 11. 1993
 

 

SISTEMAS MNEMÓNICOS EN EL ÁRBOL DEL AMOR:
UNA APROXIMACIÓN A LA ICONOGRAFÍA DEL "BREVIARI
D'AMOR" DE MATfRE ERMENGAUD (ESCORIAL, MS. S.I. N.° 3)

Carlos Miranda García

A Ana Domínguez.


El códice del Breviari d'Amor, S.I. n.° 3 de la Biblioteca de El Escorial (fig. 1) fue compuesto en Toulouse a mediados del siglo XIV; en el folio 11 r. aparece una representación del llamado Árbol del Amor, diagrama que contiene el hilo conductor de la obra. Antes de pasar al análisis de sus sistemas mnemónicos, hay que hacer una breve descripción de los elementos que lo componen. En el centro de la miniatura, hay una mujer coronada llamada "Amors Generals", sobre la que vuela el Espíritu Santo: sobre su corona, está inscrito "Amors de Dieu e de prueime"; sus manos tienen un disco donde se lee: "Amors de son efan"; en su pie derecho está escrito "Amors de bes temporals" y en el izquierdo, "Amors de mascle e de feme". Sobre su abdomen, un disco con un busto de Cristo alrededor del cual se lee: "Dieus comensamens de tot be ses comensament"; de aquí parte una rama que lleva a otro círculo que encierra un busto femenino, alrededor del cual está inscrito: "Dregz de natura", del que se bifurcan dos vástagos: el primero, bifurcación izquierda, muestra un busto masculino dentro de un medallón donde se lee "dregz de gens"; el segundo, bifurcación derecha, con una figura ción similar donde pone "dregz de natura". De ambos hechos se originan las cuatro clases de amor, figuradas como bustos de mujeres coronadas dentro de un disco: del derecho de gentes, se produce el "amors de Dieu e de prueime", del que nace el "albros de vida" (en cuyas hojas se hallan las siete virtudes y los siete dones del Espíritu Santo, necesarios para obtener su fruto, "vida perdurable"), y el "amors de bes temporals" (cuyo fruto es "plazers", y de las condiciones necesarias para conseguirlo, "cura" y "poder"); del derecho de naturaleza, se origina el "amors de mascle e de feme", del que surge el "albre del saber ben e mal" (en cuyas hojas se leen las catorce virtudes que ha de tener el buen amante para conseguir el fruto que está en lo alto, llamado "filhs e filhas"), como consecuencia de este amor, arranca el "amor de ses efan" (cuyo objetivo es, según se lee en la fruta, "goyg", siendo necesarios para obtenerlo "doctrina" y "castich"). En lo alto, al lado de los dos árboles mayores, están los enamorados, coronados con las virtudes propias de cada tipo de amor; debajo de ellos, las personificaciones de los vicios que acaban con todo afecto, tratando de talar los árboles con instrumentos cortantes (hachas y espadas) donde aparecen inscritos los defectos que ha de evitar el que ama; éstos son, el orgulloso (contra el Árbol de la Vida), el pensamiento de la muerte (bajo figura de fraile; contra el amor a los bienes temporales), el maledicente (contra el Árbol de la ciencia del bien y del mal) y el loco (contra el amor de hijos). Por último, la raíz del Árbol del Amor es un vástago que une a Naturaleza con Dios, representado en busto dentro de un medallón (alrededor del cual se lee: "Deus so raziels de vera amors") del que irradian otros doce con las virtudes del amado. En el lado izquierdo, un demonio y Cristo; en el derecho, buscando una analogía, las personificaciones de Iglesia y Sinagoga.

El Árbol del Amor es una relación de los grados y géneros del amor, así como de las virtudes necesarias para conseguirlo y de los vicios a evitar. Desde fines de la época carolingia, la imagen sirve para enseñar recordando y explicando las verdades cristianas. Este aspecto lleva a la llamada memoria artificial, parte integrante de la natural y, en concreto, de la retórica. El origen es antiguo y bien conocido. La base de la memoria artificial de la Edad Media se encuentra en un tratado de retórica anónimo (Rethorica ad Herenium, c. 86-82 a. de JC.) que muy pronto (S. Jerónimo) fue atribuido a Cicerón. La obra toma fuentes de tratados griegos de los que no se ha conservado ninguno. Su difusión en la Edad Media fue muy amplia, tomándola como base las obras que se hagan sobre el arte de la memoria durante este período, según demuestran numerosos manuscritos conservados desde el siglo XI, aunque los más antiguos no contienen el libro primero, donde se habla de memoria; los manuscritos completos que subsisten datan del XII, momento en que, hasta el xiv, alcanza su máximo auge. Es en el xri cuando se le asocia al ciceroniano "De inventione" (llamado también "Retórica Primera" o "Vieja Retórica") al que seguía inmediatamente el " Ad Herenium" (conocido como "Retórica Segunda" o "Nueva Retórica"). El contenido de esta obra es la retórica y sus partes: "Inventio", "dispositio", "elocutio", "memoria", "pronuntiatio". En la penúltima, su autor distingue entre dos clases: la primera, la natural, nace simultáneamente en el pensamiento y está injertada en la mente. La segunda, artificial, se define como memoria fortalecida y consolidada por el ejercicio. La memoria artificial se basa en los lugares ("loci") e imágenes ("imagines"); los primeros deben formar una serie y ser recordados en un orden dado para poder desplazarse, partiendo de cualquier "locus" de la serie, hacia adelante o hacia atrás; las segundas, las imágenes, son de dos clases: para cosas ("res"), que confeccionan imágenes para recordar un argumento o noción (materia del discurso); y para palabras ("verba"), donde aparecen imágenes para recordar cada palabra individual (lenguaje del que se reviste la materia argumental). En función de las dos clases de imágenes, hay dos tipos de memoria artificial: la memoria rerum (que Cicerón considera suficiente) y la memoria verborum (mucho más ardua que la anterior). Resumiendo: para obtener una buena memoria, se exige una disposición ordenada: hay que imprimir en la memoria una serie de lugares que serán habitados por imágenes.

Aquí se llega al segundo punto, el de la imagen, que tiene su fundamento, según fuentes clásicas, en Simónides, que hablaba de lana unión texto-pintura en función del cultivo de la memoria: el pintor y el poeta piensan en imágenes visuales, que uno expresa poética y otro pictóricamente. Al ser el sentido de la vista el más vigoroso, las fuentes clásicas describen técnicas internas que dependen de impresiones visuales de gran intensidad: la percepción recibida por los oídos o por la reflexión es más fácilmente retenida si se transmite a la mente por medio de los ojos (Cicerón: De oratore, 1. II, c. 87). Efectuándose la educación de la memoria a partir de una intensa memorización visual, se abre un camino a la representación en las artes plásticas de diagramas mnemónicos. En el Ad Herenium se dice que la imagen se graba tanto más fuertemente en la memoria cuanto más sorprendente y fantástica sea (así, el Árbol del Amor es una imagen adecuada: primero, por ser una buena imagen para colocar ordenadamente cada noción en sus "loci" (hojas, círculos, partes del cuerpo de Amor General); segundo, por su carácter sorprendente (entre vegetal y humano). A su vez, la imagen de la memoria puede consistir en figuras humanas activas, dramáticas y persuasivas (como los personajes que pretenden talar los árboles con instrumentos cortantes): han de ser activas, punzantemente definidas, desacostumbradas y con capacidad de salir rápidamente al encuentro e impresionar la psiqué (todas estas características se cumplen en la Alegoría de Amor General, en las personificaciones de los que tratan de cortar cada género de amor y en las de la Iglesia y la Sinagoga, que se adaptan perfectamente al modelo de imágenes de la memoria artificial: son feas (orgulloso, maledicente, Sinagoga) o particularmente hermosas (Amor General, árboles, Iglesia). Visto todo esto, para Cicerón la memoria artificial podría superar la natural.

Autor esencial para el posterior desarrollo de la forma escolástica y medieval del arte de la memoria es Aristóteles: En "De Anima", postula que la imaginación (por ejemplo, la elaboración mental del Árbol) es la intermediaria entre la percepción y el pensamiento. Como el conocimiento deriva de impresiones sensoriales, el pensamiento actúa sobre ellas tras haber sido tratadas y absorbidas por la facultad imaginativa; de esta forma, la parte del alma elaboradora de imágenes es la que realiza el trabajo de los procesos más elevados del pensamiento: el alma o la facultad cogitativa (recuérdese el modelo del poeta y del pintor de Simónides) nunca piensa sin un diseño mental, lo que posibilita el empleo de la mnemotecnia, ya que la memoria pertenece a la misma parte del alma que la imaginación. Esto hace que una de las características del pensamiento medieval, aplicado con un sentido pedagógico, sea la afinidad entre pensamiento abstracto y visualización artística.

En el Ad Herenium, hay reglas de cómo almacenar cosas en la memoria; pero, ¿qué era lo que la Edad Media deseaba retener? Principalmente, y como aparece en el Árbol del Amor, se quiere recordar todo lo que forma parte de la salvación o de la condenación: así, en el Árbol del Amor, la impresión en la memoria de una alegoría que establece una jerarquía del amor (cuál el más alto, cuál el más bajo), de las virtudes que hay que seguir (para conseguir la vida eterna, el amor de las mujeres, el placer y el gozo) y de los vicios a evitar, están tomadas en calidad de "notas memoriales" que ayudan a conseguir la felicidad. Así, la memoria pasa a formar parte integrante, tanto de una de las Artes Liberales, como de una de las virtudes cardinales (llega a moralizarse, a cristianizarse), según puede verse en algunos de los preescolásticos, como Alcuino de York, que en su diálogo "Sobre la Retórica y las Vitudes", dice que las partes de la prudencia son "memoria, intelligentia et providentia"; esta idea pasa a los grandes escolásticos (S. Alberto Magno, Sto. Tomás de Aquino), para quienes la memoria es parte de la prudencia en cuanto hábito moral que se emplea para recordar las cosas pasadas con vistas a conducirse prudentemente en el presente, y a una sagaz previsión del futuro. En este sentido, las "imágines agentes" se moralizan (los que cortan las ramas se convierten [si se exceptúa el pensamiento de la muerte] en personificaciones de vicios), haciendo de las figuras humanas hermosas o feas similitudes corporales de intenciones espirituales para conseguir con ellas la felicidad (ganar el cielo) y evitar la desgracia (caer en el infierno), memorizándose según una disposición ordenada. Lo sorprendente de las imágenes agentes (su aspecto repulsivo o atractivo) hace que se adhieran vigorosamente al alma. Las reglas de las imágenes quedan abandonadas a la metáfora y a lo fabuloso con todos su poder excitante: se recomienda las "metaphorica" (mujer con corona, discos, hojas, frutos y personajes con objetos cortantes) para recordar las "propria" (amor general, a Dios y al prójimo, jerarquías del amor, virtudes para obtener sus bienes, vicios a evitar). Para que el recuerdo sea más vigoroso, se requieren múltiples imágenes (como es el caso del Árbol del Amor, según el análisis hecho más arriba), según S. Alberto Magno: "Y porque la reminiscencia requiere muchas imágenes... prescribe que figuremos para nosotros mismos mediante muchas similitudes y que unamos en figuras lo que queremos retener y reminiscenciar" (De memoria et reminiscentia). La mnemotecnia aparece vinculada al mundo de la predicación y de la pedagogía por las imágenes que utilizan, por ejemplo, los franciscanos (órbita dentro de la que Ermengaud está inmerso).

Según se ve por el esquema visible del Árbol del Amor, Ermengaud se sitúa en un plano diferente al de aquellos que, ofreciendo imágenes de la memoria diseñadas para excitarla por su percusividad, las destinaban a ser representadas invisiblemente en la memoria y a emplearlas sólo con el propósito mnemónico de recordar mentalmente los puntos de un sermón o discurso. Ermengaud hace numerosísimas indicaciones de cómo ha de representarse cada imagen ("un árbol... en el cual hallaréis representado y dibujado...", etc.); esto prueba que se quiso trasladar esta imagen mnemónica a una representación plástica para que el lector retuviera en su mente la complicada teoría del amor expuesta en el texto; e incluso que hiciera lo mismo el hombre poco letrado, pero sirviéndose sólo de la imagen, que es, por lo demás, tan completa (o más, con la adición de Cristo y el diablo y las personificaciones de Iglesia y Sinagoga) como el texto en su significado.

El arte de la memoria, que alentaba el uso de la imaginación, se convirtió en un factor determinante en la evocación de imágenes expresadas a través de las artes plásticas; se ha de ver en la mayor parte de las formas del arte medieval la evidencia de que cuanto la Edad Media tenía que recordar seguía las reglas clásicas de cómo hacer imágenes memorables: probablemente, la proliferación de la nueva imaginería de los siglos XII y XIII está relacionada con el renovado énfasis que los escolásticos dieron a la memoria. Las imágenes se harán similitudes expresivas de intenciones espirituales: toda la tradición de diagramas que se encuentran fundamentalmente en manuscritos iluminados está implicada en un sistema o sistemas de memoria: la memoria artificial o natural está en la base de toda la pedagogía del medievo. Predicar, o exponer, un discurso de cualquier clase (se puede decir que ambas cosas están en la intención de Ermengaud) es recorrer por orden y secuencialmente un lugar mental, que a partir del siglo X va a ser dibujado para mayor facilidad y encontrar allí ordenados los conceptos en las imágenes o notas que guardan su desarrollo. El razonamiento escolástico procede por arborescencias y ramificaciones que van a suponer una tendencia a la reordenación plástica del texto (de ahí que, a partir del XII, se produzca un auténtico predominio del esquema arboriforme). El gran principio de la memoria artificial clásica (incitación del sentido de la vista) está presente en el Árbol del Amor, ya que la memorización por medio de diagramas, esquemas y figuras es una especie de memoria artificial: a través del diagrama arboriforme, circular y corporal, la concepción de los "loci" de Ermengaud se une a una visualización clásica de los lugares. La idea básica, fundamental, de la obra está esquematizada en el Árbol del Amor.

Según el tema que se trate y la personalidad del propio autor, la ilustración de los esquemas mnemónicos varía; no obstante, la mayoría de ellos está basada, formalmente, en unos moldes tradicionales. Un caso modélico en este sentido lo constituye el Árbol del Amor, que une al esquema arboriforme el circular y el del cuerpo humano para la ordenación y concatenación de conceptos. Se empezará por este último aspecto.

La alegoría de Amor General está formada por una dama que contiene ordenadas todas las clases de amor (la unión de todas ellas da lugar al concepto "amors general" representado a través de una figura femenina); se verán brevemente sus partes: en la corona, el amor a Dios y al prójimo por ser el más importante y elevado; amor a la prole en el corazón por ser el más cordial; amor intersexual en el pie izquierdo, y en el derecho a los bienes temporales porque, aunque buenos en sí, si no se rigen bien, pueden llevar a la perdición. A la altura del abdomen, independiente del cuerpo de la alegoría, aparece Dios como principio y fin de todo amor, como se ve en la raíz de la que emanan radialmente las doce cualidades del amado. De Él se origina la naturaleza para gobernar las distintas clases de amor entre las criaturas que de ella nacen; su bifurcación en dos derechos da lugar a las cuatro clases de amor, a sus virtudes para permanecer en ellas (hojas) y a los bienes que se obtienen (frutos). Se consigue así una combinación de jerarquías con otra de parentescos.

Para los dos casos, se cuenta con precedentes, aunque puramente formales y nunca (salvo tal vez en el esquema de parentescos) conceptuales. En el primer modelo, la ordenación de cosas o conceptos se efectúa dentro de un cuerpo, como lugar idóneo para la inscripción en él de un discurso textual o figural. Los tratados clásicos de mnemotecnia aconsejan utilizar un cuerpo a modo de conjunto de signos, actitudes, gestos y atributos que sirven para depositar en él conceptos teológicos y de todo tipo. La superficie corporal se convierte en un campo de inscripción donde poder depositar las nociones de una ciencia o las especulaciones de una teoría metafísica. El cuerpo humano simboliza los conceptos abstractos (amor a Dios y al prójimo en la cabeza, por ser el lugar más importante del hombre; amor a los hijos en el corazón, por ser el más afectuoso; amor intersexual y a bienes terrenos en los pies por ser menos nobles que los anteriores y por la necesidad de poder regirlos), en virtud de que a la figura humana se la puede caracterizar y subdividir fácilmente mediante sus accidentes. El cuerpo puede llegar a funcionar como un árbol; es decir, como un campo estructurado y vacío susceptible de ser investido de un saber: es superficie plástica, tapiz de signos (primordialmente lingüísticos), "locus" de la memoria artificial. En este sentido, los precedentes pueden retrotraerse al arte romano, como la figura de Júpiter Heliopolitano del Museo del Louvre, donde los siete planetas están representados a lo largo del cuerpo del dios; asimismo, en figuras médico-astrológicas medievales (entre las que sobresale la del hombre zodiacal, cuyo primer modelo conservado data del siglo XIII (Munich, Staasbibl., Cod. lat. 19414, f. 188 v.) y de representación del microcosmos en relación con el Universo, que son imágenes que se quedan grabadas en la memoria con facilidad. Cada lugar del cuerpo, de manera similar al esquema arbóreo, estará considerado como un "locus" donde se asienta, ordenadamente, un determinado concepto.

La otra variante que se une a la del cuerpo utilizado como superficie de ordenación jerárquica es la del esquema o árbol de familiaridades que toma como apoyo un cuerpo humano: se trata del árbol de consanguineidades. Varios mauscritos del Decretum de Graciano y otros libros canónicos contienen diagramas de este tipo (como tres de la Biblioteca Vaticana: el Cod. Rossianus 595, f. 2 v. (c. 1200), el Cod. Pal. lat. 625 y el Cod. Pal. lat. 4880); todos presentan características muy similares: el lugar del tronco está ocupado por un hombre barbado que lleva una corona o la cabeza al descubierto; los antecesores más lejanos (tatarabuelos) están en lo alto y la progenie (tataranietos), en lo más bajo (de manera similar, en la miniatura del Breviari, Dios, como principio de amor, está sobre Naturaleza, creación suya y de la que se derivan las cuatro clases de amor que rige). Estos árboles de consanguineidad tienen su fuente en diagramas geométricos que fueron usados para ilustrar relaciones de familia de acuerdo con las leyes romanas. Tales diagramas se encuentran en manuscritos medievales del Breviarum Alarici (el código romano de la Hispania visigoda), en la Notitia dignitatum, en las Institutiones de Justiniano y en las Etimologías de S. Isidoro, que llama a estos diagramas "stemmata" (árbol en griego), término usado con sentido genealógico desde el siglo I d. de JC. Tales esquemas eran figuras geométricas donde estaban escritas relaciones familiares. Originalmente, no eran árboles en sentido propio de la palabra, pero recordaban una.forma arbórea con hojas. S. Isidoro fue quizá el primero en usar los términos "tronco" y "ramas" ("stirps" y "ramusculi") con este sentido (Etimologías: 9.5.13 y 9.6.28). En numerosos manuscritos, una figura humana central presenta el "stemma" de consanguineidad al espectador. El Árbol del Amor presenta un aspecto mucho más resumido y restringido.

El otro modelo de diagrama deriva de la iconografía del árbol de la virtud: son los dos grande (Árbol de la Vida y de la Ciencia del bien y del mal) y los dos pequeños (Árbol del amor a los bienes terrenos y a los hijos) que flanquean a Amor General. De manera similar al árbol de consanguineidades, la dependencia de varios conceptos se aclara por un simple diagrama lineal de genealogías abstractas. Se ha visto que ya desde el siglo X se conoce el sistema mnemónico del árbol, pero es en el XII cuando alcanza su mayor auge (por influencia del temprano escolasticismo, cuyo amor al sistema característico del didactismo medieval, inspiró la creación de árboles genealógicos completos que ilustran la dependencia mutua de conceptos lógicos). La forma tomada del mundo vegetal, con su gran variedad de frutos, tipos marcados fuertemente y formas altamente articuladas, proveyó de una riqueza de ideas y de concepciones frescas a la mente de los escritores. Hay fuentes escriturísticas sobre árboles de la virtud que producen frutos espirituales (Gal. 5, 22 ss.) y que se oponen al mal (Mt. 7, 17 ss.). La expresión visible se aplica a los esfuerzos, por parte de teólogos y filósofos, para comunicar genealogías de acciones principales y subsidiarias. En el Breviari no se puede hablar de franca oposición entre los árboles, ya que, aunque el de la Vida, que surge del amor a Dios y al prójimo, es el principal, los otros no tienen ninguna concepción maligna, sino que, en sí mismos, son buenos; es su utilización, mejor o peor regida, la que les dará un sentido positivo o negativo. La colocación obedece más bien a una jerarquía de valores del amor: así, tomando como principio la oposición "a la derecha de" en contraste con "a la izquierda de", el Árbol de la Vida está colocado a la derecha de la divinidad (representación en medallones de Cristo bendiciendo) y de Amor General, mientras que el del amor entre hombre y mujer está ubicado a la izquierda por ser inferior su categoría dentro de la escala del amor; a su lado, y como consecuencia exigida de este árbol, se encuentra el del amor a la prole, oponiéndose así el autor a la teoría cátara que ve en la procreación un acto diabólico y un pecado contra el Espíritu. El que el Árbol del amor a los bienes temporales esté colocado "a la derecha de" se debe a que a través de las buenas obras realizadas por amor a Dios con los bienes materiales se puede ayudar al prójimo: si se usa bien de este árbol, se origina la virtud de la caridad, que aparece en una de las hojas del Árbol de la Vida y que lleva el enamorado que coge sus flores. Su menor tamaño respecto a este árbol se debe a que el amor a Dios y al prójimo es más elevado que el de a los bienes materiales, cuyo valor depende de la utilidad que le dé el hombre, por lo que no deja de ser, en el campo de la virtud, más que pura potencialidad. Tanto esta posibilidad en el bien como el personaje que pretende talar el tronco, confieren al árbol, y únicamente a éste, un aspecto positivo en la práctica o no de sus virtudes, ya que se puede llegar a Dios practicando la caridad (de una manera perfecta) como sometiéndose, de manera ortodoxa, a un desapego de los bienes terrenos en función del bien morir.

Por último, hay que añadir la representación de la raíz del árbol, con Dios en el centro de un medallón del que irradian, también en discos, las doce virtudes del amado. Así, el esquema arbóreo aparece asociado a otro diagrama mnemónico, en este caso circular, que simboliza el nuevo pensamiento enciclopédico, ya que la rueda es una imagen fácil de visualizar al tener la ventaja de poder ser dividida de numerosas formas; en este caso, a través de una serie de radios que saliendo del centro y acabados en círculos rodean el disco. Se trata de la tipología del medallón de virtudes inscrito en un esquema radial, conforme a una tradición occidental que se fija en tiempos carolingios, y que cuenta con precedentes plásticos de época clásica (mosaico del siglo III d. De JC. del Museo de Argel que represento, a Baco rodeado de las cuatro estaciones, o relieves mitraicos con la figuración de los cuatro vientos que simbolizan el poder universal del dios). Este esquema compositivo vuelve a aparecer en el piso (prácticamente perdido) del ábside de la catedral de Hildesheim (c. 1150), donde se muestra Cristo entronizado en el centro de un círculo dividido por cuatro radios, con un grupo de virtudes en cada cuarto de circunferencia. También en algunos de los diagramas del Hortus Deliciarum, particularmente, en la representacióndel Nuevo Testamento (f. 67 v.), donde se ve a Cristo en el centro, de pie sobre la cruz y una Iglesia, con el Cáliz en la mano y rodeado por diez virtudes en medallones semicerrados que portan inscripciones que van radialmente al centro. Tanto aquí como en el Breviari las virtudes están vistas como emanaciones de Dios, formando una especie de rue da estelar (de donde probablemente este diagrama mnemónico toma su origen) alrededor del Señor, al que los teólogos asimilan frecuentemente con el Sol. Tampoco parece imposible establecer un paralelismo compositivo, como esquema mnemónico, con los grandes rosetones de las catedrales góticas francesas, donde diferentes temas salen de un centro común en el que, en ocasiones, está representado Dios. Ermengaud, conocedor de este tipo de diagramas radiales, los simplifica hasta sus últimas consecuencias, suprimiendo representaciones de inscripciones y cambiando el sentido. La unión de esquema arbóreo y circular que se encuentran frecuentemente en posición complementaria tiene su origen en las ruedas de memoria empleadas por Pedro de Poitiers (cuyos árboles históricos del Antiguo testamento pintados sobre piel adquirieron gran popularidad, tanto en forma de libro como de rollo que podía tener muchos metros de largo, como puede verse en un manuscrito de origen inglés del Museo de Arte de Cleveland (Ms. 73.5).

Lo que hace Ermengaud es condensar el viejo material de ilustración utilizándolo para crear símbolos y para la representación de ideas y dogmas morales, según el nuevo arte enciclopédico, que el lector o espectador pudieran asimilar fácilmente y de forma perdurable a través de estos diagramas.


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