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Son numerosas las fiestas que celebra la iglesia durante todo el año, particularidad que ha sido resaltada por muchos autores de todas las épocas. Recuérdese el alegato a favor de estas manifestaciones públicas de Zabaleta: Dios y su Iglesia aman tanto a los hombres, que a pocos días de trabajo, les da uno de fiesta (1). A los domingos, se unían las celebraciones de patronos y de parroquias octavas, procesiones, novenas y, cómo no, el Corpus Christi, y beatificaciones y canonizaciones (2), que alcanzaron un gran desarrollo en los siglos del barroco, intensificándose en el siglo XVI, (3). El 4 de junio de 1769, Clemente XIV expidió la Bula de Beatificación de Francisco Caracciolo, fundador de los Clérigos Regulares Menores. Las celebraciones que se realizaron para festejar el acontecimiento, si bien no tuvieron la importancia y magnitud de otras, sí sirvieron para que durante algunos días numerosos conventos de esta congregación se exornasen y envolviesen su arquitectura con aparatos artísticos de carácter provisional, convirtiéndose en protagonistas durante algunos días (4). El día 10 de septiembre tuvo lugar la fiesta de la beatificación en San Pedro del Vaticano (5), consistiendo en la lectura de la Bula de Beatificación, seguida de un Te Deum, descubriéndose una pintura con la imagen del beato (6) con gran estruendo de una salva de artillería. Seguidamente, dio comienzo la misa pontifical, distribuyéndose finalmente estampas y libros de su vida. La basílica se engalanó majestuosamente, como era habitual, según diseño del arquitecto Giuseppe Ferroni. Junto a los damascos, terciopelos y paños de corte, de la fábrica de Rafael (7), se levantaron dos máquinas, donde se dispusieron cuatro estatuas representando la Fe, la Esperanza, la Caridad y la Penitencia y numerosos cuadros, entre los que destacaban cuatro milagros que habían servido para la causa de su beatificación (8), así como dos grandes pinturas, realizadas por Carolo Valloni, figurándose en una de ellas al beato en la gloria (9) y en otra entregando sus vestidos a un pobre, todo ello acompañado de numerosas luces. La noticia llegó a Málaga el 6 de julio, y fue anunciada al pueblo con repique de campanas y fuegos artificiales, que no cesaron en tres días; asimismo, durante estas mismas noches, el campanario, la fachada de la iglesia y las ventanas de las habitaciones del convento (10) fueron iluminadas, así como numerosas casas de los alrededores. Tampoco podía faltar la música, que provenía de los balcones de la calle Nueva. Pasados estos días, se empezaron a disponer mejores fiestas(11), para las que se recogieron numerosas limosnas, que sirvieron para sufragar parte de los numerosos gastos, aunque muchos de ellos fueron costeados por devotos e incluso religiosos. Se encargó a Luis García (12) escultor de muy superiores créditos en esta ciudad (13) la imagen del beato, que, según la Relación, era de tamaño natural, representándose a la edad de 44 años, en éxtasis, con los ojos fijos en el cielo, con extenuado y descolorido semblante, denotando el rigor y aspereza de sus penitencias. A pesar de ser de talla completa, se le vistió con sotana y manteo, de terciopelo negro y de gasa, respectivamente, con puntas de oro. Se le adornó con diadema de plata decorada con piedras abrillantadas a manera de diamantes... y otras en forma de topacios, zafiros y ametistos (14); en la mano derecha portaba un estandarte de terciopelo carmesí con el escudo que representa a Jesucristo resucitado con las letras A.M.R.G.: Ad Majorem Resurgentis Gloriam; con la izquierda sostenía el libro de las Constituciones de su religión. En el pecho, una flecha que expresaba el gran amor de Dios que le traspasó su corazón, y a los pies, una mitra que simbolizaba el voto de no solicitar ni admitir dignidad alguna, sino es que fuese por obediencia a la silla apostólica. Todas estas piezas del mejor y más exquisito gusto, fueron realizadas en plata por Pedro de Montes y Aguirre, maestro platero muy conocido en Málaga (15). Para la composición de la iglesia se nombró a Diego de Robles (16), siendo lo más interesante el retablo, que se dispuso en la capilla mayor donde se colocó la imagen del beato, pintado de verde con pilastras de color rojo y capiteles dorados, adornado el cuerpo principal con cristales, cornucopias, espejos y rosas rojas y blancas. Dentro del camarín se encontraba la imagen de la Inmaculada Concepción, adornada con vestidos, joyas, piedras y demás preciosos aderezos, que le dejó a su muerte D. Juan Salazar. Asimismo, en dos nichos realizados en los intercolumnios inmediatos al camarín, se colocaron dos figuras de Santa Teresa y Santo Tomás de Aquino. Toda la iglesia se vistió con damascos rosados, espejos, cornucopias, rosas blanca y rojas, y distintas decoraciones de color verde y dorado, así como colgaduras de diversos colores finalizándose esta ornamentación con los retratos de Clemente XIV y Carlos III; todos los colores brillarían con las numerosas luces, afirmándose la aseveración del autor que escribe: se formaba un conjunto el más agradable á la vista, y que embelesaba con su belleza y hermosura á quantos tenían el gusto de mirarle (17). Ya sólo quedaba, para la admiración de todo el público, las numerosas jaulas con canarios que se colgaron en la cúpula central. Aunque no sólo la iglesia fue el escenario de
la fiesta. También las dos porterías, el claustro y el
patio fueron adecuadamente exornados. En la primera portería
se colgaron algunos cuadros, destacando los cuatro milagros que habían
servido para la causa de su beatificación, descripción
que es prácticamente copiada de la Relación de Roma, que
fue traducida del original e impresa en Málaga unos meses antes
(18), lo que nos da idea de lo poco originales que a veces pueden ser
estos festejos, siendo usual, en el momento de programar una celebración,
la búsqueda de las descripciones anteriormente impresas que les
servirían de En el segundo, se figuró una ciudad y sobre ella un castillo, encima del cual se descubría un espejo ustorio, que reflejaba los rayos de sol hacia un bonete de un clérigo, que se encontraba en una nube rodeado de resplandores (20), aludiendo a que la vocación del beato Francisco fue gracias al mejor sol de justicia, Jesucristo (21). El tercer jeroglífico representaba el monte Himeto (22) con varias flores y rosas. Sobre él, una colmena donde se posaba una abeja, acompañado de un epigrama de Marcial: Hoc tibi Thesei popularitrix misit Hymetti, Esta pintura expresaba que el beato, simbolizado por la abeja, había. realizado las constituciones de su orden entresacando de las demás órdenes religiosas sus mejores y más acertadas leyes, formando un panal. de lo más valiosos de cada una de ellas. En el siguiente se describió el sistema de Copérnico, con un sol en, el centro, representando la oración circular continua ante el Santísimo Sacramento. En el quinto se pintó un elevado monte y un clérigo menor queriendo tocar la cumbre. Sobre él, un ángel que le ponía una corona, dando a entender los problemas y contradicciones que tuvo el beato en Madrid, hasta conseguir la fundación de su primer convento en España. Un labrador que cultivaba cuidadosamente una viña, para recoger buenos frutos, fue el motivo de la sexta pintura. Con ello se quería explicar que también el beato velaba por la Viña del Señor, siendo el producto de su trabajo sus hijos. En el séptimo jeroglífico se figuró una piedra donde se encontraban grabados los caracteres R.C.R.M. (Reglas de los Clérigos Regulares Menores), simbolizando la firmeza y duración de sus leyes. Junto a él sea representó el sistema de Ptolomeo, justificándose la inclusión de esta imagen con las siguientes palabras: Según la disposición que les da dicho autor a los Astros,
todos guardan entre En el noveno se dejaba ver una máquina eléctrica,
de donde pendían cordones, sostenidos por una mano, a la que
se unían otras dos, despidiendo todas rayos
(24). En esta representación se simboliza la ardiente caridad
del P. Francisco, que encendía en su fuego a cuantos tenían
la suerte de tratarlo. Se figura en este lienzo al beato padre en la gloria, vistiendo el hábito de la orden de los Clérigos Menores, de cuerpo entero, con los brazos levantados y mirada dirigida hacia lo alto. Rodean al beato un conjunto de ángeles de diferentes posturas. Uno de ellos, sostiene sobre su cabeza un libro donde se lee REG. C.R.M., mientras que otro porta en sus manos un rosario (30). Es difícil pensar que un cuadro de estas características y dimensiones (5 x 3 m. aproxim.) hubiera pasado desapercibido para el autor de la Relación de la fiesta que se realizó en Málaga, quien sólo comenta que en el claustro, debajo de un hermoso pabellón, se colocó una muy aventajada pintura al óleo, con marco y moldura dorada, de nuestro Padre Francisco. Si hubiera sido la misma que se dispuso en el Vaticano, seguramente el anónimo narrador -un religioso de la Orden- no dejaría pasar la ocasión de mencionar tan importante acontecimiento, para resaltar la magnificencia y singularidad de las celebraciones que se realizaron en su comunidad. Como conclusión, podemos afirmar que esta celebración puede considerarse barroca, encontrándose en ella todos los instrumentos propios de la fiesta (iluminarias, fuegos de artificio, aparatos efímeros, etc.) así como tópicos muy característicos de las Relaciones, como la consideración de estos festejos como cosa especial y nunca vista. Sin embargo, contiene elementos de la nueva era ilustrada, como la alusión a los sistemas de Copérnico y de Ptolomeo, y a nuevos inventos, como la máquina eléctrica, e incluso la identificación del beato con Arquímedes (31), propios del desarrollo que tuvo la ciencia en España en este siglo (32).
(1) Zabaleta, J. de: El día de fiesta por la mañana y por la tarde. Barcelona, Biblioteca Clásica Española, 1885, p. 10. (2) Deleito y Piñuela, J.: ... También se divierte
el pueblo (Recuerdos de hace tres siglos). Madrid, Espasa-Calpe,
1966, p. 16. (4) En Granada se narraron estos festejos en: Relación de
las fiestas que hicieron en Granada los Clérigos menores en la
beatificación de su V. Fundador el P. Francisco Caraciolo, en
el año de 1769. Con noticia de los assuntos que se predicaron,
y algunos Milagros del Siervo de Dios. Impresso en Granada, por
Nicolás Moreno, s.a. (6) Esta pintura fue realizada, según la Relación, por Domenico de Angelis. Fue alumno de Marco Benefial, y ejecutó numerosos frescos en palacios y villas, sobre todo en la Villa Borguese en Roma. Benezit, E.: Dictionnaire critique et documentaire des peintres, sculteurs, dessinateurs et graveurs... Paris, Librairie Gründ, 1966, vol. I. (7) Breve noticia de la beatificación..., s.p. (8) Se representaron los episodios de cuatro personas que se curaron por mediación del beato. En primer lugar se pintó a un hombre que tenía corroída la cara a causa de la gangrena; en el siguiente se pudo ver a un joven con numerosos flujos de sangre; el tercero, reprodujo la caída de un hombre desde una gran altura, rompiéndose numerosos huesos, y por último, una mujer con grandes dolores de ciática, que después de implorar al padre Francisco, recobró la salud perdida. (9) Esta pintura puede ser la que actualmente se halla en la catedral de Málaga. Ver nota 29. A pesar de las investigaciones sobre este autor, no hemos encontrado ninguna noticia del mismo. (10) Los Clérigos Menores se establecieron en la parroquia de la Concepción de Málaga en 1673, aunque desde 1632 se encontraban en la ciudad. En 1701 comenzaron las obras de la iglesia y las del colegio, finalizándose las primeras en 1710 y las últimas once años más tarde. Sobre la fundación de este convento en la ciudad y las dificultades para su instalación definitiva se pueden consultar: Camacho Martínez, R.: Málaga barroca. Arquitectura religiosa de los siglos XVII y XVIII, Universidad de Málaga, Colegio de Arquitectos y Diputación Provincial, 1981, pp. 232-234. García de la Leña, C.: Conversaciones históricas malagueñas. Año 1793. Facsímil editado en Málaga, por la Caja de Ahorros Provincial, 1981, vol. IV, PP. 185-190. Guillén Robles F.: Historia de Málaga y su provincia, Málaga, 1874. Reeditado en Málaga, ed. Arguval, 1983, vol. II, pp. 526 y 527. (11) La celebración viene descrita en: Relación de las plausibles fiestas que, en nueve días continuos, celebró este colegio de Sr. Sto. Tomás de Aquino de Clérigos Reglares menores de la ciudad de Málaga, la solemne beatificación de su glorioso padre y patriarca el Bto. Francisco Caracciolo, en este presente año de 1770. En Málaga, con licencia, s.a. (12) Sólo hemos encontrado una noticia de este escultor en el libro del P. Andrés Llordén: Escultores y entalladores malagueños. Ensayo histórico documental (s. XV-XIX). Ávila, Ed. de El Escorial, 1960. Según el mismo, era artífice de escultura, pintura y talla, hijo también de escultor, pero sin ninguna obra conocida. Estas celebraciones religiosas produjeron numerosos encargos a escultores, arquitectos, pintores y otros artistas y artesanos. Para el estudio de las obras encomendadas a escultores, consúltese: Romero Torres, J. L.: "El artista, el cliente y la obra de arte" en Pedro de Mena. 1628-1688. Catálogo de la Exposición, Sevilla, Junta de Andalucía, 1989, pp. 97-114. (13) Relación de las plausibles fiestas..., p. 8. (14) Idem. (15) Llordén, P. A.: La orfebrería en Málaga. Maestros plateros malagueños (Siglos XV-XIX). Madrid, Eds. Escurialenses, 1985, pp. 661-668. Fue maestro platero de la catedral desde 1762, cargo que desempeñó hasta su muerte. Agradezco al profesor Rafael Sánchez-Lafuente Gémar su amabilidad al facilitarme este libro. (16) En la Relación se afirma que era profesor de Arquitectura
de la Academia de S. Fernando. Sin embargo, las noticias encontradas
afirman que era escultor, y realizó entre otros los retablos
de la capilla del Rosario y San Francisco, de la catedral malagueña,
así como algunos altares en la iglesia de los Santos Mártires.
Llordén, P. A.: Escultores y entalladores..., op. cit.,
pp. 326-27 (17) Relación de las plausibles fiestas..., p. 10. (18) Breve noticia de la beatificación... Ver nota 5. (19) Relación de las plausibles fiestas..., p. 15. (20) Esta imagen ha sido recogida por numerosos autores para la elaboración
de sus emblemas. Recuérdese el emblema 69, Tercera Centuria,
de Sebastián de Covarrubias: Emblemas morales de... En
Madrid, por Luis Sánchez, año 1610. Facsímil de
la F.U.E., Madrid, 1978. Asimismo, aparece en la empresa titulada Splendor
Divini Amoris de Juan de Borja: Empresas morales de... En
Bruselas, por Francisco Foppens, MDCLXXX. Facsímil publicado
asimismo por la F.U.E. en 1981. (22) Montaña del Ática célebre en la antigüedad por su miel y canteras de mármol, donde se sitúan algunos hechos mitológicos. Bell, R. E.: Place-Names in Classical Mythology: Greece. Oxford, 1989, pp. 145 y 146. (23) Lib. XIII, CIV. Este don te ha sido enviado por la abeja que
liba en el Himeto de Teseo: es un ilustre néctar que proviene
de los bosques de Palas. Traducción de la edición
de H. J. Izaac: Martial. Epigrammes, Paris, Société
d'édition "Les belles lettres", 1969, t. II, p. 212. (29) La primera noticia sobre este asunto la encontramos en García de la Leña, C.: Op. cit., p. 190. Narciso Díaz de Escovar lo recoge en una anotación manuscrita al margen de la Relación de la fiesta en Roma, ejemplar que se encuentra en el archivo de su nombre, y del que tuve conocimiento gracias a Francisco José Rodríguez Marín, a quien agradezco toda la ayuda que me ha prestado en múltiples ocasiones. Asimismo, en el A.C.M. en las Actas Cap. del 3 de julio de 1894, hay una nota donde se habla del traslado de este lienzo de la iglesia de la Concepción, donde se hallaba, a la catedral, colocándose sobre la puerta principal, donde actualmente se encuentra. En la nota se señala esta noticia: se cree pintado en Roma para celebrar la "canonización" de dicho santo. (30) Clavijo García, A.: "Las pinturas de la catedral de Málaga. (Catálogo-Inventario). Memoria de licenciatura inédita. Universidad de Granada, 1973. (31) Lo nombra así en la octava que acompaña el segundo jeroglífico que se colocó en el claustro. Relación de las plausibles fiestas..., p. 19. (32) Cfr. López Piñero, J. M.ª: "Impulso y desarrollo de la actividad científica" en Carlos III y la Ilustración... Op. cit., t. I, pp. 255-278. ILUSTRACIONES
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