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La casa-palacio de Riquelme constituye
una de las edificiaciones más interesantes del arte del Renacimiento
en la ciudad de Jerez de la Frontera. Concebida como fachada-pantalla
de edificaciones más antiguas, su ubicación -cerrando
el frente de una plaza- y la ornamentación de su portada subrayan
su carácter escenográfico y la convierten en uno de los
más monumentales ejemplos de arquitectura parlante de la ciudad.
La temática ornamental de la arquitectura renacentista
en fachadas, patios y salones, responde al deseo de los comitentes de
mostrar a sus amigos y conciudadanos su grandeza, su poder o su erudición,
y, ¿por qué no?, también es fruto del íntimo
anhelo de sus dueños de ser recordados por futuras generaciones
y nada mejor que un sólido edificio, más perdurable que
ellos mismos, para describir sus gestas individuales o familiares -si
las tienen- o sus virtudes. Cuando el comitente carecía
de hazañas que le pudieran aportar cierta gloria, narra alguna
de personajes históricos o mitológicos, gozando de este
modo de la fama de los representados (2) a los que se identifican añadiendo
una inscripción con sus nombres, en unos casos, o con una iconografía
clara e
A) Triunfo del Cristianismo sobre el Paganismo
En este caso el enfrentamiento u oposición se hace patente a través de los tondos de Nabucodonosor, "NA/BVCOD/ONOSOR/REXBABILONIS" (fig. 4), y de la míica reina Camila, "CAMILARE/GINA/MAGNA", situados bajo los anteriormente citados, ubicados a izquierda y derecha de la portada respectivamente. Nabucodonosor II es un personaje histórico citado en la Biblia (Reyes, Jeremías, Daniel): su reinado se caracterizó por las luchas con Egipto por el dominio de Siria y Palestina. Varios son los episodios relatados en el libro de Daniel con relación a este rey: a) Interpretación de un sueño que Nabucodonosor
no recordaba (Daniel :II: Tras cada uno de los aludidos relatos Nabucodonosor reconoce al Dios de Israel como el más grande y superior de los dioses: a') "... verdaderamente que vuestro Dios es el Dios de
los dioses, y el Señor de Precisamente la alternancia y volubilidad en las creencias del rey babilonio, demuestran su debilidad de carácter y espíritu, su infidelidad, por lo que en esta ocasión se le ha elegido como figura representativa de la Inconstancia, opuesta a la de Camila, representante a su vez de la Fortaleza. El tondo que efigia a Nabucodonosor lo representa como rey, tocado con una curiosa corona ornada con relieves de grutescos, en posición de riguroso perfil, girada la cabeza a su izquierda. El medallón de la reina Camila Magna, afrontado al de Nabucodonosor, representa a la mítica reina Camila, tal como indica la inscripción correspondiente. Arriba nos hemos referido a ella como representante de la Fortaleza, virtud cardinal. En efecto, una de las formas alegóricas con que, durante el Renacimiento, se describe a esta virtud es la de un guerrero con casco, que a veces puede ser una figura femenina (6), lo que conlleva cierta semejanza con la diosa Minerva; de ahí el interés de la inclusión del epígrafe aclarando quién es el personaje, ya que, evidentemente, la reina Camila reunía determinadas cualidades morales que el comitente quería resaltar. Camila es un personaje que aparece en La Eneida; Virgilio nos narra las peculiaridades de su vida y su carácter: era hija de Metabo, rey de los volscos y fue consagrada por éste a Diana; practicó desde su infancia la caza y los ejercicios de guerra (7). Ayudó a Turno contra Eneas: "¡Oh Turno! -dice Camila-, si te es permitido depositar
una justa confianza en En la lucha, Camila destaca por su valor y su fuerza, dando muerte a numerosos troyanos, permaneciendo fiel a la causa de Turno hasta morir ella misma, a traición, por mano de Arrunte. Su fidelidad aparece reflejada en sus últimas palabras: "... ¡Oh Aca, amiga mía!, hasta aquí ha servido
la fuerza a mi valor... Corre, Del relato de Virgilio podemos extraer las cualidades morales de esta reina mítica. Por sus hazañas alcanza la virtus clásica. Su persistencia en el bando de Turno, cuando otros combatientes le habían abandonado, indican su fuerza moral y su firmeza de convicciones. La relación con Diana nos la revela con las mismas virtudes que engalanan a esta diosa, entre ellas el amor casto. La ubicación del tondo que contiene el busto de Camila, a la derecha, la pone en relación con el del personaje femenino (fig. 6) que ocupa el ángulo interior del entablamento (posible retrato de doña Inés de Riquelme, esposa del comitente), que obtendría por ello el beneficio de la fama de esta reina; del mismo modo, el medallón que efigia al emperador, situado a la izquierda, lo relacionamos con el busto del guerrero ubicado en el ángulo del mismo lado (que intuimos representa al dueño de la casa, Hernando Riquelme), aplicándose a éste las virtudes y fama de Constantino.
Sobre la moldura superior que enmarca el vano de la puerta se sitúa el escudo heráldico de la familia tenido por musculosas figuras masculinas cuyas extremidades inferiores terminan en formas vegetales. Los Riquel, o Riquelme, son descendientes de los hermanos Beltrán y Bernal que figuraron entre los 300 caballeros que acompañaron al rey Alfonso X en la conquista de Jerez en 1264, cuyos nombres se citan en el Libro del Repartimiento de la ciudad. Sus armas son: en campo de gules un yelmo de plata con cimera (8) tal como aquí aparece representado. Posiblemente este escudo estuvo pintado con los colores correspondientes -rojo y plata- aunque en la actualidad no queden rastros de los pigmentos (9).
La descripción del episodio de Hércules con el león de Nemea, primer trabajo realizado por este héroe, la encontramos en el extremo izquierdo. Diversos escritores clásicos, como Hesíodo (Teogonía, 326, s.), Virgilio (Geórgicas, III, 19), Apolodoro (2.5: 1-12), etc., se refieren a esta hazaña llevada a cabo por el mítico héroe, que también recoge el Marqués de Villena en su obra Los Doze Trabajos de Ercules, de la que se hicieron ediciones en Zamora (1483) y Burgos (1499). Cualquiera de estos textos pudo servir de inspiración al relieve aquí realizado. Un enorme y feroz león aterrorizaba a los ciudadanos de Nemea y despedazaba a sus ganados, por lo que no osaban salir de la ciudad. Hércules tuvo que darle muerte valiéndose de su fuerza, estrangulándolo. El Marqués de Villena relaciona la escena con la virtud de Hércules, que vence a la soberbia y a la ira, simbolizadas en el león: "... y oyendo el virtuoso é valiente cavallero ércules, acorrio é ayudo al hermanamiento é daño que rescibian los de aquella tierra... antes con virtud non sobrada andovo a la silva dicha buscando el espantable leon, conbidandolo viniese a él por boxes é amenazas fasta que llego a la cueva onde el curel leon se reQeptava o estava. El qual prestamente salio contra el con salto liviano, mostrando las corvadas uñas, los ojos bermejos é sangrientos... esforgándose comer a ércules, usando de tal vianda, es a saber de carnes de ornes. Mas ércules, que mucho mejor de dentro por virtud que de fuera por armas era bien guarnido, non dubdo el fiero leon esperar nin mudo el valiente proposito" (10). La interpretación moral de este trabajo realizado por Hércules, nos la proporciona Pérez de Moya: "Esto demuestra que luego que uno fuere incitado a la virtud, ha de apaciguar y matar a todos los monstruos, que es la soberbia y el furor de ánimo, que éste es el león Nemeo, que se apacienta en el bosque del poco sufrimiento y poco saber de nuestro ánimo, que destruye los ganados de todas las virtudes" (11). El relieve (fig. 5) nos muestra la figura de Hércules joven, imberbe y desnudo, en un momento en el que aún no ha culminado su hazaña. Este tema fue muy representado en las artes desde la Antigüedad clásica, pero un antecedente, cercano en el tiempo y en el espacio, lo encontramos en un relieve de la sillería de la catedral de Sevilla (12).
El relieve de la pieza de resalte del entablamento situada en el extremo derecho (fig. 7) alude a un episodio narrado por Ovidio: Hércules, acompañado de su esposa Deyanira se vio en la situación de cruzar un río que bajaba muy crecido, ofreciéndose el centauro Neso a pasar a la bella Deyanira montada en su grupa, mientras que el héroe lo hacía a nado. "Al tocar ya la otra orilla, al coger el arco que había lanzado, conoció la voz de la esposa y gritó a Neso, que se disponía a cometer el fraude de lo que le había confiado: "¿Adónde te arrastra ¡oh malvado! esa loca confianza en tus pies? A ti te digo, Neso, de doble forma; escúchame y no robes mi bien... Pero tú no escaparás, aunque cuentes con la ventaja de un caballo; te alcanzaré con una herida, no con mis pies". Las últimas palabras confirman el hecho y atraviesa la espalda del que huye con una flecha que le dispara..." (Ovidio, Met. IX). A pesar del deterioro de la piedra y de las mutilaciones en el grupo formado por el centauro y la figura femenina, la escena es fácilmente perceptible, pues Hércules aparece figurado en el momento en que se dispone a disparar la flecha que frenará definitivamente la loca carrera de Neso, segando su vida. El Marqués de Villena no relata este episodio en su obra, por lo que hemos de pensar que la inspiración del relieve se encuentra en Ovidio, ya que la escena esculpida se ajusta perfectamente al texto de este autor clásico. La declaración moral nos la proporciona nuevamente Pérez de Moya: "Esta fábula nos amonesta que debemos confiar mucho cómo
confiamos
El relieve situado en la zona central del entablamento (fig. 6) lo entendemos como el principal punto de referencia y clave del programa, en conexión con las hazañas hercúleas, con los medallones anteriormente citados y con el remate ornamental, como luego veremos. Se trata de la representación alegórica de la Virtud, efigiada como busto femenino en posición frontal y encerrada en un gran tondo, al que parecen atacar unas monstruosas aves de largo cuello y cuerpo fitomórfico, posible simbología de los Vicios, recordando la eterna lucha interior del hombre: entre vicios y virtudes, tan representada en la época renacentista.
Se completa la decoración con los bustos de cuatro personajes, ubicados en los ángulos formados por el entablamento; de ellos, los centrales corresponden, presumiblemente, a Hernando Riquelme -el situado a la izquierda- efigiado como guerrero barbado y con casco de airosa cimera de plumas, y a su esposa doña Inés de Riquelme -a la derecha- con un tocado de escofilla de red, según la moda de la época de Carlos V (14).
Como hemos dicho anteriormente presenta la misma disposición arquitectónica que el cuerpo bajo, aunque de menores dimensiones, equilibrando el conjunto las figuras en altorrelieve de Hércules -repetido por razón de simetría y para hacerlo concordar con los episodios a él referidos sobre los que va situado-, simbolizando el triunfo de la virtud.
Desde que Petrarca considerara a Hércules como el primero entre los "uomini famosi", la figura de este héroe es una de las más representadas durante el Renacimiento. Las dos figuras de tamaño natural y altorelieve muy abultado describen a este mítico personaje que se nos muestra claramente reconocible por el león y la clava (fig. 8). La desnudez de su cuerpo responde al sentido de su personalidad que, según Pérez de Moya, "por su virtud no ha necesidad de ropaje" (15). El mito de Hércules es uno de los más difundidos en España, adqui riendo carta de naturaleza en la Baja Andalucía desde la Antigüedad (16). A partir de la Edad Media y durante toda la Edad Moderna, las hazañas realizadas por este héroe se convierten en la fábula moral por excelencia, y sus trabajos y otros temas relacionados con él, se interpretan como una superación de las pasiones, apareciendo como el personaje que encarna el triunfo de la virtud contra el vicio, tal como vemos reflejado en la literatura.
Se culmina la decoración de la portada con grutescos
en el entablamento superior y niños desnudos que portan cuernos
de la fortuna, coronado todo ello por un gran relieve de fieras afrontadas
y encadenadas por el cuello que, a pesar del retorcimiento y las deformaciones
que
(1) López Campuzano, J.: La fachada de la casa Riquelme de Jerez de la Frontera, en "Homenaje a D. José María de Azcárate" (en prensa). (2) Sebastián, Santiago: Arte y Humanismo. Madrid, 1975,
p. 29. (5) Citados por Livio: Ab Urbe Condita 1, 4; y por Plutarco: Vidas, 2: 4, 6. (6) Hall, James: Diccionario de temas y símbolos artísticos, "Fortaleza". (7) Virgilio, Eneida, X, 865-860. (8) García Garrafa, A. y A.: Enciclopedia Heráldica y Genealógica, t. 78, p. 163. Madrid, 1946. (9) Martín González, J. J.: Op. cit., p. 59. (10) Villena, Enrique de: Los Doce Trabajos de Hércules. Biblioteca Selecta de Autores Clásicos. Madrid, 1958. (11) Pérez de Moya, Juan: Filosofía secreta. Madrid, 1925, t. II, pp. 107-108. (12) Mateo Gómez, Isabel: Temas profanos en la escultura gótica española: las sillerías de coro. C.S.I.C. Madrid, 1979, fig. 115. (13) Pérez de Moya, Juan: Op. cit., t. II, p. 126. (14) Bernis, Carmen: Indumentaria española en tiempos de Carlos V, p. 89. (15) Pérez de Moya, Juan: Op. cit., t. I, p. 10. (16) Templo dedicado a Hércules en Cádiz, de fundación fenicia. Mítica fundación de la ciudad de Sevilla por Hércules, etc. A este respecto, Angulo, en su obra La mitología y el arte español del Renacimiento, Madrid, 1952, pp. 9?10, nos refiere que en la Crónica General de Alfonso el Sabio se cuenta cómo Hércules remontó el Guadalquivir para establecer una población en donde hoy se asienta la ciudad, marcando el lugar con un hito. (17) Vid. Alfonso el Sabio, General Estoria, dedica 42 capítulos a Hércules, en donde se nos narra desde "... el linage donde vino Ercules, e el su nasçimiento, e los grandes e estrannos fechos que el lizo por el mundo", en donde se recoge la carta enviada al héroe por su esposa Deyanira. En la Estoria de España, del mismo rey, tres miniaturas reflejan distintos episodios de Hércules: en una estrangula a dos leones "en la selva Nemea" (f. 4); en otra, se ilustra la Torre de Hércules en Cádiz (f. 4v) y por último, el monumento indicando "Aquí será poblada la gran cibdat" (f. 5). Los Doce Trabajos de Hércules del Marqués de Villena, aparece ilustrado con los correspondientes dibujos; "Hércules", en el Tratado de los dioses de la gentilidad, y Filosofía moral, de Alonso de Madrigal, el Tostado; posteriores son los escritos del citado Juan Pérez de Moya, Filosofía secreta, que nos aportan el sentido moralista que tuvieron las hazañas del héroe en el siglo XVI, y los textos de Paravicino, del siglo XVII. Todos los textos se inspiran en la antigüedad clásica. (18) Mateo Gómez, Isabel: Op. cit., p. 433.
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