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EL HUMANISTA CAMÓN AZNAR Y
SU VISIÓN PERSONAL EN EL ARTE
Luis
Cervera Vera
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Don
José nació en Zaragoza el 4 de octubre de 1898, en el
seno de una familia acomodada. Estudió en la Universidad de Zaragoza,
donde se licenció en 1922, y en el Instituto de Idiomas de esta
ciudad aprendió la lengua alemana. Luego en Barcelona colaboró
con la Editorial Labor traduciendo libros alemanes de arte. Bajo la
dirección de don Manuel Gómez Moreno se doctoró
en Arte en la Universidad madrileña. Ocupó un cargo importante
en la Comisión Catalogadora del Museo del Prado. Luego, en 1927,
ganó la cátedra de Teoría de la Literatura y de
las Artes en la Universidad de Salamanca, en cuya ciudad disfrutó
con la amistad de don Miguel de Unamuno. En la Universidad de Verano
de Santander le sorprendió la guerra civil, y de allí
marchó con otros compañeros y estudiantes a Madrid. Terminada
la contienda le trasladaron a Zaragoza, donde mantuvo su cátedra
y emprendió su monumental trabajo sobre el Greco. A continuación,
y en reñida oposición, consiguió en 1942 la cátedra
madrileña de Historia de Arte Medieval, sucediendo en ella a
don Manuel Gómez Moreno.
A los cinco años de conseguir su cátedra, el primero de
diciembre de 1947, fallecía don José Lázaro Galdiano.
Su herencia la aceptó el Estado por Decreto-Ley del 19 de diciembre
de 1947, creándose mediante una Ley del 17 de Julio de 1948 la
Fundación Lázaro Galdiano, de la cual nombraron como primer
Director-Delegado a don José Camón. En 1954, fundó,
con el patrocinio de la Fundación, la prestigiosa revista Goya
y la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, valorando la destacada
labor artística desarrollada por don José en la Fundación
Lázaro Galdiano, mereció que a ésta le fuera concedida,
mediante votación secreta celebrada el 16 de junio de 1958, la
Medalla de Honor, que recibió don José, con el Diploma,
correspondiente, el día de San Fernando siguiente.
Por su competencia personal y probados méritos culturales es
propuesto para Académico numerario de la Real Academia de Bellas
Artes de San Fernando por Julio Moisés, Valentín de Zubiaurre
y Secundino Zuazo. Fue elegido el 24 de mayo de 1954 para suceder a
Luis Pérez Bueno, e ingresa solemnemente en la Corporación
el 8 de abril de 1956, recibiendo con su discurso: La idea del tiempo
en Bergson y el Impresionismo, su titulo y la medalla número
15.
En las acostumbradas conversaciones entre los asistentes reunídos
antes de entrar en los Plenos de esta Academia, las ingeniosas consideraciones
de don José sobre cualquier tema, permitían, mediante
cordialidad y delicadeza, contrastar las opiniones de otros académicos
con las suyas. Y sus intervenciones en los Plenos fueron en toda ocasión
brillantes y valiosas, siempre escuchadas con atención, respeto
y cariño.
También colaboró eficazmente en su Sección de Pintura,
en la que alcanzó la presidencia; y fueron aplaudidos sus Discursos
de contestación a los de Ingreso en la Academia de los numerarios
Juan Antonio Morales, Enrique Pardo Canalís y Venancio Blanco.
A otras dos Reales Academias perteneció el profesor Camón
como Miembro numerario. En la de la Historia, y para suceder a don Gregorio
Marañón le eligieron el 18 de noviembre de 1960, ingresando
en ella con la Medalla número 33 el 24 de marzo de 1963; y el
7 de enero de 1964 le eligieron en la de Ciencias Morales y Políticas
para ocupar la vacante de Monseñor Eijo y Garay, Patriarca de
las Indias Occidentales y Obispo de Madrid-Alcalá, en la cual
ingresó el 22 de junio de 1965.
Fue Académico de Honor de la zaragozana Real Academia de Nobles
y Bellas Artes de San Luis. Y, además, Correspondiente de la
de San Carlos de Valencia, y de la de Bellas Artes de Lisboa.
En 1968 le concede el Consejo Superior de Investigaciones Científicas,
por sus trabajos en la Historia del Arte, el premio Francisco Franco.
Después, en el año 1977 recibe dos premios; el de Barón
de Forna, concedido por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando,
y el de la Hispania International Researche Institute, en reconocimiento
como uno de los literatos más representativos de nuestro idioma.
Le designaron Patrono del Museo del Prado, del Arqueológico Nacional
y del de Arte Contemporáneo, y la Real Academia de Ciencias Morales
y Políticas, como representante de ella, le nombró Procurador
en Cortes el 18 de octubre de 1971.
II
Como escribió Pardo Canalís, de aquel hombre singular
es preciso destacar su capacidad de trabajo, sencillamente extraordinaria.
Y el alcance y contenido de su obra ingente, abordando múltiples
temas, que, si en el campo del arte abarcan desde la España primitiva
a Picasso, no le impedirán cultivar con sazonados frutos otras
parcelas del saber humano como la Filosofía, la Historia y la
Literatura, y a su múltiple vertiente de poesía y prosa,
novela y teatro, deben añadirse sus intervenciones académicas,
frecuentes desplazamientos, compromisos editoriales y otras atenciones
que le consumían un tiempo considerable en el apremiante cumplimiento
de las relaciones sociales. En todo ello sobresale su inquietud creadora
excepcional.
Su inconfundible estilo literario es propenso a la exuberancia pero,
en definitiva, nadie podrá negarle vitalidad impetuosa, a la
vez vigorosa, febril y apasionada.
Fue un fervoroso aragonés, hondamente sentido y tan reiteradamente
manifestado en valores del viejo Reino, como lo manifiestan las páginas
dedicadas al Pilar, al Ebro, a Fernando el Católico, a San José
de Calasanz, a Gracián, a Goya, a Costa, a la Lonja de Zaragoza
o a la Catedral de Jaca, que ocupan una parte muy considerable de su
obra.
Hombre de empuje y de brío arrollador, iniciados con una leve
brusquedad, pero también sensible, fácil a la compresión
y a la benevolencia, con mucho de campechanía y sencillez. Tenía
en su voz sonora un eficaz auxiliar para expresar abiertamente sus sentimientos,
en todo momento, de efusiva cordialidad. A lo cual es forzoso señalar
su entrañable sentido de la amistad, pues compartió las
venturas o desdichas de sus amigos, celebrándolas como suyas,
a lo que contribuía su gran preocupación religiosa firmemente
sentida, y a lo largo de los años más acentuada.
Por otra parte del desbordante humanismo de don José Camón,
tengo varias experiencias personales, de las cuales cito la siguiente.
Después de que los académicos y arquitectos Luis Moya,
Francisco Íñiguez y Luis Gutiérrez Soto, me presentaran
en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando para suceder a mi
inolvidable Luis Menéndez Pidal. Visité, como es norma
protocolaria, a don José. Charlamos sobre mi propuesta y me dijo
que había pensado en otro arquitecto. Le contesté que
resolviera según su conciencia, pero sin que eso quebrara nuestra
amistad. Continuamos la charla sin mencionar el objeto de mi visita.
De pronto se produjo un impresionante silencio por su parte, que rompió
diciendome: Puedes contar con mi voto, pues considero que tú
eres la persona indicada. Pueden suponer la emoción que recibí,
por la decisión favorable de uno de los más prestigiosos
miembros de la Academia.
Perteneció al reducido grupo de los estudiosos de las Artes.
En especial con Gómez Moreno, Angulo Íñiguez, Sánchez
Cantón y Lafuente Ferrari. Con este último fue íntimo
amigo, amistad que levemente se enfrió cuando los dos fueron
presentados para la misma vacante en la Real Academia Española
y ninguno de los dos fue elegido. Sin embargo su amistad no se rompió,
pues Lafuente Ferrari, en la Sesión necrológica celebrada
en la Real Academia, en honor de Camón, ponderó su persona
y su magistral obra, con auténtico afecto y sinceridad en su
Despedida a Camón, que leyó en aquel memorable acto académico.
Este respetuoso afecto personal y admiración por sus obras se
advirtió entonces y continúa vivo en todos nosotros.
III
Sus publicaciones
suman trescientos sesenta títulos, según la minuciosa
bibliografía recogida por Virginia Sanz. En ellas desarrolló
don José trabajos, y estudió temas sobre pintura clásica
y moderna, de artes industriales, de música, de escultura, notables
de arquitectura, de religión y biográficas; y fundó
la Revista de Ideas Estéticas. Todo ello fue el fruto de su excepcional
vocación intelectual e inquietud creadora y de su extraordinaria
capacidad de trabajo.
En todas aquellas publicaciones brota su sensibilidad, su fantasía
y su fabulosa imaginación, aunque siempre disciplinada por la
rígida formación filosófica, histórica y
artística que él dominaba. Por eso, con su genial personalidad
creaba sus originales concepciones apasionadas sobre las obras de arte,
a cuyo estudio consagró su vida. Sin olvidar que también
fue, un consumado humanista, poeta, novelista y dramaturgo.
La numerosa producción cultural y artística de don José
causa asombro. En cierta ocasión en una de las muchas conversaciones
que manteníamos en la Fundación Lázaro Galdiano,
le mostré mi admiración por sus continuas publicaciones.
Y con su característica respuesta me dijo: Pero todavía
me queda tiempo para acudir a teatros, cines, conferencias y a otras
actividades. Mucho de ello debió a María Luisa, su inteligente
mujer, quien siempre le comprendió, auxiliándole en toda
ocasión.
En el conjunto de su obra se advierte la notable perspicacia que poseía
para juzgar y valorar la obra de arte que comentaba. Siempre su profunda
preparación le permitía mostrar su propio criterio, sin
abrumadoras referencias eruditas, pues éstas las conocía
y prescindía de ellas. La contemplación del hecho artístico
tenía en Camón un sentido personal, profundo y trascendente,
como bien observó León Tello.
Entre sus numerosas publicaciones resulta difícil destacar las
principales, pues hasta los artículos suyos tienen inapreciable
valor, porque fueron estrictamente artísticos, frente a las frecuentes
formulaciones con sentido literario, cultivados por la mayoría
de los críticos. Por eso don Diego Angulo consideró a
Camón como uno de los críticos de Arte de más categoría
que hemos tenido en los últimos tiempos entre los hombres de
su generación.
No es posible, en esta ocasión, analizar con detalle las numerosas
publicaciones de este grandioso maestro, por eso mencionamos sus trabajos
de acuerdo con los temas que desarrolló.
La religión y el arte. Por su profunda fe religiosa consideramos
primordial iniciar la síntesis de sus publicaciones artísticas
relacionadas con la religión.
En la Editorial Labor publicó La vida de Cristo y La vida de
la Virgen, ambas representadas en las obras maestras de la pintura que
complementa con La pasión de Cristo en el arte español
(B.A.C.), estudios en los cuales expone la interpretación suya
en los temas enunciados, a los que añadió el libro Dios
en San Pablo (Austria) y artículos sugerentes sobre el arte religioso
y acerca de la presencia en arte español de San José de
Calasanz. Muy aguda fue la interpretación " Del eros griego
a la caridad paulina".
De los Iconos estudió su estética; y expuso la teoría
de los Beatos, estudiando el de Liébana y el de Gerona.
Museo Lázaro Galdiano. Don José no se limitó a
su cargo de Director Delegado en este Museo, pues, además de
estudiar y conocer las obras de arte que contenía, publicó
trabajos sobre ellas.
Así, del Museo Lázaro Galdiano, publicó varias
ediciones de su Guía, y analizó varias pinturas, las obras
del Bosco, los bronces de Riccio, las medallas conmemorativas, sus grisallas
góticas y la aportación de la museología a sus
instalaciones.
Otros museos. El profesor Camón no se limitó a conocer
su Museo, sino que divulgó las obras de otros europeos, así
como las del Museo del Prado y la Colección Muntadas del de Barcelona.
Los museos europeos que publicó fueron: la traducción
de los de los Países Bajos por Voss (Labor) y los del Louvre
(Labor). Otros libros los publicó la Editorial Aguilar, acompañados
de films, con los títulos: El museo de los impresionistas, el
de Arte moderno de París, y el de Viena.
Arte antiguo. Sus extensos conocimientos alcanzaron a estudiar desde
los temas de prehistoria y de arte sumario-arcaico, que tradujo de Ungen,
hasta las artes decorativas en la antigüedad, la estética
de Altamira, o las artes y los pueblos en la España primitiva.
Y todavía se ocupó del desconocido arte negro.
Arte y pensadores griegos. No podía su interés artístico
dejar de analizar a los griegos y a su arte. De ellos escribió
una Teoría del arte griego (Salvat), y un trabajo sobre su estética.
Se ocupó de Pitágoras en su orden en los mármoles
griegos y de su número en el arte griego. Su arte lo estudió
en Parménides y la teoría de la escultura en Anaxágoras,
Jenofonte, y Fidias. Muy interesantes fueron sus traducciones españolas
de la Historia de roma, por Kock, y la de la Mitología griega,
por Stending.
Artes medievales. No olvido su atención a las artes creadas en
la Edad Media. Del arte musulmán estudió su estética,
los marfiles árabes y unas piezas del arte Fatimí. Del
bizantino sólo se ocupó de los cofres conservados en el
Museo Lázaro Galdiano. Analizó las pinturas mozárabes
de San Baudelio de Berlanga. En el tomo XX de Summa Artis desarrolló
la Pintura medieval española; publicó la "Nomenclatura
estilística en la Edad Media" y estudió los murales
góticos en Santa Clara de Toro, "Arte de la miniatura española
en el siglo X" y "Los primitivos aragoneses".
Arte del renacimiento en España. Su importante trabajo El arte
del Renacimiento en España (Labor) aclaró diversos aspectos
anunciados en su título, como siempre con sus originales criterios
personales.
Arquitectura española. Sus estudios sobre nuestros diversos estilos,
arquitectónicos los acometió con entusiasmo y amplitud.
Son valiosos y sugerentes sus artículos sobre la arquitectura
prerrománica, la bóveda hispano morisca en la catedral
vieja de Salamanca, y las de crucería en la de Jaca. En teoría
analizó el concepto de la arquitectura gótica en pensadores
italianos.
Es fundamental su original trabajo La arquitectura plateresca, en dos
tomos (C.S.I.C.), en la cual muestra su visión en todos sus aspectos.
Es un libro de obligada consulta, que con su artículo "Motivos
ornamentales del plateresco", nos enseña a comprender la
composición y la plástica de su estilo.
Estudia la "Arquitectura del renacimiento en España",
sus "´Caracteres diferenciales", su "Teoría"
y las del tipo "Carolino", que completa con la "Arquitectura
en el siglo XVI" y en la época de Lope de Vega.
Presta atención a las construcciones y características
de la zaragozana Lonja; y en Salamanca a la del templo de Las Bernardas.
Catedral vieja y Torre de la nueva.
Urbanismo. Aunque fue limitado su interés por el Urbanismo, escribió
acerca de la repoblación del siglo X y su arquitectura, y sobre
la urbanización madrileña en el siglo XVIII.
El Escorial. Sobre el Monasterio de San Lorenzo el Real, estudió
su Problemática, su Escultura y Pintura y su relación
con el Estilo Trentino.
Pintura. La inquietud acerca del arte de la pintura le llevó
a interesarse por las obras de los artistas que más le agradaron.
Trató de los Temas de Durero. Luego de estudiar la personalidad
de Miguel Ángel y su relación con Dante y la basílica
de San Pedro, publicó en Espasa-Calpe su magnífico libro
titulado Miguel Ángel. Se ocupó de Ticiano, de Rubens
y de Zurbarán. Su gran estudio Doménico Greco, en dos
tomos y dos ediciones, todavía se consulta, así como su
Apostolado, El Greco, y Felipe II, y siete agudos artículos.
A Velázquez, en su monumental obra de dos tomos y en más
de diez artículos, lo analizó desde distintos aspectos
de su arte. A Goya le prestó atención, tanto a su pintura
como a sus dibujos y grabados en once publicaciones. Reflexionó
sobre puntos concretos de las obras de Rosales, Fortuny y Sorolla. Picasso
y el cubismo que recibió el Premió Nacional de Literatura,
y en 1956 analizó su obra en otros siete estudios. Y a los pintores
de nuestra época los juzgó con moderno criterio, así
como a la "Pintura italiana contemporánea".
Escultura. En la escultura fueron varios e interesantes los trabajos
de don José. Estudió las obras de Alonso Berruguete, Martínez
Montañés, Alonso Cano y Juan de Ancheta. Publicó
en Summa Artis, su importante trabajo La escultura y la rejería
española en el siglo XVI. Y de los escultores modernos analizó
las obras de José Clara y de Pérez Comendador.
Retablos. Fijó su atención a los realizados por Juan de
Ancheta y por Jaime Serra.
Otras artes. Su amplio interés le condujo a interpretar el Arte
en las obras industriales, ornamentaciones, pinturas murales, los mosaicos
e incluso en el peinado. Y las interesantes consideraciones sobre "Las
industrias artísticas madrileñas en el siglo de Oro"
y "El arte en Madrid".
Cinematografía. Aunque tenía tiempo para sus distracciones
y una de ellas fue el cine, de éste dedujo consecuencias en sus
trabajos "Estética del cine" y "La Cinematografía
y las Artes.
Teorías artísticas y estéticas. Son muy interesantes
sus escritos sobre estos temas. Como importantes El arte desde su esencia
(Austral), "Sobre las constantes históricas", "El
arte gótico en la filosofía alemana", "La calidad
significativa de las obras artísticas y literarias".
A estos trabajos podríamos añadir entre los más
significativos otro sobre Crítica del arte, Teoría de
los estilos, Enseñanza del arte, Panorama del arte español
contemporáneo, Las constantes estilísticas del arte español,
y el sugestivo El arte moderno en aforismos.
Análisis de escritores. De escritores y pensadores contemporáneos
suyos le interesaron sus conceptos sobre el arte. Y así meditó
sobre los trabajos de Pijoan, y acerca de las ideas de Menéndez
y Pelayo, Unamuno, Ortega y Gasset, José Francés, Sánchez
Camargo, Gómez de la Serna y del marques de Lozoya, e incluso
de Dostoyeski.
De los anteriores autores extrajo del Quijote la evolución y
la teoría de sus estilos. También la de los estilos en
Góngora y las "Citas de arte en el teatro de Lope de Vega".
De todos estos trabajos es sorprendente su capacidad de análisis
y su intención de juicio. En Poesía escribió El
hombre en la tierra, "Sicilia", "El mármol"
y La divina tragedia (Espada).
Como Novelista produjo En la cárcel del espíritu (Aguado)
y El pastor Quijotiz (Aguado).
Y sobre el teatro le debemos Hitler. Ariatra. Lutero (Austral); El Héroe
(Panteón); Tragedias (Espasa) y El pozo amarillo (Cruz y Raya).
A este hombre religioso, culto y trabajador, le surgió su última
enfermedad. Entonces debió recordar lo escrito por Jorge Manrique:
Cómo se pasa la vida / cómo se viene la muerte / tan callando.
Y así, en la medianoche del 14 de mayo de 1979 fallecía
don José Camón en la madrileña Ciudad Sanitaria
Provincial Francisco Franco. De allí fue trasladado su féretro
al Museo Lázaro Galdiano y depositado en la sala de Jesús
adolescente, de Leonardo, y bajo la presencia del Cristo de Leoni. Fue
incesante el desfile de cuantos, a pesar de la festividad del día,
San Isidro, por lo que muchos amigos y algunas personas se encontraban
ausentes o no llegaron a enterarse de la muerte, no dejaron de testimoniar
su profunda condolencia. La incesante afluencia de sus amigos, personajes
de la vida cultural y política pudieron comprobarla sus incondicionales,
y, entre otros, nuestro admirable compañero en la Real Academia
Venancio Blanco, quien obtuvo un vaciado de la mano derecha del difunto,
poniendo visiblemente en su tarea no sólo la pericia de un gran
maestro, sino la fervorosa diligencia y el sentimiento cordial de un
entrañable afecto con profunda admiración.
Al siguiente día 16, a las nueve de la mañana, se inició
la salida de la comitiva fúnebre, llegando a la capital aragonesa
a las dos de la tarde.
El recibimiento de Zaragoza a los restos mortales de quien gozaba los
títulos de hijo predilecto y meritísimo fue conmovedor.
Agentes motoristas de la Policía Municipal abrían la marcha
hasta las Casas Consistoriales, donde el Ayuntamiento en pleno recibió
el féretro, siendo depositado en el salón de Sesiones
convertido en Capilla ardiente, por la cual fueron incontables las personas
y representaciones que desfilaron en medio de un ambiente de intensa
emoción.
El traslado al Cementerio de Torrero viose asistido de un respeto popular.
Llegada la numerosísima caravana de coches al lugar del enterramiento,
y después de rezados varios responsos, procedióse al acto
de sepultar sus restos en uno de los nichos de la zona de ampliación,
quedando materialmente cubierto de flores, por la gran cantidad de coronas
depositadas.
Nuestra Academia de Bellas Artes de San Fernando estuvo representada
en estos actos por los académicos Vaquero, Blanco y Pardo Canalís.
Asimismo la Real Academia de la Historia confió su representación
a D. José Gella Iturriaga.
Con unánime dolor quedaron depositados los restos mortales de
don José Camón Aznar, quien esperaba, según expresión
suya, que en el Cielo le reconocerían como amigo, y los que aquí
quedamos tenemos la confianza de que allí permanecerá
eternamente.